Quiero dar mi adhesión a esta campaña.
Muchas compañeras han dado su testimonio mostrando como esta
absurda y cruel realidad se repite a lo largo y ancho de nuestro
país y de Latinoamérica. Otras todavía cargan
con la culpa impuesta por una sociedad hipócrita que genera
las llamadas "secuelas psíquicas" y optan por el
silencio. Otras ni siquiera saben que existe una campaña
por que desconocen sus más elementales derechos. Y está
el silencio lacerante de las que pasaron a ser un número
en las dudosas estadística de "mortalidad materna".
Personalmente no he tenido que pasar por la situación de
abortar, pero fui testigo de situaciones dramáticas y desesperantes
de mujeres que en soledad e indefensión han tenido que someterse
a situaciones perversas e indignas de quienes hacen del aborto,
un miserable negocio.
Todos los aspectos acerca de este tema, muestran la falta de respeto
a los derechos humanos de las mujeres. En todos los niveles sociales
desde las que pueden pagar un aborto (con personas calificadas y
en un ambiente en condiciones óptimas), hasta aquellas que
recurren a lo que pueden, todas atravesadas por la ilegalidad y
la clandestinidad impuesta por una dictadura que niega nuestros
derechos como personas.
Esta ilegalidad y clandestinidad son las causas de todos los aspectos
negativos que entretejen una maraña de sufrimientos, angustias,
muertes y negocios, colocándonos en el lugar de ciudadanas
de segunda categoría, al negarnos el derecho a decidir sobre
nuestro cuerpos.
En los lugares más carenciados y pobres "de eso no se
habla" .Si bien está la transmisión de los métodos
caseros, desde los más cruentos hasta los más inútiles
y peligrosos, que hasta niños y niñas los conocen,
quienes los transmiten lo hacen a manera de anécdota "una
conocida de mi comadre...." o "una pariente de mi vecina....".
Pero a la hora de recurrir a la práctica, las mujeres generalmente
están solas. Resulta sumamente difícil que puedan
dar testimonio. Sometidas a todo tipo de maltrato y víctimas
de discursos culpabilizantes de los fundamentalismos que abundan
en el lugar, después que todo pasó, no pasó.
Este silencio favorece las estrategias de sobrevivencia de las personas
que sin ningún tipo de preparación lucran con el drama,
en la más absoluta impunidad. Desde hace algún tiempo,
se empezó a conocer los efectos abortivos de la marca comercial
oxaprost, que tiene en su composición el misoprostol. La
droga que dio en llamarse la RU 486 del subdesarrollo. La caja de
16 pastillas cuesta $136 lo que equivale a $8,50 cada pastilla.
Sin embargo en estos lugares se revende el producto, sin dar a conocer
el nombre, cada pastilla a $50 y en algunos casos cobrándose
la colocación vaginal de la misma. De ahí en más,
la suerte estará librada por quién será atendida
en los hospitales públicos. A veces después de todo
el trámite realizado, se retiene el feto con las consecuencias
de posibles malformaciones.
También está el negocio de profesionales y personal
policial que pasan a cobrar "la cometa". Pero por sobre
todas las cosas, la perversidad de la que ya algunas compañeras
dieron testimonio. Desde la práctica sin anestesia, hasta
el abuso sexual antes o después de realizarse el aborto.
Hábitos de algunos que dicen llamarse profesionales Todo
este siniestro paquete sin nombres, sin denuncias, sin castigos.