Brindis
con Alicia
por Eva Giberti
Revista El Periodista Nro 57-
Cuando
yo era chica,hace tiempo ya, escuchaba cómo en mi casa hablaban
de una mujer que "estaba en la política". La mencionaban
con respeto pero como si se tratase de algo extraño.Y en
realidad lo era en aquella época.
En otros sectores "la rareza" no era respetada; por el
contrario, se la descalificaba: otros chicos crecieron en el asombro
o el descrédito ante la militancia política de una
mujer caracterizada como ajena a los problemas "típicos
y esenciales" de la femineidad, aquellos que las recluían
en el hogar, en la invisibilidad de la tarea doméstica y
las ceñía exclusivamente a la demanda filial. Resultaba
"mal visto" eso de meterse en política siendo mujer,
y además entrañaba riesgos de toda índole.
Pasó el tiempo. Siendo adolescente-y como tantos jóvenes
en aquel momento asistí a una conferencia en la Casa del
Pueblo. Me tocó bajar en el ascensor junto con ella. Con
la petulancia ingenua de quien supone que su palabra puede resultar
trascendente le dije:"La felicito, doctora, por lo que usted
hace" Desatino total¿Desde qué lugar podía
yo felicitarla?Debía haberle dado un beso y callarme la boca.
Ella sonrió y me dio las gracias.
Pasó el tiempo. Alicia Moreau de Justo había dado
pruebas inequívocas de su valor, de su tenacidad y de su
compromiso político.Su nombre era un Nombre prestigiado.
Cierta vez yo debía hablar acerca de la mujer en
una Fundación; eran los tiempos en los que el tema mujer
se recortaba como una venturosa alternativa, como posibilidad de
denunciar en nuevos espacios las opresiones y las impotencias. Ocupando
mi lugar en el escenario, en mitad de la conferencia levanté
la vista de mi texto y la encontré casi delante de mí,
perdida entre las asistentes de las primeras filas. Sólo
atiné a interrumpir el párrafo y a decir:"Aquí
está Alicia Moreau de Justo" y ya no recuerdo qué
palabras utilicé para homenajearla, desconcertada por su
presencia. Advertí que los términos de la situación
estaban confundidos y que distribución debía ser otra:ella
hablando y yo escuchando.
La
busqué al salir:"Doctora,¿qué hace Usted
aquí?" Me contestó:"Quería saber
qué decía una psicóloga hablando de la mujer.
Como soy médicaPero me hubiese gustado que usted se refiriese
un poco más a la mujer y a la política"
¡Qué lástima Alicia, qué lástima!En
aquel momento no pude aprovechar el mensaje: la colonización
intelectual que me había enseñado a creer en la asepsia
y neutralidad de la tarea profesional me impidió comprender
lo que Usted me estaba diciendo. La política era para mi,
como para tantas otras, apenas una lontananza cargada de presagios.
No volví a verla personalmente nunca más.
Pasó el tiempo. Setiembre 1973. Acababan de llevárselo
a mi hijo Hernán y lo tenían desaparecido. Embadurnados
por el miedo, la casi totalidad de amigos y conocidos no daban señales
de vida a mi alrededor. Entonces, en el teléfono más
"pinchado" de Buenos Aires, el de mi casa, surgió
la voz de Alicia:
-"Soy Alicia Moreau de Justo. Quiero hablar con usted. Qué
noticias tiene de su hijo?"
-"Ninguna doctora, ninguna".
-"Mire Eva: usted sabe quien soy y lo que pienso acerca de
Perón. Conoce mi línea como opositora. Eso ahora no
importa. Si usted quiere, yo lo voy a ver a Perón y le pido
por Hernán; le pido por un joven de veinte años que
se ha equivocado. Seguramente me va a escuchar"
Recuerdo bien qué le contesté, pero el resto del
diálogo quedará entre nosotras dos. El trámite
no se realizó pero ese ofrecimiento, jugado entre la vida
y la muerte, fue parte de lo que nos ayudó a sobrevivir.
El episodio me permitió medir, desde otra dimensión,
qué entendía ella por política y mujer. (*)
Siguió pasando el tiempo. Actualmente Alicia Moreau de Justo
es ovacionada cuando llega a la Plaza de los Dos Congresos para
celebrar el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer; en
la misma ciudad donde grandes sectores la consideraban extraña
y criticable su militancia partidaria y donde aún continúa
siendo infinitamente difícil ocupar el lugar que ella impulsara
para la política diseñada por la mujer. Pero donde
ya no retrocedemos como no retrocedió ella cuando se trató
de hacer política partidaria o construir la Política
que nos compete como ciudadanas. La que promovió desde la
Sociedad Luz de Barracas, desde el Congreso popular de Educación,
o desde la Unión Feminista nacional, o en el Comité
Pro Paz, en el Congreso Internacional de Obreras y en tantos otros
territorios ocupados por los desposeídos y los humillados.
Lo que supo y pudo hacer tendiendo puentes entre su maternidad,
su militancia política, su profesión y su matrimonio.
Mostrando cómo se puede ser feminista y al mismo tiempo militar
en política mientras se atiende la profesión, se cuida
a los hijos y se acompaña al marido, poseyendo una identidad
propia, aún siendo la "señora de".
Pudo hacer todo esto en la época en que parecía imposible
lograrlo, sin optar entre una y otra pasión. Fue un modo
de ser revolucionaria integrando las capacidades de la mujer.
Así la encuentra su cumpleaños, en el apogeo de una
persona que hoy día responde: "queda mucho por hacer.
¿O no cree acaso que hay mucho por realizar para hacer al
hombre? El enemigo que debemos combatir es tan potente, desde tanto
tiempo es fuerte, aplastó a tanta pobre gente sin reprocharse
nunca nada, que realmente, todo lo que se pueda hacer es poco."
Festejamos el cumpleaños de la coherencia y la tenacidad
gracias a las cuales se sumaron horas-conciencia con las que se
construyó buena parte de esta claridad y estas posibilidades
que tenemos hoy para pensar y hacer desde el género Mujer.
Y como es válido levantar la consigna feminista "lo
personal es político", debo reconocer que, cuando mi
hija adolescente aplaude emocionada viéndola entrar en la
Plaza de los Dos Congresos mientras me dice con total naturalidad,
sin imaginar que ése es el resultado de muchos años
de coraje y tesón:"!Mamá! ¡Está
llegando Alicia! !Qué maravilla de mujer!", yo resuelvo,
en clave de esperanza, la fatiga que produce la lucha por la dignidad.
(*)Mi hijo Hernán fue un preso político desde setiembre
1973 hasta mayo 1986. Alicia Moreau de Justo se refiere al episodio
en el cual lo detuvieron y desaparecieron durante una semana.
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