Bárbara 2 (yo)
28 de Octubre de 2010 por gabrielaa.
Era el tercero. Lo vi y no pensé más que lo que ya había pensado con las otras dos: que pueda llevarme bien.
Sí, me llevé bien, pero siempre sin saber quién era. Me llevo bien y sigo sin saber quién es.
Tener hijas es fácil, punto más o punto menos se puede comprender por qué o por qué no, ¿pero un varón? Nunca supe quién era y no hubo intuición que me ayudara. Juan ha sido, es y será un misterio. Un misterio fantástico con el que comparto algunas de mis mejores características. Compartimos el humor. Seguimos desternillándonos de risa cuando estamos juntos. Hemos compartido todas las películas de Sandro, hemos adivinado infinidad de guiones de películas, nos hemos tronchado comentando lo que fuere, hemos divertido a toda la familia… pero… ¡carajo! ¿por qué siempre tiene que haber un “pero”? En mi relación con Juan el “pero” seguirá y seguirá a menos que yo me resigne a no comprenderlo. Y me resisto. No quiero. Quiero comprenderlo, quiero saber por qué y por qué no. Y al mismo tiempo sé que es imposible. Pero es que yo elegí la comunicación…
No quiero lastimarlo, no quiero reclamarle que se haga entender. Trato, por todos los medios trato de encontrarle una “entrada”. La poesía, sí, la poesía y ahí estamos disfrutando como energúmenos al viejo Walt y al inmenso Paco Ibáñez, y es Quevedo y es Lorca que lo maravilló a los ocho años. Dormía con el librito bajo la almohada y se sabía todas las poesías al dedillo, aunque no sé si alguna vez se supo enterita la tabla de multiplicar –que tantas y tantas veces le copié en papeles que colgaban a su cabecera-.
Se supone que Freud no se animó a internarse en los vericuetos de la relación madre –hija y le dedicó bastante tiempo y espacio a madre-hijo (y viceversa). No es de extrañar, entre mujeres las palabras son apenas un recurso más.
Tags: género, maternidad, mujeres
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