El curriculum
28 de Julio de 2011 por gabrielaa.
Preparo el curriculum con cuidado, sin omitir detalles, sin dejar de pensar en todas las estrategias de marketing personal que me enseñaron en un curso al que fui para aprender cómo “vender mi imagen” aún cuando este título generó una batalla entre mis convicciones y mis obligaciones.
Hago el esfuerzo de recordar cronológicamente cada trabajo que tuve desde mis trece años. Revuelvo, no sólo el archivo de mi memoria, sino el de los papelitos prolijamente encarpetados que ya comienzan a ser amarillos. Los he guardado a todos porque una profesora de la secundaría insistía que cuantos más certificados juntáramos en la vida, mejores oportunidades laborales tendríamos… mentirosa, nunca dijo que si eras pariente de algún capo entrabas sin saber hacer la “o” redonda con la mano, tampoco dijo que si eras mujer tendrías que saber mucho más que ser eficiente y honesta.
Sigo dándole forma a mi CV, intento que quede atractivo, que los datos útiles y concretos estén a simple vista, nombro todos y cada uno de los puestos en los que me desempeñé y mientras lo hago me asombro de mí misma, de todos los procesos que hice en distintos lugares para aprender distintas cosas, de todos los derechos de piso que me hicieron pagar cuando fui nueva, de todas las personas que me humillaron, que me negrearon, de todas las horas que estuve parada, de todas las mañanas que madrugué y de todas las veces que me comunicaron que por razones ajenas a la voluntad de la empresa ya no tenía más empleo.
Adjunto recomendaciones, con firmas imponentes. Mi destino laboral estuvo siempre vinculado al vaivén económico de este país: cada vez que yo creía estar bien en un trabajo, algo en la economía se derrumbaba y se derrumbaba el lugar de trabajo y con ellos yo. “Te va a ir bien en la vida, nena, sos laburadora y honesta , sabés hacer cualquier cosa, sos una piba curiosa y aprendés rápido, podés estar en cualquier puesto…” frases que se desvanecían cada vez que volvía a la búsqueda.
Elijo bien qué experiencias no laborales mostrar, las vinculadas a la literatura, las vinculadas al activismo, las vinculadas al género mejor no decir nada, mejor ser una tilinga con cero experiencia en la vida.
Modifico nuevamente el CV del año pasado: ahora no sólo tengo un año más, también tengo que sumarle capacitaciones que con esfuerzo he pagado para actualizarme para estar a la altura de las exigencias del mercado laboral.
Termino el CV con tanta ansiedad y tanta alegría como quien termina de escribir un libro. El libro laboral de mi vida está allí al alcance de la mano, de quién sabe quién, para ser juzgado y elegido. Lo entrego con las mismas ilusiones que tenía hace más de veinte años y espero, espero, espero…
Mientras limpio la vereda de una de las casas en las que trabajo, pasa una pibita, toca el timbre y le dice a la dueña de casa “tiene algo, doña?” –“no, hoy no querida”. La piba me mira y yo me veo en ella.
Tags: mujeres
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