Crónicas del juicio a Daniel Torres VI
9 de Agosto de 2011 por gabrielaa.
Día 7
Lunes 8 de agosto de 2011
Cuando logré sentarme para comenzar a escribir estas crónicas, la noticia ya había sido diseminada por las redes sociales, las radios y los noticieros televisivos del mediodía.
Daniel Torres ha sido condenado a 14 años de prisión.
Me pregunté ¿vale la pena hacer este ejercicio de escritura? ¡Con lo que me cuesta!
La memoria es frágil, pensé. Si, tenés que terminar de contar(te) esta historia.
Llegué temprano, con mi compañera, minutos antes de las nueve; las organizaciones LGBT de Córdoba habían convocado a una radio abierta frente a Tribunales para esa hora, pero todavía no había nadie. Lo bueno es que EPEC (la empresa provincial de energía eléctrica) vaya a saber por qué motivo había instalado un generador, ¡al menos habría luz para conectar los equipos! Algunxs iban llegando pero subían las escaleras y entraban a Tribunales, lógico, todxs querían escuchar la sentencia. Saludé a mi compañera que se quedaría en la radio abierta y subí.
Ya un puñado de activistas y familiares estaban esperando. Llegó Natalia Milisenda, acompañada por Alejandra Portatadino, conversamos algunas palabras y me dijo que Graciela estaba demorada porque no se sentía bien; cuando finalmente llegó, la saludé y me dijo muy emocionada que soñó toda la noche con La Pepa: “la gorda no me dejó dormir”, “no quiero que se rían de mi hija, esto es discriminación, primero la aceptó y después no”. Intenté balbucear una respuesta que se quedó a medio camino; sentí que en ese momento las palabras sobraban, la abracé.
Seguía llegando gente y medios de prensa, muchos más que al comienzo del juicio y días posteriores. La gente que esperaba era mucha más que la que la sala podía contener, cincuenta personas sentadas, así que comenzaron a aglutinarse en el pasillo frente a la mesita donde la oficial de seguridad acredita las entradas, hace pasar al público según orden de llegada, priorizando primero a los familiares y a la prensa. Antes de dar ingreso a la sala dice: “hay un político afuera, no sé quién lo invitó, algunx le cede el lugar para que pueda pasar?” Por supuesto nadie contestó. Pensé: “no es el único que llega para la foto”, y entré a la sala.
Y Torres habló.
Unos minutos de espera hasta que ingresa el tribunal. El presidente hace uso de la palabra y le pregunta a Torres si quiere decir algo, él contesta que sí. Transcribo textual:
“Me arrepiento de lo que hice. No fue mi intención porque yo nunca tuve la intención de matar a nadie. Nunca tuve en la cabeza eso. Pido perdón a la familia. No quise disparar, no fue un disparo que yo quise hacer, solamente que me vi asustado … [no se escucha/entiende] me quise defender”.
Algunas compañeras salen de la sala, llorando.
El presidente da por cerrado al debate y pasan a cuarto intermedio para deliberar.
La gente alguna vez entenderá que la intencionalidad de matar está determinada por el acto mismo de tomar un arma de fuego en sus manos. Que los conflictos no se resuelven de forma violenta, que la violencia lo único que genera es más violencia…
Salgo a fumar un cigarrillo.
Llegué a la terracita del primer piso y vi con felicidad que unxs 50 activistas estaban afuera, una gran tela violenta con letras negras decía: “Natalia Gaitán fusilada por lesbiana”. Se leía claramente desde allí. Otra cruzando la calle decía: “Los derechos de unxs son los derechos de todxs”. Banderas del orgullo y música sonando. ¿Los jueces lo verían?
Subo nuevamente al tercer piso, ya no quedaba nadie allí, muchxs activistas habían bajado a la radio abierta y ya no volverían a subir. Otrxs estaban tomando café, lxs policías miraban por las ventanitas lo que estaba ocurriendo en la vereda, les pregunté si los jueces demoraban mucho y me dijeron: “depende, el viernes recién a las dos de la tarde dieron la sentencia”. Habría que armarse de paciencia, pero sorprendentemente minutos antes de que se cumpliera la hora de espera, los jueces estaban listos.
La sentencia
Catorce minutos pasaron desde que ingresamos nuevamente a la sala, hasta que los jueces entraron, 14 minutos de tensión indescriptible, 14 minutos que parecieron una eternidad. 14 minutos: sería una premonición.
El presidente del tribunal pide a la secretaría que lea el dictamen, transcribo textual:
“El Tribunal por unanimidad resuelve: Primero, declarar a Daniel Esteban Torres, autor penalmente responsable del delito de homicidio simple (solté una exclamación y agaché la cabeza entre las piernas conteniéndola con mis brazos) agravado por el uso de arma de fuego en los términos de los artículos 45, 79 y 41 bis del Código Penal. Imponiéndosele para su tratamiento penitenciario la pena de 14 años de prisión con adicionales de ley y costas. Artículos 9, 12, … Segundo: la lectura de los fundamentos será el 23 de agosto a las 12:00 horas”.
Las escenas de gritos y llantos que siguieron a continuación no serán relatadas por esta cronista, podrán verlas en TN, Canal 12, Canal 10 y toda la prensa carroñera que vive del escándalo y del dolor ajeno. Mandé un SMS avisando el dictamen y medio a los empujones salí de la sala.
Cuando llegué al lugar donde estaba la radio abierta, el cielo se había vuelto gris, Graciela hablaba para lxs activistas presentes. Momentos antes la había oído pedir pena de muerte para asesinos y violadores. Lo entiendo, no lo comparto, prefiero quedarme con lo que nos dijo a sus pepitos y pepitas (como llama cariñosamente a lxs activistas) cuando nos agradeció porque sin conocer a su hija, La Pepa se metió en nuestros corazones e hizo (La Pepa) que la acompañáramos. Dijo que no va a bajar los brazos y pidió a los padres y a las madres que nos comprendan, que nos quieran, que nos acepten como somos, que no permitan que le maten a sus hijos como le mataron a ella la hija. Prefiero quedarme con la Graciela que nunca bajó los brazos, con la que rápidamente salió a denunciar el crimen de su hija como un crimen lesbofóbico, aunque no supiera lo que esa palabra significaba y se retiró profundamente consternada.
Un desgarrador “Natalia Gaitán, presente ¡ahora y siempre!” fue vitoreado por todxs.
Luego, el silencio, abrazos, llantos, decepción en muchxs de lxs presentes.
Éste no es el último capítulo de estas crónicas: tendremos que esperar hasta el 23 de agosto para conocer si los jueces valoraron en su sentencia las argumentaciones de Natalia Milisenda en su brillante alegato sobre el carácter lesbofóbico del crimen. Mientras tanto, muchos otros capítulos están siendo escritos y seguirán escribiéndose por las numerosas agrupaciones de lesbianas que en todo el país están visibilizando el crimen como crimen lesbofóbico. Muchas estamos dispuestas a seguir diciendo a los cuatro vientos “La lesbofobia mata”. Sí, señor fiscal, aunque a usted no le guste esa palabra, la lesbofobia mata.
Mucho hemos hecho hasta ahora y nos queda mucho camino por recorrer para que la sociedad entienda de qué hablamos cuando hablamos de lesbofobia. Para que comprenda que los crímenes de género no son lo mismo que los crímenes de odio o lesbicidios. Nos quedan muchas preguntas por responder. Tenemos que encontrarnos y reflexionar profundamente sobre todo el proceso de este juicio y aprender de nuestros errores. ¿Qué entendemos por justicia?
Puedo entender que para los familiares de La Pepa, desgarrados por el dolor, no haya sentencia satisfactoria. Y no es mi intención emitir ningún juicio sobre eso. Pero la decepción en lxs activistas no la comprendo. Lo dije antes de comenzar el juicio y creo que es necesario volver a repetirlo: nuestro móvil no puede ser la venganza. Nosotrxs hemos sido atravesados y llevamos sobre nuestros cuerpos las violentas marcas de este sistema disciplinador y castigador. No podemos exigir para el asesino lo mismo que el sistema hace con nosotrxs. Como dice la querida Audre Lorde, “…las herramientas del amo no desmantelarán nunca la casa del amo. Nos permitirán ganarle provisionalmente a su propio juego, pero jamás nos permitirán provocar un auténtico cambio.”
fabi, la tron
08/08/2011
Tags: Argentina, Córdoba, derechos humanos, lesbofobia
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