por Koichiro Matsuura, Kofi Annan, Mary Robinson *
Una prensa libre es uno de los componentes más esenciales de una sociedad democrática, que es a su vez condición previa para un desarrollo social y económico sostenible.
Esta verdad se ha entendido y reconocido cada vez más ampliamente durante los diez años que han transcurrido desde el 3 de mayo de 1991, cuando unos periodistas africanos se reunieron en Windhoek, capital de Namibia, para participar en un seminario regional sobre el fomento de una prensa independiente y pluralista en África. La Declaración de Windhoek pasó a ser el primero de una serie de compromisos regionales contraídos para defender la libertad de las personas de todo el mundo de expresar sus opiniones y tener acceso a fuentes de información independientes y diversas.
Diez años después de 1991, en muchos países la prensa es más independiente y pluralista, las ondas radiofónicas se han liberalizado, y los periodistas y demás personas que trabajan en los medios de difusión son más profesionales. Además, gracias a Internet, un número cada vez mayor de personas tiene acceso directo a los medios de comunicación de masas. Estos cambios han ayudado a establecer y consolidar la democracia en muchos países, y han permitido a sus ciudadanos hacer escuchar sus voces y tomar parte en la adopción de decisiones que determinan sus propias vidas y el futuro de sus respectivos países.
Sin embargo, la libertad de expresión siempre es frágil y nunca se la puede considerar definitivamente afianzada. Hoy día, en muchas partes del mundo esta libertad está amenazada por intereses políticos, económicos, financieros, militares, religiosos o aun delictivos. Los periodistas, cuyo trabajo representa un desafío contra tales intereses, pueden ser víctimas de intimidaciones, violencias, exilio, cárcel y aun ser ejecutados o vilmente asesinados.
Al mismo tiempo, se niega a muchos grupos étnicos y religiosos, por lo general minoritarios, la posibilidad de utilizar los medios de difusión para comunicar sus opiniones o expresar su identidad.
La experiencia ha mostrado que aun los regímenes más abyectos pueden obtener un apoyo popular si logran amordazar a los medios de comunicación, o manipularlos para suscitar el miedo y el odio entre sus ciudadanos. Los medios de comunicación libres, independientes y pluralistas desempeñan una función indispensable para erradicar el racismo y la xenofobia. Esperamos que la "Conferencia mundial contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia", que se celebrará este año, logre encontrar la manera de fortalecer los medios de difusión libres en todo el mundo y recuerde a los profesionales de estos medios cuán crucial es su contribución a la educación del público y al fomento de la paz y el respeto mutuo entre los pueblos.
En este Día Mundial de la Libertad de Prensa 2001, hacemos un llamamiento a los dirigentes de todos los niveles para que hagan todo lo posible por conseguir que los periodistas puedan ejercer su profesión sin trabas ni intimidaciones, a fin de que todos los habitantes del planeta puedan disfrutar de la libre circulación de las ideas.
Instamos a los periodistas a que se ciñan a las normas más elevadas de su profesión, se nieguen a sembrar el odio y defiendan siempre el principio de imparcialidad.
Asimismo, instamos a la comunidad internacional a que defienda y proteja un derecho humano fundamental: el derecho a recibir y difundir información libre de censura, por cualquier medio de difusión y haciendo caso omiso de las fronteras.
* Director general UNESCO; Secretario general de la ONU; Alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos respectivamente.
Diario La Nación (Costa Rica), 29-IV-2001