Sin
duda
a Karla Faye Tucker, in memoriam.
Por Isabel Lipthay
La llevaron con los ojos abiertos y una túnica blanca al
centro del anfiteatro. Mientras el César inclinaba el dedo
y ella oraba, entraron los leones y la despedazaron a dentelladas.
Nosotros mirábamos. Sin duda fue una cristiana. Nos alejamos
en silencio del anfiteatro.
La llevaron con los ojos vendados a la hoguera, la amarraron a
aquel madero, encendieron la leña. Murió dando alaridos.
Nosotros mirábamos. Sin duda fue una bruja. Nos alejamos
en silencio de la plaza.
La llevaron con los ojos vendados a la guillotina, la hincaron
con la cabeza inclinada bajo el cuchillo. Cuando cayó el
filo, rodó su hermosa cabeza en el canasto. Nosotros mirábamos.
Sin duda fue una contrarrevolucionaria. Nos alejamos en silencio
de la plaza.
La llevaron con los ojos abiertos y cientos de otros a la cámara
de gas. Por el altavoz llegó la orden de desnudarse. Entraron
como habían nacido. Alguien cerró la puerta. Ella
creía todavía en la ducha. El gas letal inundó
el aire. Murió aullando, arañándose el cuerpo.
Nosotros cumplimos órdenes. Sin duda fue una judía.
Nos alejamos en silencio a buscar a los otros.
La llevaron con los ojos vendados a aquella camilla. La acostaron
temblándole el cuerpo. Sollozaba. Le amarraron las finas
muñecas, los tobillos, todo. Le inyectaron el veneno mortal.
Terminó de morir en ocho minutos. Nosotros mirábamos.
Sin duda fue una asesina. Millones de espectadores nos alejamos
en silencio después de apagar el televisor.
(Karla Faye Tucker fue ejecutada a través de una inyección
venenosa el 4 de febrero de1998 en Huntsville, Texas).
De: "Aquel Encuentro/ Die Begegnung", Isabel Lipthay,
Unrast Verlag, Alemania
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