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	<title>RIMAweb &#187; mujeres</title>
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	<description>Red Informativa de Mujeres de Argentina</description>
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		<title>El curriculum</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Jul 2011 13:52:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>gabrielaa.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Gabriela Lorenzo]]></category>
		<category><![CDATA[Novedades]]></category>
		<category><![CDATA[mujeres]]></category>

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		<description><![CDATA[Preparo el curriculum con cuidado, sin omitir detalles, sin dejar de pensar en todas las estrategias de marketing personal que me enseñaron en un curso al que fui para aprender cómo “vender mi imagen” aún cuando este título generó una batalla entre mis convicciones y mis obligaciones.
Hago el esfuerzo de recordar cronológicamente cada trabajo que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Preparo el curriculum con cuidado, sin omitir detalles, sin dejar de pensar en todas las estrategias de marketing personal que me enseñaron en un curso al que fui para aprender cómo “vender mi imagen” aún cuando este título generó una batalla entre mis convicciones y mis obligaciones.</p>
<p>Hago el esfuerzo de recordar cronológicamente cada trabajo que tuve desde mis trece años.  Revuelvo, no sólo el archivo de mi memoria, sino el de los papelitos prolijamente encarpetados que ya comienzan a ser amarillos.  Los he guardado a todos porque una profesora de la secundaría insistía que cuantos más certificados juntáramos en la vida, mejores oportunidades laborales tendríamos… mentirosa, nunca dijo que si eras pariente de algún capo entrabas sin saber hacer la “o” redonda con la mano, tampoco dijo que si eras mujer tendrías que saber mucho más que ser eficiente y honesta.</p>
<p>Sigo dándole forma a mi CV, intento que quede atractivo, que los datos útiles y concretos estén a simple vista, nombro todos y cada uno de los puestos en los que me desempeñé y mientras lo hago me asombro de mí misma, de todos los procesos que hice en distintos lugares para aprender distintas cosas, de todos los derechos de piso que me hicieron pagar cuando fui nueva, de todas las personas que me humillaron, que me negrearon, de todas las horas que estuve parada, de todas las mañanas que madrugué y de todas las veces que me comunicaron que por razones ajenas a la voluntad de la empresa ya no tenía más empleo.</p>
<p>Adjunto recomendaciones, con firmas imponentes.  Mi destino laboral estuvo siempre vinculado al vaivén económico de este país: cada vez que yo creía estar bien en un trabajo, algo en la economía se derrumbaba y se derrumbaba el lugar de trabajo y con ellos yo.  “Te va  a ir bien  en la vida, nena, sos laburadora y honesta , sabés hacer cualquier cosa, sos una  piba curiosa y aprendés rápido, podés estar en cualquier puesto…” frases que se desvanecían cada vez que volvía a la búsqueda.</p>
<p>Elijo bien qué experiencias no laborales mostrar, las vinculadas a la literatura, las vinculadas al activismo, las vinculadas al género mejor no decir nada, mejor ser una tilinga con cero experiencia en la vida.</p>
<p>Modifico nuevamente el CV del año pasado: ahora no sólo tengo un año más, también tengo que sumarle capacitaciones que con esfuerzo he pagado para actualizarme para estar a la altura de las exigencias del mercado laboral.</p>
<p>Termino el CV con tanta ansiedad y tanta alegría como quien termina de escribir un libro.  El libro laboral de mi vida está allí al alcance de la mano, de quién sabe quién, para ser juzgado y elegido.  Lo entrego con las mismas ilusiones que tenía hace más de veinte años y espero, espero, espero…</p>
<p>Mientras limpio la vereda de una de las casas en las que trabajo, pasa una pibita, toca el timbre y le dice a la dueña de casa “tiene algo, doña?” –“no, hoy no querida”.  La piba me mira y yo me veo en ella.</p>
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		<title>Bárbara 5 (yo)</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Mar 2011 20:45:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>gabrielaa.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bárbara Gill]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Novedades]]></category>
		<category><![CDATA[mujeres]]></category>

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		<description><![CDATA[Ser minoría. Es un concepto que todos y todas conocemos, entendemos y decimos respetar. Lo cierto es que la gran mayoría no fuimos minoría, no sabemos qué se siente cuando una es minoría. Yo lo experimenté en algunas oportunidades, con más o con menos comodidad.
Hace algunos años estuve en Rosario, era el 8 de marzo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ser minoría. Es un concepto que todos y todas conocemos, entendemos y decimos respetar. Lo cierto es que la gran mayoría no fuimos minoría, no sabemos qué se siente cuando una es minoría. Yo lo experimenté en algunas oportunidades, con más o con menos comodidad.</p>
<p>Hace algunos años estuve en Rosario, era el 8 de marzo y éramos un montón en una plaza. Un acto bien lindo, estimulante. Después nos fuimos en banda a comer pescado asado al mejor boliche de la costa rosarina. Éramos más de diez. Todas lesbianas y yo. No sentí la menor incomodidad, pero me di cuenta de que era minoría, la “gran” minoría. Fue una sensación desconocida. Nunca antes fui “minoría”, porque soy blanca y heterosexual; lo que se dice “mayoría”, en cualquier lugar.</p>
<p>Antes de eso, mucho antes, supe ser minoría en ambientes laborales dominados por los varones, pero más bien me sentía “cabeza de playa” y nunca me achiqué, por el contrario, supe sacar ventajas, pero apelando a mi intelecto. Siempre me fue muy bien y jamás se me ocurrió pensar en que era minoría, era una competencia entre cabezas, no entre sexos. </p>
<p>Estando en México D.F. viví alojada en la casa de una antropóloga social. La casa estaba en lo que llamaríamos “un barrio popular”, tanto que en vez de Santo Domingo lo llamaban Mato Domingo, por los balazos que arreciaban los fines de semana. Para llegar allí, previo paso por un extraordinario puesto de tacos, debía tomar un “pesero”, un ómnibus que salía desde la boca del metro y cargaba bastantes más pasajeros de lo que se podía creer. Allí sí me sentí minoría, era la única “güera”, por mucho que no sea rubia. Fui el blanco de todas las miradas, algunas francamente agresivas. Bendecía al cielo cuando me bajaba.</p>
<p>En el mismo México D.F. tuve otra oportunidad de comprobar qué se siente siendo minoría, minoría absoluta. Llovía torrencialmente cuando visité el santuario de la Guadalupe. Amainó un poco y me di una vuelta por el mercadillo adyacente. “¿Qué le vendo, güerita?”. Miré a mi alrededor y me di cuenta de que la única güerita podía ser yo. Una sensación terrible, qué no habría dado por ser morochísima, pero no lo era, era la puta minoría y no tenía dónde ocultarme, decenas de ojos oscuros seguían mis pasos.</p>
<p>Aprendí que una puede ser políticamente correcta, respetar las minorías, incluso trabajar o batallar por ellas, pero hasta no sentir en la propia piel esa sensación de no encajar del todo, de no ser una más de la manada… </p>
<p>Toda mi solidaridad, mi auténtica sensación de pertenencia –aun por la negativa- con l@s que trabajan para que las minorías no sean percibidas como “lo raro que debemos tolerar”. Fui tolerada, pero no aceptada. Pavada de diferencia.</p>
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		<title>Cristina</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Feb 2011 19:41:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>gabrielaa.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bárbara Gill]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[mujeres]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace rato que en el barrio no oímos sus “¡Martín!” o “¡Cristian!” echados al aire a todo pulmón, con su voz de perfecta impostación natural, pero a veces todavía me la cruzo donde hay alguna oferta, y sigue saludándome con su carcajada profunda, a pesar del bastón y el reuma.
Cristina era una adolescentita chilena sirviendo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace rato que en el barrio no oímos sus “¡Martín!” o “¡Cristian!” echados al aire a todo pulmón, con su voz de perfecta impostación natural, pero a veces todavía me la cruzo donde hay alguna oferta, y sigue saludándome con su carcajada profunda, a pesar del bastón y el reuma.</p>
<p>Cristina era una adolescentita chilena sirviendo en la pampa bonaerense cuando se cruzó con el viajante rubio de ojos azules. Flechazo y años de amor sin papeles ni bendición. Parió tres varones, bellos y muy distintos. No dejó de trabajar ni uno solo de sus días: cosió sábanas pedaleando la Singer en su casa, limpió oficinas, rajó con su bici a cualquier lado donde hubiera “oferta”. Hizo frente a todas las desgracias con su carcajada profunda: el rubio tuvo un terrible accidente en la ruta y ya no pudo viajar, tuvo que arreglárselas como vendedor callejero, Cristina estuvo a su lado y sacó al frente a los hijos. Martín es arquitecto y profesor superior de inglés, da clases en la universidad y es una de las personas más buenas y nobles que conozco. Cristian es un tiro al aire y el Pato, después de tumbos y tumbos, cuando ya era un techista consumado y requerido, tuvo la desgracia de caerse y morir después de meses de agonía. Cristina se lo bancó porque tenía que sostener a sus hombres; se tragó el dolor profundísimo y vaya una a saber qué hizo con él. Al rato se murió su amor, pero antes el tarambana de Cristian los tuvo a mal traer: fue un delincuente precoz y nadie podría entender por qué en esa familia tan contenedora, amorosa y ejemplar el pibe “se torció”. Las veces que estuvo en cana Cristina se apagaba un poquito, hacía los paquetes con todas las exquisiteces que siempre supo cocinar e iba a verlo. Sin un reproche.</p>
<p>Cuando el Pato se accidentó Cristina apretó los labios y se pasó las horas, los días y las semanas junto al hijo cuadripléjico. Cuando el Pato murió, a ella le tocó confortar a todos: al padre, a los hermanos, a la nuera y hasta a la familia política. Ella no pudo dar rienda suelta al dolor, tuvo que callarse y seguir adelante.</p>
<p>Ricardo no tardó mucho en seguir al hijo, el dolor lo había carcomido.</p>
<p>Cristina está sola. Martín vive lejos y aunque la visite bastante seguido y la lleve a ver a los nietos, no está en el día a día. Cristian sigue con “candombes” variados y está clarísimo que a los 30 no cambiará.</p>
<p>La vi hace unos días, con su bastón –la máquina de coser no perdona las piernas-, con toda su historia a cuestas, pero también con su increíble carcajada pronta, con su orgullo de haber sacado adelante a una familia. Volveremos a encontrarnos donde haya una oferta, nos lo prometimos.</p>
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		<title>El concepto de &#8220;affidamento&#8221;</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Feb 2011 16:52:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>gabrielaa.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Archivos]]></category>
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		<category><![CDATA[bibliografía]]></category>
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		<description><![CDATA[Una política de liberación, como hemos llamado al feminismo, debe dar fundamento a la libertad femenina. La relación social de "affidamento" entre mujeres es a la vez un contenido y un instrumento de esta lucha más esencial. 
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			<content:encoded><![CDATA[<p>fragmentos de la Introducción de <em>Non credere di avere dei diritti</em>, escrito y publicado por la Libreria delle Donne di Milano en 1987<br />
(existe traducción al español:  <em>No Creas Tener Derechos</em>, Madrid: horas y HORAS, 1991)<br />
traducción: Gabriela Adelstein<br />
<a href="http://www.rimaweb.com.ar/wp-content/uploads/2011/02/affidamento-Non-credere-di-avere-dei-diritti.pdf">descargar artículo en formato PDF</a></p>
<p>El tema de este libro es la necesidad de dar sentido, exaltar, representar en palabras e imágenes la relación de una mujer con una similar a ella.</p>
<p>Si poner en palabras una práctica política es igual a hacer teoría, entonces éste es un libro de teoría porque las relaciones entre mujeres son la sustancia de nuestra política.</p>
<p>Es un libro de teoría, entonces, pero mezclada con cuentos.  Para nosotras decir teoría sigue siendo en parte un contar la práctica, ya que el razonamiento teórico se refiere habitualmente a cosas que ya tienen un nombre, mientras que aquí se trata, en parte, de cosas que no tenían nombre.</p>
<p>Los hechos y las ideas que exponemos tuvieron lugar entre 1966 y 1986 principalmente en Milán.  Comúnmente son clasificadas bajo el nombre de feminismo.  Ahora nosotras quisiéramos llevar a la luz su verdadero sentido y por lo tanto también su nombre.</p>
<p>El nombre es “genealogía”.  En los años y lugares indicados hemos visto tomar forma a una genealogía de mujeres, o sea un venir al mundo de mujeres legitimadas por la referencia a su origen femenino.</p>
<p>Al decirlo sentimos una emoción, es una cosa emocionante también porque se mantiene en suspenso.  No estamos seguras de que la historia reconstruida con este libro producirá verdaderamente aquello que hemos buscado, que es ser inscriptas en una generación femenina.  No es de excluir que la prueba de los hechos demuestre que nuestra experiencia es sólo una de las tantas vicisitudes históricas del frágil concepto de mujer.</p>
<p>La raíz <em>gen</em> de palabras como género, genealogía, generación -enseña la lingüística- caracteriza a palabras tradicionalmente asociadas con el nacimiento en cuanto hecho social, y precisamente al nacimiento legítimo de individuos masculinos libres.  En nuestra cultura, como ha subrayado Luce Irigaray, falta la representación de la relación madre-hija: la madre siempre tiene al hijo en brazos.</p>
<p>Entre las cosas que no tenían nombre estaba, está, el sufrimiento por haber sido puestas en el mundo de esta manera, sin ubicación simbólica.  Un ser vivo es cuerpo y mente, nace y se encuentra por casualidad en un determinado lugar en un determinado tiempo y para la mente comienza el trabajo de ubicarse, de buscar referencias.  El cuerpo es colocado físicamente pero la mente debe establecer por sí misma su propio dónde, con la ayuda de quien llegó primero.</p>
<p>¿Pero si nacés mujer, qué ayuda recibís?  La sociedad pretende que la mente femenina esté situada con el cuerpo y como el cuerpo.  O que, si no, no esté en ningún lugar.</p>
<p>Los estudiosos de antropología enseñan que la sociedad humana se ha constituido mediante el intercambio de signos, bienes y mujeres.  Es un extraño modo de representar las cosas, una manera de falsa simplicidad científica para cubrir el horrible desorden causado por la dominación de un sexo sobre el otro, la violenta destrucción de las relaciones entre las mujeres, en primer lugar aquella con la madre, a menudo acompañada por la imposibilidad, para una mujer, de ser dueña de sus propias producciones y casi siempre unida a la dificultad femenina para producir signos originales: ¿para intercambiar con quién, para significar qué?</p>
<p>Cuando se razona sobre la condición femenina, habitualmente tenemos presente el estado de confusión entre su ser cuerpo y su ser palabra, que el hecho de ser trasplantada a las genealogías masculinas provoca en una mujer.  O sea, ese estado conocido como histeria femenina, femenino casi por definición.</p>
<p>[...]</p>
<p>Virginia Woolf ha escrito que, para hacer trabajo intelectual, hace falta tener una habitación propia.  Pero en la habitación puede ser imposible quedarse quietas y dedicarse al trabajo porque los textos y aquello de lo que hablan se presentan como bloques extraños, opresivos, de palabras y hechos en los que la mente, paralizada por emociones sin correspondencia con el lenguaje, no logra avanzar.</p>
<p>La habitación propia, entonces, debe ser entendida en otro sentido, como ubicación simbólica, como lugar-tiempo provisto de referencias sexuadas femeninas donde estar significativamente para un antes y un después de preparación y confirmaciones.</p>
<p>[...]</p>
<p>Hemos descubierto que la búsqueda de referencias simbólicas ofrecidas por otras mujeres es una búsqueda muy antigua, y que ha tomado muchas veces la misma modalidad que nosotras le hemos dado, de una relación de <em>affidamento</em> [N.T. confiarse a], como en la historia de Naomi y Rut que cuenta la Biblia.</p>
<p>[...]</p>
<p>Hemos dado un nombre a la relación de Rut con Naomi, la hemos llamado <em>affidamento</em>.  En efecto, es preciso saber que en las muchas lenguas de una cultura milenaria no existían nombres para significar tal relación social, distinta de toda relación entre mujeres por sí mismas.</p>
<p>La palabra <em>affidamento</em> es bella, tiene en sí raíces de palabras como fe, fidelidad, confiarse, confiar.  Sin embargo a algunas no les gustaba, porque se refiere a una relación social que nuestro derecho prevé como entre un adulto y un niño.  El confiarse de una mujer en otra similar a ella puede, en efecto, establecerse entre una niña y una adulta, pero ésta es una de las posibles derivaciones.  Nosotras lo hemos visto y pensado, primariamente, como forma de relación entre mujeres adultas.  Que una de las dos sea de este modo asimilada a una niña, a algunas les resultó molesto.</p>
<p>De todos modos, nadie planteó que esto fuera un problema grave, y podríamos obviar cualquier referencia.  Sin embargo, rechazar una palabra, bella en sí, sólo por el uso que hacen otros, es un síntoma de impotencia frente a lo ya pensado por otros:  en este caso, lo ya pensado sobre las relaciones entre niños y adultos, y aquello que sería o no conveniente para la edad adulta de una mujer.</p>
<p>A menudo en muchos campos sucede que la lengua se nos imponga como el dominio de experiencias y juicios ajenos.  La lengua en sí no es el dominio de una experiencia a exclusión de otras, o de un pensamiento sobre otros.  Pero la lengua hace cuerpo con la trama de las relaciones sociales, y éstas son bien poco favorables para acoger aquello que una mujer vive y quiere para sí misma, en su diferencia con el hombre.</p>
<p>A ninguna de nosotras, muy probablemente, se nos ha enseñado la necesidad de cuidar especialmente las relaciones con otras mujeres y de considerarlas un recurso insustituible de fuerza personal, de originalidad mental, de seguridad social.  Y es difícil incluso hacerse una idea de su necesidad, porque en la cultura recibida se han conservado algunos productos de origen femenino pero no su matriz simbólica, a tal punto que los productos se nos presentaban como re-generados por un pensamiento masculino.</p>
<p>Hasta que una experiencia política de relaciones entre mujeres nos ha llevado a mirar mejor los hechos del pasado.  Así hemos descubierto, maravilladas, que desde los tiempos más antiguos han existido mujeres que han trabajado para establecer relaciones sociales favorables para sí y para sus semejantes.  Y que la grandeza femenina se ha nutrido a menudo (o quizás siempre?) de pensamiento y de energías que circulan entre mujeres.</p>
<p>[...]</p>
<p>Tener interlocutoras magistrales es más importante que tener derechos reconocidos.  Una interlocutora con autoridad es necesaria, si se quiere articular la propia vida en un proyecto de libertad y encontrar así la razón del propio ser mujer.  La mente femenina sin ubicación simbólica tiene miedo.  Está expuesta a hechos imprevisibles, todo le sucede desde afuera en el cuerpo.  No son las leyes ni tampoco los derechos los que dan a una mujer la seguridad que le falta.  La inviolabilidad puede ser conquistada por una mujer mediante una existencia proyectada a partir de sí y garantizada por una sociedad femenina.</p>
<p>Habiendo observado y pesado estas cosas, hemos llegado a la conclusión que el confiarse de una mujer en una semejante es un contenido de lucha política.  Así llegó también la decisión de escribir este libro que cuenta nuestra historia política.</p>
<p>Una cosa ha pesado más que las otras:  el ver que el confiarse resulta espontáneo entre mujeres pero casi sin consciencia de su potencia.  Por ejemplo, las mujeres que entran en las organizaciones masculinas a menudo se ayudan con el confiarse a, para darse seguridad y para hacerse una idea propia de la realidad circunstante, más o menos como Vita y Virginia en su carrera literaria.</p>
<p>Confiarse a una semejante resulta frecuentemente, si no siempre, indispensable para una mujer para alcanzar un fin social.  Se trata por lo tanto para ella de una forma política primaria y es preciso que esto se sepa y que se afirme, si es necesario, incluso contra las formas consideradas primarias por los hombres en sus organizaciones.</p>
<p>La política de las reivindicaciones, por más justas que sean, por más sentidas que sean, es una política subordinada y de las subordinaciones, porque se apoya en lo que resulta justo según una realidad proyectada y sostenida por otros, y porque adopta lógicamente sus formas políticas.</p>
<p>Una política de liberación, como hemos llamado al feminismo, debe dar fundamento a la libertad femenina.  La relación social de <em>affidamento</em> entre mujeres es a la vez un contenido y un instrumento de esta lucha más esencial.</p>
<p>[...]</p>
<p>Buenos Aires, 2004</p>
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		<title>Nombre no tan propio</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Feb 2011 20:23:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>kamala</dc:creator>
				<category><![CDATA[Claudia Anzorena]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[derechos sexuales y reproductivos]]></category>
		<category><![CDATA[maternidad]]></category>
		<category><![CDATA[mujeres]]></category>

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		<description><![CDATA[Me llamo Claudia. Mi nombre no me nombra sólo a mí, sino que nombra a otras. Otras cuyas experiencias y condiciones de vida son tan diferentes a la mía que lo convierte en incapaz de definiciones unívocas. Mi nombre es tan mío como de otras.
Otras Claudias
Claudia se llama la mujer que estuvo presa por el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me llamo Claudia. Mi nombre no me nombra sólo a mí, sino que nombra a otras. Otras cuyas experiencias y condiciones de vida son tan diferentes a la mía que lo convierte en incapaz de definiciones unívocas. Mi nombre es tan mío como de otras.</p>
<p><strong>Otras Claudias</strong></p>
<p>Claudia se llama la mujer que estuvo presa por el homicidio de su marido, un policía violento y abusador.</p>
<p>Claudia se llama la chica discapacitada que fue violada por el cuñado y su mamá pidió un aborto legal.</p>
<p>Claudia se llama una militante y escritora feminista que admiro y aprecio.</p>
<p>Claudia se llama la mujer empleada doméstica que viene a mi casa una vez por semana.</p>
<p>Claudia se llama la mujer que viene casi todos los domingos a la casa de mi mamá a pedirme cosas. Y es de la que quiero hablar…</p>
<p><strong>El mundo del “sálvese quien pueda”</strong></p>
<p>Claudia se llama como yo y tiene mi edad, pero a ella “le tocó” una vida de “carencias”: socioeconómicas, afectivas, educativas.</p>
<p>En el informe psicológico para solicitar la ligadura de trompas, es decir al que la sometieron por ser pobre y pedir métodos anticonceptivos, dice que es inmadura y tiene pensamiento infantil, fantasea y su capacidad de razonamiento es limitada. O sea, le dijeron muy elegantemente que es “casi” tonta. Afortunadamente para su autoestima ella no puede leer eso que le han dicho, porque es una analfabeta funcional.</p>
<p>No vive en un barrio popular sino que le alquilan una piecita en una casa, tal vez tomada, en un barrio de clase media de Guaymallén, Mendoza. Los servicios básicos son escasísimos. Claudia es una buscavida, subsiste por lo que pide de casa en casa, algunas changuitas y cositas que vende: plantas, chucherías, alguna cosa robada, lo que sea. Además de hacer eternas peregrinaciones por cuanta institución pueda brindarle algo desde centro de salud, ministerios de desarrollo social, municipios… también parroquias y lo que sea. Por ahí encuentra empleos en casas de familias u otros lugares, pero nunca permanece. No entiende la lógica del horario o del cumplimiento. Su fuerte está en el ir de casa en casa contado sus penurias y aprovechando la  caridad de sobrante de la gente.</p>
<p>Claudia tenía 2 hijas ya grandecitas, de 11 y 9 años. Las chicas igual que ella están desnutridas y le faltan los dientes. Sin embargo las cuida tiernamente, con los recursos que tiene y que no tiene. Las manda a la escuela, las higieniza en la medida de lo posible, camina y camina para que tengan qué comer. Hace un par de años se fue a vivir a Las Heras, pero se volvió porque allá no podía mandar a las hijas a la escuela. Le dan el abono para el transporte de las chicas pero no para ella y no las quiere dejar ir solas hasta la escuela.</p>
<p>En todo ese tiempo  ella no había tenido pareja, hasta hace poco más de un año que se enganchó con alguien, y quedó embarazada. Me contó cuando estaba ya de 5 meses: “yo pensé que ya no podía tener hijos porque en todo este tiempo no tuve”. Me dijo que pensó en “sacárselo” pero le dio miedo morirse: “Si yo me muero quién va a cuidar a mis hijas”. Y ahora ya era tarde porque “lo siento ya está vivo”. Brian Ezequiel es su nombre.</p>
<p>Brian llegó a un mundo que le asigna un lugar de exclusión. Sus hermanas están muy enojadas con la mamá y con su hermano: donde no comen dos menos comen tres. Y un bebé requiere  mucha atención, todos los recursos y el afecto de mamá sólo es para él. También es para él la asignación universal por hijo: Brian tuvo la “suerte” de que el padre biológico no lo reconociera, entonces su madre tiene derecho al subsidio por él. Pero no por las hijas, que si bien han sido abandonadas por su padre, éste tiene los derechos sobre ellas y no renuncia, por vagancia o por egoísmo. Esto significa para Claudia más peregrinaciones, esta vez a los juzgados de familia y a las oficinas del ANSES. Al padre biológico lo citan y no se presenta. El trámite para una madre sola en la crianza y sustento, son eternos: citas para conciliar, turnos con funcionarios, esperar a las trabajadoras sociales… en fin, hubiera sido preferible que nunca las reconociera.  Si hay un padre, el Estado no se hace cargo. Los patriarcas no se disputan los lugares.</p>
<p>Claudia pidió la ligadura tubaria, es consciente que no puede tener más hijos o hijas. Los trámites son eternos. Hablar con el médico, hablar con la psicóloga, hablar con la trabajadora social para que todas y todos certifiquen que es una incapaz y merece ser castrada.  Y después las esperas.</p>
<p>Mientras Claudia sigue. Casa por casa. Pesito a pesito. Cantando a los cuatro vientos sus desgracias: se me incendió la casa, me van a echar de la pieza si no pago, siempre son las mismas de manera recurrente. Mostrando sus pequeñas conquistas, me dieron un colchón, unas mantas, un vale por comida. Y rindiendo cuenta de que hizo lo que dijo que iba a hacer con esos mangos que le facilitaste.</p>
<p>El último domingo vino con el pequeño Brian, que está por cumplir una añito, en un mundo que sólo le garantiza a duras penas la supervivencia. Yo con mi bolsa llena de ropita, había un pantaloncito de polar. Claudia se iluminó cuando lo vio, me dijo: “lo tengo sin nada, no he podido siquiera comprar pañales, ayudame a ponérselo”. Sacó de entre las mantas el pequeño cuerpito de Brian, con un pañal gigante de mala calidad, parecía una bolsa de nylon y después me di cuenta que era un pañal para adultos atado con infinitas vueltas y cuidado.</p>
<p>Y yo me quedé con esta imagen de pañal adaptado. Con esta imagen del mundo. Con esta historia que no es mía pero si de mi nombre. Preguntándome cómo es para Claudia<a href="#_ftn1">[1]</a>.</p>
<p style="text-align: right;">
<hr size="1" /><a href="#_ftnref1">[1]</a> Adrienne Rich en el prólogo de “Nacida de mujer” (Barcelona: Noguer, 1978, p 16), explica que para escribir su libro siempre tuvo en mente la pregunta <em>“Pero ¿cómo fue para las mujeres?”</em>.</p>
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		<title>La trampa del relativismo cultural</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Jan 2011 12:50:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>gabrielaa.</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La interculturalidad tratada desde una perspectiva de género y la cuestión de la laicidad considerada con una mirada enfocada a descubrir la trampa inherente al concepto de “relativismo cultural”, por la feminista italiana Debora Picchi. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>por Debora Picchi</p>
<p>publicada en revista <em>L’Ateo</em> N°5/2010<br />
traducción: Valeria Donato<br />
<a href="http://www.rimaweb.com.ar/wp-content/uploads/2011/01/Picchi-La-trampa-del-relativismo-cultural.pdf">descargar artículo en formato PDF</a></p>
<p>Aquí me propongo tratar el insidioso tema de la interculturalidad desde una perspectiva de género y, al mismo tiempo, considerar la cuestión de la laicidad con una mirada enfocada a descubrir la trampa inherente al concepto de “relativismo cultural”. Pero antes de comenzar este análisis siento que debo aclarar algunos puntos centrales que según mi opinión son frecuentemente motivo de confusión, aproximación o incluso de actitudes y prácticas dañinas.</p>
<p>Para comenzar, noto que muy frecuentemente al referirse a personas que provienen de otros países, incluso antes de considerar la identidad nacional o lingüística – aspectos que parecerían entre los más significativos a primera vista – se decide catalogarlas según un credo religioso; eso sucede sobre todo cuando este credo es diferente del dominante en nuestra sociedad. Si se habla de un país prevalentemente musulmán (porque en él la religión es religión de Estado o porque se trata de un gobierno teocrático), todos los pertenecientes a ese grupo nacional son automáticamente identificados como musulmanos (y observantes!) y por lo tanto pertenecientes a esa precisa comunidad religiosa, sin que ni siquiera sea considerada la posibilidad de que algunxs de ellxs pudiese ser atex, agnósticx, no observante, laicx, perteneciente a alguna minoría religiosa o algo más. Todxs son entonces aplastadxs bajo una identidad religiosa que es asignada independientemente del hecho de que en la susodicha “comunidad” habrá seguramente diferencias y que estas diferencias podrían constituir para cada individuo un elemento identitario más fuerte que aquel que le ha sido arbitrariamente atribuído: pienso por ejemplo en posibles diferencias étnicas internas al grupo, pero también en distinciones religiosas dentro de una misma confesión, diferencias lingüísticas y dialectales, diferencias en el color de la piel, de género, de orientación sexual, de nivel de instrucción, de posición política , etc.</p>
<p>Por la actividad que desarrollo tengo bastantes amigas afganas, y no deja de sorprenderme cada vez que, cenando con amigxs y conocidxs acá en Italia, lxs comensales italianxs rechazan sin dudar la hipótesis de poner vino o carne de cerdo en la mesa porque se da por sentado que las invitadas afganas son necesariamente musulmanas y además practicantes. Esto es aún más curioso desde el momento en que no sólo son de público conocimiento mis firmes posiciones laicas (por lo cual difícilmente se explicarían estas intensas relaciones con personas tan devotas) sino que también es de público conocimiento que las organizaciones afganas de las que mis invitadas forman parte son declaradamente laicas y además hacen de la laicidad un punto fundamental de su lucha política. ¡Pero evidentemente el estereotipo gana por sobre la lógica!</p>
<p>Se tiende entonces – decía – a atar a “lxs otrxs” a una religión, la religión dominante del país de proveniencia, suponiendo que el sentido de pertenencia de cada unx debe tener más relación con la fe que con cualquier otro aspecto de la persona. Esta misma grosera deducción la hacen tanto aquellxs que tienen la intención de denigrar a los extranjerxs (y entonces utilizarán ciertas clasificaciones sobre la base de la religión de modo despreciativo y racista), como por muchxs de aquellxs que se quieren mostrar bien dispuestxs a aceptar las diferencias que la sociedad multicultural nos presenta. Estxs últimxs buscarán probablemente argumentar que la diversidad religiosa es una riqueza y que el contacto entre religiones es una oportunidad de intercambio y de crecimiento para todxs.</p>
<p>Sin embargo, si por un lado nos prodigamos en exaltar el valor de la pluralidad y de las diferencias, por otra parte ahogamos a lxs miles de extranjerxs presentes en Italia y Europa, y provenientes de los más variados países del mundo, en un único confuso mar: “la comunidad islámica”. No hay escapatoria; se pertenece por nacimiento. Y la paradoja está en el hecho de que el/la que pertenece (es decir, está obligadx a pertenecer), vive en un Estado laico – al menos formalmente – pero está condenado de hecho a someterse a las reglas de una comunidad de tipo confesional.</p>
<p>Una clasificación similar se hace cuando se identifica a una vasta área del planeta como un gran bloque cultural único y granítico refiriendóse a una genérica “cultura islámica” (otra vez siguiendo una nomenclatura basada sobre la fe). Se perciben entonces como pertenecientes a la misma “cultura” sociedades diversas y lejanas entre sí que van desde Marruecos hasta Egipto, desde Somalia a Irán, desde Afganistán hasta Pakistán y siguiendo hacia el Oriente: países no sólo geográficamente distantes, que incluso se extienden en continentes diferentes, sino también con historias y lenguas diferentes, como para citar algunos aspectos. Es probable, de hecho, que un argelino tenga en común con un pakistaní tanto como un brasileño con un finlandés y sin embargo los primeros dos son continuamente empujados por el estereotipo hacia un único antro profundo y confuso, aquel “mundo musulmán” – con todo lo sombrío y funesto que esta etiqueta recuerda – una potente construcción mental que, como bien sabemos, tuvo un enorme éxito después de los hechos del ll de septiembre. Resulta casi impensable, en cambio, seguir una clasificación análoga e imaginar al brasileño y al finlandés como fruto de la misma “cultura cristiana”.</p>
<p>Esta misma actitud superficial con la que se asignan religiones oficiales y se niegan diferencias entre personas dentro de una comunidad nacional o incluso entre personas provenientes de países diferentes, es muchas veces el origen del insistente e insidioso equívoco por el cual “intercultura” asume el sentido de “interreligión”. Y entonces así es que parten invitaciones institucionales a los más variados y discutibles jefes religiosos, seminarios sobre las religiones, encuentros y debates públicos con exponentes de varias confesiones, programas televisivos en donde se llama a clérigos a discutir sobre cualquier tema, lecturas comparadas de textos sagrados, ventas en los kioscos de las historias de los profetas, santos y todo lo demás. El aspecto preocupante – por no decir trágico – de todo esto es que mientras muchos progresistas, o presuntos tales, reciben y a menudo promueven generosamente esta derivación religiosa en nombre de un avergonzante concepto de tolerancia, las derechas integralistas de varias matrices avanzan, ocupando cada vez más los espacios públicos. Es sorprendente observar la reticencia, o peor, el obstinado rechazo, de gran parte de lxs que se declaran “de izquierda” a defender los principios laicos y los espacios públicos, sobre todo cuando se trata de enfrentar cuestiones relacionadas con “las otras culturas” sean ellas representadas por la comunidad extranjera presente en nuestro territorio o de realidades sociales presentes en otros países; casi como si un sentido de pudor hacia el “mundo no occidental” indujese a renunciar a la defensa de la laicidad para ceder el paso a una multi-religiosidad más tranquilizadora y en apariencia menos problemática, torpemente vendida como estimulante ocasión de contacto y de ejercicio democrático de respeto recíproco.</p>
<p>Lo que me interesa aquí revelar es la trampa que se esconde detrás de la aceptación acrítica de las presuntas “culturas” y las peligrosas consecuencias que esto produce, en primer lugar en la vida de las mujeres. El pensamiento que toma el nombre de “relativismo cultural” hace del respeto de las “otras culturas” el punto cardinal de la relación entre la que se suele llamar “civilización occidental” y las “civilizaciones no occidentales”. Este punto de vista les reconoce a todas las culturas la misma dignidad, validez y legitimidad dejando de lado cualquier crítica o juicio de mérito. Aquello que parece un enfoque iluminado, democrático y progresista no toma en consideración, sin embargo, la problematicidad del término”cultura”. De hecho, habría que pensar las “culturas” no como inmóviles colosos fuera del tiempo, cristalizados en una atroz invariabilidad e insensibles a los cambios internos y a las contaminaciones externas, sino como productos de vivos y vivaces consorcios de hombres y mujeres constantemente en movimiento y en transformación, exactamente como nosotrxs percibimos nuestra “cultura” y nuestra sociedad (suponiendo que esta contraposición ellxs/nosotrxs tuviese algún sentido). Si se acepta esta idea, se debe entonces también reconocer que cuando hablamos de “cultura” – generalmente con cierta superficialidad – la mayor parte de las veces nos referimos a algo que se podría definir más precisamente como “cultura dominante”. Esta óptica nos permite develar el estereotipo y ver las sociedades con todas sus complejidades y dinámicas, marcadas por diferencias, contradicciones y conflictos internos, muchas veces incluso muy encendidos. De esta manera podremos ver también que todos los sistemas sociales y culturales, si bien diferentes entre ellos, son igualmente gobernados por una multiplicidad de relaciones de poder desiquilibradas en diferentes aspectos, entre los cuales y no menor, el de género.</p>
<p>Las “culturas dominantes” por su naturaleza apuntan al mantenimiento de un sistema de poder que les permite ser lo que son –o sea hegemónicas – y para tal fin hacen uso de todos los instrumentos a su disposición. Como bien sabemos, las religiones en particular (con todos sus bagajes de tradiciones, rituales y creencias que permean múltiples aspectos de la vida social) son uno de los más potentes medios de control. En este sistema de poder fuertemente desequilibrado, basado sobre relaciones jerárquicas y caracterizado inevitabilmente por una voluntad conservadora, en nuestra sociedad como en las otras, la dominación masculina se afirma a través del control de las mujeres. De hecho, como es obvio, con el fín de ejercer un rol dominante, es condición necesaria que haya una contraparte dominada. El control y la opresión de las mujeres en las diferentes partes del mundo pasa por las formas más fantasiosas y extrañas, aunque trágicas, que, para citar alguno de los aspectos más vistosos, van desde las lapidaciones por adulterio al extenuante esfuerzo por negar el derecho al aborto, desde la ingeniosa Ley 40 italiana<a name="ref" href="#nota">[*]</a>; sobre fecundación asistida hasta las mutilaciones genitales femeninas, desde los delitos por honor hasta las normativas sobre la vestimenta femenina que, según los casos, preven velos de diferentes estilos que las cubren más, o menos; y ni hablar de las más bizarras prohibiciones que se inventan con relación a las mujeres los jefes y jefecitos religiosos &#8211; frecuentemente auto-designados –, en una perenne competencia de creatividad: la prohibición de conducir, de trabajar, de practicar deportes, de usar zapatos con taco, de andar en bicicleta, de ir el colegio, de usar esmalte de uñas, de reclamar una herencia, de decidir adoptar métodos anticonceptivos y mucho más.</p>
<p>La doble alianza de hierro entre iglesias y patriarcado aduce motivos éticos, culturales y religiosos para justificar una política de segregación, discriminación y violencia, a menudo legalizada, en perjuicio de niñas, muchachas y mujeres en las partes más diversas y lejanas del mundo. Se trata precisamente de una política trans-cultural, que no conoce fronteras, actuada sistemáticamente a nivel social y frecuentemente reglamentada a nivel jurídico.</p>
<p>Sin embargo, el común denominador es siempre la limitación de la autodeterminación femenina, percibida como amenaza al orden y a las jerarquías establecidas. Para contener esta amenaza y conservar el orden no hay mejor sostén que los integralismos religiosos, que niegan cualquier intención de cambio hacia la autodeterminación de las mujeres y pisotean sus derechos civiles y humanos en nombre de tradiciones antiguas y textos sagrados. Por otra parte, también, es curioso constatar que la falta de defensa de los valores laicos es a menudo una deficiencia justamente de aquellxs que dicen defender los derechos y combatir la opresión. Se crea entonces una divergencia entre la enunciación teórica – que difunde principios democráticos – y las elecciones políticas concretas que dan crédito a posiciones y prácticas integralistas: el doble carril es fatal, porque hace imposible la elaboración de un proyecto político coherente y realmente “iluminado”.</p>
<p>Para “garantizar” los derechos de las franjas islámicas integralistas presentes en Gran Bretaña, el gobierno laborista sancionó el derecho a instituir, en todo el territorio nacional, tribunales islámicos que regulen las contiendas entre miembros de las comunidades. Las cortes de inspiración coránica − ya en funcionamiento desde 2008 en diferentes ciudades inglesas como Londres, Birmingham, Manchester y Bradford, y dirigidas por el sheik Siddiqi – se ocupan de dirimir cuestiones de divorcio, herencias y violencia familiar y las sentencias que emiten tienen la misma validez jurídica que aquellas emitidas por un tribunal ordinario del Reino. Y no veo contradicción en que el Arzobispo de Canterbury, máxima autoridad eclesiástica de la Iglesia Anglicana, haya tomado a bien la introducción de la <em>sharia</em> en el país, considerando que representa un fundamental “elemento de cohesión” dentro de la comunidad islámica. En una entrevista a la BBC, el Arzobispo Williams declaró: “Hay lugar para una mediación constructiva en ciertos aspectos de la ley musulmana, como ya sucede con otros aspectos de la ley [británica] de inspiración religiosa”.</p>
<p>Pero que el Arzobispo sostenga ciertas aberraciones coincide con una estrategia bien precisa de la que ya he hablado. No sorprenden, de hecho, los frecuentes tratos entre exponentes de diferentes confesiones, ¡que no se deben jamás confundir con un sano interés por el pluralismo! Frecuentemente estos señores se promueven y se apoyan los unos a los otros, dado que ratificar el poder de una autoridad religiosa equivale a legitimar y consolidar también su poder y la propia autoridad religiosa. Desconcierta más, en cambio, que una buena parte de la izquierda inglesa haya adherido a esta derrapada de la razón en nombre de la integración, de la democracia y de la libertad religiosa, ignorando ciegamente las repercusiones gravísimas sobre la garantía y la tutela de los derechos de las mujeres. No obstante, mientras los integralismos ganan terreno guiñándose el ojo entre ellos y las izquierdas dormitan (¡aunque a veces no excluiría una silenciosa mala fe!), las mujeres responden a los ataques con coherencia y determinación:</p>
<p><em>One law for all</em> [<em>Una ley para todxs</em>] es la campaña lanzada por las mujeres iraníes y kurdas residentes en Gran Bretaña que luchan por el principio de igualdad frente a la ley independientemente del sexo, la raza y de la fe. Ellas denuncian la peligrosidad del arbitrio basado sobre la religión y que, si ya es inaceptable la presencia en el país de decenas de cortes islámicas informales, todavía más drámatico resulta que los tribunales coránicos sean reconocidos por el Estado. De esta manera se alienta al extremismo y se institucionaliza la discriminación de las mujeres: entre las sentencias significativas en este sentido, emitidas por las cortes religiosas, están aquellas que condenan al marido violento a una serie de sesiones de “terapia” con algunos jefes religiosos, y otras que establecen que el hijo debe heredar el doble de lo que le correspondería a la hija. Las mujeres kurdas e iraníes subrayan, entre otras cosas, la ridícula paradoja que las ve huír de la feroz injusticia de género del país de origen para encontrar las mismas condiciones discriminatorias replanteadas en la Europa progresista. Por otra parte está el grupo WAF (<em>Women Against Fundamentalism</em>) [Mujeres en contra de los fundamentalismos] que reúne mujeres londineses de varios orígenes preocupadas por el resurgimiento de los fundamentalismos de todas las confesiones en Gran Bretaña. Abiertamente contrarias a la asignación de financiamientos públicos de entes locales y nacionales a las instituciones religiosas, las WAF observan con creciente aprensión el peligroso aumento del poder de los líderes religiosos en desmedro de las mujeres, y el cada vez más frecuente entendimiento entre las instituciones y los jefes fundamentalistas, que acallan trágicamente las voces disidentes dentro de las mismas comunidades. <em>Women Living Under Muslim Laws</em> [Mujeres que viven bajo las leyes musulmanas] es en cambio una red activa en mucho países del mundo, en los que las mujeres sono sometidas a las más variadas restricciones impuestas por leyes y costumbres que se pretenden hacer derivar del Islam. La red apunta a fortalecer las luchas individuales y colectivas de las mujeres en contra de los fundamentalismos, por los derechos y la equidad de género dentro de una óptica de solidaridad internacional. La “<em>Revolutionary Association of Women of Afghanistan</em>” [Asociación Revolucionaria de las Mujeres de Afganistán] representa un vívido ejemplo de lucha por la laicidad y por los derechos en pleno corazón del fundamentalismo más oscuro. Declaradamente anti-fundamentalista, RAWA lucha desde hace treinta años por la separación entre poder político y religioso, convencidas de que la laicidad es la única posible vía de rescate de las mujeres afganas y de construcción de un verdadero proceso democrático en Afganistán.</p>
<p>Por falta de espacio he podido citar sólo algunos ejemplos de los numerosos movimientos de mujeres en el mundo comprometidas con los derechos y en contra de la injusticia y que identificaron en la contraposición integralismo/laicidad el punto neurálgico de la cuestión. Amenazadas por los fuertes poderes de las comunidades de pertenencia, estas mujeres son silenciadas y atrozmente ignoradas justamente por quienes deberían garantizarles apoyo y solidaridad y que, en cambio, se hacen impávidamente a un lado por no interferir en las culturas ajenas. Creo que sería un acto de coherencia y honestidad admitir que declararse respetuosos de ciertas “culturas” significa hacerse cómplices de un crimen de proporciones planetarias que está siendo perpetrado cotidianamente y desde siempre en contra de las niñas, muchachas y mujeres en cuanto tales. Quien por temor o por pereza o por cálculo político, en nombre de la tolerancia y del relativismo cultural se abstiene de reivindicar un principio laico que valga indistintamente para todxs debería reflexionar que de esta manera está justificando y legitimando discriminaciones y violaciones de todo tipo. Pienso que no sólo es un enfoque más sensato, sino también una necesaria responsabilidad política encontrar el valor para condenar públicamente posturas y prácticas antidemocráticas independientemente del contexto cultural y social en el cual se realizan, sin temor a oponerse a quien, apelando a las tradiciones, a las culturas y a las religiones, niega la igualdad, se abusa y viola derechos.</p>
<div style="margin:30px 15px; line-height:15px;"><small><a href="#ref" name="nota">[*]</a> En febrero de 2004, el Senado italiano aprobó la Ley 40/2004 de reproducción asistida. Su concepto es fácil de resumir: todo prohibido sin importar sus consecuencias. No al uso de gametos de donante (óvulos o espermatozoides), no al útero portador, no a la criopreservación de embriones y se restringe el acceso a fertilización asistida sólo a parejas heterosexuales estables. No hay posibilidad de investigación clínica sobre embriones. La criopreservación de embriones se admite en caso de que la salud de la mujer se vea comprometida al momento de la implantación quedando pendiente tan pronto como la situación sea revertida. El acceso a técnicas de reproducción asistida sólo para los casos derivados de problemas de esterilidad o infertilidad que no puedan ser resueltos de otra manera. Respecto del consentimiento informado, no posibilidad de revocarlo una vez llevada a cabo la fecundación del ovocito. Los días 12 y 13 de 2005 se presentó un referéndum para derogar los incisos prohibicionistas sin embargo ganó el llamado tercer partido, el de los abstencionistas, entre los que se encontraba la Iglesia Católica que, encabezada por el presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, Camillo Ruini, sostuvo la campaña para que los italianos no acudieran a votar y garantizar así la invalidez del referéndum, con lo que la ley permanece invariada.</small></div>
<p>artículo presentado en la Convención “Por una ética pública laica”, sección: “Ciencia, investigación, formación, intercultura”, Florencia 7-8 de febrero de 2009</p>
<p>Debora Picchi, florentina, es maestra de letras (contratada). Feminista y activista a favor de los derechos civiles y de los derechos de género, milita en el movimiento de mujeres de Florencia <em>Libere Tutte</em> [Libres Todas] y está entre las socias fundadoras de CISDA (<em>Coordinamento Italiano Sostegno Donne Afghane</em>) [Coordinación Italiana de Apoyo a las Mujeres Afganas] que desde hace años apoya a las organizaciones femeninas laicas y democráticas en Afganistán.</p>
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		<title>Mirta</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Dec 2010 13:44:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>gabrielaa.</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Su papá había sido boxeador, pero cuando se mudaron al barrio ya sólo se lo pasaba sentado en la vereda, quizá rememorando alguna gloria pasada o alguna gloria que no había podido ser. La mamá “atendía” al papá mucho más que a Mirta y Miriam, las dos chicas bastante mal miradas, vaya una a saber [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Su papá había sido boxeador, pero cuando se mudaron al barrio ya sólo se lo pasaba sentado en la vereda, quizá rememorando alguna gloria pasada o alguna gloria que no había podido ser. La mamá “atendía” al papá mucho más que a Mirta y Miriam, las dos chicas bastante mal miradas, vaya una a saber por qué, pero así fue desde el comienzo. Y ellas sufrían, seguro que sufrían, pero no tenían a quién decírselo.</p>
<p>No tengo idea de cómo conocieron a sus novios-mecánicos de la Aeronáutica. Se casaron, se mudaron, tuvieron hijos. En el barrio casi nos olvidamos de ellas hasta que Mirta volvió: con madre, la “parejita” de hijos y un marido hecho polvo. Gracias al presidente que evitamos nombrar, la Aeronáutica ya no tenía aviones para arreglar y el Rúben se quedó sin trabajo.</p>
<p>Mirta había adelgazado hasta lo irreconocible, los nervios le habían comido toda la grasa sobrante. El Rúben no tuvo más remedio que yugarla de remisero. Fernando y Mariela terminaron el secundario y trataron de estudiar, pero como había que trabajar…</p>
<p>Mirta trabajó un par de años como portera de una escuela privada, le encantaba rajar a todo lo que da en su bicicleta para llegar a horario. Pero tuvo que renunciar: una madre con Alzheimer no puede quedarse sola.</p>
<p>Hoy Mirta no sale más que hasta “los chinos” (a una cuadra de la casa), se intoxica de tele y tiembla “por la seguridad”. Cualquier diálogo en la vereda comienza y termina con el miedo que tiene y no hay Cristo que la saque del tema y del miedo.</p>
<p>Mirta y su familia son víctimas de los 90, víctimas de las privatizaciones, de la libertad de mercado, de la traición a la patria. Vidas quebradas, posibilidades que no pudieron ser.</p>
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		<title>Bárbara 4 (yo)</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Nov 2010 19:21:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>gabrielaa.</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hoy mi hijo Juan me dio un frasco de crema Hinds, por reflejo femenino lo abrí y lo olí. El olor era por completo diferente pero de inmediato estuve en el verano del 74, en Villa Gessell.
Mario Tempone había sido mi profesor en Arquitectura, no me llevaba tantos años y era compañero. Mario era una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy mi hijo Juan me dio un frasco de crema Hinds, por reflejo femenino lo abrí y lo olí. El olor era por completo diferente pero de inmediato estuve en el verano del 74, en Villa Gessell.</p>
<p>Mario Tempone había sido mi profesor en Arquitectura, no me llevaba tantos años y era compañero. Mario era una de las personas más dulces y buenas que anduvieron por este mundo. Calmo y bienhumorado había tratado de contagiarnos con el compromiso de estudiar y trabajar por quienes nos necesitaran; él lo hacía y no sólo como profesor de la Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires.</p>
<p>Nos encontramos en la playa. Como siempre, mi piel genéticamente polaca no se llevaba bien con el dios Helios, por mucho que Sapolán Ferrini tratara de protegerme. Mario me ofreció su Hinds. Por reflejo femenino la olí antes de untármela.</p>
<p>Ese olor pasó a ser Mario, a través de los años, a través incluso de la muerte. No puedo abrir una Hinds sin que se anulen tu secuestro, tu martirio, tu desaparición, compañero. Hoy y siempre presente.</p>
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		<title>Adriana</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Nov 2010 13:30:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>gabrielaa.</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Tenía doce cuando se quedó sin padre. Cosa rara, porque hace cincuenta años nadie mataba al “vigilante de la esquina”, pero así fue. Y ahí comenzo a hacerse cargo. De la madre derrumbada, de la hermanita de cuatro años –que nunca le perdonó que ella hubiera disfrutado de un padre-, de los arreglos de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tenía doce cuando se quedó sin padre. Cosa rara, porque hace cincuenta años nadie mataba al “vigilante de la esquina”, pero así fue. Y ahí comenzo a hacerse cargo. De la madre derrumbada, de la hermanita de cuatro años –que nunca le perdonó que ella hubiera disfrutado de un padre-, de los arreglos de la casa, de la economía, de las relaciones con “el mundo exterior”. Y ella se echó el fardo al hombro y apechugó.</p>
<p>Se casó con el hombre que eligió, tuvo una hija antes de darse cuenta. Siguió con su madre y hermana a cuestas. Perdió varios embarazos avanzados. No quería tener hijos, pero no había dinero para un DIU, pero sí para la prepaga que le atendía los abortos. Tuvo un hijo con menos de seis meses de embarazo. Tuvo un hijo con ocho meses. Tuvo una hija, decidió que le ligaran las trompas. Ya era mucha gente a upa de sus hombros: madre, hermana, cuatro hijos… y un marido adicto al trabajo, con mucho viaje por América y Europa que volvía para irse, sin un regalo, sin mucha explicación.</p>
<p>Se acostumbró a trabajar de noche, cuando no había mamaderas, collages para el jardín ni teléfonos de la madre. Lavar, planchar, coser. Olvidó la sonrisa. Olvidó que existía. Era un par de manos, un par de piernas y un cerebro al servicio de los demás. Cada tanto parecía despertar. Miraba a su alrededor desconcertada y rabiosa y no entendía. Rápidamente la ponían en caja su madre, su hermana, sus cuatro hijos, su marido… </p>
<p>Comenzó a enfermarse. Nada muy grave, pero bien jodido: ciática, úlcera y otras “dolencias crónicas”. </p>
<p>En algún momento descubrió que le gustaba trabajar con las manos, pero no para la familia sino “porque sí”: cestería, tejido en telar, tapices… Claro que lo hacía fuera de los horarios obligatorios, de noche. Sola y tomando café, entusiasmada con una idea, sonriendo ante un logro, pero jamás desatendiendo a su madre –cada vez más tirana-, ni a su hermana –cada vez más estafadora-, ni a sus hijos –cada vez más distantes-, ni a su marido –cada vez más desatento-.</p>
<p>Perdonó todo: maltratos y engaños, indiferencia y abuso. Corrió cada vez que su madre o hermana le exigían un socorro. Soportó que sus hijos varones se negaran a estudiar y tuvieran “problemas de conducta”. Sufrió en un silencio apenas interrumpido por alguna rebeldía, inexplicable para los demás, extravagante…</p>
<p>Hoy sigue igual. Quizá…</p>
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		<title>Bárbara 3 (yo)</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Oct 2010 18:22:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>gabrielaa.</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Era el 25 de mayo de 2003 y como corresponde –al menos en mi casa- nos regalamos con un locro. Cuando l@s demás andaban por ahí, mi amiga G. y yo nos instalamos frente al televisor: asumiría un nuevo presidente. Boquiabiertas, vimos a un fulano absolutamente no convencional. Ambas nos dijimos: que no nos mienta… [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Era el 25 de mayo de 2003 y como corresponde –al menos en mi casa- nos regalamos con un locro. Cuando l@s demás andaban por ahí, mi amiga G. y yo nos instalamos frente al televisor: asumiría un nuevo presidente. Boquiabiertas, vimos a un fulano absolutamente no convencional. Ambas nos dijimos: que no nos mienta… porque él decía cosas muy raras, hablaba de sueños y de Patria…</p>
<p>De inmediato se me superpuso una imagen del 25 de mayo de 1973: abrazados frente a la tele, mi entonces marido y yo temblábamos de emoción y repetíamos entre sollozos: que no nos mientan…</p>
<p>Nos mintieron. Nos desaparecieron. Nos torturaron. Nos privaron de años de vida en libertad. Nos reventaron los sueños. Nos redujeron a entes. Pero algunos logramos disimularnos, hacernos chiquitos y sobrevivir. Conservamos los ideales, pero no teníamos dónde expresarlos. La marea postmodernista venía en tsunami. Y nosotr@s, sobrevivientes, no teníamos dónde guarecernos. Llegó el 83 y nos desconcertó con tanta “democracia” (¿y la revolución?) y después se puso peor: hiperinflación, leyes de punto final, amnistía, la Argentina del desguace y la fiesta del liberalismo vendepatria. </p>
<p>Con las costillas amoratadas, G. y yo teníamos los ojos clavados en la tele: que no nos mienta. No lo hizo, por eso hoy sentimos congoja. Se murió uno que sostuvo con el cuero lo que anunció con el pico.</p>
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