Como mujeres católicas, celebramos las
declaraciones de Ginés González García, Ministro
de Salud de la Nación a favor de la despenalización
del aborto considerando que es una muestra de comprensión
de la realidad y de las demanda de las mujeres. Celebramos también
las declaraciones de Sylvestre Begnis, Ministro de Salud de Santa
Fe en el mismo sentido, a la vez que repudiamos las declaraciones
del obispo Antonio Baseotto. Acusar al Ministro de Salud de la Nación
de apología del homicidio y sugerir como castigo que se lo
arroje con piedras al mar, según sugiere la Biblia en el
antiguo testamento, libro que luego Jesús resignifica desde
su mensaje de amor en el Nuevo Testamento, no es sólo una
torpeza política sino que define el tipo de valores que tienen
los que hipócritamente se definen a favor de la vida.
Con indignación recibimos la postura de una parte de la jerarquía
que quiere todavía atar piedras en el cuello a las personas
y arrojarlas al mar porque piensan diferente, no podemos pensar
que estas expresiones han sido metafóricas porque esto ya
sucedió en nuestro país con la bendición de
clérigos y obispos durante la última dictadura militar.
El Cardenal Martino, presidente del Consejo Pontificio Justicia
y Paz, desde la Jerarquía Vaticana calificó de "valientes
y contundentes" las palabras de monseñor Baseotto, y
le hizo llegar su solidaridad por considerar que "su declaración
constituye una verdadera defensa de la dignidad de la persona humana
y sus derechos". Y como siempre alineada a estos sectores la
organización católica no gubernamental Portal de Belén
de Córdoba efectúo hoy una denuncia criminal contra
el ministro González García por haber hecho apología
del crimen al manifestarse públicamente a favor de la despenalización
del aborto.
Sentimos indignación porque, mientras todas las entidades
y personalidades mundiales, comprometidas con la construcción
de un mundo más solidario, humano y democrático, consideran
fundamental tener en cuenta los derechos de las mujeres, la Iglesia
Católica, institución religiosa, cuya comunidad de
fieles está compuesta mayoritariamente por mujeres, muestra
su lado misógino y su falta de interés en acoger y
debatir aquellos temas que afectan a las mujeres.
Lo que se percibe es el deseo profundo de una Iglesia masculina
que siente el derecho a decidir y escoger lo que es mejor para las
mujeres o lo que deben hacer de la vida, proponiendo un modelo de
mujer que tiene como misión "sacrificio, sufrimiento,
pasividad y entrega a los otros", modelo éste que trajo
nefastas consecuencias para las mujeres, como muestran los estudios
e investigaciones feministas, incluyendo las teologías feministas.
Coincidimos con el abogado Monner Sans en su denuncia penal en que
estas afirmaciones del Obispo Baseoto ante los medios de prensa
son realmente apología del delito. Todo un mandato crudo
de violencia física y simbólica hacia aquellos que
disienten del argumento hegemónico y fundamentalista de un
sector de la Iglesia oficial, desconociendo el mensaje de Jesús
basado en la inclusión, respeto, solidaridad y amor al prójimo
más allá de cualquier tipo de diferencias.
La estrategia de estos sectores fundamentalistas es la de eliminar
(física o simbólicamente) al otro como posible interlocutor,
e imponer un pensamiento único, que se cree verdadero sobre
quien enuncia y representa una mirada diferente de nuestra realidad
y no haciendo lugar al profundo debate que como sociedad nos merecemos.
Este debate es necesario ante evidencias rotundas que las estadísticas
muestran en relación a la muerte materna por aborto. Según
datos extraídos de Pagina 12 "en el 2000 hubo 555 internaciones
correspondientes a niñas entre 10 a 14 años y 11.015
chicas de entre 15 a 19 años, hospitalizadas por problemas
derivados del aborto" (Carbajal Mariana, 21 de enero del 2003)
y esta problemática se vio agudizada por la crisis social
y económica que vivió Argentina en el trascurso del
2001-2002. ¿Es posible seguir sosteniendo estos argumentos
de no despenalizar ante esta situación?
Nuestro sentir y deseo como Católicas por el Derecho a Decidir
es promover el debate sobre el aborto en sus aspectos legales, médicos
y especialmente éticos por tratarse de una realidad que toca
muy de cerca de las mujeres, sobre todo a las más jóvenes
y pobres, tomando como punto de apoyo el aporte que hacen otros
sectores de la iglesia católica (teólogas de la liberación
y feministas) los movimientos feministas y diferentes actores dentro
del Estado, que permitan a nuestra sociedad evaluar las diferentes
razones y argumentos que llevan a medio millón de mujeres
por año a tomar la decisión de abortar y que esta
realidad esté contemplada en las políticas públicas
garantizando a todas las mujeres el derecho al aborto legal y seguro.
Los mismos que amenazan con castigos inquisitoriales al Ministro
de Salud, persiguen a organizaciones de mujeres con juicios y denuncias
y se oponen al Programa de Salud Sexual y Procreación Responsable,
que sin duda su correcta implementación contribuirá
a disminuir la cantidad de abortos y las muertes de mujeres por
aborto.
En nuestro país el debate sobre el derecho al aborto ha crecido
en los últimos años, más de 20.000 mujeres
en Mendoza marcharon pidiendo por el derecho al aborto. El Ministro
de Salud se ha manifestado, las mujeres seguimos en la campaña
Yo Aborté impulsada por RIMA en Rosario y dando el debate
en cada barrio, universidad, comunidad, encuentros, medios de comunicación,
etc. Esperamos que estas expresiones sean reflejo de la voluntad
política para avanzar y legalizar el aborto. No queremos
expresiones ni voluntades aisladas, queremos contribuir a encontrarnos
para
avanzar en la creación de políticas de Estado a favor
de las mujeres no permitiendo que los sectores fundamentalistas
impongan su agenda a un Estado que debe ser Soberano y Laico para
que pueda representar y respetar la pluralidad que somos como pueblo.
Católicas por el Derecho a Decidir
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