Otras nosotras
de Bárbara Gill
Mema
Verano del 43. Mema finalmente accede a “hacer la visita de
pésame”. Ya no le quedan excusas y su madre parece
inmune a lo que se supone es su mal carácter. Parece que
tener 21 años no es hacer todo lo que una quiere, aunque
se haya podido obligar a la familia a vender un campo y una casa,
porque sí, porque le daba la gana.
Mema entra a la casa con mujeres tristes, cortinas bajas, radio
apagada y hace todos los esfuerzos por hablar en voz baja, mantener
la compostura, aguantar el aburrimiento. De pronto, un timbrazo.
Alguien se levanta para abrir la puerta. Mema oye la voz de un hombre
y lo ve entrar al salón: traje claro y rostro joven. Se miran.
Se aman.
Esa primera mirada se mantuvo durante todos los años que
vivieron juntos, y fueron cincuenta.
Durante muchos años vivieron en la casa más linda
de Alta Gracia, un pueblo en las serranías de la provincia
de Córdoba, en la Argentina. Era la casa más linda
porque tenía una inmensa enredadera, porque tenía
el inmenso amor de una familia de dos novios y tres hijas.
Mema viajó siempre con su marido, conoció rincones
perdidos, comió salame reseco con galleta y vino áspero
que le parecieron tan gloriosos como el mejor de los festines. Vivió
tan pendiente de su marido como él de ella.
Hace trece años él se fue de esta vida, pero no del
lado de ella. La visita en sueños y ella sabe que la espera
para compartir la alegría eterna.
Mema tiene 85 años y los ojos más vivos y brillantes
que una pueda conocer. Le interesa la actualidad del país,
le interesa la música, le interesan los demás. Ha
vivido a pleno y sigue viviendo a pleno y no tiene inconveniente
en revelar el secreto de la felicidad: la alegría, la risa,
la diversión.
“Fuimos tan felices porque nos divertíamos juntos,
todo el tiempo”. Habrá tenido sus problemas y sus dolores,
pero habrá sabido que eran pasajeros, en tanto que la alegría
era la constante.
Mema sigue viajando –ahora con amigos-, sigue llenándose
los ojos de paisajes y los oídos de música porque
cuando se reencuentren va a tener mucho para contarle.
bárbara gill: buena
mujer, periodista y otras intoxicaciones menos recomendables aún.
lo referido en la columna es estrictamente verdadero, verdadero
y vivo; es la conducta, la acción, los valores, de mujeres
del común, sin derecho al bronce, pero sí a la memoria.
[email protected] es una dirección de mail -la mía,
claro está- donde recibiré con agradecimiento historias
de mujeres y me comprometo a relatarlas sin faltar a la verdad,
pero con el compromiso de que aparezcan, estén, sean testimonio
de lo que vivimos (hubimos vivido y seguimos viviendo) las mujeres
del planeta. espero sus historias, RIMA también.
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