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Jornada de Reflexión Lésbica de Rosario
26 de junio del 2004
La relación feminismo-lesbianismo
en América Latina:
una vinculación necesaria 1
Por Yuderkys Espinosa
Buenos aires, 2004
A Mitilene y a La Casa de las Lunas,
por lo que, en diferentes momentos y países, representaron
para muchas de nosotras
en la conformación de un imaginario y una política
feminista lesbiana.
A todas las lesbianas feministas
que antes y hoy hacen posible pensar una historia lesbiana
como referente fundamental en la trasgresión al patriarcado.
Lo que intento hacer en este breve ensayo es un acto de rememoración
acotada del trayecto tortuoso y la vez apasionante recorrido por
el movimiento lésbico latinoamericano y caribeño a
partir de mi propia experiencia como activista y pensadora feminista.
Lo que me propongo es, primero, acercarme a y proponerles una lectura
posible de esta existencia al final del siglo XX. Lo hago en la
necesidad de que no quede oculta, una vez más invisibilizada
no solo por la institución heteronormativa, sino también
por el feminismo y por las propias lesbianas: por tantos enfrentamientos,
por tanto que no nos perdonamos, por tanto que nos corroe esa imposibilidad
de affidamiento entre “nosotras”. Finalmente, y a partir
de esta reconstrucción les propongo algunas tesis para pensar
este trayecto histórico.
Un camino personal del feminismo y del lesbianismo.
“No ha sido menos la historia de mi deseo, que mi historia
de la política: la necesidad de estar entre “mujeres”
y la necesidad de liberarme de sus confines. Cuando se abrió
la puerta me dispuse”.
Con el perdón de las compañeras que desde siempre
han intentado negar la relación entre feminismo y lesbianismo,
yo tengo que confesar una real imposibilidad de adscribir a una
concepción política del feminismo que prescinda de
esta vinculación. Ello se debe quizás a un vicio personal
constitutivo, porque a pesar de los avatares y desencuentros que
en la intercepción de este binomio se han producido, la política
feminista a la que adscribí desde un inicio y en la que sigo
creyendo hoy aun a estas alturas de dilución del movimiento,
no puede pensarse sin la existencia de las lesbianas, de la misma
manera como la política lesbiana que me interesa, mi propio
acceder a denominarme y vivir como tal, no puede pensarse por fuera
de la teoría y la práctica feminista. Negar u ocultar
en mi intento de pensar a la política lesbiana o a la política
feminista el nexo entre ambas que subyace a cualquiera de mis miradas,
sería negar mi propia historia, mi propia refundación.
De hecho, en mi historia el paso que me llevó a una me llevó
a la otra. La teoría y la práctica feminista con la
que me topé a finales de la década del 80, cuando
era una resignada estudiante de psicología lista para casarse,
produjo en mi un cataclismo de consecuencias inesperadas. Un acercamiento
a la teoría acompañado de una reflexión profunda
sobre mis propias ataduras no me condujo sino a ese lugar de cuestionamiento
del mundo que solo se logra a través del propio cuestionamiento.
Si hay algo que puedo recodar de esa época fue que avivó
una mirada inquisitiva sobre mi misma que me llevó a un cuestionamiento
del propio deseo. De allí al amor disidente fue solo un paso.
En ese momento, pero aún hoy, siento que el camino que elegí
no podía haber sido otro. Para mi la propia reinscripción
del deseo, fue el mayor reto, la mayor liberación.
“Llegué, entré y me puse a bailar con ellas.
Ni bien acababa de llegar, entre risas y abrazos nos sorprendieron
los primeros rayos de luz. La bella noche terminaba. Entonces, en
medio del baile, en un instante definitivo, todas desaparecieron.
Las busqué entre pitos, maracas, guirnaldas, vasos, botellas
de cerveza, libros, afiches, volantes, discursos.... ya no había
nadie, pero me nutrí de los restos” .
Mitilene, el grupo de lesbianas feministas que me vio nacer fue
por mucho el grupo más radicalmente feminista que existió
durante los 80´s en Dominicana. Fue gracias a su existencia
que pude nutrirme de esa idea del feminismo que he rememorado en
otra oportunidad como “experiencia de subjetivación”,
como forma de habitar el mundo, como paso que nos vuelve otras 2.
Y fue gracias a este feminismo que encontré y desarrollé
un deseo lesbiano como política sexual y placer en la resistencia.
Creo sinceramente que una política y una práctica
feminista radical te conduce ineludiblemente a una “opción
por las mujeres”, uno de cuyos resultados tiende a ser el
desarrollo de una erótica lesbiana, para nada desdeñable,
y es ahí uno de los problemas con que se topan las defensas
feministas de la no lesbianización del movimiento. Tengo
la sensación (que falta de rigurosidad científica!)
que esta experiencia del feminismo como tránsito hacia otro
lugar, como re-subjetivación, es algo que ha tenido que ver
con un tipo de feminismo al que todavía adscribimos algunas
hoy, y al que muchas adscribieron en el pasado, sobre todo en las
décadas del 70 y el 80, en donde muchas hemos reencontrado
nuestro amor hacia otras mujeres perdido en la primera infancia.
Y hay que decir con la idea de hacer un paralelo entre mi propia
experiencia y la colectiva, que lo que yo viví después
de este momento (muy muy corto para mi, ya que yo llegué
al feminismo al final de los 80´s) fue un vacío importante.
Porque a principios de los 90´s comenzamos a percibir que
algo estaba cambiado. En mí pequeño país, por
ejemplo, algunas intentamos resarcir la falta dejada por la desaparición
de Mitilene e intentamos algunas otras experiencias grupales, en
donde yo, ya sí, participaba. Y recuerdo la desilusión
que me produjeron cada uno de estos intentos: lo que fue ya no era,
las que fueron tampoco. En vano algunas intentábamos resistirnos
cuando al poco tiempo ya se nos vino la carrera hacia Beijing. La
pesadilla vino de tal forma que no nos dimos cuenta hasta que muchas
ya estaban bien adentro: Cabildeo, negociación, agenda, lobby,
financiamientos… derechos reproductivos… derechos sexuales
y reproductivos (!!!?). El feminismo institucional en su gran época,
en su gran despliegue. Y fue triste ver a todas esas lesbianas,
las más de las de antes, en su intento patético de
sobrevivir en la vorágine de un feminismo en el que ya no
contaban definitivamente. El feminismo ya no era el mismo y en este
no había espacio para la política de contra cultura
en donde las lesbianas se reproducían y se convertían
en referente, aun marginal, de discurso y prácticas.
Al tiempo que esto ocurría, una nueva agenda de derechos
humanos y sexuales comenzaba a aparecer en el escenario internacional
augurando un lugar de articulación para las llamadas “minorías
sexuales”. Fue el llamado movimiento de lesbianas, gays, transexuales,
bisexuales y todas las otras “T” y la “I”
que se le fueron agregando en el camino. En un momento en que las
lesbianas ya no eran interpeladas por un feminismo cada vez más
heterocéntrico que en la búsqueda de su legitimación
no dejaba de señalar la diferencia entre ser feminista y
ser lesbiana, lo LGTTB fue un nuevo lugar de adscripción
para algunas lesbianas que venían de una trayectoria feminista
y para las que no. Aunque los primeros grupos de “homosexuales”,
como a sí mismos se llamaban, se habían iniciado en
casi todo el continente desde finales de los 60´s, no fue
sino en los 80´s y principios de los 90´s que comenzó
a perfilarse como un movimiento de carácter internacional.
Este movimiento aglutinador de diferentes identidades sexuales y
centrado en la demanda de reconocimiento a la que alude Nancy Fraser
en sus recientes trabajos 3 , se había formalizado como tal
en los EEUU y comenzó a gestarse en América Latina
en un momento de inflexión, debilidad y perdida de sentido
de las propuestas más radicales de transformación
social, incluyendo la feminista. Con un fuerte impulso por parte
de las agencias de financiamiento, se definió la nueva agenda
para las lesbianas homologada y diluida a la de otros grupos en
situación de desventaja social debido a sus prácticas
sexuales. Las lesbianas impulsadas, contenidas y convencidas de
un discurso cada vez más fragmentado que consideraba separadamente
las diferentes opresiones, y que en particular separó la
opresión patriarcal de la opresión sexual heterosexista,
fueron instaladas en una lucha conjunta por el derecho, que reclamaban
cada vez más las minorías, a la inclusión:
Salud (léase VIH/SIDA, fundamentalmente), introducción
de demandas en la agenda de las Naciones Unidas y de los gobiernos,
legislación antidiscriminatoria, derecho a la maternidad
y a la paternidad, derecho al matrimonio.
Encuentros, congresos, seminarios no dejaban de llamar a la unidad
de la que se identificaba así misma como una “comunidad”.
Mi cercanía cada vez mayor a la teoría y mi práctica
política que siguió adscribiendo a una política
lesbiana feminista, me llevó a una incursión en estos
espacios, en donde, al igual que en el nuevo espacio feminista institucionalizado,
siempre he sido una especie de voz disonante, una especie de “problema”.
Trabajar aquí y allá, me ha permitido hacer el cruce
de perspectivas y mantener con el tiempo esa articulación
que creo necesaria entre feminismo y lesbianismo. Ha sido darme
cuenta de lo que se ha perdido en la ruptura a nivel del análisis
y de la Utopía. Además del dolor por la prácticamente
desaparición de la figura de la lesbiana del ámbito
feminista, ha sido una daga al corazón ver la evolución
del movimiento LGTTBI, donde una vez más la lesbiana, devenida
de mujer, ha pasado a ser la olvidada tal cual la organización
patriarcal más antigua 4. Cuando en medio de uno de estos
encuentros se organizó el concurso “Miss Universo Gay”,
comprendí por donde andaba el problema: no era lo mismo lo
que andábamos buscando.
En términos generales podemos decir que, para lo que nos
ocupa, los 90´s fueron lo que he comentado más arriba.
Sin embargo, no puedo dejar de mencionar en este recorrido la brecha
que abrió, a mediados de los 90´s, la línea
del feminismo autónomo, en donde muchas lesbianas feministas
encontramos un espacio de resistencia activo. No puedo dejar de
mencionar tampoco el particular caso de Argentina, en donde gracias
a un proceso tardío de dictadura que se extiende hasta el
1983, los movimientos sociales y en particular el movimiento feminista
y los movimientos que este ayuda a abrir, están todavía
en pleno desarrollo hacia mediados de los 90´s. He aquí
el hito que marcó, por ejemplo, una Casa de Las Lunas, espacio
de lesbianas feministas en Buenos Aires, en un momento de ruptura
en donde ya casi en todas partes una política lesbiana feminista
había sido cancelada, desechada y acusada de “separatista”
(término que ya para la época gozaba de una carga
negativa) 5.
Por su parte, después de Chile y en cada uno de nuestros
países, un autodenominado movimiento feminista autónomo,
fundamentalmente articulado por feminista lesbianas, logró
por un breve y efímero momento una llamada de atención
sobre la perdida de radicalidad del feminismo, con unas consignas
y una visión del movimiento impregnada de ese espíritu
de “comunidad entre las mujeres” y la recreación
de otras formas de estar en el mundo, como recuerdan los escritos
y las acciones de Margarita Pisano, en Chile; de Ximena Bedregal,
entre otras, en México; de las Mujeres Creando, en Bolivia;
de La Casa de las Lunas, las jornadas de autónomas y las
publicaciones de ATEM, en Argentina; así como, las Chinchetas,
grupo que junto a Ochy Curiel, fundamos en Dominicana. Si ciertamente
este movimiento de corta duración no se denominó en
su conjunto como un movimiento de feministas lesbianas, e incluso
habían a su interior algunas compañeras que no se
relacionaban eróticamente con otras mujeres, guardo la hipótesis
de que ha sido aquí la última resistencia colectiva
de importancia al avance de un feminismo que vaciado de sus posturas
más radicales prescindió del análisis de la
heterosexualidad obligatoria como institución fundante del
patriarcado, y de las lesbianas como referente e imaginario de libertad
e independencia femenina, disponible para todas las mujeres y no
solo para las lesbianas.
Lo que el llamado feminismo autónomo trajo otra vez a la
conciencia fue ese convencimiento que muchas tuvieron en los 70´s
y en los 80´s de que levantar las bases sobre las que se sostiene
la existencia de las mujeres como grupo al servicio de los varones,
no puede lograrse sino a través de un trabajo profundo con
nuestro propio ser y estar en el mundo, con todo aquello que sustenta
la idea normativa de género y deseo. Así, en nuestras
preocupaciones, nuestra política, nuestra mirada, nuestra
forma de relacionarnos, rememoré esa política feminista
lesbiana que había perdido tempranamente.
Pero el momento duró poco y ya para el 2000 poco quedaba
de este movimiento. Con un feminismo desmembrado, desarticulado,
huérfano de utopías, viviendo apenas de los proyectos
y de las agendas internacionales, todavía andamos unas pocas
feministas lesbianas tratando de sobrevivir en las pequeñas
fisuras que aquí y allá se abren de vez en cuando…fisuras
como la Casa del Encuentro en Buenos Aires, que si bien se sostiene
fundamentalmente por lesbianas no políticas, se nos aparece
a algunas como un oasis en el desierto, y allí estamos con
los viejos vicios, con los dolores entre algunas, con esa manía
de “crear movimiento”.
Algunas pistas para pensar la trayectoria de la relación
feminismo-lesbianismo, en América Latina.
Si bien el trayecto que narro aquí es, como digo, muy personal
y no cuenta más que de forma acotada mi propia experiencia,
es interesante que al cotejarlo con otros intentos de sistematización
realizados por otras autoras lesbianas respecto de su propia experiencia,
aparecen en términos generales bastantes coincidencias. De
hecho, debido a que muchas cosas ya han sido dichas y sistematizadas
en trabajos anteriores 6, solo trato en mi relato de remitirme a
aquellos episodios de esta historia más general que marcaron
un momento específico en mi propia trayectoria. En realidad
me debo un relato mucho más amplio.
Lo que me gustaría proponer ahora es una reflexión
respecto de la evolución de esta relación entre feminismo
y lesbianismo en América Latina desde la década del
80, y que puedo colegir de esta reconstrucción.
Hay una vinculación necesaria entre feminismo y lesbianismo
que yo entiendo tiene que ver con una comprensión cada vez
más acabada dentro de la teoría feminista de la heterosexualidad
obligatoria como institución social responsable de la producción
de un sujeto femenino cuyo deseo e identidad asegura la dependencia
al varón. Esto es algo que teóricas como Butler, Teresa
de Lauretis y MacKinnon, entre otras, han tratado de demostrar en
sus trabajos y en lo cual no me explayaré aquí porque
no es el objetivo 7. Lo que sí quiero afirmar es que parecería
que una práctica feminista que pretenda ir más allá
de la demanda de igualdad, de identidad y de derechos, pone en juego
la aparente naturalidad con que se presupone que se establece la
unidad sexo-género-deseo, como si fuera un ámbito
descontaminado de poder y por tanto obra de cada historia particular,
abriendo, así, caminos de auto cuestionamiento y de experimentación
personal en la que el lesbianismo aparece como una acción
conciente y deseada de unir política y vida. De hecho se
pueden documentar muchas experiencias de feministas que no encontraron
o no percibieron o no se enfrentaron a su deseo lesbiano hasta que
entraron al movimiento. Lo que quiero decir con esto es que hay
suficientes pruebas históricas como para afirmar que un camino
de libertad para las mujeres está unido a una revisión
de la relación con los varones a todos los niveles y que
ello ha llevado a muchas a desarrollar formas de sexualidad y relación
que excluye o hace marginal la presencia de los hombres en sus vidas.
Afirmar esta realidad ha sido problemática fundamentalmente
para un feminismo que se juega con el poder imperante y cuya lucha
es fundamentalmente la inclusión. Así, se volvió
cada vez más problemática la figura de la lesbiana,
así como la política feminista del yo, una vez que
entramos en los 90´s a una carrera por la legitimación
y la lucha por el poder del movimiento. Con la instalación
definitiva del feminismo de las agendas internacionales en casi
todo los países, ya no hubo al interior del feminismo espacio
para una política que pensara a la sujeta feminista como
una sujeta constitutivamente "autocrítica, distanciada,
irónica, excedente-excéntrica” respecto a la
ideología del género 8.
Un feminismo institucionalizado dependiente de las agendas internacionales
y volcado a las demandas, hizo posible la casi desaparición
de la fuerza política y simbólica de las lesbiana
al interior del movimiento. Las propias lesbianas feministas tuvieron
que ver con ello debido a que muchas de ellas apostaron en los 90´s
a una agenda de derecho internacional que vieron tenían la
posibilidad de compartir con el resto de las mujeres, abandonando
sus posturas más radicales del feminismo como “arte
de la existencia”, y estando dispuestas a negociar su propia
visibilidad como lesbianas. El feminismo de estado y de las agendas
internacionales hizo su propia lectura estratégica de cómo
tratar el tema del lesbianismo, ahora pensado como homosexualidad
en general, de la forma menos conflictiva, ergo mas vaciada de contenido.
Fue así como de cuestionar la heterosexualidad obligatoria
como institución patriarcal que oprime a todas las mujeres,
se pasó a “derechos sexuales y reproductivos”.
Las otras entradas fueron la de tolerancia y “diversidades
sexuales”, en concordancia, como veremos, con la política
de reconocimiento impulsada por la propia agenda internacional gay
9.
Por su parte el lesbianismo fuera y en algunos casos en oposición
franca a un feminismo opresivo para las lesbianas, transformó
la propuesta más radical del lesbianismo que al interior
del feminismo cuestionaba en último término la categoría
misma de identidad sexual planteándose la liberación
sexual de todas las mujeres, en un mero añadido a la política
gay centrada en la demanda de derechos y reconocimiento, potable
a las agencias de financiamiento. Con la consolidación de
una agenda internacional más light, despojada de un análisis
complejo de la interrelación entre las diferentes opresiones
de género-clase-raza-heterosexismo, y una centralización
en la prevención del SIDA y la demanda de legalización
de parejas homosexuales, entre otros temas de inclusión,
las lesbianas quedaron en un lugar secundario invisibilizadas por
la arremetida gay, en un 1er momento, y después por la inclusión
de las travestis.
Finalmente quiero concluir reflexionando en voz alta sobre el por
qué de este lugar secundario que una vez más las lesbianas
han venido a ocupar en un espacio de articulación como el
LGTTB. Cómo habiendo sido lesbianas los referentes fundamentales
en la producción de los argumentos conceptuales y teóricos
que le han servido de sustentación a los movimientos socio-sexuales,
han sido los gays y las travestis las que mayor usufructo han obtenido,
hasta el momento actual, de estas teorías. Quiero preguntarme
cómo una conceptualización como la de la heterosexualidad
obligatoria, incompresible fuera de una crítica del patriarcado,
puede terminar siendo un análisis de menor provecho para
las lesbianas. Si bien esto amerita de una reflexión particular,
yo me atrevo a adelantar una lectura que quiero proponerles en forma
de pregunta que dejo abierta: no será que la institución
de la heterosexualidad obligatoria, siendo una institución
que fundamentalmente asegura la dependencia de la mujer al varón,
así como el dominio de su capacidad reproductiva, es una
institución que afecta específicamente y no más
que a las mujeres? ¿No será que para el heterocentrismo
lo verdaderamente impensable por desestabilizador es la ruptura
que produce la lesbiana?
Notas
1- Presentado en las Jornadas de Lesbianas Feministas
de Rosario, Argentina. Celebradas el 26 de junio del 2004. Agradezco
a las organizadoras de Safo Piensa por la invitación.
2- Espinosa, Y. (2003) Sobre el Feminismo Hoy. A la búsqueda
de un otro sentido del ser y el hacer feminista en este tiempo.
Publicado en www.creatividadfeminista.org y de próxima aparición
impresa.
3- Fraser, Nancy (2000a). “¿De la redistribución
al reconocimiento? Dilemas de la justicia en la era postsocialista”
en New Left Revieu, No.0, Akal, España.
4- Quizás se puede historizar el lugar de la lesbiana en
el movimiento viendo la evolución misma del orden de las
siglas de autodenominación del mismo, esto es, quién
aparece delante y quién detrás. Si bien, como me ha
señalado Fabiana Tron, en un 1er momento, durante la época
fundacional del movimiento de diversidad sexual en los países
del norte, la “G” apareció presidiendo las siglas,
gracias a la lucha de las lesbianas feministas de estos países
que concientizaron sobre la mayor invisibilidad y desventaja social
de las lesbianas como mujeres, se logró cambiar el orden
de manera que apareciera la “L” delante. Así,
cuando a principios de los 90´s aparece el movimiento en América
Latina, con la conciencia instalada a nivel internacional, se inicia
nombrándose LGTTB. Para finales de la década, sin
embargo, gracias a la progresiva desaparición y perdida de
poder de las lesbianas al interior del feminismo y del movimiento
de sexualidades, estas pierden el terreno ganado y ocurre un retroceso
a la posición inicial con la “G” prescindiendo
nuevamente.
5- No está demás señalar que además
de La Casa de las Lunas, en Buenos Aires, hubieron otros espacios
importantes de lesbianas como “Lesbianas a la Vista”.
Si no los he referido aquí tiene que ver con que estos espacios
no adscribieron o al menos no se nombraron explícitamente
como feministas. Igual, queda por hacer un trabajo específico
sobre el movimiento de lesbianas en la Argentina para los 90´s,
cosa que debido a los límites de este trabajo queda pendiente.
6- Recomiendo para ampliar y completar esta trayectoria histórica
leer los trabajos de: Claudia Hinojosa (2003) “Historia sobre
la presencia publica de las feministas lesbianas”, publicado
en: http://www.sentidog.com.ar/nsen/noticias/cortitas.phtml?id=1442.
7-7-7 También ver a: Norma Mogrovejo (2000) “Un amor
que se atrevió a decir su nombre. La lucha de las lesbianas
y su relación con los movimientos homosexual y feminista
en América Latina”. México, DF: Plaza y Valdés.
Especialmente recomiendo el capítulo sobre “Los encuentros
lésbico-feministas de América Latina y el Caribe”.
7 - Para indagar en esta idea de la producción del deseo
propongo las lecturas de: Butler, Judith ([1997]2001). Mecanismos
psíquicos del poder. Teorías sobre la sujeción.
Madrid: Cátedra.; de Lauretis, Teresa ([1996]2002). Diferencias.
Etapas de un Camino a través del Feminismo. Madrid: Horas
y horas.; Foucault, M. (1990). Tecnologías del yo y otros
textos afines. Barcelona: Paidos.; Jambet, C.: “Constitución
del sujeto y práctica espiritual. Observaciones sobre la
práctica de la sexualidad”, en: Balbier, E.; Deleuze,
G.; Dreyfus, H.; Et. Al. (1995): Michel Foucault, Filósofo.
Barcelona: Gedisa,
8 - De acuerdo a de Lauretis, (ibid), el feminismo ha producido
fundamentalmente un “sujeto excéntrico”, que
respondería a estos parámetros de posición
crítica al mandato patriarcal heterocéntrico.
9- A esta situación atribuyo los malos entendidos que se
dan desde hace algunos años en los ambientes feministas,
respecto de una política de “derechos sexuales”,
como el único formato posible de entender una política
lesbiana. Desde hace algunos años se ha venido consolidando
la idea de que una política feminista “progre”
y defensora de las lesbiana se refiere al añadido de las
llamadas “demandas particulares” de los grupos homosexuales,
considerados por demás, como conjunto particular, al conjunto
de demandas feministas actuales. Dichas demandas particulares, en
mi lectura, coinciden con esta idea de “exigencias de reconocimiento”,
que atribuye Nancy Fraser (1997 y 2000b) como los objetivos de la
política de los movimientos socio-sexuales. A pesar que no
pongo en duda las buenas intenciones ni el compromiso de Fraser
ni de quienes apoyan esta interpretación con la lucha de
los homosexuales, me parece un error en su marco teórico
pensar el reconocimiento como la categoría conceptual que
daría cuenta de una política cultural, en tensión
y oposición con una política social. Creo que los
argumentos que vengo planteando sobre las bases conceptuales y el
tipo de política que entiendo ha caracterizado al lesbianismo
feminista explican mi crítica al marco teórico que
propone, no solo por las mismas razones que ha explicitado Judith
Butler (2000) en su crítica a esta propuesta, sino porque
me parece un error de base definir como una de las puntas en tensión,
aquello que en realidad refiere a la visión de una de las
tendencias, por demás problemática, dentro del conjunto
que conforma el movimiento de sexualidades. Como muy bien ella argumenta
en su análisis de las soluciones, justamente porque la demanda
de reconocimiento no transforma a niveles profundos el sistema de
poder, no podemos proponer una definición de la lucha contra
la heterosexualidad obligatoria como un problema básicamente
de ofensa al status y de necesidad de reconocimiento. Este error
de lectura, que obvia todos los esfuerzos y los aportes más
importantes a la teorización de feministas lesbianas al interior
de la academia, tiene que ver a mi entender con la imposibilidad
del feminismo actual de comprender la sexualidad como un tema íntimamente
imbricado con el mantenimiento del patriarcado, cosa que nos llevaría
a pensar el ámbito de la sexualidad no como un tema de derechos,
sino fundamentalmente de producción de sujeto.
Bibliografía consultada.
Butler, Judith (2001). El género en disputa. El feminismo
y la subversión de la identidad. Paidós, México
D.F.
---------------- (2001). Mecanismos psíquicos
del poder. Teorías sobre la sujeción. Madrid: Cátedra
------------------ (2000). “El marxismo y lo meramente
cultural”. En: New Left Review No. 2, mayo-junio 2000.
CICAM (1997). Permanencia Voluntaria en la Utopía.
México D.F.: La correa feminista.
De Lauretis, Teresa (2002). Diferencias. Etapas de un
Camino a través del Feminismo. Madrid: Horas y horas
Espinosa, Yuderkys (2003) Sobre el Feminismo Hoy. A
la búsqueda de un otro sentido del ser y el hacer feminista
en este tiempo. Publicado en www.creatividadfeminista.org y de próxima
aparición impresa.
Fraser, Nancy (2000a). “¿De la redistribución
al reconocimiento? Dilemas de la justicia en la era postsocialista”
en New Left Review, No.0.
----------------- (2000b). “Heterosexismo, falta
de reconocimiento y capitalismo: una respuesta a Judith Butler”.
En: New Left Review No 2, mayo-junio, 2000.
------------------ (1997). Justitia Interrupta. Colombia:
El siglo del hombre editores
Hinojosa, Claudia (2003) “Historia sobre la presencia
publica de las feministas lesbianas”, publicado en:http://www.sentidog.com.ar/nsen/noticias/cortitas.phtml?id=1442
Mogrovejo, Norma (2000) “Un amor que se atrevió
a decir su nombre. La lucha de las lesbianas y su relación
con los movimientos homosexual y feminista en América Latina”.
México, DF: Plaza y Valdés
Pisano, Margarita (1996). Un cierto desparpajo. Santiago
de Chile: Número Crítico,.
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