Testimonios

23 de Junio de 2010 por gabrielaa.

Campaña "Yo aborté"

1.

YO aborté pero como soy de clase media alta, tuve médicas contenedoras, asepsia y anestesia. Hasta tuve un hombre responsabilizado y contenedor a mi lado (todo un lujo)
YO acompañé a mis amigas a abortar.
YO ayudé económicamente-emocionalmente a mi empleada doméstica a abortar pero como ella es de clase baja, por enésima vez le pusieron una sonda en el cuello del útero, le dieron suficientes antibióticos pero pocos anestésicos, y ella vive en González Catán y yo en la “Capital”, se la bancó como una duquesa y si sus otras/os cuatro hijas/os se quedaban huérfanas/os, pues… joderse. “así es la vida”.
ASÌ ES LA MUERTE, HERMANAS
quién más?
qué más?
> Y sobre todo porque nadie puede sustituirnos en las decisiones que nos
> implican, porque tienen relación con nuestra vida, con nuestros
> sentimientos, con nuestra responsabilidad como seres humanos y sin embargo
> nunca fuimos consultadas, como si no fuéramos ciudadanas.
> En esta lucha está en juego nuestra propia dignidad -por eso decimos que no
> es una simple reivindicación- no ser consideradas como cosas, sino como
> seres humanos dispuestos a vivir una vida digna de ser vivida.
como dijo Gomperts, no l/n@s pueden meter pres@s a tod@s
ANTICONCEPTIVOS PARA NO ABORTAR!
ABORTO LEGAL PARA NO MORIR!
Nosotras parimos, nosotras decidimos
en sororidad,

Gabriela Adelstein, Buenos Aires

2.

Queridas colisteras:
Yo aborté, allá por 1984/5 cuando una amiga temblando me pidió si le prestaba unos pesos para hacerse “eso”. No lo podíamos nombrar en aquél bar de la peatonal San martín de Rosario. Yo aborté con ella. Por el miedo. Por no saber qué podría pasar. Por la culpa inoculada por 13 años de escuela católica apostólica romana. Por ignorancia.
Yo colisteras, aborté con mi compañera de la Facu. Ambas también éramos clase media. Y quizá eso la salvó del maltrato. No sé. Nunca pudimos hablar de “eso”.
Un abrazo sororal,

Gabriela De Cicco, Rosario

3.

tenía 15 años y con mi novio de entonces nos angustiamos mucho al saber del resultado positivo del análisis. nuestras caras habrán podido ocultar poco porque mi mamá algo vio y nos preguntó qué pasaba. así que ella nos llevó a un médico en La Plata, donde ella también se había hecho uno (ahí me enteré). Aunque nunca dudé de mi decisión, de que no era momento para tener un hijo, lo hicimos todo a espaldas de mi papá porque así funcionaba todo en mi familia, mi mamá era mediadora entre mi hermano y yo y mi papá; que (italiano y machista como era), quién sabe qué hubiera hecho de enterarse.
a pesar de lo convencida que estoy de mi decisión y de que las mujeres tenemos derecho a decidir cuando y cómo tener un hijo, no hablo muy fácilmente de mi aborto. muy pocas personas lo saben pero creo que esta es una buena oportunidad para que lo sepan muchas/os más.
Gracias

Sonia Santoro, 31 años, periodista, mamá de un hijo de dos años y medio, Buenos Aires

4.

Yo aborté clandestinamente, que es la única manera de hacerlo en Argentina.
Yo aborté clandestinamente, la primera vez, con un médico hipócrita de Barrio Norte y doble moral que me reprendió por mi “conducta”; la segunda vez, en un lujoso consultorio a tres cuadras de la Residencia Presidencial de Olivos, con una médica feminista que me pidió disculpas por el abultado precio -pero los gastos de abogados, monitoreo cardíaco y coimas policiales imponían esa tarifa.
Lo que sentí, las dos veces, fue un enorme alivio. El alivio que da poder elegir y no morir en el intento.
Pero hay otras mujeres, miles de mujeres que no pueden elegir o bien lo hacen, pero pagan con su muerte. Hay otros abortos clandestinos donde no hay ni siquiera un médico hipócrita
con doble moral, y mucho menos una costosa médica feminista.
Hay otros abortos que dejan secuelas a 15.000 mujeres por año en Argentina.
Hay otros abortos que dejan 400 cadáveres de mujeres en Argentina.
Quiénes son esas, mis hermanas??
Ninguna de nosotras, las de esta lista, seguramente.
Seguro son estas vecinas de la Isla Maciel, que queda a pocas cuadras de mi departamento.
Seguro son estas muchachas desocupadas que reclaman trabajo genuino cortando el puente Pueyrredón, en la puerta de mi casa.
Seguro son esas trabajadoras que hace pocos días dejaron en la calle los empresarios de DANONE, porque la fábrica Bagley ya no les es rentable.
Por eso creo que es necesario luchar no sólo por la despenalización del aborto.
Por eso creo que no alcanza tampoco con que sea legal.
Además de despenalizado y legal, el derecho al aborto debe ser libre y gratuito.
Para que no tengamos que soportar hipócritas médicos de doble moral, ni tengamos que pagar costosas sumas que van a los bolsillos de la mafia policial, pero FUNDAMENTALMENTE para que no mueran más 400 mujeres por año en Argentina.

Andrea D’Atri, Buenos Aires

5.

Yo aborté con varias mujeres.
Aborté a los 14 años, cuando una amiga quedó embarazada. Nunca me voy a olvidar cuanto lloramos sentadas en la vereda de la casa de su abuela ni la sensación de desesperación. Lo iba a hacer sola y yo la iba a acompañar, pero como nos era tan inaccesible tuvimos la brillante idea de que, a pesar del miedo, se lo contara a su mamá, que se encargó de todo. De esto no se habló más. Todas/os lo saben, pero nadie lo habla.
Aborté cuando acompañé a una amiga, para la que le busqué un médico y la acompañé a la consulta donde el muy cabrón la maltrató, no me dejó entrar con ella a la consulta y la trató como basura, el problema es que ella le contestó porque tiene el capital simbólico para hacerlo. Lloramos juntas en un café, pero como ella no quería esperar a buscar otro/a, por no arriesgarse a pasar por eso otra vez, abortó en manos de ese médico. La esperamos con otra amiga casi tres horas, y sentí mucho miedo porque yo la había llevado ahí. Salió todo bien, pero la marca del maltrato de ese tipo sé que va a ser indeleble en su vida.
Después aborté con otra amiga y por supuesto que busqué otro médico. Fuimos a uno que está convencido que es un derecho. Entramos tres a la consulta (íbamos con otra amiga) nos explicó, nos contuvo y cuando la revisó en la habitación contigua no cerró la puerta y nosotras escuchábamos. Mi amiga salió caminando a la hora.
Estas dos experiencias me hicieron observar que gran parte de lo traumático, lo peligroso y lo temible del aborto tiene más que ver con la clandestinidad y la condena social, que con la práctica médica en sí.

Claudia Anzorena, Mendoza

6.

Yo aborté. Habia compartido esa situacion con varias amigas; no se si eso me ayudo a que ese dia sea todo menos duro; el haber contado con el apoyo de mi mama, tengo en este momento 23 años y vivo con ella; y no solo ella sino sus amigas y mis amigas.
La decisión la tomé sobre la base de que eso no me hacía bien, no era mi felicidad y fue muy importante para mi tener cerca a una amiga q un mes atras habia perdido su embarazo de 5 meses, y lo doloroso que habia sido ese momento. Hay descubri que la felicidad de tener un hijo yo no la sentia y el dolor por la perdida del hijo de mi amiga me ayudaron a ver que decidir abortar no era estar en contra de la vida sino tener la posibilidad de decidir sobre mi cuerpo.
Mi pareja no me apoyo en ese momento, me trato de asesina, de hipócrita debido a mi compromiso con los derechos humanos, me llego a decir que espere 9 meses y se lo de a el, como si los hijos fueran paquetes q se entregan.
Hace unos meses por situaciones de la vida se entero de la verdad, de mi decision, y sinceramente no me arrepiento de lo que decidi, conte con el apoyo y las condiciones necesarias, pero por sobre todo tuve la posibilidad de decidir lo que sentia era lo mejor para mi, y eso es importantisimo para todas y todos en todos los aspectos de nuestra vida.
POR ESTO, POR QUE TODAS TENGAMOS LA POSIBILIDAD DE DECIDIR SOBRE NUESTROS CUERPOS Y NUESTRA VIDA; DESDE EL PEQUEÑO LUGAR QUE TENGO Y QUEME DA MI PROFESION DE PERIODISTA, ES QUE DIA A DIA TRATO DE APORTAR PARA QUE EL ABORTO SE DESPENALICE, SEA LEGAL, Y SOBRE TODO LIBRE Y GRATUITO
UN ABRAZO FRATERNO DESDE BAHIA BLANCA
carpe diem

Belén López
Periodista
Bahía Blanca

7.

Yo aborté.
Cuando apenas tenía 14 o 15 años y acompañé a Isabel, una chica que trabajaba en casa, apenas 2 años mayor que yo, aterradas y adolescentes, en un andurrial de Salta.
Con suerte (porque conseguimos con Isabel la plata) y dolor y malos tratos.
Luego fueron una de mis primas, y otras amigas, de mi edad.
Con suerte: conseguíamos la plata.
Clase media al fin.
Ninguna de las mías ha muerto de aborto séptico, pero las almas de muchas han quedado duramente marcadas. Por el maltrato, la clandestinidad, el dolor físico y el miedo.
Después yo misma, ya casada y con un hijo de apenas 5 meses.
Sin contención, pero con dinero.
Una sobrevive, pero es difícil vencer el terror que es@s señor@s clandestin@s inspiran, dueños de nuestra salud, nuestros cuerpos, nuestras vidas, expuestas ante ell@s.
Durante años pensé que no podría tener más hij@s. No es que l@s deseara, pero no es el punto: la clandestinidad nos deja libradas a la arbitrariedad y a menudo la brutalidad de algún otr@.
Luego amigas, luego alumnas y adolescentes desesperadas, muchas menores, que recurren a mí, por vieja bruja y feminista sabedora de estos avatares.
He contenido, acompañado, prestado y dado dinero, buscado direcciones, llorado, esperado, escuchado, puesto palabra. También luchado públicamente por el aborto seguro, legal y gratuito.
Lo seguiré haciendo.
Quién más?

Alejandra Ciriza, Mendoza

8.

Yo aborté.
Cuando tenía 20 años, por primera vez , mis amigas me contuvieron y mi novio casi nada, la experiencia fue mala, porque a los pocos días se me “cerró” el cuello del útero y la mujer que me había hecho el aborto por aspiración, en Rosario, no respondía mis llamados, hasta que después de insistir desesperadamente, me volvió a intervenir.
A los 23 aborté nuevamente , no quería tener un hijo y la experiencia tampoco fue muy buena, con un médico que usó una anestesia tan fuerte, que después de salir estuve un día sin poder despertarme, siempre con la contención y el cuidado de mis amigas, no me sentía mal ni culpable después , porque era lo que quería en ese momento, sentí que decidía mi propio destino, pero me molestaba la mala atención y las malas condiciones.
Cuando leí, por primera vez , que el feminismo luchaba por el derecho al aborto, sentí desde lo más profundo de mi ser, que esa era mi causa también y que quería pelear para que todo lo que yo pasé, no le pase a otras mujeres, ni a mi misma.
Después ya estando en pareja y por separarme ,vuelvo a estar embarazada y mi compañero quería y yo no tener un bebé en ese momento, pero él acompañó mi decisión y me contuvo y cuidó y esa vez fue cuando recibí un trato humano, y todo salió bien, pero siempre sintiendo el miedo de que pase lo de las otras veces y esa sensación fea de “estar en riesgo”, gracias a la
clandestinidad.
¡Que el aborto sea un derecho para todas!
Un abrazo

Chula, Rosario

9.

Yo aborté.
Y me dolió, porque no tenía ni 14 años, y mi madre y la madre de mi “noviecito” de entonces me convencieron -desde lo práctico y la materialidad del mundo, de “su” mundo- de que la de ellas era la mejor de decisión.
Lástima que nadie me dijo que el cuerpo era mío y que la pobreza me predeterminaba para tampoco poder decidir una práctica médica segura.
Y cuando me arrepentí fue tarde.
Y lloré, y grité, y me taparon la boca, y me quedé viendo cómo en una bandeja plateada se iba mi nuevo pequeño mundo sanguinolento.
Pero más que el vientre, me dolió el alma, abrumada de vergüenzas, miseria, prejuicios y silencios que tuve que afrontar con la corta edad que tenía.
Desde entonces, crecí, maduré, y 10 años más tarde, aborté. Pero esta vez porque pude decidir, pero sobre todo, porque pude pagar.
Y una vez que todo salió bien, y estuve conforme con la decisión que había tomado, me dolió el alma otra vez. Por todas las mujeres que viven abrumadas de vergüenzas, miseria, prejuicios y silencios y que no pueden crecer, madurar, decidir ni pagar: la mayoría.

Cristina Echegaray, 39 años, soy madre de un hijo de 19 años,
docente de informática y estudiante de Psicopedagía.

10.

Queridas amigas: hace dos días escribí un texto testimonio de “Yo aborté”. Pero después de leer todo el intercambio de cartas, me pareció tan limitado! Y ahora realmente les digo: ¡Siento una gran alegría! Hemos dado un gran salto. Recuerdo las 343 “salopes” como les llamaba la derecha a las 343 mujeres que firmaron un documento en Francia “Yo aborté” y que fue el anticipo de la lucha por la ley. Entonces no existía el correo electrónico, se firmó un manifiesto que aunque importante tenía las características de algo realizado en común. Hoy los textos testimonios -una de las ventajas del correo electrónico- tienen la fuerza de aquello a lo que hemos llegamos las mujeres y al hecho de haber derribado muchos escollos, no es solamente las ventajas de la técnica actual, estos mismos testimonios no se hubieran podido escribir hace treinta años, ni siquiera en Francia. ¿Qué está detrás? Está el avance cultural de la sociedad, de toda la sociedad, sin distinciones, aunque con contradicciones. Esto es para conversarlo mucho.
No sé que decirles compañeras, amigas, siento una gran felicidad, estamos terminando el 2004 y comenzando el 2005 y esta lista de Yo aborté es la mejor compensación a tanta lucha, hemos sacado la careta de la hipocresía, nos hemos mostrado con toda nuestra fuerza, dejemos las limitadas expresiones, que siempre habrá, miremos el nivel más alto, el de la franqueza, el de la solidaridad, que dará sus frutos tarde o temprano.
Qué puedo decirles sobre mis abortos, lo que no se haya dicho ya. Yo los decidí concientemente, no sentí culpa alguna, me sentí aliviada. Tuve un solo hijo porque quise tenerlo, tuve que educarlo con muchas dificultades, porque entonces militaba y trabajaba también y lo abandoné un poco, entonces la vida era muy dura, hace más de 50 años, pero creo que ahora él lo comprende. Tengo tres nietos ya grandes que conocen mi lucha por el derecho al aborto, creo que la comparten, aunque no opinan mucho.
Felicidades, como hemos dicho muchas veces, el camino se hace al andar…
Un abrazo,

Dora Coledesky, Buenos Aires

11.

Yo aborté dos veces. O tal vez tres…
La primera fue acompañando a una amiga-éramos tan jóvenes…El tipo que la embarazó estaba borrado. Los padres no tenían que enterarse, todo clandestino. Todo como si fuera un delito.
Con la hermana de mi amiga, amiga mía también, la llevamos a mi casa a la joven que había abortado. Yo vivía sola y ella podía quedarse en mi casa para que los padres no se dieran cuenta.
Ella lloraba con una enorme angustia.
La segunda vez aborté viendo que una paciente mía tuvo que hacerlo, el novio la embarazaba para tenerla atrapada. Un milico de la dictadura.
La tercera vez aborté a mi segundo y último embarazo, cuando mi hijo tenía dos años. Fue un aborto espontáneo, quería tener otro hijo pero llegó un aborto no deseado.
No fue clandestino pero lo recuerdo con dolor y miedo. Mi cobertura médica cubrió todo, claro, era un aborto espontáneo.
Se iba de mí sin que yo lo deseara, sin que pudiera evitarlo. Fue uno de los momentos de mi vida más tristes.
Anticonceptivos para evitar embarazos no deseados. Aborto legal para no morir. Saber que las mujeres ponemos siempre nuestros cuerpos, nuestras almas

Isabel Monzón, psicoanalista

12.

YO ABORTÉ
No puedo decir con sencillez: Yo aborté, desde el punto de vista físico. Pero, sí, por la decisión de abortar. Porque lo que me ocurrió fue en el medio de situaciones difíciles de mi vida, que no puedo obviar, o por lo menos mencionar.
A mediado del año 1984 (faltando escasos meses para regresar de un exilio externo de 4 años ˆ que le costara que desaparecieran, a mi hermano, al volver de sacarnos clandestinamente a Brasil – luego de uno de 5 años de exilio interno) fui al ginecólogo que nos atendía a varias argentinas que residíamos en Xálapa, Estado de Veracruz, México. Le solicité el cambio del diú que tenía puesto desde hacía 4 años, cuando había nacido mi último hijo. Me dijo que luego de un descanso de dos meses y luego de la segunda menstruación volviera para colocarme el nuevo. Pero esperando mi período, a los 2 meses, comencé un atraso y tuve el temor de estar embarazada. El primer análisis dio negativo. Varios días después, solicité tacto vaginal, con resultado dudoso. Luego de varios días más; apunto de un ataque de nervios, concurrí a una larga cola de hospital público para hacer un nuevo análisis (consideraba que no podía ir a la bioquímica que me conocía). El resultado que me entregaron era positivo. Mi ginecólogo me dijo que podía hacerme un aborto si así lo decidía, en una clínica y con 2 médicos más, uno de ellos anestesista. Durante dos días y sus noches; deliberé acompañada por Juan (excura), nuestra formación religiosa era muy fuerte, pero nuestros estudios teológicos nos sirvieron para “razonar” así: qué en la Edad Media, fue considerada la interrupción del embarazo, como uno de los métodos anticonceptivo; qué sólo era entonces un pecado venial (leve); qué los fetos no nacidos con vida no se enterraban en campo santo; qué porque se debía vivir, ahora, el aborto como un hecho tan grave como lo presentaban; qué muchos teólogos consideraban que hasta después de los tres meses no había alma; qué debíamos considerarlo como un mal menor, frente a elementos importantes a analizar: qué tenía ya 40 años; qué volvíamos al país sin vivienda, casi sin recursos económicos; sin trabajo; qué sólo yo tenía un título profesional para empezar de cero; qué mis dos únicos hijos, eran varones que tenían 6 y 4 años; qué la hija mujer que tuvimos en Septiembre del 76, murió al mes de nacer, víctima también de represión que existió en nuestro país. Finalmente decidí (o tal vez mejor dicho decidimos) que abortara. Escasos día después me acompañó una amiga, todo transcurrió tal cual estaba planeado. Pero cuando al final debía pagar, el ginecólogo me dijo, que sólo podía cobrar lo correspondiente a los otros médicos, porque yo no estaba embarazada. Tuve un embarazo psicológico. Sentí en ese momento alivio, porque no había podido evitar la culpa, a pesar de tantos razonamientos. También acompañé a cras. y amigas en esa decisión.

Nina Brugo, 61 años, abogada, Buenos Aires

13.

Yo aborté, cuando tenía 26 años, no tenía la plata. Una compañera de estudios mayor, me preguntó qué me pasaba pq estaba muy desencajada el último tiempo, le
conté y me ofreció el dinero, la contención y su amistad hasta el día de hoy… Tuve suerte, todos en mi casa se enteraron y todos pretendían que lo tenga,
pero no era el momento y no era la persona. Fui con mi mamá y mi hermana, el tipo me hizo firmar un consentimiento de que no se hacía cargo de nada, era bastante largo, en ese momento sentía bronca, tristeza y miedo, sobre todo miedo. Tuve suerte, salió todo
bien… Pienso en la suerte, pq otras mujeres que conozco, no pasaron lo mismo, estuvieron solas, les taparon la boca para que no gritaran, les dejaron cosas olvidadas adentro, les quitaron la posibilidad de seguir soñando. Por todo esto creo que no tiene que ser una cuestión de suerte, sino de derechos.

K. LL., Buenos Aires

14.

Aborté cuando tenía 22 años, sin poder hablar, sin compañero, sola con una amiga que hizo lo que pudo. Y me recuperé en la casa de otra que apenas me desperté me hizo saber que prefería que me fuera porque ella estaba mal de haber colaborado con una muerte.
Me fui a mi departamento de estudiante en Córdoba, donde vivía con dos amigas que no sabían nada de lo que me ocurría. Y sola así en silencio, sin poder hablar, elaborar mi decisión y mis miedos, miedo a que alguien supiera lo que había hecho, miedo a que mi familia se enterara que no había perdido mi mensualidad de estudiante, sino que había tenido que pagar un aborto, con miedo a morirme y con culpa.
Aborté con una persona que apenas desperté de la anestesia me pidió que me fuera rápido y que no tomara el colectivo en la parada que estaba cerca de su casa, sino más adelante.
En la clandestinidad, el silencio, el miedo, la vergüenza, aborté por decisión propia.

María Inés Z., Jujuy

15.

Queridas colisteras:
Ando varios días desde Barcelona leyéndoos – como siempre- , emocionada. Estoy convencida de que vuestros testimonios, vuestra fuerza y vuestra lucha darán sus frutos. En mi país, el aborto, más allá de en tres supuestos, sigue siendo ilegal. El aborto libre y gratuito no existe. Aunque supongo que no tenemos muertas – o estadísticas – por abortos clandestinos…y por tanto la reivindicación sobre el control de nuestros cuerpos no es una prioridad hoy en día. Pero lo cierto es que para abortar en caso de que no estemos ‘en peligro’, no esté en peligro el feto o hayamos sido violadas, tan sólo puede llevarse a cabo a través del ‘trámite’ de la locura…= ‘peligro para la salud mental….’ O como prefiráis llamarlo…
Yo también aborté. Tenía 21 años y aunque acabé en una clínica de la zona alta de Barcelona, no tenía dinero. Así que tras pasar por la prueba psicológica imperativa, regateé todo lo que pude a la asistencia social (de una clínica privada…qué cosas…)…y el resto fue una colecta. El aborto tiene el mismo sabor en todos los sitios, pero como bien decís, de las condiciones en las que se lleve acabo depende nuestra salud, nuestra vida y nuestra estabilidad emocional. De cómo nos hagan sentir, de si encima (¡) tenemos que ser víctimas de comentarios o tratos violentos y/o sexistas….
Al salir del quirófano, tras recuperarme de un desmayo, me quedé en la sala de espera esperando a que los amigos que me habían llevado a la clínica volvieran de tomarse una cerveza…
Vuestros testimonios me recuerdan a las manifestaciones feministas en la Barcelona de los 70 cuando todas clamaban el “Yo también soy adúltera”…..
Os animo mucho. Aborto libre y gratuito = YA!
Besos – Sonia
Y felices fiestas y mejor año nuevo

Sonia Ruiz García, España

16.

Queridas compañeras de lucha: yo aborté cuando era muy joven y por desgracia no fue mi elección, sino en ese tiempo de quien era mi pareja, y ese es el pesar que una no haya elegido sobre Mi Propio Cuerpo. Y además no fue una vez sino como dice una compañera cada vez que acompañé a una amiga y estuve y la sostuve. Y siempre en la cabeza, dando vuelta las maravillosas enseñanzas de “nuestra bien amada iglesia” cargándonos de culpas. Las famosas culpas, las que nos llevan tanto tiempo de reeducarnos y saber que somos seres libres y que es un derecho nuestro, de las Mujeres decidir por nuestro cuerpo y que es el Estado quien nos debe proveer para hacerlo en buenas condiciones sanitarias.
Gracias,

A.

17.

Compañeras, desde España me emocionan sus mails aun más.
Acompañada por un par de buenas amigas y gracias a que tenia dinero suficiente pude abortar en un lugar mas o menos seguro. En las villas de buenos aires, lugar donde trabajé, otra es la suerte de las mujeres.
Educada en la hipocresía cristiana, la experiencia fue dolorosa. También me trataron de asesina.
Anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir.

N., España

18.

Yo aborté, y los sucesivos testimonios que cada una compartió con la lista son altamente valorables y merecen todos y cada uno, él más valioso de mis respetos, sin ninguna diferenciación. Porque como bien Marta lo marcaba, creo que cada testimonio es justamente eso, cada una hace lo que puede según su condición, en absolutamente todo en la vida. Al menos las que eligen vivirla con compromiso, honestidad y sin preconceptos, etc., etc.
El testimonio de Marta es tan valioso como los de todas las demás. Y si los anteriores fueron respetados, desde el silencio, entiendo y sin abrir juicios de valor, no me explico por qué este relato si detonó conductas diferentes.
Yo aborté y lo pude decidir -con todas las contradicciones y los temores que obviamente un debate hipócrita y una sociedad autoritaria tienen que imponer- para en definitiva continuar resistiendo el derecho que a las mujeres nos asiste de disponer libremente de nuestros cuerpos. Lo hice en condiciones seguras, pero con el terrible miedo de la ilegalidad, pude pagar y lo hice acompañada y contenida. No me arrepentí. también escuché los latidos. Y no me arrepentí. Y mucho menos me provocó escalofríos. Lo que si me provoca escalofríos, día tras día, son las muertes de las mujeres por abortos practicados en malas condiciones, si me provoca escalofríos cuando leo los testimonios de quienes “ni pudieron pensarlo”. Porque poder pensarlo es libertad.
Después elegí ser madre. Y tampoco me arrepentí.
Los modelos de maternidad, también son bien distintos y cada uno “carga” con el peso de la historia propia que construimos. Y no creo que estén sujetos a los cuestionamientos.
También aborté con cada amiga a la que acompañé. Y no tengo una hija mujer, tengo un hijo varón, pero el día que le toque -si le toca- tomar una definición así también voy a sentir que yo aborté.
Un abrazo

S. B., 40 años, política, Rosario

19.

Estoy conmocionada por todo lo que fui leyendo, sus testimonios y como algunas pudieron sobreponerse a situaciones tan difíciles, sin apoyo, sin las condiciones higiénicas necesarias. Pero las veo tan firmes, tan seguras que me daba vergüenza escribir. Yo por suerte, conté con el apoyo de mi pareja de ese momento, con mis padres que aceptaron mi decisión y tuve el
dinero suficiente como para hacerlo en un lugar donde por lo menos me sentía físicamente segura.
Ahora tengo dos hijos de 4 y 6, a quienes amo con toda mi vida. sé que ese no era el momento, pero no puedo dejar de pensar que tendría también un hijo de doce años, que este año abría terminado la primaria.

S. B. (Buenos Aires)

20.

Yo aborté. Puse mi cuerpo tenso ahí. En esa camilla. Anestesiado. Crespo.
Desde la convicción de mi decisión… pero con miedo. Con la fortaleza del apoyo de mi pareja, los dos de cerca de 20 años. Pero en la oscuridad de la clandestinidad. Tranquila de saber que era lo correcto, pero con la
desprotección total de la ilegalidad. Con la salvaguarda de algo de dinero juntado entre amig@s, pero con la sensación de que si algo salía mal no alcanzaría para comprar mi vida.
Estoy acá. Hoy. Diez años después. Con mi pareja. La misma. Con dos hermos@s hij@s -al menor muchas lo conocen, fue con tres meses al ENM de Rosario. La mayor tiene ocho años y se muere por ir al próximo encuentro
nacional de mujeres.
Sigo convencida de mi decisión, y sé que fue la que me permitió disfurtar plenamente de mi hija cuando nació tiempo después. Pero también sé que no pude decidir con libertad sobre mi cuerpo, ni ninguna DE NOSOTRAS puede
hacerlo EN LOS PAISES QUE PENALIZAN EL ABORTO: que para tomar esa decisión enfrentás miedos por las consecuencias de la clandestinidad y del comercio en tu cuerpo y en tu vida, culpabilización social, presiones… que en
otro contexto no estarían.
También conozco experiencias mucho peores que las mías, en las que esos
miedos se materializaron en realidades. Y también la de mi vieja, en
Francia, con todas las condiciones necesarias, Y POR LO TANTO MUCHO MENOS
DOLOROSA.
Creo que no tengo más que decir:

EDUCACION PARA DECIDIR
ANTICONCEPTIVOS PARA NO ABORTAR
ABORTO LEGAL PARA NO MORIR
Y A SEGUIR LUCHANDO

Natalia Di Marco
30 años. Empleada. Córdoba

21.

YO ABORTE
Tenía 20 años y un casamiento temprano, huyendo del autoritarismo y arbitrariedad de mis padres. No quería tener hijos tan joven (todavía estudiando) y fui a un ginecólogo para que me recomendara anticonceptivos.
Me indicó lavajes (???). Corrían los años 60 (por la mitad de la década) y la difusión sobre anticonceptivos era muy escasa, así que le creí. Por supuesto, quedé embarazada. Siempre pensé que él hubiera debido ser procesado por irresponsable y por iatrogenia, pero a los 20 años no sabía cómo hacerlo.
Porque era estudiante universitaria y tenía trabajo, aborté con un médico y con anestesia, acompañada por un marido tibio que no terminaba de comprometerse, diciendo “como vos quieras”. Después de hacerlo, me sentí aliviada y hasta el día de hoy no me arrepiento.
Siempre traté de explicar que un embarazo no deseado no es un hijo ni un bebe, sino un accidente biológico ajeno al psiquismo y a las emociones, un conjunto de células que se reproducen en algún lugar de nuestro cuerpo sin nuestro permiso, y con el cual nuestro corazón o nuestra cabeza no tienen nada que ver. El caos – Prigogyne mediante – existe, y no todo embarazo es producto de un deseo inconciente.
La clandestinidad en la que debe realizarse es dura, sobre todo según la clase a la que se pertenece y el dinero disponible. Pero como psicóloga, puedo afirmar que cuando se está convencida, la sensación de culpa no es obligatoria ni irremediable.

CZ, Buenos Aires

22.

Queridas amigas,
Aprecié mucho la reflexión acerca de los fundamentalismos que me llegó hace dos
o tres días y que comparto.

Respecto de los testimonios sobre el aborto: Me permito mandarles adjunta la nota
que escribí en Tres puntos para la campaña que organizó Dora Coledesky en 1997,
justamente con la idea “Yo aborté”. Es para el archivo de Rima.

Por lo demás, adhiero a su campaña con un testimonio más breve:

Era menor de edad, en términos legales, cuando aborté por primera vez. Me
acompañó una amiga, a quien yo a mi vez también había acompañado para que
abortara unas semanas antes. Fue a finales de los cincuenta. No era un hábito
cuidarse ni que a una la cuidaran. No había anticonceptivos. Hacer el amor era
como una hazaña heroica cuyos riesgos había que correr. Los corrí, no me arredré
y sentí alivio. Tuve suerte y condiciones de asepsia medianamente seguras.

Tununa Mercado, 65 años, Buenos Aires, Argentina

23.

Yo aborté cuando ayudé a la primer mujer que amé. Nosotras habíamos terminado nuestra relación y como ella era bisexual, tuvo relaciones con un chico y quedó embarazada. Recuerdo que estudiábamos juntas en el profesorado de educación primaria. Me lo contó y lo primero que me salió fue ayudarla y apoyarla en la decisión que tomara -por supuesto que esto me costó mucho en lo personal ya que estaba en pleno duelo de nuestra relación-. Primero intentó en el hospital porque tenía pérdidas, luego tenía miedo que se lo retuvieran. Así es que consiguió una dirección de un médico que lo hacía por aspiración y en ese momento, año ‘95, cobraba $500. Aporté $100 y no quiso que la acompañara, lo cual hizo que me sintiera bastante mal. Igualmente, todo salió bien por suerte.
Nadie se enteró, por supuesto, ni su familia, ni compañeras/os del Instituto donde estudiábamos. Nadie se enteró tampoco de nuestra relación. Nadie se enteró que yo la lloraba como amante y no sólo como amiga, cuando ella falleció a los 28 años por mala praxis por tan sólo una gripe.
Hay dolores y sufrimientos de los que nadie se entera pero que son la impronta de nuestras acciones, reivindicaciones, luchas y deseos.
Un gran abrazo lésbico & feminista para todas.

Valeria Flores, Neuquén

24.

Yo aborté cuando mi madre me contó que interrumpió su embarazo, porque no podía tener otro hijo, no tendría con qué mantenerlo, me dijo. Yo tenía 10 años, y ella no había sufrido demasiado físicamente porque trabajaba en un servicio de salud, y la complicidad de médicos y enfermeras compañeros de trabajo la contuvo. Pero lo sufrió en su alma, y cuando yo ya era una adulta, me dijo que ella sentía que había matado.
La condena social la llevó a esa mujer de casi 60 años a sentir toda la culpa que se encargan de colocar sobre las mujeres, quienes pretenden tener el poder moral de señalar con el dedo a sus fieles seguidores.
Pero la situación que realmente me cambió mi manera de ver el mundo fue la muerte de S., la hija de una compañera de trabajo de mi madre. Su mamá era mucama, y ella, su hija mayor, unos años más joven que yo, había ingresado a la facultad de arquitectura. Tenía 18 o 19 años, novio, un futuro venturoso, llevaría a su familia un título universitario. Con el esfuerzo de sus padres y su dedicación, llegarían a pertenecer a la tan ansiada clase media educada. Pero S. no pudo realizar este sueño: quedó embarazada, no le dijo nada a su madre, y se hizo un aborto en pésimas condiciones. Murió de una hemorragia brutal.
Recuerdo haber entrado a la casita del Fonavi, con los juguetes de sus hermanos más chicos desparramados por ahí, y ver a su madre destrozada, preguntándose por qué no le había dicho nada. Mientras caminaba hacia la cocina, veía la dureza de las facciones de su madre, y yo sentía por mi cuerpo el miedo que pudo haber sentido S., y pensé: ¡Cómo le iba a contar! Habrá dicho la frase: “antes muerta”, y se murió nomás.
Si antes de este tema no se hablaba, este fue el choque más fuerte que tuve. Nunca pude olvidarme de esta joven que murió de una forma horrible, ya que fue al hospital con una hemorragia imparable, supongo que sufriendo dolores fortísimos, y con su cuerpito cediendo, después de aguantar tanto. S. vivió en una casa de un barrio de trabajadores, tenía padre y madre, quería ser arquitecta, murió en Rosario, en los años 90.
Todas las preguntas que me hice en ese momento y que me duraron años, me las respondieron las mujeres que estaban luchando para que no hubiera más muertes como la de S., ni más torturadas por la culpa como mi madre.
Sé que hasta ahora, los testimonios hablaron en primera persona, y por eso, no hay ninguno que hable de muerte. Por eso este es en primera persona, y habla de una muerte, la de S. y de una parte de mí, que se murió con ella.

Irene Ocampo, periodista y traductora. 36 años.

25.

Cuánto he aprendido, y pensado en estos días, seguí atentamente todos los testimonios y mi pregunta también es la misma que Nina B., me animó a escribir, aborté o no aborté?, porque físicamente nunca hasta ahora me he encontrado frente a esa decisión, pero si he acompañado a muchas mujeres, amigas, vecinas, mujeres de villas con las que trabajo en esto de los derechos sexuales y reproductivos, el haber expuesto públicamente esta posición a favor de la libre elección, del derecho a decidir de las mujeres, ha hecho que muchas otras se acerquen y encuentren un oído, una mano, un espacio para decir, ayuda de dinero, un alguien con quien hablar, comentar y también para decidir, fue asi que recuerdo el haber acompañado a las mujeres a medicos/as, siempre buscando a otro/a por esto de los malos tratos, de la angustia de lo oculto, de lo prohibido, de la soledad que en general se encuentran, nos encontramos las mujeres ante el aborto entre otras situaciones, .. siempre me pregunto aborté o no aborte?
porque acompañar es en parte también abortar, pero no es lo mismo que poner el cuerpo con lo que ello significa, se que estamos de acuerdo en ello pero igual surge mi pregunta.. Mujeres grandes todas, me alegro como Dora de haber sido parte de esta lista Yo aborte, y ojala sea también esta una antesala mas para que el aborto finalmente sea legal, gratuito y que cada una pueda decidir en mejores condiciones que lo que es hoy, un abrazo a todas y buen año los desafíos son muchos
Alejandra D. Córdoba

26.

Tengo 58 pirulos, y allá lejos hice…-antes decía hice hacer, y ahora, bueno, supongo que por resabios machistas no digo me hice-, hice decía, dos o tres abortos. ¿Por qué la imprecisión? No recuerdo el número, de verdad, pero eso mismo tal vez indique que fueron tres. O cuatro. No importa; cada uno, los que hayan sido, fueron un alivio formidable, una piedra que tanto ella como yo nos sacábamos por entonces de encima. Por entonces… Hoy, pucha, no son piedras, no me agobian pero son suaves puntadas de dolor que aparecieron con el tiempo y vinieron para quedarse. Y, ojo, no enjuicio a aquel muchacho que tenía sus razones, ni enjuiciaría a nadie. Digo sólo que lo siento como cosa triste, incicatrizable; y que difícilmente se pueda estar a favor del aborto (decidirlo es otra cuestión), sin silenciar impulsos profundos. En fin, esa es una cosa. Otra, claro, es su despenalización, con la que acuerdo; con facilitarlo además para quien lo necesite, y con parar esta picadora de carne que confunde ética con dogma, y que insiste en quemar cuerpos para salvar las almas.
Es más, a veces hasta sorprende que aún no haya aparecido una postura religiosa alternativa y vigorosa como en otros temas. Es cierto, la difícil supervivencia de los sectores lúcidos dentro de la Iglesia tampoco lo hace muy viable, sin por eso dudar de que existen grupos de una tremenda humanidad. Pero nosotros, digámoslo con suavidad (porque ateo puede sonar fuerte), los que no creemos en hadas, gnomos y dioses que no sean los que llevamos dentro, podemos y debemos hacer punta y llamar criminales a los criminales.
Es decir, mientras los cristianos sigan regidos por el pensamiento de Santo Tomás: Creo porque es absurdo, y gambeteen la teología superior de San Agustín: Ama y haz lo que quieras, el cristianismo seguirá sin respetar al hombre. Nadie puede amar la vida, por más que lo proclame, y aceptar la masacre de mujeres para peor pobres, vulnerables, aceptar y propiciar incluso porque al fin la idea de estos tipos, la teología que los gobierna, es que el pecado si no es venial merece un castigo irreversible.
Qué hacer frente a esto? Tienen dos mil años. O muchos más, porque esta fauna amaneció con el hombre. Qué hacer?
Esto, tomar conciencia, crecer, machacar como lo hacen Uds., las minas de Rima, sembrar conciencia porque es el mejor insecticida. Cierto que ellos aún conservan demasiado poder, pero atención, que vienen reculando lindo. Y no es cuestión de que… tengamos fe, faltaba más, es el simple avance cultural que los empuja, avance imperfecto, incompleto pero avance al fin, y como tal maravilloso. En un mundo en el que las representaciones partidarias y sociales están en crisis, y no sólo por sus propias y espantosas falencias sino por el crecimiento de la diversidad y la complejidad cultural y el agotamiento de las jerarquías indiscutidas (al extremo de volvernos, caramba, cada vez más irrepresentables, y al borde de algo nuevo porque esto no va más), o sea, en un mundo cada vez más duro para los representantes técnicos y profesionales, ¿qué futuro pueden tener los representantes celestiales y su visión medieval? La respuesta es simple: el peor o el mejor. Si el final de época, lo resuelven ellos en ese apocalipsis que tanto anhelan, volverán seguramente a ser los representantes de Dios en la Tierra y a blandir el garrote de Santo Tomás; si lo resolvemos nosotros, es decir, los ateos devotos de San Agustín, la historia puede ser otra.
Bueno, me fui por las ramas filosofando. Che, no aflojen. Soy de los que creen que el feminismo es la trinchera clave contra el fascismo.
Un abrazo enorme. Adelante.
Héctor Cepol

27.

Fui educada en un colegio católico, donde en una clase de secundaria, se mostró un video de un feto de 8 meses sobre el que se había practico un aborto (práctica, claro, que no se lleva a cabo en la realidad), se dijo que las mujeres que abortan escuchan los gritos del bebé durante muchos años, y que lo mejor para no quedar embarazadas y no pasar por una situación así, es el método de la monedita: “sostener una monedita entre las rodillas para no abrir las piernas”, ya que todos los demás métodos anticonceptivos no eran seguros ni aceptados por la iglesia. Con este nivel de perversidad educan en las escuelas católicas aun hoy.
Crecí. En un viaje de vacaciones a Centro America, a mis 21 años, tuve una breve relación con un muchacho de allí. Regresé a Buenos Aires. Estaba embarazada. Mis amigas me ayudaron a conseguir un médico “seguro”.
Lo pude pagar, privilegio de clase. Otra es la suerte de las mujeres de las villas de nuestro país. Mi familia no supo nada. El chico, cuando le avisé se borró.
Por un lado, me sentí muy mal, con culpa, hasta tuve que comenzar un tratamiento psicoanalítico que me ayudó a recuperarme, pero por otro lado, sentí alivio al abortar. Me sentí traicionada como mujer, traicionada por una sociedad que solo me ofrecía la clandestinidad, una sociedad que no me permitía ser dueña de mi cuerpo, de mi vida, de mi destino. Senti repulsión por la Iglesia Católica por su des-educación, por sus mentiras, por su perversidad, por su hipocresía.

Educación para decidir,
Anticonceptivos para no abortar,
Aborto legal y gratuito para no morir.

N., Buenos Aires

28.

Soy de clase media y nunca me faltó nada excepto información y conocimiento de mi propio cuerpo. Aborté cuándo tenía 19 años, mi primer novio me acompañó a un lugar que apenas recuerdo y el pago lo hicimos a medias, el costo era el equivalente a mi sueldo completo de ese momento. En mi memoria quedó el olor del lugar, una casa particular, una habitación poco
iluminada y muy chica en la que solo entraba la camilla, el “médico” y yo.
Me dio una inyección que, prácticamente, me durmió la pierna y me introdujo un líquido en el útero, salí caminando y al día siguiente comencé a tener dolores fuertísimos que apenas me permitían incorporarme y un sangrado importante pero fui a trabajar igual, no podía faltar, no tenía qué argumentar. Las contracciones duraron casi todo el día, llegué a mi casa con el pantalón empapado en sangre y pude ocultarlo gracias al abrigo, recién a la noche sola en el baño expulsé todo.
Hasta el día de hoy no sé dónde queda esa casa, ni sé si ese hombre era médico, ni si quedaron secuelas para mi futura maternidad, no me animé a preguntar por temor a todo y a todos, solo quería que pase rápido y que “no se me note”.
Jamás hubiera podido llevar ese embarazo adelante y nunca me arrepentí de mi decisión. Ser madre para mi es más que una prueba de embarazo positiva.
Mi mejor amiga de aquel entonces abortó a los diecisiete años, mi cuñada abortó casi a los cuarenta, una de mis actuales amigas abortó a los veinticinco, una compañera del trabajo a los treinta y dos y conozco muchísimos casos más. Todas elegimos esa alternativa bajo distintas circunstancias y por diversos motivos pero lo común a todas fue el miedo, la culpa, la inseguridad, y el hecho de hacerlo “a escondidas”. A algunas las acompañé, a otras las ayudé y siempre sentí el mismo desamparo ante la clandestinidad.
Ojalá mi madre, a mis 19 años, hubiese actuado como Marta Dillon. Para ella todas las que “se preñaban” siendo “solteras” eran “putas”, de habérselo contado a mis padres más que un abrazo y su ayuda hubiera conseguido una paliza y el cambio de cerradura de mi casa. El fantasma de su educación retrograda todavía me ronda.

M.R., tengo 33 años, vivo en Capital, estoy en pareja, soy Analista en
RR.HH., trabajo y sigo estudiando.

29.

Desde que comenzó el intercambio sobre el tema, pienso: escribo, no escribo. La lista es cada vez más grande y los feminismos diversos, plurales, contradictorios, no siempre respetamos a la otra/otro.
Bueno como en la vida no?
Yo aborté cuatro veces. Nunca me arrepentí. Me casé en 1958 al año siguiente tuve mi primer hijo.
Empezó mi militancia política en los primeros años de la década del 60. En 1963 como no quedaba embarazada adoptamos una nena. Al año siguiente, sin haberlo planificado quedé embarazada y tuve mi otra hija. Con mi compañero dijimos !Hasta aquí llegamos!
La militancia era cada vez más intensa. Vivíamos la posibilidad concreta y real de cambiar el mundo.
La prioridad era esa ! La mente, el corazón, el cuerpo estaban en la lucha.
Es así que en cuatro oportunidades aborté . Las grandes dificultades económicas , me llevaron a que uno de los abortos lo hiciera sin anestesia (en esa forma lo cobraban menos de la mitad).
Mi dolor era la clandestinidad, la social y la política. El no poderlo hablar con las /os compañeros de mi partido, (de eso no se hablaba). Sobre todo con una compañera muy querida (que después fué secuestrada y desaparecida con su compañero y su hija) y que estaba en contra del aborto.
Tampoco con la familia.
El momento concreto siempre fué duro, traumático, pero después un gran alivio, podía seguir adelante con mis objetivos de vida. Tuve la suerte de poderlo decidir siempre con mi compañero.
En la década del 70, cuando vuelve Perón, se instalaron en Córdoba, Centros de Planificación Familiar, allí colocaban los Diu gratuitamente, se entregaban los anticonceptivos orales. Duraron poco. Los cerraron enseguida por presión de la iglesia y sectores conservadores. Pero me dió tiempo a conocer los métodos anticonceptivos y recién a los 32 años poder elegir el más conveniente. Hoy tenemos otras condiciones, 20000 mujeres en Mendoza marchamos pidiendo la legalización y despenalización del aborto. Jornadas, marchas, talleres, proyectos de ley fallidos, barcos mediante vamos avanzando.
No sabemos cuánto tiempo más nos llevará.
Pero que la ganamos !LA GANAMOS!
Un abrazo a todas las colisteras y los mejores augurios para el próximo año.

Marta Sagadín, Córdoba
66 años
Educación para decidir
Anticonceptivos para no abortar.
Aborto legal y gratuito para no morir.

30.

Queridas colisteras:
Las palabras jamás alcanzan / cuando lo que hay que decir/ desborda el alma… (Teresa Parodi)
De este modo prologaba un relato en tercera persona, donde contaba mis vivencias cuando aborté. Porque, queridas colisteras, yo también aborté, más de una vez. Y ahora, gracias a todas ustedes que se animaron, que me dispararon recuerdos y reflexiones, me animo a hablar en primera persona.
Quedé embarazada por irresponsabilidad (compartida), falta de conocimiento, ausencia de educación sexual, además de lo que considero mala praxis médica, que de lo que menos se ocupaban era de la prevención. Fuera de mi pueblo, lejos de mis padres, viviendo con lo justo y con la sola, valiosa, compañía de mis amigas nuevas. Aclaro que de las ideas feministas no tenía por entonces ni noticia.
Advertida la desgracia (el embarazo) no tuve la más mínima duda. Lo decidí (todas las veces) sola, tenía que sacarme el problema de encima. Y así fue, en manos de una excelente partera que me recomendaron, solidaria y experta; me hizo sentir segura, confiada; trabajaba con un médico anestesista. Todavía recuerdo el alivio que significa. Nunca tuve complicaciones. Tampoco nunca tuve culpa.
Pero me sentía irresponsable con mi cuerpo, con mi vida, eso me mortificaba. Ni se me pasaba por la cabeza pensar que había cegado una vida. Y en eso tuve la certeza cuando muchos años después se paralizó un embarazo, bancado para que mi hija tenga un hermanito: en el inodoro de mi casa pudimos ver con mi compañero cómo es un embrión de 3 meses. Lo vimos más similar a un huevo sin cáscara, gelatinoso, que a algo parecido a una criatura humana.
Creo que es una actitud perversa hacer escuchar los latidos a alguien que está decidiendo abortar. No lo permitamos, es un agravio. Lo leí en algunos testimonios, me parece embromado.
Lo que me produjo mucha vergüenza, mezclada con culpa, es la posición que supe sostener públicamente en relación con el aborto, guiada por un discurso ideológico progre que me hizo creer un gran compañero de militancia política, médico, por supuesto de izquierdas. Yo lo respetaba mucho, de manera que me convenció que el aborto no era bueno para la revolución latinoamericana. La base fundamental de aquel discurso está escrita: relean por favor la introducción a Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano, cuya primera edición salió en l971. Mi ejemplar es de la undécima edición, mayo de 1975. Las distraigo sólo con un párrafo que leo en la página 8: ” … lo que sobra es gente, el sistema no ha previsto esa pequeña molestia. Y la gente se reproduce. Se hace el amor con entusiasmo y sin precauciones… Las misiones norteamericanas esterilizan masivamente mujeres y siembran píldoras, diafragmas, tirabuzones, preservativos y almanaques marcados, pero cosechan niños porfiadamente, los niños latinoamericanos continúan naciendo, reivindicando su derecho natural a obtener un sitio bajo el sol en estas tierras espléndidas que podrían brindar a todos lo que a casi todos niegan”. Todo un enfoque político, enérgico, vibrante, ligado al control de la natalidad como instrumento imperialista, sin deslizar una sola línea acerca del derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, a evitar embarazos que no desean.
Aclaro que tengo gran admiración y estima por Eduardo Galeano, a pesar de esto. Su opinión debe ser otra a esta altura de los tiempos. También mi ex compañero de militancia debe pensar de otra manera.
Le debo a una amiga periodista el haberme dado cuenta de la barbaridad que estaba sosteniendo. No voy a olvidarlo nunca. Yo me siento avergonzada… me gustaría saber qué siente Galeano.
Por último, les cuento que tengo la revista Tres Puntos, donde por primera vez en la Argentina 20 mujeres se atrevieron a decir Yo aborté. Es del 10 de diciembre de 1997. Algunas han reiterado el testimonio en nuestra Red, otras no. Tiene varias notas interesantes, que incluso han ayudado a tomar decisiones a una amiga que estaba dudando. Disculpen la longitud. Les mando un gran abrazo.

Mirta Bruno (54 años)

31.

Como mi madre que cuenta que si no hubiéramos sido 11 hermanas en lugar de 5, lo que ella no cuenta o nunca le pregunté quién se los hacía y cómo la pasaba…
Mi primer aborto es el que me dejó más marcas y sin embargo pocos recuerdos claros, sé que aún no me había recibido de médica, pero no sé ni día ni mes en que fue y menos si hacía frío o calor, vivía en Rosario fue alrededor del 1970. Lo que llamo “marcas” no tienen que ver con las culpas, los olvidos si???? ellas son: las vueltas y vueltas que me dieron en un auto, de quién sería??? para no poder identificar nunca, la casa donde me lo hicieron en un pueblo por los alrededores de Rosario. También lo que nos costó conseguir el dinero para pagarlo. Ëramos tan pobres que ni los anticonceptivos podíamos comprar en aquella època y sin embargo tuvimos que pagar un aborto, qué contradicción! qué negocio con nuestros cuerpos !!! y éramos tantas!! tantas y en unos tugurios que ni las camas alcanzaban… cuando desperté tenía otra mujer esperando despertarse en mi misma cama !
Afuera me esperaba mi amiga que ahora anda por estos pagos -vive desde hace muchos años en Milán- ella se acordará?? Creo que ella tiene más abortos que yo, ella me acompañaba a mi y yo a ella.
Yo nunca le pude contar a mi madre. Si bien ella cuenta/ba de su número de abortos, ella se los hacía dentro de un matrimonio constituido. No sé cómo hubiera reaccionado en mi caso, presiento que con más dureza por mis relaciones extra matrimonio que por el aborto en si (soy cincuentona no sé si me entienden… )
E l segundo aborto me lo hice cuando ya era médica y tenía un hijo, fue todo muy distinto.. sin embargo la clandestinidad aún me duele, qué hice que tengo que ocultarlo??
Por eso escribo porque no me gusta ocultar nada y menos mis decisiones que tienen que ver con lo que yo elijo.

Soy Mirta Pacin, Pediatra en Neuquén desde 1978. Hacía mucho que soñaba que las profesionales médicas nos sacáramos la máscara, soy integrante de RIMA y agradezco la oportunidad que me han dado..

32.

Yo aborté en mi cuerpo 2 veces.
Después que nació mi única hija, plena dictadura militar, seguramente mi atención puesta en la anticoncepción estaba relajada. Los dos los hice acompañada por mi pareja, los dos los pude pagar, los dos fueron en el sur
del Conurbano Bonaerense. Salvo los efectos vomitivos del Pentotal, no registré secuelas físicas. En cuanto a las otras, no puedo precisar si se trató de mi protofeminismo que legitimaba mi decisión, si el momento histórico me hacía sentir que lo que hacía no era mas ilegal que mi/nuestra militancia, o que pensara que la represión política partidaria era mas cruel de la que podría sobrevenir si era descubierta practicandome un aborto. Lo que sí sentí fue un intenso alivio y la certeza de haber hecho lo que habíamos decidido-
También puedo afirmar, que no me sobrevinieron culpas ni miedos. Los que sí viví junto a amigas, parientas, compañeras, vecinas con las que estuve, a las que ayudé y acompañé en esta decisión y las que no estuvieron tan
tranquilas, que la pasaron bastante mal, que siguen cargando el peso por la decisión tomada.
Creo que este emprendimiento que se vehiculiza por RIMA, nos fortalece y alienta a las mujeres que en lo cotidiano tejemos redes solidarias invisibles, sin repercusiones públicas, pero que se van afirmando en el sostén constante entre nosotras y que nos permite seguir elaborando los miedos, las culpas, las angustias que esta sociedad excluyente y represora nos genera.
Es una bendición contarme entre las que construímos la lista, por lo que agradezco a la vida tener esta oportunidad.
Como en la década del ochenta planteaban l@s psicólog@s: “hacer legal lo que es legítimo”, y esta es -me parece- la posición (aunque interna) que debiéramos asumir en las discusiones que encaremos.
Un abrazo feminista

Susana Wegsman, a punto de cumplir 54, psicóloga, militante popular
feminista

33.

Soy lectora cotidiana de esta lista, pero es la primera vez que escribo.
Me costó decidirme a dar testimonio porque ignoro cuales pueden ser las consecuencias legales. Pero creo que a mi edad (tengo 60 años) ya es hora de dejar atrás algunos miedos.
Yo también aborté. Tenía 22 años, era soltera, estudiante, vivía con mis padres y tenía un proyecto de vida.
No titubée en tomar la decisión. No había elegido tener un hijo, no era el momento ni estaban dadas las condiciones. No estaba segura que mi novio de entonces (una relación incipiente) fuera la persona que iba a elegir para compartir la vida. Pienso que es muy importante considerar con quién tener un hijo.
El no se borró. No sólo me acompañó en todo el proceso, sino que también pagó el aborto. Fue en el consultorio de una partera, con anestesia y asepsia. Todo resultó bien , no tuve consecuencias físicas pero sí emocionales.
Debo reconocer que tomé conciencia de los riesgos cuando todo terminó y él me contó que durante el tiempo de la espera había estado muy nervioso pensando qué hacer y donde llevarme si algo salía mal.
Durante dos dias estuve llorando y no quería ver a nadie. No sentía culpa, pero sí una enorme tristeza. Un sentimiento que no podía comunicar. El impacto fue muy fuerte y la relación no se sostuvo.
La ausencia de culpa se debió, tal vez, a que en mi familia el aborto era algo aceptado. Muchas veces escuché hablar de abuelas, tias y primas que lo habían hecho. No estaba mal visto. Las mujeres de mi familia pensaban y sentían que sólo cada mujer sabía cuando y por qué necesitaba recurrir a eso. Que la capacidad de decisión estaba en nosotras, sin intervención de maridos o parejas. Sentían un gran orgullo por la maternidad y la idea que transmitían era que los hijos son de la madre. No le daban mucha participación al hombre en esos temas.
En ese concepto estaba apoyada la libre elección de tenerlos o no.
Tuve una madre feminista aunque ella no lo supiera. En mi educación estuvieron presentes los derechos de la mujer, no sólo el aborto, pero éste es el tema de hoy.
Continúen compañeras. ¿quién más? ¿quién no?

Silvia P. 60 años- Maestra

34.

Escribir mi experiencia de yo Aborté esta dentro de mi cabeza creo que desde que apareció en la lista uno de los primeros correos tocando el tema, pero no era fácil la decisión de hacerlo, ya había pasado tanto tiempo.. creo que mayormente la indecisión pasaba por puedo hacerlo? debo hacerlo? pero bueno …

Yo aborté, no una ni dos, sino tres veces. Sin duda, tanto para mi como para el resto de la colisteras de mi edad (pisando los 60), las cosas en ese momento no eran igual a las de ahora, me refiero a las posibilidades a la información en fin a todo lo que tenga que ver con esas cosas, no me refiero a, si o no, decidir hacernos un aborto, esos pensamientos no tienen momento histórico.
Sin querer cansar a las colisteras, tal vez tenga la necesidad de hacer un poco de historía, quedé sin padre a los 8 años, allá por el 53, mi mamá viuda a los 37 con dos hijas, viniendo de una familia tan pratriarcal como ninguna de las colisteras puede llegar a imaginar. Terminé la primaria a los 13 y a los 17 ya estaba casada. Como Díos manda, De cuidarnos no sabiamos nada, y mucho menos tener con quién hablar del tema. Los “forros” los permitían las loquitas que tenían relaciones antes del matrimonio, “para no quedar embarazadas” y los maridos que iban con mujeres de la vida a hacer cosas que las “esposas” no les permitían. Yo tuve mi Hija a los 19 años, previo a haber perdido 2 embarazos de casi 4 meses, el matrimonio empezó a andar para la miércoles y quedé embarazada de nuevo cuando Ali tenía 3 años, con el total acuerdo del entonces mi marido, decidí abortar, busqué el lugar, junté la plata, y allá fui, sola mi alma, porque él estaba de acuerdo en que yo haga lo que me pareciera, pero que él estaba en otra.
Fue con una partera, en un lugar adecuado, de lo que estaba haciendo lo sabía mi marido y nadie mas, todo termino bien me tome el colectivo y me volvi a mi casa. A los 3 mese me separe mi ex era alcohólico.
Empecé al tiempo una nueva relación, los anticonceptivos ya estaban en el mercado, pero eran tan caros…, no existía el SIDA y en ese entonces si el hombre se consideraba “como limpito y de familia” ni pensar en usar preservativos. Tanta fue mi fortuna que quedé embarazada, pero acá la historia fue distinta, un amigo médico del que aún hoy es mi marido me hizo el aborto, “gratis” en honor a la amistad. Cuando decidimos con mi “ya marido” tener un hijo volví a perder esta vez tres embarazos, hasta que por fin llevé a término el cuarto. Mis dos embarazos llegados a término me costaron los 9 meses en cama, teniendo mi hijo 2 meses quedé embarazada, así que volvimos a recaer en el “amigo” y volví a abortar, siempre con el copiloto de la historia al lado y totalmente comprometido con la historia, que sin lugar a dudas era de los dos. Las culpas tal vez la sentía cuando queria tener los hijos y los perdía, pero a pesar del momento histórico en el cuál pasaron estos momentos de mi vida siendo Católica no tan militante como antes, no me arrepiento de lo que hice, sé que hice lo que debía, lo que quería y lo que creí más conveniente para mi vida. Tal vez por todo lo vivido por mí, e insisto en mi condición católica, debemos seguir cada día con más fuerzas luchando por la despenalización del aborto, Anticonceptivos para no Abortar Aborto legal para no morir.

Mercedes P., Rosario.

35.

YO ABORTÉ

Era marzo de 1989. Tenía dieciseis años de una familia católica y varios miles de dominio patriarcal. Habia ido a estudiar a la casa de una amiga que no encontré pero sí a su tío de unos 30 años, un tipo simpático con quien tuve sexo esa vez y a quien nunca mas vi.
A los dos meses me di cuenta de que estaba embarazada y a los dos meses y medio , de que no cabia en mi corta existencia la menor posibilidad de tener un hijo.
El médico de la familia se negó a hacerme un aborto, por las mismas convicciones que prohibia el sexo prematrimonial y apoyaba la dictadura. Pregunté a amigas, busque médicos con una extraña sensación de estar haciendo lo mejor , sabiendo como para mi sensato y valiente. Finalmente encontré a un médico que terminaría con ese embarazo tan ajeno a mi vida. Sus condiciones eran $ 500 por adelantado y dado que era menor de edad y él era un médico prestigioso y no podía correr riesgos, operaría sin utilizar anestesia; debía ser así o nada.
Fue así. Abrieron mis piernas al punto de sentir crujir mis huesos, introdujeron sus herramientas frias como el aire que apenas respiraba, las retorcieron entre mis carnes hasta que el dolor bajó un telón negro y sólo pude ver las caras indignadas de los médicos a causa de mi desmayo, después de que me golpearan insistentemente en la cara , como haciendome pagar por algún pecado confeso en el S. XIII.
Todavia sangraba cuando me empujaron por la puerta de atrás de la clinica privada, ubicada en la calle Castro Barros , en la ciudad de Córdoba.
Todavía veo el telón negro caer pesadamente sobre quien hoy , asumiendo poseer su cuerpo, decide abortar. Pero, aún sin anestesia, ya no me desmayo. Ni confieso.
Denuncio.
A quienes nos expropian el cuerpo, el corazón, la integridad, la vida. Denuncio al patriarcado, a los fundamentalismos- particularmente al católico- a los gobiernos que miran por encima del hombro cuando se trata de la vida, cuerpos y salud de las mujeres, al penalizar el aborto. Y a esos médicos que no me ahorraron dolores hace casi diez años en una clinica privada en la calle Castro Barros.

Gabriela Robledo, escritora, abogada, Córdoba

36.

Yo Aborté.
También yo. Como las que ya han presentado sus testimonios, como tantísimas otras que aún no lo han hecho, y como seguramente muchas más que no lo admitirán. Algunas de nosotras no lo admiten públicamente, otras sólo lo hacen en un marco de confidencias con los más cercanos y algunas otras…. esas lo han tenido que negar hasta frente a si mismas y posiblemente “pagarán” esa ausencia en sus historias cuando al mirarse cada mañana en el espejo vean su imagen recortada, con un jirón de ellas mismas perdido en algún pasillo clandestino, con el recuerdo de olores extraños, dolores, dinero duramente conseguido, temor, angustia, que no hubo posibilidad de tramitar.
En cuanto a mi, fue en 1970, a los 18 años, recién salida de la secundaria y en el medio, casi final, de una relación bastante complicada (yo vivía en Mar del Plata y él estudiaba en Buenos Aires, y además era de un círculo socio-económico superior al mío). Decírselo a mi familia no entraba en mis posibilidades subjetivas, y tampoco en la realidad del vínculo que teníamos. “Eso” , (y no solamente lo del aborto sino cualquier cuestión referida al sexo), sólo se podía hablar con alguna amiga… y así fue. Mi amiga y su novio, que era amigo del mío (que fue el que puso el dinero y nada más que eso) fueron mis acompañantes. Y lo que son las ironías de la vida, el consultorio donde me hicieron el aborto quedaba a cuatro cuadras de mi casa, lo que acrecentó la clandestinidad en que nos movimos y el temor de ser descubierta. Después llegar a mi casa y fingir estar muy indispuesta con la menstruación llegada, al fin, después de “alguna tardanza”, para poder hacer el reposo recomendado. La consigna era mentir con eficacia, mantener el ánimo mientras por dentro quería llorar y llorar para sacar tanto dolor de mi corazón. El tiempo pasó, afortunadamente no tuve consecuencias físicas (tuve el privilegio de poder pagar la asepsia ) aunque hasta que nació mi primer hija temí algún tipo de castigo por lo que había hecho.
Hoy, a los 53 años, no tengo ninguna vergüenza por el aborto que decidí y lo volvería a decidir así, pero si tengo bronca por la carga psicológica que porté muchos años, el secreto delictual que tuve que guardar, y debo reconocer que también, muy de tanto en tanto, pienso en la edad que tendría ahora… en si sería varón o mujer…
Fue una decisión difícil y dolorosa. Los que cuestionan la despenalización del aborto aduciendo que entonces las mujeres correrán livianamente a hacérselos como método anticonceptivo no saben de lo que hablan o son unos hijos de puta.
Pero lo que si me da vergüenza y odio es que la locura fundamentalista, autoritaria e hipócrita de algunos, que saben que igual se aborta, lo que profundiza es la inequidad que sufren las mujeres de bajos recursos económicos, para las cuales se reserva el grueso de las estadísticas de mortalidad materna.
Yo quiero… yo creo y exijo el respeto a la libertad de decisión de las mujeres sobre nuestro cuerpo.
Es ético y posible reclamar para nosotras y para las que nos sigan anticonceptivos para no abortar y aborto seguro para no morir.

Liliana Noemí Mayoral
Socióloga
Ciudad Autónoma de Buenos Aires

37.

Tengo 31 Años, me llamo Marina hoy tengo dos hijos uno de 16 y otro de 11…Yo aborte a los 16 años…con un bebe de un año y dos meses en mis brazos.. en una casa, en un garage, casi a escondidas…Me acompaño mi mama y una de mis primas..Quizas si hubiesemos podido hablar de anticoncepcion sin prejuicios hacia al final de la niñez no hubiese tenido que pasar por eso…POR QUE ELEGI TENER UNO Y EL OTRO NO?? alguien puede decir cual de las dos veces tome la decision correcta??
…Fui educada en colegios catolicos que solo nos enseñaron a tener miedo de hablar, Si Dios es tan misericordioso, por que mi “comunidad” me dio la espalda y me señalo en ambas ocasiones…
Será que somos una sociedad hipocrita que se da cuenta que ama a su projimo como a el mismo…solo cuando su projimo no esta tan cerca??
Soy partidaria del derecho a elegir, El aborto es un DERECHO que tenemos las mujeres sobre nuestro propio cuerpo…Nadie mas que nosotros puede tomar esa decision.

Marina L. Urbani, Buenos Aires.

38.

Tenia 18 años, mi mama estaba en otra provincia momentaneamente y yo tenia que ir a verla, no existia la posibilidad de llegar y decirle que estaba embarazada. Se moria y me mataba, toda su vida diciendome: “mas vale que no te embarazes, porque te las vas a arreglar sola”. En pocos meses llegaba mi tan ansiado “viaje de egresados a Bariloche”, no podia ir embarazada, NO QUERIA ESTAR EMBARAZADA. Mi querido novio me habia dicho que el no podia tener hijos !!!
No queria tener un hijo a esa edad, ibamos a pasar necesidades el, y yo. Mi vida todavia no habia empezado !!. Mi novio de aquel entonces queria tenerlo, pero yo no, y me apoyo (aunque despues se aparecio en mi casa pidiome que le devuelva a su hijo). Consegui el nombre de un medico, mintiendole a una amiga para que me lo de. Juntamos la plata pidiendo prestado, y poniendo plata de mi viaje de egresados.
Me perseguian las imagenes que mi profesora de Educacion para la Salud en 4º año. Nos habia mostrado un video acerca del aborto, era una filmacion….horrible !!! Me perseguia la culpa ….mucha culpa !!! (gracias Iglesia !! )
El tipo que me atendio, me trato mal, la tipa que estaba con el, peor. Me desperte en un cuarto, con cuatro camas pegadas unas con otras, algunos sillones, una chica que era levantada por esta tipa y se iba como podia, otra que entraba. Y yo ahi en una cama semi inconsciente. Esta tipa entro a buscarme y me dijo que no me acomodara que esa no era mi casa.
Estuve con depresion despues de esto, y nadie tenia que saber que habia abortado. El fantasma de haber abortado me persigio durante años, hoy despues de diez años sigo pensando que fue la mejor desicion, y no me arrepenti jamas.
El aborto debe ser legal, para evitar que suframos malos tratos.
Para que no se muera ninguna mujer mas !!!!

Jorgelina Aguirre, Buenos Aires

39.

Yo aborté en dos ocasiones: a los 24 y a los 26 años. No estaba preparada para ser madre. Como pude pagar lo hice en condiciones de asepsia, con un médico, pero sin anestesia. Ninguno de los dos compañeros que estuvieron fueron contenedores: el primero, porque no estaba de acuerdo pues quería que yo continuara el embarazo para asegurarse que yo no lo abandonaría. El segundo porque sólo pensaba en abandonarme. Nunca me arrepentí ni me sentí culpable. A los hijos hay que desearlos. Hoy tengo una hija de 28 años y dos hijos de 24 y 21 años respectivamente. Ellos son mi vida.

Ana Lía Glas, 56 años, socióloga. Buenos Aires

40.

yo aborte , tenia 16 años, y mi vieja, que era partera se ocupé del lugar, y de pedir plata prestada cosa que me hizo saber duramente…
Me llevó a un tugurio, nunca lo olvidé, donde apenas me pusieron anestesia, para que aprenda, dijo el “doctor”.
Como el tema de la plata era el que se tenia que notar, ella me trajo en subte, yo manchandome el pantalón…
Espero, que nosotras , las madres, aprendamos de nuestras vivencias, más allá de las realidades econónicas, porque el sexo es un derecho…y el aborto tambien.

Ana W., Profesora, Argentina

41.

Tenía 21 años y una relación que creía era perdurable, la realidad de los hechos demostraron que no fue así, y a pesar de que lo hubiera sido lo cierto es que en ese momento no me encontraba con deseos de ser mamá. Soy de clase media baja, por ende conté con recursos económicos que me los dió mi propio trabajo de aquel momento, busqué y encontré el lugar donde finalmente me realicé el aborto. Por supuesto con buenas condiciones de asepsia y control indicado. Dos años después, acompañé al mismo lugar a una de mis mejores amigas. Hoy estoy felizmente casada y con el proyecto de que en dos años vamos a tener nuestro primer bebé, mi amiga tiene dos hijos actualmente y muy contenta de ser mamá.

Marcela Vivona, Abogada, 33 años.

42.

“Yo aborte”
El frio y la oscuridad de ese dia todavia se presentan en mi piel como vivos, como soberanos cuando los recuerdo. Una mujer que me dice “Que hermosos ojos” y yo que no dejaba de pensar en que no queria ser madre a los 19 años y que esa era la decision que tenia que tomar. Acompañada por un hombre que me espero en la otra esquina porque no lo dejaron esperarme adentro del consultorio. Pagando 300 pesos y explicando a mis padres no se que cosa habia acontecido con mi mensualidad.
Volviendo de ese lugar los dolores, el abandono de ese hombre y sola en mi cuarto. Esa soledad se traslado como dos años hasta que pude contarle a mi compañero que hoy sigue a mi lado y 4 años mas hasta que pude contarles a las primeras feministas con las que me encontre y con las que luche. Ellas pudieron por primera vez hacerme sentir el alivio de compartirlo, de llenar el vacio adquirido en la soledad.
Mi cuerpo no volvio a ser el mismo, las formas internas mudaron, y los organos tambien. Todo se reacomodo, he hicieron falta muchas terapias para sacar la culpa de adentro, sacarla para no volver a tocarla
El abandono a las mujeres en esa soledad y en esa oscuridad trunca, mutila la sexualidad de las mismas y la de con quien ellas quieran compartirla. Eso es lo imperdonable de la ilegalidad, el golpear el lugar del placer como culposo y dejar liberada la vida de las mujeres a la frigidez y el no goce.
Por una sexualidad libre de ataduras fundamentalistas y por Estado que se encargue de garantizar a las personas la sexualidad plena como calidad de vida.

Anticonceptivos y salud sexual y reproductiva para no abortar
Aborto legal y gratuito para no morir.

Sabina, 28 años, Córdoba

43.

Las felicito, humildemente, sigan adelante. Yo aborté, llore mucho, estaba muy enamorada o encaprichada, era casado, fui sola al medico, me durmio de la cintura para abajo, fue tan triste, tan doloroso, el muy animal del medico no se compadecio en ningun momento de mis gritos, aun puedo sentirme como gritaba, a veces sueño de noche que me duele, no se si me duele el cuerpo o el alma por lo que hice, pero solo se que si hubiera seguido adelante lo unico que hubiera hecho hubiera sido arruinarle la vida a mis otros tres hijos, menos mal que mi mama y mi hermana me apoyaron, pero me quedo bien claro que para lo unico que sirve prohibir el aborto es para que algunos medicos h.. de p… se llenen de oro a causa de nosotras las estupidas que nos parece que los hombres nos van a acompañar o que van a sentir lo mismo por lo que nos pasa, espero que algun dia esa ley se haga realidad, lo deseo desde lo mas profundo de mi alma.

Gabriela, Pergamino

44.

soy médica vivo en algun lugar de la ciudad de México, yo también siendo joven aborte en dos ocasiones, no era mi momento aún, no estaba segura de queres ser madre. No me arrepiento de haber tomado esa decsión en dos oaciones. Cuando llego el momento de querer ser madre, no se pudo de manera biológica, pero llegaron a mi vida una hija y un hijo, en adopción, a los que adoro y mi maternazgo es tan pleno como el que mas. También los abortos los viví en la clandestinidad y sola. Soy feminista y médica en activo por lo que ayudo a las mujeres que desean interrumpir un embarazo. Las atiendo tanto en la parte fisica como en la emocional, tratamos de crear un ambiente calido el dia que se atienden, atención personalizada, musica en la sala de atención, estancia postintervención el tiempo necesario, colación ligera. siendo una decisión dificil no debemos hacerla inhumana ni despersonalizada. Los profesionales de la salud tenemos la obligación de atender con calidad y desde una perspectiva de género y ademas luchar por que el aborto sea legal y gratuito.
Desde mi espacio profesional y de participación política femenista seguiré impulsando la demanda de las mujeres a decidir sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas.

Mercedes, México.

45.

Fue a los 23 años, acompañada de mi novio, hoy mi marido, pude pagarlo, todo salio bien. Eramos estudiantes y no era el momento, no teniamos trabajo y una situacion fliar dificil.
Hoy soy madre de dos hijos, de 4 años y 4 meses, y en el embarazo de ambos recorde especialmente aquella decision.
Cdo se habla del aborto “legal” hoy quienes piensan que una va a ir a abortar alegremente, y todos los meses.
Lei el testimonio de otras mujeres y se que tanto ellas como yo no hubieran querido pasar por esto, es horrible, y el dolor del alma no se borra con nada. Creo q en el fondo nadie esta de acuerdo con abortar, a nadie le gusta pero “antes de juzgar a alguien camina tres dias con sus zapatos” dice un prob. indú.
Diez años despues tube un aborto espontaneo de un embarazo deseado y entre por la puerta grande,cubierta por mi obra social.Pero el dolor del alma fue el mismo.
Pidamos por educacion y anticonceptivos para todos.
Gracias.

M.M.

46.

Yo me realice varios abortos, estando ya casada, a estas situaciones las vivi con mucha soledad y dolor; ya que mi pareja jamás se hizo cargo.
Tres fueron realizados en consultorios clandestinos pero en los que la seguridad septica estaba asegurada, uno, el ultimo fue con pastillas y el costo fue brutal, casi me muero y a partir de ahi jamás volvi a quedar embarazada. Creo que el aborto deberia estar despenalizado y que de esa manera las mujeres sufririamos menos, ya que el desgaste sicologico no tiene precio y la culpa esta por siepre con vos. Tambien creo que se deberia fomentar aun mas la conciencia sobre el cuidado anticonceptivo para evitar que miles de mujeres pasen por esta experiencia aterradora y que siempre vivis en extrema soledad.
Yo no se lo deseo a nadie, me hubiera gustado ser mas conciente y haberme cuidado. Lo feo LOS TIPOS SE BORRAN, ESTEN CASADOS O NO CON VOS.tENGO 41 AÑOS Y SOY DOCENTE.

RUTH

47.

Yo aborté:
Cuando vi a mi hermana apoyada sobre la mesada tenia una palidez que asustaba, sus ojeras eran profundas y en su brazo la marca de una pinchadura. Estaba ahí casi al borde del desmayo. Presentía que algo no estaba bien, busque a mi mamá y le insistí para que le preguntara que le pasaba. Se alejaron las dos, hablaron, inmediatamente mi mamá me pido que la llevara a casa. En nuestro edificio vivía una médica ginecóloga a quien vino a ver a mi hermana. Luego de revisarla llevó a mi mamá al comedor. Mientras la ayudaba a cambiarse la cama via la cama de mi hermana empapada en sangre. La ingresamos por la guardia en el hospital publico donde trabajaba esta doctora.
Creo que en ese momento, al ver tanta sangre comprendí que mi hermana se moría. Mi hermana pasó varios días en el hospital. Siempre estuvo pálida, tuvimos que pedir donadores de sangre y esa fue la primera vez que doné sangre. Me pasaba horas junto a mi hermana entendiendo a medias lo que sucedia. Las dos éramos adolescentes, pero creo que en ese instante sin saber bien porque habíamos madurado.
Años después mi hermana me contó que había sucedido aquel día. Se había escapado de un hospital al que había ido luego de hacerse un aborto con una sonda. En el hospital le dieron los primeros auxilios, pero escuchó a un médico que dijo que debia hacer la denuncia de su situación. Ella, joven, sola y asustada sólo pensó en escaparse. Mi hermana se estaba desangrando y los médicos lo único que pensaron era en denunciarla. Distinta fue la actitud de nuestra vecina médica, quien la ingreso al hospital e inventó una patología aún a riesgo de perder su trabajo.
Estar casi al borde la muerte no fue la única secuela que tuvo mi hermana. Varios años después con una pareja estable intento quedar embarazada y no podía, me contaba llorando sus pesadillas: ” Soñé que tenía un bebé en brazos y cuando le corría la manta para ver su cara veía una calavera” se culpaba una y otra vez del aborto y pensaba que no tener hijos eran un castigo de Dios. Durante años no pudo quedar embarazada, hasta que finalmente con la ayuda, contención y compresión de otros médicos finalmente pudo tener a sus dos hermosas nenas.
Ahora que yo soy una mujer adulta lucho por la legalización del aborto. Porque no quiero que otras hermanas sufran lo que sufrió la mía, porque no quiero que ya ninguna mujer este entre la vida y la muerte. Porque no somos, las mujeres, máquinas de fabricar bebes. Somos personas que tenemos el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo que es del estado y la iglesia cuando se trata de decidir si tenemos derecho al aborto y que es nuestros cuando se muere de hambre o se desangra en una cama.

ZML, Luchadora social y activista por la legalización del aborto (No pongo mi nombre por respeto a mi hermana)

48.

Yo tengo 25 años, y soy de Buenos Aires. A los 16 me puse de novia y estuve un año con él. Al terminar 5to año, él se fue a vivir a EEUU con su familia, en el mes de diciembre. Ahí decidimos terminar la relación, aunque nos mantuvimos en contacto. Me fui de vacaciones con mis amigas y mi familia. Pasaron las semanas y no me venía la menstruación. Parece que parte de mi no quiso verlo, y así pasaron 4 meses y medio. Increíble pero real. Hasta el día de hoy aún no puedo creerlo. Así fue como mi mamá comenzó a preguntarme, y me compré un evatest. Ahí confirmamos lo que mi cuerpo me estaba diciendo y yo no podía recibir el mensaje. Ese fue uno de los momentos más feos, de todos los que vinieron despues. Charlas familiares, consultas a mi ginecólogo, terapia familiar con mi psicóloga. Y mayormente, un enorme apoyo familiar. Yo estaba como fuera de mi misma, todo pasó demasiado rápido. Todos me preguntaban, me aconsejaban, llorabamos todo el tiempo, tomaban decisiones…Así fue como de un día al otro y con ayuda de mi ginecólogo, partí con mis padres y el ginecólogo a Miami a recorrer distintos hospitales. Despues de recorrer casi 6 hospitales (no recuerdo bien), encontramos uno donde mi ginecólogo pensó que era bueno. Así que en 2 días realizamos todo, y me volví a Argentina. Hasta el día de hoy, nunca más se volvió a tocar el tema, pero eso estuvo bien. Aunque en su momento habíamos quedado con mi familia que sería algo que quedaría entre nosotros y nadie más y así fue. Hoy agradezco, porque muchas veces escucho barbaridades sobre esto, gente que sigue estando en contra. Y a mi edad, en su momento, no era fácil recibir todo eso. Hoy que ya estoy más grande, puedo aceptar esas cosas. Todo quedó atrás por suerte, pero mi sensación de tristeza, de dolor, y de miedos, está presente. Pero eso es algo que sólo YO puedo saberlo.
Muchas Gracias por éste movimiento que están haciendo; espero que el mundo entero pueda ser más humano, más sensible algún día!

Valeria

49.

yo aborte en el año 2000 , con tan solo 20 años supe lo que queria en mi vida , gracias a ser de clase media alta puder recibir una atencion buena para la situacion , me arrepenti es verdad muchas veces pero tambien agradesco que el profecional que me atendio me dijo que la vida se trata de elejir y YO ELEJI por eso quiero que la gente como yo que no se siente preparada para asumir semejante responsabilidad tenga las mismas oportunidad de elejir como yo pero no en la clandestinidad porque el precio que pagan ellas es aun mas caro ( y no hablo de dinero) NADIE PUEDE NI DEBE DECIDIR CON MI CUERPO, MI TIEMPO, ME MENTE Y POR SOBRE TODO MI VIDA, POR ESO SI DE MORAL SE TRATA EMPECEMOS A MIRAR DENTO DE NUESTRA FAMILIA Y DENTRO DE NUESTRAS CONDUCTAS PARA CON EL OTRO . PORQUE EN REALIDAD NO CREO QUE NON CUN HIPOCRITA QUE ESTA EN CONTRA DEL ABORTO LE VA A DAR DE COMER, O LO VA ABRIGAR CUANDO YO NO PUEDA. POR FAVOR BASTA DE IDIOTECES EL ABORTO YA EXISTE AQUI Y EN TODO EL MUNDO , LEGAL O ILEGALMENTE. Y SE SEGUIRA PRACTICANDO CON O SIN SU CONSENTIMIENTO.

Elizabeth

50.

tenía 16 años y apenas me hice el test, salí corriendo a llamar a una amiga. ella insitió en q se lo contara a mi vieja, y yo le dije no. al día siguiente me junté con ella y su novio, q movieron cielo y tierra para buscar pastillas para abortar, en vez de tener q ir a una clínica. pastillas de rechazo uterino. no hacía falta nadie más q yo para hacerlo. diez días después, conseguimos al médico q nos las vendió, la plata me la había prestado un ex novio de mi amiga, no sin antes aclarar q él me prestaba el dinero, pero q yo estaba matando una vida.
el aborto lo hice en mi propia casa, un 9 de julio, y al otro día tenía q ir al colegio. cuando me levanté sentí alivio. sentí q lo q yo estaba haciendo estaba bien. sentí q el tiempo, la vida, entonces, seguía corriendo a mi favor.
el “legrado” (como mi ginecóloga llamó a mi aborto)se produjo una semana después, y lloré mucho. y fui al médico, y me hicieron ecografías, y después paps y colpos y estaba bien. entera. era eso: estaba feliz porq yo todavía estaba entera. con apenas algo en la cabeza q todos los días me hacía (y hace) acordar de lo q hice por derecho natural.
tuve la suerte de tener cerca a algunas personas q se jugaron por mí. gente a la q no conocía ayudándome. mujeres q me contaron q habían abortado, y q era mi decisión el q yo lo hiciera.
lo peor de todo fue la clandestinidad. q todo fuera “ilegal”. no poder contárselo a mi psicóloga porq yo estaba “en situación de riesgo”, y eso implicaba q mi madre se enterara. temer todo el tiempo por si algo me pasaba. q diría. seguiría viva? y si yo me estaba metiendo veneno? y las demás q pasan por esto? q pasa con las demás? a una chica en el hospital le dijeron q iban a llamar a la policía si ella decía q se había provocado un aborto. una al q se lo hicieron mal, y cuando fue al hospital la maltrataron e hicieron q se fuera sin haberle hecho, al menos, una ecografía. una q pudo tener hijos recién después de 7 abortos naturales. una q no puede tener hijos. una q todavía llora por los dos abortos q se hizo.
y todas las chicas, señoras, mujeres q no conozco? todas las q no están? tod@s conocemos a alguien q se provocó un aborto. es esa la palabra.
no quise un hijo en ese momento.
no quiero un hijo ahora.
yo puedo decidir cuándo tenerlo.
pero quiero q todas podamos.
en un marco de legalidad y asepsia. y gratuidad.
eso es libertad.

Josefina, Bs. As, 21 años

51.

Tenia 20 anios y estaba estudiando Derecho, vivia sola, y cuando me entere de mi embarazo, no tuve una sola duda, no queria tener un hijo,mi novio, a veces, dudaba, yo no, no era momento, no lo sentia. Teniamos muchos amigos y entre todos juntamos la plata, la partera era odiosa, nos trataba de “mariconas”,mi unico miedo era por mi, por mi vida, nunca senti verguenza ni arrepentimiento por lo que hice, pero que bueno hubiera sido ser respetada y atendida como lo que era, una mujer. Hoy tengo 41 anios, estoy casada, tengo 2 hijos y estoy embarazada, soy abogada y defiendo el derecho de todas las mujeres no solo a decidir su propia vida, sino a que los demas lo respeten. Los miopes de siempre suponen que la legalidad del aborto implica estar a favor del aborto; yo no estoy a favor del aborto, nadie disfruta un aborto, por favor!!,simplemente estamos defendiendo la vida, la de las mujeres, y tambien nuestra libertad. Gracias por escucharme.

Gabriela D.

52.

Yo aborté.
Entonces era joven y de una relación que ya terminaba quedé embarazada por accidente ¡se salió el preservativo!
Para cuando se confirmó el embarazo, ya estaba sin pareja, sin trabajo y sin deseo alguno. Sintiéndome absolutamente impotente de cuidar a una criatura ¡si apenas podía mantenerme a mí misma!
Un hijo o una hija merecen mucho más.
Merecen nuestro amor, nuestra dedicación, nuestro sustento y nuestro deseo por ellos y ellas.
Comenzó la peregrinación por consultorios “tugurios”. Los abortos los realizaban los viernes por la tarde y no dejaban ningún teléfono de contacto para el fin de semana , por si sucedía alguna dificultad.
Finalmente un amigo me prestó , en ese momento 1.500 dólares y pude así pagar un consultorio limpio, asepsia, anestesia y un médico con número telefónico de contacto. Es más , el médico vino al día siguiente a mi casa a ver si todo estaba bien ¡un lujo! Me citó para la semana siguiente y la subsiguiente para control !!!!
El supuesto padre de la criatura no advenida, obviamente brilló por su ausencia a pesar de haberle llamado.
¿Dónde queda la responsabilidad de los hombres como padres?
No pongo aquí mi nombre completo pues desde la misma hipocresía de nuestros “poderes gobernantes” se me puede acusar de homicida.
Y aquellos que me acusarían, no se inmutan ante la realidad de saber que en nuestro país son millones los niños ya nacidos que viven en la mayor de las pobrezas, que duermen en nuestras calles y que comen de lo que nos sobra y tiramos como basura.
Es más , pasan a su lado y se sienten molestos por su presencia “sucia” y “demandante”
No quiero darles la posibilidad de enjuiciarme.
Luego la vida me puso al encuentro de mis dos hijas a las que adoro.
Quizás sea pura cobardía, pero deseo , por ahora , guardar mi anonimato.

Adriana S.

53.

YO ABORTE
AUNQUE ALGUNAS PERSONAS TILDEN DE DELINCUENTE A QUIEN SE HACE UN ABORTO,PIENSO QUE MAS DELINCUENTE ES AQUEL QUE TRAE UN HIJO AL MUNDO PARA QUE SUFRA DESCUIDOS Y CARENCIAS.EN MI CASO PARTICULAR ,EN ESE MOMENTO PENSE QUE NO ESTABA PREPARADA PARA SER MADRE,AUNQUE MI NOVIO SE NEGO EL ME APOYO EN MI DESICION ,BASADA EN QUE NO TENIAMOS NADA PARA OFRECERLE A ESE NUEVO SER ;Y PARA HACERLO SUFRIR PREFIERI NO CONOCERLO.PORQUE EL QUE DICE DONDE COMEN DOS COMEN TRES ES UN IGNORANTE ,QUE SE HA CRIADO EN EL CAMPO ALADO DE UNA HUERTA.LO EXPRESO ASI PORQUE LOS ARGENTINOS ESTAN ACOSTUMSRADOS A DECIR ESE TIPO DE COSAS ,”PERO COMO DOÑA MARTA PUDO CRIAR A DOCE HIJOS SIN PROBLEMAS”.MEDA PENA Y RAVIA QUE ESO EN EL TERCER MILENIO TODAVIA SIGA PASANDO EN MI PAIS .POR ESOS TIPOS DE CRITERIOS HOY ESTAMOS COMO ESTAMOS .CON EL TRISTE PANORAMA DE CRIATURAS QUE MUEREN TODOS LOS DIAS POR DESNUTRICION ,MAS DELITO QUE ESE DIFICIL DE ENCONTRAR.CON UN BESO ENORME ME DESPIDO DANDOLE LAS GRACIAS POR DARNOS LA OPORTUNIDAD DE EXPRESARNOS .

S. R.

54.

Yo aborté. Aborté cuando tenía sólo 16 años, fue muy doloroso el decirles a mis viejos que estaba embarazada y más siendo hija única y siendo la primera relación con un hombre (19 años). Con él habíamos decidido abortar ya que eramos muy jóvenes y no nos sentíamos capaces de poder ser padres de una persona; arruinar nuestras vidas y arruinar la del niño. Con una prima mayor y su marido les contamos a mis viejos, dado que yo no me anima a hacerlo sola, obviamente que fue un puñal que les clavé ya que pensaban para mí un mundo perfecto y yo les aparecí con este “pequeño” problema. Me preguntaron que era lo que quería hacer y les dije que no pensaba en otra posibilidad que abortar; entonces me pasaron la dirección de un ginecólogo que hacía abortos y con plata de mis padres y de los padres de mi novio me hicieron el aborto. Por suerte fui acompañada por mi familia a hacermelo y no tuve que hacerlo a espaldas de ellos. Pero nadie disfruta de un aborto. Lamentablemente una siente culpa.

Yo les haga una pregunta ¿Si una niña de 14 años, hija de una de las señoras de clase alta y aferradas a la iglesia, que se oponen a la educación sexual, anticonceptivos y abortos, quedase embarazada, que haría esta “señora”? Se lo haría tener?? O se lo haría abortar??
Yo no ví muchas jóvenes de clase alta tener hijos tan joven y no creo que sea porque nunca tuvieron relaciones sexuales o una educación sexual perfecta. Uno pasa por barrios pobres y puede ver que las madres son niñas, ya que estas no están cerca de la educación sexual, de los anticonceptivos y mucho menos a un aborto aséptico y anestesiado.
Basta de hipocresías, dejemos elegir, la que quiera usar anticonceptivos, la que no quiera tener relaciones, demos educación y las mismas posibilidades de elección para todos los sectores.

Hoy día, tengo 28 años y un hijo de 22 meses y soy feliz de la decisión que tomé, se que no me equivoqué.

N. P.
Empleada pública
Boedo- Cap- Fed

55.

…, estaba de novia con un chico (con el cual termine al tiempo) del cual no estaba enamorada, y en ese momento lo termine de comprobar. Cuando el test me dio positivo senti que el mundo se me venia abajo, en mi casa, si bien lo hubiesen terminando aceptandolo, no les hubiese gustado mucho, y yo no tenia cara para contarlo, sentia que los habia defraudado. No podia soportar la idea de pasar el resto de mi vida unida a ese hombre al cual no amaba lo sufienciente como para tener un hijo con el, además ese año comenzaba la facultad y no me sentia lo sufiecientemente madura para encarar la responsabilidad de estudiar y tener un hijo, cosa que creo es la desicion más linda y mas importante en la vida de una mujer. Además generaria un trastorno economico para mi familia. Muchas veces pense en suicidame.
Asi como no me animaba a desirle a mi mama del embarazo no me anime a desirle lo del aborto, aunque sabia que ella estaba de acuerdo, y nunca me anime. Por eso lo hicimos los dos solos, con mi novio, aunque el queria tenerlo, o mejor dicho sola. Me dejo decidir, cosa que le agradezco ya que estoy segura que si la desicion hubiese sido otra, el no se hubiese hecho cargo.
Mi novio consiguio el nombre de una mujer, la que trabaja en una farmacia, que vendia pastillas que hacian posible la interrupcion del embarazo. Después de comprar varias pastillas que no me hacian efecto, y de no comer para que el feto tenga menos fuerza (perdi 5 kilos en una semana), pagamos un poco más. Inverí mucha plata, que le sacaba a mis padres, ya que el no aporto ni un peso, peor nunca tuve el apoyo de alguine que me pudiera decir el nombre de un medica que lo haga con más seguridades, y todo por no tener valor, ya que una de mis amigas lo habia hecho.
El día de noche buena tuve las pastillas. El sistema consistia en introducirmelas por la vajina; y por las dudas que no hicieran efecto me puse dos. Por supuesto que sola, la mujer las vendio y no tuvo más relacion con nosotros, mi novio no participó del hecho. A eso de las 4 de la mañana, en pleno festejo de navidad, y delante de todos, senti que algo caia de mi vientre. Me integra, (simpre estando en el boliche) tuve que salir corriendo para mi casa, mi novio, que tambien estaba en la fiesta se quedo, no me acompaño, mietras el miedo no me dejaba hablar, y las piernas me temblaban, sentia que me desangraba y tenia miedo de morirme. Tenia terror de que en mi casa se dieran cuenta de algo.
Durante mas de un mes tuve perdidas constantes e ininterrumpidas, como estando en pleno periodo y no sabia que hacer. Mi novio no le daba importancia al tema, y cuando habla de eso me cambiaba de tema, nunca me contubo,me decia que me la banque, que no llore y no tuve el valor de decirselo a ni una amiga, ya que cuando una de ellas lo hizo, y lo contó no la apoyaron.
Hoy nadie más que el y yo lo sabemos, a exepcion que el lo halla contado ( no lo veo hace mucho tiempo), yo nunca lo hice, no porque me arrepiento, porque no es así, creo que la desicion que tome fue la correcta, sino porque no tengo el valor, y tengo miedo a la reaccion de la gente.
Hoy estoy en pareja hace un año y medio, el no lo sabe y si bien me gustaría que lo sepa, me da terror decirselo. Sigo en la estudiando, y trabajo. Mi vida siguió el rumbo que yo habia planeado. …hoy todavia no se si el aborto produjo algun trastorno en mi interior, el que me proboque problemas para tener quedar embaraza, pero el sueño más importante que tengo es tener muchos hijos.
Yo soy consiente de que el embarazo fue culpa de un descuido, por una inrresponsabilidad, pero considero que haber abortado fue un acto de responsabilidad, para mi, para el bebe, para mi familia.
Mi mamá siempre me hablo del sexo, y al tiempo de haberlo hecho comenze a tomar anticonceptivos.
cuando vi las dos rallitas en el test, ni se me cruzo por la cabeza tenerlo. No podia considerar la idea que un bebe, al que no esperaba, el cual no había desidido tener, cambie mi vida. No sentia verguenza, pero si impotencia, por no poder contarlo, e arrepentimiento por no haber tomado los recaudos sufiecientes. Lo que siento hoy no es verguenza, sino miedo a que me queden secuelas, y miedo a que si lo cuento no me entinedan.
Por eso exijo, y reclamo a quien tenga la decición, que haga legal esta practica, que legalicen la decición de que la mujeres desidamos por nuestro cuerpo, como personas que vivimos en un país libre, y en democracia. Pero además reclamo una correcta educación sexual, para que no hayas más mujeres que tengan que apsar por esa situación tan fea, en la que el miedo a la muerte maneja nuestra vida.

CHUBI- Chaco, Argentina, 22 años, Periodista y estudiante de Comunicacion Social

56.

Yo aborté, y no me arrepiento. Tampoco me siento una asesina y tras un largo y doloroso proceso he logrado filtrar toda la culpa impuesta por una sociedad que reproduce injusticias con una cruz en la mano y una venda en los ojos. No voy a detallar los hechos q rodearon mi embarazo no deseado y post aborto, tratando de “justificar” el hecho con historias de dolor o victimizaciones, pues no siento q deba justificar nada. El problema es el siguiente: mi aborto costó hace unos años casi un millón de pesos. Con anestesista, enfermeras y doctor. Es la realidad. Es lo q cuesta un aborto en Chile, sin mencionar el costo emocional q conlleva esta práctica q es ilegal, rodeada de un velo de culpa innecesaria, verguenza y silencio ligados a la imagen q la iglesia logra sustentar sobre la practica del aborto, con charlas en los colegios, comerciales de tv y campañas publicitarias millonarias. Mientras las mujeres pobres, ya ofendidas, ya humilladas lo suficiente pagan el costo con sus vidas. ¿Estamos a favor o en contra del aborto? Esta pregunta pasa a segundo plano cuando no existe un sistema q sustente la posibilidad de no abortar dignamente, de traer personas al mundo a vivir una vida digna, plena, sin problemas habitacionales, de hacinamiento, salud, educación, libertad, hambre, de amor. Este costo no lo asume la iglesia, ni el estado, ni los tribunales. Lo asumen mujeres, niñas, muchas veces solas, muchas veces jóvenes, sin educación, sin posibilidades. La mujer pobre q tiene un hijo agacha la cabeza para siempre, soportando trabajos humillantes, tratos vejatorios y acosos sexuales. Para siempre. O muere. De una u otra forma le cuesta la vida. Y la condenan a muerte estos mismos grupos pro-vida, q defienden heroicamente la vida en grandes manifestaciones, gritando fuerte lo importante q es la vida de todos… excepto claro, de la madre en cuestión. Y también del hijo si es semilla de un violador. Esas vidas se escapan de su concepción de vida, no merecen ser defendidas, es otra categoría de “vida”. No lo son o no lo valen. Y luego se van a sus casas, a sus iglesias, a comer bien y dormir tranquilos con el estómago lleno, satisfechos; mientras afuera la vida se pelea, la niña-mujer-madre aún no llega a su casa (si es q la tiene) a dormir un par de horas y salir nuevamente con la cabeza gacha de humillaciones, y ese niño, esa vida tan importante mientras estuvo en una placenta, ya no cuenta. Ya no vale. Hambre, prostitucion, falta de oportunidades, droga… Y ese mismo niño, cuya vida velaron a grito pelado, ahora es un hombre, y esos mismos personajes pro-vida ahora le temen y lo matarían sin vacilar si lo ven en sus jardines… ¿estamos a favor o en contra del aborto? Esta pregunta pasa a segundo plano ya. ESTAMOS A FAVOR DE LA VIDA. DE LA VIDA DIGNA Y PARA TODOS. DEL DERECHO A AMAR, A LA INFORMACION Y A LA EDUCACION SEXUAL Y AFECTIVA PARA LOS SECTORES MARGINADOS Q LLEVAN, CON SANGRE, SOBRE SUS HOMBROS EL PESO DE ESTE DEBATE. Yo aborté y no me arrepiento. No quiero agachar mi cabeza y postergarme el resto de mis días para alimentar a un hijo q no planié. No estoy preparada para ser madre en esta sociedad ni quiero hacerlo sola. ¿No tengo derecho a amar? debo ser castigada por no saber o tener los medios anticonceptivos? BASTA. BASTA YA QUE LOS CURAS DEJEN DE ABUSAR DE LOS NIÑOS Y BRAN LOS OJOS DE UNA PUTA VEZ!!!

Carolina Ojeda O., Santiago, Chile.
Estudiante

57.

Hace unos años, algunos indicios me llevaron a hacerme un test de embarazo en el baño de casa. Dos rayitas anunciaron nuevos tiempos. A los dos días y en companía de amigos y mi mamá, decidí interrumpir el embarazo. Mi pareja de ese entonces no estaba de acuerdo con esto. Fin de la relación.
El embarazo llevaba casi siete semanas, con lo cual no tenía mucho tiempo para accionar.
De golpe y porrazo me encontré frente a una situación sobre la que no sabía nada, no tenía información y me creí sin salida. Paradójicamente, bastante gente amiga o conocida aportó su dato sobre dónde realizar una intervención quirúrgica o qué tipo de pastillas podían generar la pérdida: todo el mundo que callaba direcciones, teléfonos o experiencias propias de abortos, en ese momento, las hizo salir a la luz.
Fueron pocos días, y eternos cada uno de ellos, de sentir la presión -llamémosle- cultural de que lo que yo
estaba por hacer “estaba mal” y que por ello me condenarían -no sé quiénes- de por vida. Igualmente, tomé la decisión de consultar a un médico ginecólogo que realizaba abortos por respaje en el centro de la ciudad de Bs. As. Allí, abonando $50, me realizó un cuestionario, que incluía la lectura del Código Penal y notas periodísticas varias de mujeres asesinadas por sus maridos y novios tras haber tomado la decisión de abortar.
También me hizo una ecografía intravaginal y me mandó a hacer una larga lista de análisis de sangre. Quedamos en volver al viernes siguiente para consumar la intervención.
Ese viernes me acompañó mi mamá en una actitud que me sorprendió para bien: “Si lo querés tener, te ayudo a tenerlo; si no lo querés tener, te voy a ayudar a que no lo hagas”. Esas fueron sus palabras.
Tenía turno para las dos de la tarde. Me encontré con mi vieja en una esquina de Av. Santa Fe. Los diez minutos que la esperé fueron de muchos nervios; la cabeza me giraba a una velocidad jamás vivida. Llegó mi mamá y la abracé mucho. Así lloré y le confesé por primera vez a alguien que tenía mucho miedo: de sufrir después, de años más tarde no poder tener hijos, de morirme, de volverme loca.
Hoy, creo que todo eso que sentí en esa esquina es fruto en gran medida de la ilegalidad del aborto. Si yo hubiera tenido el acceso a la información sobre qué es un aborto y cuáles son las consecuencias de éste por parte de un médico o especialista, hubiera estado más tranquila. La información que mujeres y hombres solemos manejar sobre el tema es boca a boca, con datos cruzados, erróneos, etc.
Esa tarde no entré al consultorio. Llamamos por teléfono y explicamos la situación. Quedamos en confirmar para otro día.
Mi mamá, frente a mi confesión del miedo a volverme loca y nunca más poder ser mamá (el día que lo deseara y con el hombre que amara), mi vieja también confesó que ella había interrumpido un embarazo a los 15 y “Mirame ahora, soy tu mamá y tan chiflada no quedé”, dijo entre ironía y sonrisa.
A los tres días fui al consultorio. Tomé los medicamentos indicados por el ginecólogo y un cuarto de Alplax. Una gran amiga me acompañó en un taxi hasta la misma esquina. Ahí esperaba mi mamá. Entramos por un pasillo, siguiendo al pie de la letra las indicaciones del doctor. Subimos al primer piso.
Junto con el doctor entre a una habitación de ese antiguo departamento. Mi mamá se quedó en la sala contigua, con los $800 en el bolsillo del pantalón para pagar luego.
Me desvestí y me puse una bata de esas que sólo había visto en alguna serie yankie de hospitales. Pasé a otra sala. Allí trabajó el doctor solo. Me colocó anestesia local y, en posición obstetricia, trabajó unos quince minutos (o eso creo, ya que realmente, perdí un poco la noción del tiempo real). Mientras esto sucedía, él me daba charla de cualquier otro tema y así transcurrió.
Cuando estuvo finalizado el raspaje me pasó a una camilla, tomé una dosis de ibuprofeno y me colocó una gran bolsa de hielo sobre la panza y un tampón de mayores dimensiones a las conocidas.
Recuerdo que el médico se retiró y yo comencé a canturrear alguna canción que me gustaba mucho (meses después caí en cuenta que lo que me llevó a cantar fue una especie de alivio porque todo había sucedido como lo planeé). Estuve allí unos veinte minutos y luego me llevó a cambiarme nuevamente.
Ya podía irme a casa. Caminaba lento y mi mamá me acariciaba la cabeza, mientras la enfermera nos decía que en una semana teníamos que volver para los controles y nos entregó una lista con 4 números telefónicos “por cualquier cosa”.
Tomamos un taxi y comencé a sentir algunas molestias.
Estuve haciendo reposo 48 horas, tomando algunos medicamentos para los dolores. Tenía otra medicación para
detener las hemorragias, pero no la tomé porque, sencillamente, no había hemorragia.
Cuatro días después, tuve una pérdida importante. En ese momento, volví a desear tener la posibilidad de llamar al SAME o a cualquier ambulancia para ir al hospital, y que me dijeran si todo estaba bien. Pero tenía miedo de que me hicieran más preguntas. Las contracciones pasaron y los coágulos salieron.
Hice la consulta que me faltaba. Nuevamente me realizó una ecografía intravaginal, para comprobar que no quedaran restos en el útero.

La experiencia que viví, y no es novedad lo que digo, fue muy distinta a la de miles de mujeres que no pueden gastar casi $1000 para realizar un aborto en condiciones higiénicas y seguras, con la medicación adecuada. Al mismo tiempo, existe un punto de contacto (y qué punto) con todas las mujeres que abortamos: el convivir con la mirada severa de un gran sector de la sociedad y del poder.
Cuando escucho por la televisión, la radio o el colectivo hablar del tema, sigo sin poder creer que aquellos que enarbolan la bandera “del derecho a la vida” (en general, cercanos al pensamiento católico más retrógrado) nunca pueden detenerse a reflexionar sobre el hecho de que a ninguna de las mujeres que decidimos abortar nos es ésta una decisión feliz. Nadie aborta porque le gusta. Nadie interrumpe un embarazo por diversión.
Abortar trae aparejados un montón de cuestionamientos que nos hacemos a nosotras mismas, respecto a la decisión puntual de querer que ese embarazo avance o no, de decidir qué vida queremos vivir.
Un abrazo, en agradecimiento por el espacio que construyen para que otras historias sean contadas.

Julia

58.

Mi primer aborto me lo hice a los 20 años; tuve la fortuna de tener una amiga enfermera, que estaba de novia con un médico y ello me hicieron el contacto para que el aborto fuera realizado con medidas sépticas (además, también pagaron el aborto). Tuve varios abortos más, nunca dudaba de que debía realizarlos, eran producto de relaciones circunstanciales, mi método anticonceptivo no era eficaz (usaba óvulos) y los varones no usaban profilácticos. Además, no eran tiempos de SIDA y yo era muy joven para exigir el uso de ellos.
Recuerdo sí, traumáticamente, mis dos últimos abortos, embarazos productos de una relación de pareja que si bien era estable, no incluía hijos en ella. Como había cambiado de lugar de radicación no conocía a quién recurrir para realizarme un aborto, y en mi deambular por distintas ciudades de alrededor me encontré con los clásicos médicos “paternales”, que dan todo un discurso sobre la necesidad de la legalización del aborto, pero…y no dan más solución que seguir con el embarazo. Me acuerdo de todo lo que lloré y sufrí debido a la situación, pensando en que si fuera legal la interrupción no sería tan traumática aún para las que estamos absolutamente convencidas de realizarla.
Como ponen algunos testimonios, yo tenía la suerte de tener un trabajo, y amistades que eventualmente contribuían con un préstamo a fin de realizar abortos en condiciones aceptables, realizadas por médicos.
Ahora, en estos tres últimos años he acompañado a amigas y conocidas, previo colecta para juntar el dinero, a realizarse abortos, también en buenas condiciones de higiene y atención.
Son muchas las cuestiones que suscitan en mí el tema del aborto: la hipocresía de la sociedad es lo primero a la que ataco. Conozco muchas personas que son militantes católicas que se han realizado o han hecho realizar un aborto a sus hijas y sin embargo siguen la línea ideológica oficial de la Iglesia; otra cuestión es la falta de información que todavía tienen los jóvenes con respecto al aborto; en la cátedra de Bioética de la Carrera de Medicina que se cursa en la Universidad Nacional del Comahue escuché a jóvenes estudiantes de medicina (varones y mujeres de no más de 22 años) decir que una mujer que se realiza un aborto puede “volverse loca por el trauma que le provoca”.
Pienso que esta campaña debe seguir profundizando la información y por otro lado, debemos seguir apuntalando nuestra postura para refutar la postura que la Iglesia Católica está realizando en estos momentos.

Malena Lopez Dorigoni, tengo 46 años, soy de Neuquén.

59.

queria contarles q hace unos años, pase por la experiencia de un aborto, porq el chico con el q estaba no se quizo hacer cargo y atravez de mentiras me ilusionaba. Asi q despues de hablar con mis amigas y con la madre de un amigo q me ayudo a tener el valor de contarle a mi mamá. Lo decidi!!! Mis padres me ayudaron en todo, averiguando algun lugar seguro donde hacerlo y pagando por eso. NUNCA VOY A OLVIDAR LOS PADRES Y AMIGOS Q TENGO..
El medico q me lo hizo me ayudo psicologicamente, todo muy preparado con anestecia y todo..parecia una buena persona q entiende la situacion de las mujeres q van, pero q tiene q hacerlo clandestinamente.. quiero q eso cambie asi ese medico puede ayudar y sin prejuicios de la gente..
Hoy hay momentos en q me duele lo q paso pero no me arrepiento por q fue la mejor decision y se q voy a poder tener todos los hijos q quiera y cuando sea el momento, con la persona q yo elija, y no con un pibe irresponsable q no asume sus errores..
saludos,

Arian, Buenos Aires

60.

hola, estoy embarazada de 6 meses, hace unos años, con mi novio decidimos que lo mejor era abortar tenia un embarazo de 12 semanas lo hice con anestesia y un medico al que podia llamar por cualquier cosa que me sucediera tuve el apoyo de mi pareja en todo momento fue lo mejor para los dos en ese momento ahora despues de el aborto decidimos que era hora de tener un bebe y lo buscamos y esta en mi panza y es varon y es nuestra debilidad ustedes diran por que este si y el otro no porque el embarazo anterior no estabamos en un buen momento solo pensabamos que era lo mejor y hasta el dia de hoy seguimos pensando lo mismo a vece uno lee en el diario o aca en esta provincia se cuentan tantas historias desde que te hacen el legrado en las maternidades a carne viva que te pegan que te retan que te echan en la cara todo lo que te sacaron que en muchos casos ya esta podrido (porque aca es muy comun ponerse yuyos para que les baje y eso solo se les pudre adentro pero es la ignorancia de chicas del campo de chicas que no conocen nada que las embuelven etc… yo estoy de acuerdo cada persona es responsable de sus actos asi como tiene que decidir que hacer como y cuando … bueno les dejo un saludo,

jesica, santiago del estero

61.

Solamente 18 años tenía cuando aborté. El primer novio con quien tenía relaciones sexuales, los dos inexpertos hicieron que quedara embarazada en poco tiempo. Sin ginecólogo a la vista y con la presión que mi hermana y mi madre ejercieron en ese momento para que abortara como sea, dónde sea y lo antes posible (porque si no, que va a decir la gente…!) todo fue un desastre. Nunca supe cómo y por medio de quién llegué a la Av. Provincias Unidas (ya no recuerdo ni la altura) a lo que se asemejaba mucho a una peluquería juvenil, en dónde en la sala de espera, oscura, húmeda y asquerosamente nauseabunda esperábamos una decena de chicas, algunas acompañadas y otras solas para abortar.
Había solo dos personas atendiendo y te llamaban con un: Quién sigue?? a los gritos. Cuando mi novio se paró conmigo como para entrar alguien le dijo: Entra solita, ya está grande para estas cosas!. Tuve mucho miedo y aún, hoy a mis cuarenta años lo escribo y sigo sollozando al recordar todo aquello. Mientras te ponen el suero, tirada en una camilla de metal, cubierta con una sábana arrugada signo de que por allí habían pasado otras chicas, se te cruzan por la cabeza un sinfín de imágenes y preguntas que sólo mucho tiempo después te podés contestar. Me durmieron llorando y pensando si iban a hacerlo bien, si moriría allí sola o si alguna vez podría ser madre. Desperté sola, sin nadie a la vista, terriblemente dolorida y con la sensación de haber hecho algo terrible. Al rato, me levantaron y me devolvieron a la sala de espera totalmente avergonzada y culposa y a la media hora ya estaba camino a mi casa.
Años más tarde, volví a quedar embarazada, había cambiado de método anticonceptivo (de las fechas y el preservativo había pasado al diafragma) pero la desinformación y quizás la mala suerte y una cuota de estupidez hicieron que volviera a tener que recurrir al aborto. Esta vez fue diferente: me ocupé de que ni mi familia ni la de mi pareja se enteraran, fui a ver a mi ginecóloga y ella me recomendó un “amigo”, y había mucho más dinero de por medio, por lo que el lugar (en la calle Azcuénaga) era un consultorio dónde me esperaban a mi solamente y dónde todos eran muy gentiles. Igualmente en mi nada se modificó: hubo llanto, preguntas sin respuestas y mucha tristeza.
Ambas parejas luego de los abortos se fueron apagando y se acabaron. Pude hacer un buen tratamiento psicológico que me ayudó a resolver algunas cuestiones, pero hay cosas difíciles de olvidar.
Si el aborto hubiese sido legal y si de educación sexual me hubiesen enseñado algo, quizás las cosas no hubieran resultado de igual manera. Creo que tenemos la obligación de luchar para darles la oportunidad a quienes hoy día pasan por lo mismo que yo he pasado. El aborto legal y la información y provisión de anticonceptivos harían de los jóvenes una vida diferente y se evitarían muchas muertes injustas.
Tuve la suerte de no tener secuelas, tengo un hijo de 11 años y tuve parto normal pero aún no puedo olvidarme que en dos oportunidades yo aborté.

Viviana
40 años

62.

Yo aborté a los 16 años. Mis padres pagaron la intervención y me acompañaron. Mi novio me cuestionó que no me haya cuidado, mi mamá también. Cuando se le pasó el miedo, mi papá también hizo sus reproches.
Recuerdo el recorrido por varios consultorios clandestinos arriba del auto familiar y a mi papá que decía “si a esta nena le pasa algo yo me muero”. Esa imagen es casi toda la desolación aún hoy.
Creo que en ese entonces yo no tenía muy claro que podía pasarme, pero mi viejo sí. A una amiga de él, médica de un hospital, le quitaron la matrícula porque descubrieron que se había hecho un aborto.
Lo hice en un lugar considerado como el mejor de Rosario y no sufrí consecuencias físicas.
Aunque soy de familia atea, mi formación católica me hizo sufrir la culpa durante muchos años, en los que me torturaba pensando cuántos años tendría mi hijo.
Con el tiempo, fui tomando conciencia de mis derechos. A la información sobre métodos anticonceptivos que hasta entonces no había tenido, a un compañero antes que un crápula (lo peor es que lo había elegido yo), al aborto como una decisión personalísima, al respeto como persona.
Al poco tiempo de mi aborto, mi amiga Miriam pasó por la misma situación. Ella era más grande y no fui yo quien la acompañó, pero aún así viví ese aborto muy de cerca.
Al año siguiente, dos amigas también quedaron embarazadas, y se hacían los análisis a mi nombre en la obra social. Se reunieron los padres de todo nuestro grupo y la madre de una de las chicas que había abortado propuso hablar sobre “mis problemas”. Todavía recuerdo con una sonrisa lo que puede la negación.
Ahora tengo 35 años, y una relación clandestina. Si quedara embarazada, volvería a abortar, aún cuando me aprieta la sensación de que el tiempo se termina.
Deseo un hijo como un hermoso proyecto (en lo posible, de pareja) de acompañar una nueva historia, de ver crecer a otro ser humano y hacer lo que esté a mi alcance para que sea feliz.
Leo los testimonios de esta campaña y me emociono. Creo que es una recuperación muy fuerte de aquella premisa feminista “lo personal es político”. Todas estas historias son políticas.
Me indigno un poco cuando pienso en la reacción de algunas de las que participaron de la nota “Yo aborté” que hizo hace 8 años la revista Tres Puntos. Ellas piden que no se olvide la historia construida, pero en su reclamo hay un intento de clausurarla. Que haya habido una nota Yo aborté no clausura cualquier iniciativa para ponerle el cuerpo a este reclamo. Todo lo contrario. Estos testimonios aportan a la lucha, y ojalá que podamos avanzar en la conquista de este derecho.

Sonia Tessa, Rosario, periodista

63.

este es mi testimonio para yo aborte, no encontre la manera de cargarlo en la pagina, espero que ustedes puedan hacerlo, gracias. Yo aborte, hace 3 meses, el 6 de septiembre de 2005, fecha que quedo marcada 6-sep, aborté sola, clandestinamente, en La Paz, Bolivia, estaba de viaje y el miedo me encontro en una camilla de un pais vecino, me encontro en sudamerica, me encontro como si lo hubiera hecho en mi pais, porque esta, como tantas otras no es una realidad que tenga que ver con limites geograficos, esta es otra realidad que sufrimos las mujeres, y cuanto mas pobres mas sufrimos y cuanto mas necesitemos mas nos quitan.
Si tengo que poner una palabra para definir…..: MIEDO.
Miedo a morir, miedo a complicaciones, a secuelas, a no poder tener mas hijos, miedo a ese medico que me hace firmar un papel donde dice que soy responsable de lo que pase conmigo, de las complicacione etc etc, no podia leer mas, solo firmé, antes de entar a quirófano ( y soy privilegiada por haber podido pagarme un quirófano con anestesista y enfermera incluidos por la suma de u$s 120, altisima suma , ya que me encontaba en Bolivia ).
Entre tanto miedo, no me dolio la ausencia, del “hombre en cuestion”, que alego no saber si era de él, porque no se le ocurrio otra cosa que decir, no me dolio estar lejos de mi familia, de mis amigas, de alguien a quien poder pedirle un hombro, y descubri lo fuertes que podemos ser, descubri que si podemos ser tan enteras en los momentos difíciles, en los peores momentos, bueno, adelante mujeres, seamos asi de fuertes en todo momento, entablemos la lucha para que este miedo no se vuelva a sentir, porque es un miedo directamente proporcional a nuestro silencio, este es el momento de gritar, de salir, de luchar por la EDUCACION para DECIDIR, por ANTICONCEPTIVOS para NO ABORTAR y por ABORTO LEGAL, GRATUITO Y SEGURO para NO MORIR.

Cynthia M., 24 años, artesana

64.

Aborté tres veces. Las dos primeras, típica cuestión de clase media: consultorios médicos en la zona oeste del Gran Buenos Aires, médico, anestesista, enfermera, psicóloga.
La tercera vez, en capital federal, pero fue más tortuoso. Recuerdo haber pasado al baño del consultorio y había cantidad de cubetas con mucha sangre e instrumentos de cirugía. Mi primer impulso fue salir corriendo, pero ya habíamos pagado y era el unico dinero que teníamos.
Entré al consultorio y me durmieron enseguida. Cuando me desperté me dolía, tenía frío y no había nadie. Yo me quejaba y habían puesto la radio a todo volumen para tapar mis quejidos.
El medico y una enfermera, muy hostiles, casi nos despacharon a mi compañero y a mí, recomendándonos que fuéramos discretos al salir.
A los dos días tenía dolores cada vez más fuertes y fiebre. Fui a ver a mi ginecóloga que me dijo: tenés un principio de infección. recuerdo mi miedo, las inyecciones de antibióticos, las horas en una salita al lado del cuarto de consulta mientras me iba controlando entre paciente y paciente.
Me fui finalmente a casa, con la orden de ir de inmediato al hospital si tenía mas fiebre, o flujo con olor o mas dolores.
Esa noche, la pasé aterrorizada, al día siguiente de nuevo al consultorio, para otro control, después del cual me dijo: parece que zafaste.
Tiempo después me enteré de las consecuencias y secuelas que podía haber tenido, incluso la muerte, como tantas mujeres que pierden la vida por abortos clandestinos y que no logran zafar.
viví claramente la experiencia de clandestinidad y desamparo del Estado y específicamente de los servicios de salud.

Diana Cordero, activista
Buenos Aires

65.

Yo aborté, estaba en pareja con un hombre con el que hacíamos proyectos de vida en común y por eso NO ME CUIDÉ, cuando le dije estoy embarazada atinó a decir que no estaba listo para ser padre (47 años), decidí no tener un hijo sola y con el dolor del alma, averigué donde, cuando y con quién podía abortar, pude pagar y lo hice, lloré mucho, todavía me reprocho haber confiado en ese hombre y sus promesas. Nunca más confié y sé que hice lo mejor, para mí y los hijos que ya tenía. Quiero ese derecho para todas las mujeres de mi país, y no sólo para quienes pueden pagarlo como yo. Es un último recurso, pero necesario a veces para evitar males mayores. Ojalá no lo necesiten, pero si es así que el Estado las atienda como se merecen.

Agustina
Buenos Aires

66.

Aborté siendo muy jovencita, 20 años recién cumplidos. Fue muy triste, pero recién empezábamos nuestra relación de pareja y no podíamos pensar en un bebé, sin medios económicos para mantenernos.
Conseguimos dinero prestado y recurrimos a un médico que hacía esas prácticas a buen precio (para él). Tuve la suerte de estar acompañada por mi pareja, luego padre de mis hijos, y ser atendida en un lugar con cierta asepsia.
Con los años, ayudé con dinero y compañía a una jovencita paraguaya que hacía los trabajos domésticos en mi casa y cuidaba a mis hijos.

Elsa Gil, CABA

67.

Yo aborté. Tenía 24 años y fue la decisión más dolorosa que tomé. Es curioso: estaba (y estoy aún) convencida de no querer ser madre pero decidir abortar fue muy duro. Sólo alguien que pasa por la misma experiencia lo comprende. No hay nada que se le asemeje: sentirse absolutamente desdichada, sola y triste pero con la convicción de querer salir adelante. Querer contarle a todo el mundo, gritarlo a viva voz y a la vez, temer que alguien se entere e intente evitarlo.
No estuve sola, me apoyaron un par de amigas (no le conté a todos; mi familia, desde ya que no lo supo. Aún no lo sabe) y el que era mi pareja por aquel entonces (se lo agradeceré eternamente). Si bien era una decisión de los dos, la que arriesgaba la vida era yo.
Soy de clase media-baja, o sea, de familia con estudios universitarios pero que nos cuesta llegar a fin de mes. Mi ex pareja consiguió una clínica privada, manejada por una militante a favor del aborto. No me cobró muchísimo pero tuve que gastar mis ahorros: menos mal que los tenía, si no no sé cómo hubiese conseguido el dinero.
No sé qué le pasará a cada mujer pero sé que a mí, pasar por esta experiencia me hizo replantear la vida entera. Acostumbrada a violencias y vulneraciones a mis derechos, un embarazo fue lo último que pude tolerar. A partir del aborto, mi vida cambió para siempre: le siguió la ruptura del silencio acerca de los abusos sexuales y psicológicos a los que fui sometida por parte de un familiar cercano, desde que tengo memoria; rompí con el control y la violencia patriarcal de mi familia. Y pude ejercer una sexualidad mucho más libre desde entonces. Conocí a otro hombre, me enamoré y fue hermoso. Ahora me separé pero seguimos siendo amigos.
Es decir, para mí, el aborto fue una herramienta emancipatoria en todas las dimensiones de la vida.
Gracias.

Yesi, Provincia de Buenos Aires

68.

Yo aborté cuando tenía 23 años (ahora tengo 29) y pese a que estaba segura de lo que estaba haciendo (ni mi ex novio ni yo queríamos tener hijos/as en ese momento) siempre me quedaron temores (qué pasa si no puedo tener hijos?) y la culpa católica (aunque ya no lo soy) de “qué hubiera sido si…”
Como una chica de clase media, lo hice con un médico conocido de Mendoza,- hoy cobra 3 mil pesos por aborto- y por supuesto, todo salió bien.
Estoy segura de que mis sentimientos hubieran sido distintos si el aborto fuera legal. Estoy segura de que muchas mujeres estarían vivas si el aborto fuera legal. Es una cuestión de clase social.
Hoy tengo un bebé de 5 meses, que busqué.

Laura F., Mendoza

69.

Aborté cuando la pareja era eso que llamaría “ni”, ni lo uno ni lo otro, ahí cuando se queda, porque el forro se pincha, porque quizás estás y no estás ni en tu cuerpo ni en el del otro y pasa como un total acto de inconsciencia. Tocar la marginalidad? Por más que pagues la intervención, es marginal está prohibida por ley, aunque no sepas que te van a hacer, te resignás a la marginalidad. No hay quién te advierta de que podes tener hemorragia, la tuve y camine por la calles con ella. De la anestesia? O de ver como te intervienen… además de las infecciones. Se piensa en los hijos que te esperan, al regreso? Si esto es tan importante para la mujer, porqué se prohibe?

Isabel C., CABA

70.

Yo aborté a los 16. Cuando empieza la vida, justo en ese instante, terminaba con una. Fui llevada casi de las mechas, por mi madre, con quien ahora intento reconciliarme. El que estaba a mi lado no respondió como hombre, ni como pareja, ni como padre. Mi padre real, tampoco respondió como lo esperaba. Así que aborté, y no me arrepiento. Sólo que desde las sombras es peor sostenerse en este acto que no estuvo bueno, pero era necesario para mí. Apoyo el aborto legal y gratuito.

Amarilis, La Plata

71.

Supe que estaba embarazada a los 20 años cuando ya se había terminado la pareja. Estaba en 3er año de la facultad, no trabajaba y contárselo a mis padres pacatos no era una opción. Literalmente me hubieran matado. Pasé 2 meses al borde de la desesperación, tratando de convencer a mi ex pareja de que pagara el aborto. Él intentó desentenderse y sólo cuando lo amenacé con ir yo misma ante su familia para pedirles dinero, accedió a poner el efectivo. Me acompañó el único amigo al que pude contarle lo que estaba viviendo. Las condiciones médicas e higiénicas fueron buenas pero cuando desperté de la anestesia el médico me estaba besando en la boca. Estoy encantada de haber interrumpido ese embarazo y no hubo nada traumático al respecto. Salvo el cruel comportamiento masculino.Lo único traumático fue y sigue siendo el abuso de género.

M., CABA

72.

Yo aborte.
Y es muy importante para mi decir eso y que no quede oculto.
Pasaron casi 5 meses y mas que un recuerdo, esos dìas desde que dude estar embarazada hasta mi vida volvi a una cuasi normalidad, son un extraño sueño.
Pense tanto en todas ustedes, aquellas que como yo algún momento decidieron no avanzar con eso y siguen vivas.
Pense mucho en aquellas que no sobreviven y tuve miedo de ser una de ellas.
Tuve la suerte de encontrar una ONG donde me acompañaron, me aconsejaron y hasta informalmente, en secreto y arriesgandose me derivaron un medico.
Tuve la suerte de que mi no-pareja se hizo cargo y pago esa barbaridad de dinero que salen estas intervenciones.
Sin embargo no es lindo. Higiene, anestesia, pero un trato horrible, es un despacho y despue de eso el vacio.
Yo decidi sobre mi vida y aborte aparentemente algo màs que un embarazo no deseado. Quiza es exagerado, pero una parte de una se va ahí.
Tengo 31 años, aborte y estoy procesando el duelo.
No siento culpa, ni remordimiento. No echo culpas a nadie. Estoy en paz con mi desiciòn, pero estoy haciendo mi duelo.
Me asombra lo facil que es juzgarnos. La facilidad con que la gente habla de nosotras como personas de sangre fria. Es injusto, abortar esta penado por ley y estamos destinadas a nuestra suerte.
Abortar no es placentero, no es borrar un descuido, un accidente, una noche de placer con el codo. Abortar no es facil, es decidir y saber que dejas algo de lado. Es cuidarse, es pensar en la vida del que puede llegar a venir.
Abortar no es un delito, no merecemos ser juzgadas.
Basta de silencio!
No somos asesinas, no somos criminales.
Informaciòn, educacion y acompañamiento para que todas podamos decidir lo que queremos y no morir (fisica o espiritualmente) en eso.
Estoy con todas ustedes y aunque no las conozco, me acompañan.

Gilda, Ciudad de Buenos Aires

73.

Yo aborté.
Tenía 17 años, contaba con una muy buena prepaga, un novio con muy buen nivel económico, amigas de hierro y una ginecóloga que en lugar de hacer una denuncia y enviarme a la cárcel opto por apoyarme y asegurarme una intervención quirúrgica sin riesgos…. optó por mi vida.
Yo pude ELEGIR.
Yo pude abortar porque tuve los medios ECONÓMICOS para hacerlo.
Yo hoy lo puedo contar porque tuve un aborto SEGURO.
Yo hoy estoy VIVA y no quiero que ninguna mujer se muera por llevar adelante una elección.
Yo me sumo a esta lucha porque quiero que TODAS la mujeres , de TODAS las clases sociales podamos tener la LIBERTAD de decidir cuándo ser madres.
Yo me sumo a esta lucha porque quiero que TODAS las mujeres tengan acceso a un aborto SEGURO, LIBRE y GRATUITO.
Yo me sumo a esta lucha porque la elección no debe ser un delito sino que debe ser respetada , delito es la desigualdad social y que una mujer muera por no poder acceder a lo que otras si pudimos acceder: un aborto seguro por contar con los medios económicos… ESO ES DELITO!!

Maru, Ciudad de Buenos Aires

74.

Estaba haciendo un tratamiento debido a un adenoma de hipófisis y para mi sorpresa y de los profesionales me quedé embarazada.
Para mi no era el momento y decidí abortar. Lo terrible fue escuchar a un médico “animal católico” a quien fui hablar para hacer un aborto terapéutico porque me tenía que operar. Me dijo que “era un crimen”. En esa época (1978) no conocía ninguna teoría y menos a la iglesia católica.
Yo decidí y aborté.

Ester, Ciudad de Buenos Aires

75.

Yo aborté, con partera, porque no conocia medicos a quien recurrir, y por que seguramente iba a ser muy caro, es mentira que uno queda psicologicamente mal, yo lo pense, lo decidi, y nunca me arrepentí. Me salve de quedar vinculada por siempre a un hombre que no era buena persona… Conte con el acompañamiento de una amiga, porque a mi madre no quise asustarla involucrandola…

Silvia

76.

Con tan solo 20 años de edad supe lo que era pasar una interrupción voluntaria del embarazo (IVE).
Hace algún tiempo quede embarazada, no fue algo planeado ni oportuno, recién volvía a empezar el tratamiento anticonceptivo que había interrumpido meses atrás. En ese momento tenia una pareja estable con la que convivía, teníamos un lindo de apartamento y un par de perros que nos hacían compañía, sin embargo no estábamos listos física ni económicamente para afrontar tal responsabilidad.
En un principio, yo estaba convencida de tener al bebe, pero mi pareja estaba convencido de lo contrario, fueron unas semanas duras, con todo el malestar que genera un embarazo sumado a las peleas constantes que nos generaba el tener que tomar una decisión. Aunque era evidente que yo no podía hacerle frente a la criatura, aun estaba en la universidad y dependía económicamente de mis padres.
Después de siete semanas de embarazo decidimos que lo mejor era abortar, así que yo le di a mi en ese entonces pareja los números telefónicos de una institución confiable y segura que practicaba la IVE, debido a que yo me encontraba fuera de la cuidad.
Regrese el día ante a la interrupción, llegue a casa un poco desanimada y muy asustada, mis perros estaban allí esperándome, mientras batían la cola y yo me derramaba en llanto.
Inmediatamente llame a mi pareja a comunicarle mi regreso y a preguntarle todos los pormenores de la interrupción, sin embargo este fue desatento conmigo y empezó a pelearme.
Ese día llego a casa mas tarde de lo acostumbrado; pasamos una noche espantosa entre peleas y vomito.
Al día siguiente nos levantamos, nos arreglamos y nos fuimos para la institución, allí debí cancelar 170.000 pesos por la interrupción, de los cuales mi pareja no aporto un centavo.
Estando allí sentí mucho miedo y volví a soltar en llanto, el intentaba abrazarme y consolarme mientras decía q desearía que las cosas fueran diferente y yo le respondía q no me tocara q yo lo odiaba.
Después de unos minutos y de tener un charla con la Trabajadora Social del lugar y realizarme una ecografía, me llamaron desde un consultorio que quedaba al fondo del pasillo.
Aun me parece oír a la enfermera pronunciando mi nombre, al entrar me dijeron que con el procedimiento tenia derecho a empezar un tratamiento anticonceptivo, que era mi decisión si quería que me dieran la primer dosis de pastillas, la inyección y me instalaran el DIU. En primer opción opté por el DIU, ella trajo la “T” y me pido que me retirara la ropa interior. Después me pido q me acostara en la camilla mientras venia la doctora, cuando esta llego me explico un poco como seria el procedimiento y me indico q me iba a aplicar anestesia local, pero yo le roge que no lo hiciera por mi fobia a las agujas, ella insistió por un rato pero yo no estaba dispuesta a dejarla aplicarme una inyección.
Así, que ella empezó el procedimiento, pidió una cánula y algo parecido a un gotero enorme, cogió un bisturí pequeño y empezó a introducir la cánula con ayuda del bisturí, minutos después empezó a succionar, yo sentía que eso me estaba arrancando el estomago, era como si algo dentro se desprendiera desde lo más profundo de mis entrañas. Yo suba y gritaba del miedo y el dolor (aunque para ser justas, el dolor no era tan horrible como yo esperaba). En cuanto termino de llenar tres tubos de esos me dijo q iba a implantar el DIU, pero yo solo quería que la pesadilla acabara ya, así que le pedí que dejara así y me permitiera ir al baño a vomitar, en cuanto pude corrí al baño y vomite. Después me pasaron a la sala de recuperación donde me dieron dos pastillas analgésicas, me pusieron una manta y me trajeron un té para tranquilizarme. Después de estar media hora allí, me dieron las pastillas para planificar, algunas recomendaciones y me dejaron ir a casa.
Cuando salí, mi pareja estaba allí esperándome, me abrazo y me invito a almorzar, tomamos un taxi y nos fuimos a un restaurante muy reconocido en la cuidad. Estando allí yo me sentía indispuesta y adolorida, así que comí poco, razón por la cual el empezó a pelearme.
Llegamos a casa y el tomo su bolso de trabajo y se fue, aunque ese día no tenia que trabajar. Yo me quede ahí sentada en el suelo llorando. Después de un rato decidí llamar un amigo para q me hiciera compañía. Este llego como la media hora y se estuvo toda la tarde conmigo, sin embargo, yo no fui capaz de contarle el motivo de mi convalecencia e invente una excusa.
Mi pareja llego ese día tarde en la noche, aun seguía molesto conmigo y con una actitud odiosa y grosera (tiempo después supe que ese día estaba con una chica con la que andaba saliendo). Esa noche volvimos a pelear y dormimos separados.
Al día siguiente el me dijo q ya no sentía nada por mi, eso fue como recibir un balde de agua fría, yo no sabia q hacer, así que rompí en llanto mientras intentaba abrazarlo, me sentía exageradamente triste y sola.
La situación no mejoro con el tiempo, al contrario, lo problemas se agudizaron, cada vez peleábamos mas y mas seguido, hasta q llego a golpearme.
Después de eso, yo decidí irme de casa y empezar mi vida de nuevo.
Y acá estoy, con una nueva vida y una experiencia que compartir. Actualmente soy muy feliz, encontré a una persona muy valiosa con la que espero formar un hogar en un futuro lejano.
Debo decir, que el haber abortado fue la mejor decisión que pude tomar. No estaba lista para ser madre, ni el tampoco para ser padre.

Karita
Colombia

77.

Yo aborté cuando tenia 21 años. Recién estaba empezando la universidad y mi novio también, ademas él recién salia de la secundaria, tenia 18 años recién cumplidos. Las circunstancias no daban para tener un hijo. Tuve que vender una moto (que fue mi regalo de 15) para pagar el aborto porque como es ilegal los doctores se aprovechan y cobran cualquier cosa para hacerlo. Yo tuve suerte porque todo salio bien y tuve el apoyo de mis padres pero una amiga casi muere por hacerse un aborto clandestino.

Bárbara

78.

Me amabas?
Era reina de reinos?
Cuántas palabras en vano
Hasta dónde más puede aguantar el ovario?
To, entendiendo, 16/10/2010
Yo aborté…

Victoria, Rosario

79.

Muy sencillo: yo no quería tener hijos, nunca me tocó la varita mágica del “deseo materno”, dudé mucho, intenté avanzar con el embarazo, tenía 25 años, pero no pude por mejor onda que le ponía. Sentía que mi vida se habia terminado, así de trágicos son esos años. Tomé la decisión, mi pareja me acompañó pero nos separamos al poco tiempo. Hoy tengo 62 años y no tengo hijos.

Rita, CABA

80.

Hace unos años me he practicado un IVG (interrupción voluntaria de embarazo). Como ninguna mujer he querido llegar a esa instancia que hasta ahora, ha sido la decisión más dificil de mi vida. Nadie puede saber y menos juzgar lo que sucede intimamente en cada mujer para tomar ésta decision.
Vivía en Francia en ese momento, y estaba sola. Pude hablar con un médico, el cual, luego de la consulta psicologica y los exámenes pertinentes hizo la intervención. Se realizó en una clinica maternal,en un quirofano y estuve medio día en obsevación. Fui atendida como una paciente. Asistí a los controles que se hacen con posterioridad. La seguridad social cubrió todo(no tuve q pagar nada). El medico continuó atendiéndome cómo mi ginecologo durante los años q viví allá.

Verónica, CABA

81.

Yo aborté.
Tenía un novio y un día quedé embarazada. Era bastante inexperta, a pesar de mi edad, 27 años. Creemos que nunca nos va a pasar, porque tratamos de cuidarnos… No sabia que hacer, ni con quien hablar, nada. Yo no deseaba ser madre. Fuimos con una amiga a ver una ginécologa, que nos aconsejó ver a un colega suyo que practicaba, en su consultorio de Barrio Norte, abortos.
Debía pagarle por adelantado una cifra muy elevada, pero uno siempre piensa que la salud no tiene precio. Así que lo hice. Sólo dos amigas y el que era mi novio lo saben. Por supuesto que este último se borró. Primero se lavan las manos y luego salen con que ellos no están a favor del aborto, pero tampoco quieren ser padres!!! La angustia, la desesperación y la falta de seguridad en cuanto a mi salud fueron inmensas. Fue la experiencia más traumática de mi vida : Por la decisión a tomar y por la situación de clandestinidad que atrevesé.

Andrea, 41 años, Gran Buenos Aires

82.

Yo aborté. Estudiante universitaria de 20 años, militante, con sólida decisión de no querer ser madre en ese momento de mi vida; y sin saber claramente si aún quiero serlo en lo que me queda de vida fértil. Me fallo un diú. Aborté en una clínica privada, con anestesista, cardiólogo y médico ginecólogo particular; la obra social cubrió la intervención y la internación con la carátula de una cirugía de quiste ovárico. Posteriormente tuve el seguimiento de dos médicos en consultorio privado que me hicieron las ecografías para constatar que no hayan quedado restos en mi útero. Tuve el apoyo de toda mi familia, pero en la facultad y entre mis amistades tuve que sentir el peso de la clandestinidad sobre la nuca. A pesar de ello nunca tuve pruritos en decir “YO ABORTÉ”
Fui una privilegiada porque tuve la posibilidad monetaria de costear la intervención. Nunca jamás sentí culpa; en todo momento la gestación de ese embrión en mi vientre fue similar a albergar un cáncer de útero. Era algo que no debía estar ahí, algo que yo no deseaba ni busqué. Algo que urgentemente había que extirpar de mi cuerpo.
Siempre estuve y estoy absolutamente convencida de que soy dueña de mi cuerpo para poder decidir sobre mi propia vida, mi salud y mi familia. Todas somos legítimamente dueñas de nuestras decisiones y de decidir sobre nuestros cuerpos, y de no someternos al mandato de la maternidad.
No pueden someternos a ser madres si no es nuestro deseo.
Lamentablemente, con la ilegalidad del aborto solo podemos decidir aquellas que tenemos el poder adquisitivo para hacerlo, y las mujeres pobres y las niñas se nos mueren víctimas de una sociedad hipócrita que nos sigue negando una autonomía real, no mediada por el dinero. A pesar de esta negación, las mujeres seguimos ponderando la soberanía de nuestras propias decisiones, la soberanía sobre nuestro cuerpo a pesar del riesgo a la muerte.

Pamela R.C., CABA

83.

tengo 60 años. aborté dos veces en mi vida. en ambas ocasiones no hubo deseo de mi parte y de mi compañero de cada ocasión para ser madre y padre.un error no haber utilizado un anticonceptivos, hubiera evitado el aborto. no eran tiempos de la a.e.
en ambas situaciones fui atemorizada, de noche, a un lugar en el que me atendía una mujer y no veía la cara del médico ni anestesista. el trauma es anterior, no posterior. al otro dia ya estaba en actividad, no tuve complicaciones posteriores porque mi condición de clase media, un toque de intelectualidad, hizo que obtuviera la información para dar con los lugares adecuados. en la primera oportunidad recuerdo que lxs amigxs nos prestaron el dinero necesario.la clandestinidad me resulta más atractiva para rebelarse que para dejarse intervenir en estado de anestesiada. nunca me arrepenti de ambas interrupciones. tengo un hijo de 33 años. para tenerlo me quité un diu, fue una elección compartida con quien es el padre de mi hijo. educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir. una sobreviviente.

Diana, La Plata

84.

Nunca me embaracé porque me cuidé siempre obsesivamente. Me enamoré muchas veces pero nunca tuve una relación en la que llegara el momento del deseo de un hijo/a. Sí he ejercido y ejerzo funciones maternas. La diferencia entre ell@s y nosotr@s es que mujeres que no abortamos estamos a favor de la despenalización. En cambio hay muchas y muchos que realizaron abortos y hoy se manifiestan a favor de los derechos del embrión. Qué loco, no?

Mónica, CABA

85.

yo aborté, como ese era mi deseo nunca tuve ningun trauma, ni me marcó de ninguna manera, pasados algunos años  ayudé a 2 adolescentes a abortar con pastillas (método que en mis tiempos no se aplicaba)

Alejandra, Olavarría

86.

También hice un aborto. Fue muy difícil la decisión. Pero no estoy arrepentida. Sigo pensando que el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo y nuestra vida es superior por sobre la hipócrita versión de que el estado se mete en nuestras vidas para “cuidar la posible vida”. Si quieren cuidarnos que pongan planes en los hospitales y eduquen a las mujeres de pocos recursos.

Karina, San Justo (Provincia de Buenos Aires)

87.

Yo aborté a los 25 años, en un buen lugar, con un médico. Todo salió bien. Conozco muchas chicas que también abortaron. No era un buen momento para mí, ni siquiera sabía quién era el padre, lo último que quería era tener un hijo.

Cecilia, Ciudad de Buenos Aires

Tags: , , ,

Compartir esta entrada:   Más...

No hay comentarios en este artículo

1 trackback en este artículo

  1. Tweets that mention Testimonios | RIMAweb -- Topsy.com dijo:

    [...] This post was mentioned on Twitter by Nancy M, DominemoslasTIC. DominemoslasTIC said: Testimonios de la campaña Yo Aborté http://www.rimaweb.com.ar/articulos/2010/testimonios/ #derechoadecidir [...]