Poblada del ya basta

 

por Liliana Daunes y Claudia Korol

 

 

¿Qué sentiste en el momento en que saliste sin saber a qué ni cómo, pero con la decisión de regresar de otro modo?

¿Qué sentiste cuando entraste en el supermercado, y pusiste en una bolsa lo mucho y lo poco que pudiste cargar?

¿Qué sentiste cuando viste en la TV a tu hermano, a tu tía, entrar al supermercado a pelear como leones por unos fideos y un poco de pan?

¿Qué sentiste cuando viste o fuiste esa furia que todo quiere terminar, que todo quiere limpiar... porque no aguanta el tiempo de la agonía?

¿Qué sentiste cuando un monigote que se decía presidente, nombró el nuevo castigo del estado de sitio?

¿Qué sentiste cuando te armaste de cacerolas para ejercer tu ya basta?

¿Qué sentiste cuando te multiplicaste tantas veces, de tantas formas, por tanta gente? ¿Cuándo multiplicaste tu voz, tu esperanza, tu dolor, tu grito?

¿Qué sentiste cuando los caballos galoparon sobre tus madres?

¿Qué sentiste cuando la ciudad se volvió fuego, sangre, gases, tiros?

¿Qué sentiste cuando te entró la bala?

¿Qué sentiste cuando volviste una y otra vez a desafiar la muerte con tu pura vida?

¿Qué sentiste cuando se fue?

¿Qué sentiste cuando viste quiénes se quedaron?

¿Qué sentiste cuando le contabas a tus hijos, a tus padres, a tus hermanos, que ya no somos los que agachan la cabeza?

¿Qué sentís ahora... cuando todo vuelve a empezar?

El saqueo lo hicieron los de arriba. Fue el saqueo a los salarios, el saqueo al trabajo, el saqueo a los derechos sociales, y a los derechos políticos.

El estallido sacó hacia afuera el riesgo de implosión. Ese dolor cotidiano del desocupado, del expropiado en su salario, en su ahorro, en su consumo, en su alegría...

El estallido es la resistencia a la muerte lenta que recibimos como condena. País que se defiende de su extinción como nación. Pueblo que se sabe con energías y reservas como para no entregarse sin pelea.

Nos empujaron, sin miramientos, al borde mismo del abismo, y allí nos dijeron: ¡salten! El salto fue más allá de nuestros límites. El salto fue hacia nuestro territorio.

La gente salio a la calle, los de más abajo a los supermercados, los del medio a las plazas, los de arriba a los bancos. Otros cruzan las fronteras. Otras creemos que no hay fronteras...las fronteras se mueven como las banderas, cantamos con el cantor...

La rebelión no resuelve el drama de la ausencia de alternativas. Es más, las pone en evidencia. Las exhibe dramáticamente. La rebelión no resuelve ninguno de los problemas estructurales. Pero es reconstituyente de nuestra identidad, de nuestra cultura rebelde, de nuestra autoestima, de nuestra fuerza popular.

Saqueos de comida sobre los saqueos de las esperanzas. Saqueo de los desesperados después de los saqueos de los funcionarios. Cansancio. Hartazgo. Bronca. Desesperación. Represión. Heridos sobre heridas. Muertos sobre muertos. Una vez más, poner el cuerpo. Estado de sitio. Estado de movilización. El pueblo anuló en las calles el decreto fatal. El pueblo pagó con sus vidas la osadía.

31 muertos, dicen. Y sin embargo no estamos muertos. Estamos en las calles, en las plazas.

Ellos renuncian... los ministros... el presidente... Los que quedan, los que no renuncian, no anuncian nada mejor. Pero ahora nosotras y nosotros somos diferentes. Nosotras y nosotros, los de la calle, los de las plazas, los de la sangre derramada, no renunciamos a nuestro derecho a vivir con dignidad. Seguiremos exigiendo.

Esta es nuestra rebelión... La rebelión de los ¡ya basta!! que supimos construir. Con programas diversos, dispersos y difusos, pero con intuiciones comunes. Con expectativas de cambio. Con voluntad de multiplicar la bronca.

La rebelión es la consulta popular auténtica, contundente, concluyente, que empuja al abismo a los otros, a los que nos quisieron recluir en sus propios límites.

Frente a la rebelión: la represión. Muerte. Muerte. Muerte.

La represión es la cara desnuda de esta maldita democracia. Es el rostro verdadero de este nuevo orden mundial.

La otra cara, la tenemos que poner - y la ponemos nosotras y nosotros. Es la cara de la dignidad rebelde. Es la cara de la multiplicación de los ya basta. Es la cara de la resistencia que continúa.

Es el fuego que traemos desde otras memorias.

Es la libertad que no se entrega.

 

Liliana Daunes y Claudia Korol

23 de diciembre de 2001

 

© 2001, Liliana Daunes y Claudia Korol.
RIMA: Red Informativa de Mujeres de Argentina.
URL de este archivo: http://www.rimaweb.com.ar/opinion/daunes_korol_poblada.html
Fecha de publicación en RIMAweb: 18/01/02
Palabras clave: liliana daunes, Claudia Korol, crisis argentina, poblada del ya basta.
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