Identidad lésbica. Una mirada histórica.
por Cecilia Riquelme Ugarte.
Fuente: www.viencuentrolesbicofeminista.org
Ponencia presentada en la II Semana Cultural de la Diversidad Sexual
convocada por el INAH a través de la Coord. Nacional de Antropología.
y Dirección de Antropología. Física, llevada
a cabo del 2 al 7 de junio de 2003 en el Museo Nacional de Antropología.
Resumen
Un rescate de distintas experiencias lésbicas a través
de la historia, desde la época prehispánica a nuestros
días, intentando armar un rompecabezas con los pocos indicios
historiográficos y fuentes primarias para México y
América Latina.
Palabras claves: lesbianismo, safismo, sodomía, existencia
lesbiana.
Introducción.
El registro histórico y la investigación acerca de
la vida y obra de las mujeres que amamos a otras mujeres, en esta
región del planeta, está en pañales. En el
afán de rescatar una serie de imágenes que hablan
de la existencia lesbiana me he propuesto hacer un recorrido por
las escasas referencias historiográficas, dar a conocer algunas
notas encontradas en la prensa del siglo XIX y parte del XX, hablar
de la identidad lésbica de nuestros días y el camino
andado por las activistas, para ir configurando una parte del rompecabezas
de lo que ha significado el homo-erotismo femenino y una identidad
de mujeres usualmente transgresoras.
Hablar de vivencias lésbicas nos remite a clandestinidad,
a una historia oculta, que como bien señala Rosanna Fiocchetto
en su texto La amante celeste, los materiales de investigación
historiográfica son básicamente los “paradigmas
indiciarios” de los castigos a la transgresión. En
este caso hablamos de los registros de la Inquisición, archivos
médicos, policiales y en menor grado la prensa.Sodomitas,
tribadas, safistas, uranistas y lesbianas son algunos de los nombres
elegantes que se nos han dado a través de la historia. Existen
otra serie de denominaciones altisonantes en distintos idiomas ligados
a estereotipos que no es necesario mencionar. Referirnos a procesos
de construcción de identidad lésbica, nos remite a
la invisibilidad, palabra que las actuales activistas utilizamos
para significar la negación que se hace de nuestra existencia
dentro de la sociedad. El visibilizarnos con dignidad y mostrar
referentes sanos a las nuevas generaciones ha sido y es una de las
tareas de nuestros días.
Colonia e inquisición
Con la llegada de los conquistadores europeos a nuestro continente
comienzan a escribirse las primeras crónicas acerca del comportamiento
de los nativos, la sexualidad es uno de los aspectos que más
los escandaliza. Existen varias descripciones del vicio nefando
y la sodomia foeminarum que atestiguan la existencia de
practicas homo-eróticas en varias etnias de la actual América
Latina.
El jesuita Pero Correa escribe en 1551:
“Hay acá muchas mujeres que realizan oficios de hombres
y tienen otras mujeres con las que están casadas”.
(J. Silverio Trevisan 2000).
Más tarde, alrededor de 1576, el explorador portugués
Pero de Magalhães de Gândavo se refiere a prácticas
homosexuales de mujeres tupinambás:
“Algunas indias de esta región juran y prometen castidad
y así no se casan ni conocen hombre de ninguna calidad, ni
lo consentirán aunque por eso las maten. Estas dejan todas
las actividades de mujeres e imitan a los hombres y realizan sus
oficios como si no fuesen mujeres. Traen el cabello cortado como
los machos, van a la guerra y de cacería con arcos y flechas
... y cada una tiene una mujer a su servicio y que le hace de comer
como si estuviesen casadas.” (J. Silvério Trevisan
2000).
Otros portugueses, como Gabriel Soares de Souza en 1587, Francisco
de Orellana en 1541 y Ambrosio Fernández Brandão en
el siglo XVII relatan descripciones similares. Por otra parte, durante
el siglo XVIII otros europeos, misioneros y exploradores, describieron
a las y losberdaches: en el caso de las mujeres vestían ropas
de hombre y participaban en actividades guerreras, de caza, y otras
que su cultura consideraba masculinas, como la confección
de armas. Las descripciones históricas aluden frecuentemente
a las berdaches diciendo que tenían esposas o compañeras
duraderas. (Francis Mark Mondimore 1998).
En su articulo Sodomía en Bahía el antropólogo
Luiz Mott nos cuenta que era tan generalizada la homosexualidad
en tierras brasileñas que los tupinambás tenían
nombres específicos para designarlos, entre hombres Tibiras
y entre mujeres Çacoaimbeguiras; además señala
que existe significativa documentación que comprueba las
prácticas tradicionales y pre-coloniales del homoerotismo
masculino y femenino en la región del Congo-Angola y en Costa
de Mina, de donde llegaron muchos esclavos, por lo cual aumentó
el contingente de homosexuales en Brasil.
Con la irrupción del Santo Oficio, la sodomía es uno
de los “delitos” más castigados por los colonizadores,
si bien existen muchísimos más casos de homosexuales
hombres acusados y procesados, también encontramos el registro
de algunos casos de sodomia foeminarum.
La historiadora Ligia Bellini nos cuenta como en 1646 la Inquisición
portuguesa la excluyó de la lista de crímenes de su
jurisdicción, pero a fines del siglo XVI las mujeres homosexuales
sintieron el rigor de la saña inquisitorial. De las 29 denuncias
a lesbianas registradas en el nordeste de Brasil, entre 1591 a 1593,
cinco recibieron sanciones económicas y espirituales, tres
fueron desterradas y dos condenadas a azotes públicos (Ligia
Bellini 1989). De estas últimas, Felipa de Souza, involucrada
en varios expedientes de la inquisición portuguesa, era famosa
en la ciudad de Bahía de 1590 por sus varias amantes y dotes
seductoras. Se vanagloriaba de haber consumado el pecado nefando
con monjas en un convento local y haber tenido muchas relaciones
con mujeres de distintas clases sociales. Entre ellas Paula de Siqueira
de 40 años y casada, quien durante dos años recibió
de Felipa cartas de amor, galanteos y regalos hasta que se hicieron
amantes. María Lourenço, también casada y de
40 años confesó haber tenido relaciones con la misma
Felipa. Relata que, sin embargo, no hubo ningún instrumento
exterior penetrante entre ellas, solo sus vasos naturales delanteros
juntos (...) y así estuvieron unidas deleitándose
hasta que Felipa, que estaba encima, gozó.
Otras famosas de esa época son Luiza Roiz, conocida por perseguir
a mujeres negras en Salvador y la pernambucana María de Lucena,
quien también prefería “dormir carnalmente”
con las esclavas bajo el silencio de la noche (J. Silvério
Trevisan 2000).
En los archivos de la Inquisición portuguesa existen varios
procesos de sodomía foeminarum, mujeres que confesaron
seducciones, “amistades deshonestas”, “acoplamientos
torpes”, en definitiva relaciones sexuales con otras mujeres.
Los castigos fueron desde oraciones especiales, lecturas edificantes,
hasta los azotes públicos y el destierro temporal o para
siempre de su lugar de origen.
Para el caso de México, necesitaríamos rastrear a
profundidad el fondo Inquisición del AGN para saber si aquí
existieron procesos; sin embargo encontramos algunas acusaciones
que develan las vivencias de algunas mujeres. Por ejemplo, el expediente
de María Gertrudis de la Cerda: Por tirar el rosario y decir
que no había de rezar. El día 19 de septiembre de
1780 compareció ante el comisario del Santo Oficio, ubicado
en el Convento de Santo Domingo de la Ciudad de México, una
mujer que dijo llamarse María Josefa de Ita, española,
doncella de 21 años, la cual por descargo de conciencia dice,
denuncia a María Gertrudis de la Cerda, dueña de la
chocolatería de la calle de San Lorenzo, española,
soltera, por no haber querido tener mala amistad con ella. Su intento
era pecar con ella, porque varias veces le ha solicitado a la declarante
pecar con ella, María Josefa como mujer y María Gertrudis
como hombre. La última vez que lo intentó fue hace
ocho noches. En vista de que María Josefa la rechazó,
dijo María Gertrudis que ya no había de rezar y se
quitó el rosario, ni se había de persignar hasta que
Dios le apareciera la mujer que deseaba...
Otro aporte que nos parece importante mencionar es el realizado
por la historiadora Alejandra Cárdenas, en su investigación
Hechicería, saber y transgresión, Afromestizas
en Acapulco: 1621. En este trabajo nos habla del caso de Isabel
de Urrego, Catalina González y Juana María, acusadas
de brujas, hechiceras, embusteras y de vivir infame.
En las actas inquisitoriales son frecuentes las alusiones a
los amantes de estas mujeres (...) y tal vez la trangresión
más fuerte la representa la constante denuncia de los amoríos
de Isabel de Urrego con Juana María, quien aparece citada
también como “la sierva”, a la que según
se dice en los interrogatorios, Isabel sienta sobre su falda y le
da pedacitos de su propia comida diciéndole, como si fuera
su amor: ¡come mi vida! ¡come mi alma! (...) En este
caso, se juzga no sólo la hechicería, sino la indecencia,
el vivir infame (Alejandra Cárdenas 1997).
Si bien las fuentes primarias y secundarias que abordan casos de
sodomía foeminarum son escasos, encontramos los
suficientes que nos hablan de vivencias lésbicas. Desgraciadamente
no pudimos abordar una fuente que sabemos enriquecería este
rompecabezas de la existencia lesbiana. Me refiero a la historia
de los conventos de monjas, centros de intelectualidad femenina.
Gracias a varios testimonios e investigaciones de otros países
sabemos de la autentica gino-afectividad [i] desarrollada entre
las religiosas desde la Edad Media hasta nuestros días. Queda
pues el desafío para alguna ex monja lesbiana que quiera
develarnos parte de esta historia.
Por otra parte, varias investigaciones en Estados Unidos e Inglaterra
nos hablan de amantes lesbianas que pudieron consumar sus relaciones,
algunas conocidas públicamente, como la larga relación
que mantuvieron la Reina Ana de Inglaterra, la última monarca
de los Estuardo y Sarah Jennings, una de las damas de honor de su
madrastra. Si bien fueron inseparables durante su adolescencia,
ambas tuvieron que casarse . No obstante, aunque vivían separadas
se cartearon con seudónimos, cartas que más tarde
le dieron muchos problemas a la Reina, cuando aparece otra mujer
en su vida, Abigail Hill, prima de Sarah, y la rivalidad, más
diferencias políticas de las familias generan una separación
definitiva entre Ana y Sarah. Las cartas que escribió a sus
amantes no nos dejan ninguna duda de la intensidad emocional de
las vivencias lésbicas de la Reina.
El Siglo de las Luces no nos ilumina
A fines del siglo XVIII nace Anne Lister, periodista hija de una
familia de la alta burguesía de Yorkshire. Ella escribió
miles de páginas en un diario personal, documento que nos
habla de sus amores con otras mujeres a principios del siglo XIX.
Lister se ganó el apodo de “Caballero Jack” por
su afición a la equitación y a la caza. Ella, gracias
a ser la única heredera de su familia, pudo viajar y disfrutar
de una vida poco común para las mujeres de su época.
Quizá lo menos convencional fue que ella en su diario nos
habla de sus deseos sexuales por otras mujeres y describe con detalles
sus uniones. Cuando conoce a Sarah Ponsonby y Eleanor Butler, dos
irlandesas que se fugaron de casas de sus padres en 1778 disfrazadas
de hombres y que vivieron juntas 53 años en una casa de campo,
Lister escribe en su diario sus dudas acerca del vinculo entre estas
damas como una mera amistad platónica.
Existen otros varios ejemplos de parejas de mujeres que vivieron
juntas durante el siglo XIX. Rescatamos de estos casos algunos elementos
comunes que les permitieron desarrollar su existencia lesbiana en
esos días: la independencia económica, la posibilidad
de acceder a la educación, su capacidad transgresora que
muchas veces se manifiesta en poder disfrazarse con vestimentas
masculinas con distintos fines; y para las ultimas cuatro décadas
del XIX agregaremos su conciencia ante la necesidad de reformas
sociales que dieran derechos a la mujer.
Mientras tanto, en nuestro países había terminado
la pesadilla del Santo Oficio y la concepción pecaminosa
muda a enfermedad y crimen. Además, aparece otro elemento
en el escenario: la prensa decimonónica. Los periódicos
mexicanos de esta época en raras ocasiones publican noticias
abiertamente sobre sodomía o safismo; sin embargo, las pocas
notas que encontramos en más de 50 años de revisión
hemerográfica, nos aportan algunas pinceladas del escenario
mexicano y su actitud frente a lo que es considerado en parte: un
fenómeno extranjero, una rareza de circo o un escándalo.
En junio de 1842, el periódico El Siglo XIX publica: Un
marimacho.
Así como hay hombres tan afeminados que el más
hábil naturalista se vería embarazado para determinar
su sexo, si no tuvieran barbas; en una palabra, así como
hay maricas, así también hay mujeres hombrunas con
las inclinaciones y habitudes de un granadero; especie de la que
quizás no se encontrara un solo individuo en esta ciudad[ii];
y por lo mismo, ya que podemos ofrecerla en espectáculo,
como el hombre sin brazos, vamos a dar a nuestros lectores la historia
auténtica de un famoso marimacho, que era el terror del barrio
en que vivía. Mas no se crea por esto que vamos a describir
una mujer con talla de tambor mayor, bigotes de carabinero y músculos
de ganapan, nada de eso.
Madama Boyard, que es el nombre de nuestra heroína, tiene
una estatura mediana, viste con mucho gusto como una elegante parisiense,
su manecita se resguarda de la intemperie con el suave guante de
cabritilla; su voz es dulce y penetrante; apenas representa 30 años
[...] Ciertamente por estas señas nadie conocerá la
especie en que la hemos clasificado; pero Madama Boyard es una variedad
curiosa, pues con un exterior enteramente femenino, oculta un valor,
un arrojo más que varonil. Ella juega con las armas de fuego
como cualquiera mujer con un abanico; hace el ejercicio tan bien
como un sargento [...] Todas las noches se despiertan los vecinos
al ruido de las descargas de fuego, porque se divierte con su escopeta
de dos cañones [...] Madama Boyard fue llevada a juicio por
agredir a un hombre y al ser interrogada por el juez declara: "Yo
he dado golpes con un rastrillo a ese hombre porque lo merecía.
Él estaba con otros 3 o 4 de su especie, y todos decían
injurias a mi dama de compañía."
Otra nota que encontramos que nos llama la atención se refiere
a una mujer vestida de hombre. El año: 1891 en Ameca, Jalisco:
(...) una bella concurrió a la serenata vestida de hombre,
llamando la atención de todos los concurrentes, menos de
la policía. Entre algunas personas del bello sexo, por celos
o por chiste se ha aclimatado la moda de usar el vestido del sexo
fuerte[iii] y como bajo ese disfraz pueden ocultarse algunas mujeres
con intenciones poco santas o criminales, la policía no debe
descuidarse.
Además, la prensa cumple un rol de sanción social
mediante la mofa y el escarnio. Por ejemplo, en un periódico
de Guanajuato encontramos el anuncio de la boda de dos Guadalupes,
y el redactor se pregunta cuál de las dos lleva los pantalones.
Otro ejemplo es el relato jocoso, encontrado en un periódico
bahiano, en que dos hombres platican del último chisme de
la ciudad.
-Capitán, ¡estoy horrorizado!
-¿Qué ha sucedido?
-En la calle del colegio, una mujer conocida por Bella, vive en
íntima camaradería con otra. El domingo bebieron mucho
y en la noche, Bella, embriagada de los sentidos por el vino y del
alma por el vicio, quiso entregarse a los excesos de su incontinente
genio, convido a su compañera. ..
-Primero usó palabras afectuosas y caricias para conseguir
lo que deseaba, pero como no lo consiguió, Bella en la alucinación,
igual que una fiera que se ve contrariada en sus apetitos, tomó
una navaja para obligar a su compañera a compartir su sensual
perversión.
Después de un griterío que llamó la atención
de quien pasaba, hubo entre las amigas un intercambio de palabras:
-Bella -y apuntando hacia la imagen de la Virgen de la Concepción-
por esta señora te suplico: déjame...
De la concepción pecaminosa de la sexualidad colonial pasamos
a la “científica”: patología y perversión.
Médicos y criminólogos establecen qué es lo
normal y qué es lo enfermizo; el lesbianismo es una desviación
de la norma, puesto que la mujer por “naturaleza” debe
ser heterosexual. La prensa por su parte, refleja el discurso científico
de los guardianes de la moral dominante, si bien son muy pocas las
ocasiones en que la prensa decimonónica se refiere directamente
al tema.
A comienzos de 1878, el Monitor Republicano menciona en un párrafo
dedicado a la cárcel de Belem:
... la sodomía en los hombres y el amor sáfico
en las mujeres es otro de los males que produce aquella aglomeración
de gentes inmorales... (M.R. 12 febrero 1878).
Del XX a nuestros días.
En México los médicos y científicos organizados
en sociedades y academias, en el contexto del discurso eugenésico,
publican también sus reflexiones acerca de lo que debe ser
la sexualidad correcta. En la Asociación científica
Leopoldo Río de la Loza en 1905 se leyó el trabajo
El sensualismo actual:
(...) nos vemos rodeados continuamente y por todas partes de excitantes
sexuales; el sensualismo nos posee y sacude, amenazándolo
todo, la familia, la salud, la honra, el porvenir de la raza.
La literatura ocupa un papel importantísimo en la génesis
de esta hiperexcitabilidad sexual; los literatos sensuales antes
que todo, trazan cuadros vivísimos, en que reina la lascivia
más extraordinaria. Se canta ya no sólo al amor sexual
normal; no, se llega a revivir un pretexto de reminiscencias históricas
y resurrecciones de épocas idas, el amor lesbio, el amor,
si es que puede llamarse así, sodomita (...)
Al mismo tiempo, un criminólogo investigaba sobre crímenes
pasionales y hábitos sexuales; Carlos Roumagnac, otra voz
autorizada de la época, quien entrevistó a presos
y presas de la Cárcel de Belem:
“Aunque varias veces tendré que ocuparme en este
ensayo, de tratar casos de inversiones y perversiones sexuales,
creo oportuno mencionar a grandes rasgos, por ahora, algunas de
las costumbres que a ese respecto se observan en nuestra cárcel
de Belem, que como todas aquellas en que existe aún el sistema
de esos vicios, origen de crímenes tanto más repugnantes,
cuanto que es más innoble el móvil que los determina.
No podré decir entre quienes hay mayor desarrollo del vicio,
si entre los hombres o las mujeres que pueblan la citada cárcel;
pero a pesar de la vigilancia que quisieran desplegar los empleados
de la prisión y de los castigos que se imponen a los sorprendidos
in fraganti, el mal existe y de él no tienen la culpa mas
que las condiciones a que están sometidos estos seres”.
En lo que se refiere a las mujeres, muchas entrevistadas no quisieron
ser muy descriptivas, sin embargo algunas ilustran:
Emilia M. me refiere que todas las demás practican el
safismo; que una vez "les cayó" a dos mujeres,
y por disolutas y sinvergüenzas las llevó a la alcaldía
para que las castigaran; que otra de las mujeres que desempeña
un cargo en el departamento , tiene ahora como "querida"
a una detenida muy joven, y virgen todavía!... que ella vino
a saber de "eso" en la cárcel, y resume la situación:
si habemos dos o tres en la cárcel que no lo hagamos, ¡es
mucho!
Hay en los departamentos de mujeres muchas que se dedican a prácticas
vergonzosas y a las que les dicen "tortilleras" y aunque
a la S. no le han faltado proposiciones para que siga el mal ejemplo,
su carácter no es para meterse con las demás; lo sabe,
porque algunas compañeras le han pedido -no pudiendo hacerlo
ellas - que les lea las cartas que le escriben otras, cartas que
son "como las de un señor a una señora":
En una, verbigracia, decía la presa que se la dirigía
a otra, "que si correspondía a sus amores, le mandaría
ropa, dinero y todo lo que necesitara" y le daba los calificativos
de "mi prietita, mi flaquita" y otros muchos cariños.
Frecuentemente surgen riñas entre ellas por celos (...)
(...) Ojalá, agrega la S. que las viera usted, que escándalo:
¡todo el día se están besando, abrazando y mordiendo!
(...) He oído decir que las que se peinan derecho son hombres(...)
Por regla general, en nuestro bajo pueblo, sólo usan el peinado
con la raya abierta en uno de los lados de la cabeza, las prostitutas,
pero en la prisión la manera de peinarse significa algo más
todavía.(...) Entre las mujeres, unas, como es de suponerse,
desempeñan el papel masculino: estas o no se peinan con raya
o se la abren al lado derecho, velan por su mujer, la miman, la
defienden y riñen por ella con tanto o más furia que
los hombres; las que desempeñan el papel de hembra se peinan
con la raya del lado izquierdo.
Después de haber visto todos estos ejemplos del trato que
se le ha dado a la experiencia lésbica a través de
la historia, tenemos que reflexionar en torno a la evolución
que ha tenido el concepto de identidad para las mujeres lesbianas.
Quedan de manifiesto las estrategias de sobrevivencia adoptadas
por nuestras antecesoras: probablemente las lesbianas fuimos pioneras
en abrir el acceso al mundo laboral para las demás mujeres,
qué mejor estrategia de sobrevivencia que ser autosuficientes;
las mujeres se han disfrazado de hombre en búsqueda de libertad
y oportunidades (y en ocasiones recorrieron el mundo de esta manera);
desobedecieron las normas impuestas en búsqueda de libertad
y otras opciones de vida, soportaron descalificaciones, estereotipos,
prejuicios y castigos, vivieron y aún algunas viven doble
vida y, finalmente se vieron obligadas a sumergirse en una clandestinidad,
que colaboró a la negación de nuestra existencia y
consiguiente invisibilidad.
Por otra parte, el prejuicio sobre nuestra sexualidad no ha evolucionado
mucho si consideramos que la iglesia inquisitorial acuñó
términos tales como “acoplamientos torpes”, que
aún hoy se cuestiona que hacemos en la cama dos mujeres juntas,
aparte de dormir claro está, y que se continúa en
teorías tales como la del “Apagón sexual en
la cama”, de innegable origen científico, con más
sesgo y descalificaciones para nosotras.
La otra cara de la moneda muestra algunas imágenes de un
imaginario colectivo porno y diversas fantasías sexuales
hetero-masculinas, reflejado por ejemplo en la figura de la vampira
del cine de los años 30’s y 40’s, mujer marcada
por la ninfomanía. Sería interesante resaltar cómo
la iglesia y la ciencia se turnan la estafeta a partir de la misma
actitud obsesiva y aterrorizada, disfrazados de imparciales y asépticas
enfermeras de los males sociales.Detengámonos un momento
a ver que nos dice el “mito del apagón en la cama”:
El principal trabajo de investigación que ha alimentado el
mito del "apagón en la cama", fue publicado en
1983 en un libro llamado "American Couples" por Philip
Blumstein y Pepper Schwartz. Su investigación empírica
reportó que las parejas lesbianas tenían menos sexo
que cualquier otra pareja - heterosexuales casados, heterosexuales
en concubinato o varones gays.
(...) Apuntar así a la sexualidad de las lesbianas es
otro ejemplo más de misoginia enmascarada bajo el aspecto
de objetividad clínica, donde las definiciones masculinas
de sexualidad son utilizadas como el patrón de la salud sexual.[iv]
Tenemos que decir que las parejas lesbianas de muchos años
experimentan como cualquier otra pareja la declinación de
la intensidad pasional; sin embargo es necesario apuntar que la
sexualidad entre mujeres no obedece a una actividad sexual “tradicional”
centrada en los genitales. Algunas investigaciones se basan sólo
en la frecuencia de las relaciones sexuales y no consideran el tiempo
de duración. Las parejas lesbianas podemos estar haciendo
el amor hasta cuatro horas, con un promedio mínimo de media
hora, lo que rebasa los 15 minutos promedio de las relaciones heterosexuales
de los mexicanos.[v]
La sexualidad entre dos mujeres no tiene prisa, se toma el tiempo
necesario, es cadenciosa, creativa, altamente erótica y altamente
satisfactoria.
Algunos estudios, desde el tan lejano informe Kinsey de 1953, encontraron
que las lesbianas tienen más orgasmos que las mujeres heterosexuales.
(...) En el Advocate Survey of Lesbian Sexuality and Relationships,
realizado en 1995, los resultados mostraron que las lesbianas tenían
sexo más satisfactorio que la mayoría de las mujeres
en los Estados Unidos.[vi]
En México, la investigación de la sexóloga
Beatriz Guerrero, Sexualidad Erótica en Mujeres Heterosexuales
y Lesbianas reporta un amplio panorama de las conductas sexuales
de las mujeres lesbianas. La frecuente utilización de fantasías,
juegos de relación, presencia de lenguaje verbal y no verbal,
utilización de materiales eróticos, prácticas
grupales, etc. Es decir, riqueza y diversidad.
¿Cuáles son los elementos que nos dan una identidad?
¿Qué nos identifica a las mujeres lesbianas?
Una historia común de opresión, una búsqueda
de libertad y de autonomía frente a una heterosexualidad
institucionalizada, la oportunidad de una posible relación
de igual a igual.
La historiadora Lillian Faderman nos habla de tres cuestiones, si
queremos buscar vestigios de existencia lesbiana: prácticas
sexuales, desviación de las normas sociales de feminidad
y autoconciencia de sentimientos de amor por otra mujer; elementos
que no siempre coincidirán en una misma persona. Para nosotras,
hablar de identidad lésbica, más allá de nuestra
intensidad emocional y afectiva, del erotismo entre mujeres, pasa
por una opción ideológica de liberación, una
opción de vida que transgrede la heterosexualidad impuesta.
A fines de los años setentas y comienzos de los ochentas
las lesbianas de América Latina comenzamos a organizarnos
en grupos. Muchas de las primeras generaciones de activistas venimos
de la izquierda y/o del movimiento feminista, nos hemos nutrido
de las luchas sociales de las mujeres, para nosotras el feminismo
ha sido una herramienta de reflexión y búsqueda conjunta.
En contraparte también enriquecimos de manera importante
al movimiento de mujeres en todos los sentidos, incluido el teórico,
con conceptos fundamentales como el cuestionamiento de la heterosexualidad
obligatoria.
Varias organizaciones de lesbianas han nacido producto del trabajo,
por supuesto realizado por nosotras mismas, en los espacios de los
encuentros feministas de la región. Después de nueve
eventos, desde el año 1981 a la fecha, seguimos teniendo
una presencia como parte de este movimiento social y generando quehacer
a partir de esos eventos. Por ejemplo, la generación de nuestros
propios encuentros de lesbianas feministas de la región,
a la fecha hemos realizado cinco y comenzamos la preparación
del sexto, nuevamente en México, para el año 2004.
Ser herederas de una historia con una pesada carga negativa nos
ha impulsado necesariamente a buscar formas de trabajo edificantes,
creativas y con una buena dosis de sensibilidad, el humor nos ha
costado un poco. Uno de los ejes de acción ha sido trabajar
con la vapuleada identidad, los colectivos lésbicos han buscado
afanosamente construir referentes sanos y positivos, a través
de actividades de apoyo, talleres, medios de comunicación,
etc. Se han abordado nuestras vivencias e historias de vida para
generar referentes colectivos que nos hablen de nosotras mismas
con aires renovadores. Se han abierto espacios de encuentro y socialización.
Se ha buscado insistentemente romper con todos los grilletes que
nos han tenido en el subterráneo de la historia. Por ello
hemos ido generando e incentivando la creación de distintas
manifestaciones que nos hablan (de) y reflejan, al mismo tiempo
que siguen construyendo, nuestro estilo de vida. Entre éstas,
medios de comunicación desde nuestra propia voz, que contienen
la multiplicidad de facetas que nos identifican. Finalmente se trata
de airear el clóset y que las nuevas generaciones disfruten
de las recientes oportunidades de ser libres, autónomas y
diversas dentro de las diversas.
Acabar con la situación de invisibilidad social[vii] e histórica
e incidir en el entorno social cotidiano en que vivimos las mujeres
que amamos a otras mujeres, pasa por romper con los estigmas, prejuicios
y discriminación e impulsar una cultura de respeto a la diversidad
ante la sociedad en general y por supuesto luchar por nuestros derechos.
En este sentido, cada vez más activistas de países
de la región se incorporan a una lucha en el ámbito
legislativo, pujando por proveernos de una auténtica ciudadanía
que gane paulatinamente los derechos que tenemos como seres humanos
y ciudadanas, lo que significa aportar nuestro granito de arena
a una verdadera democracia.
Finalmente, quiero agradecer la invitación a este evento,
porque participar en un evento de diversidades, en esta ciudad que
tiene fama de conservadora, significa que la comunidad LGBT de aquí
está organizándose y los acompañamos en la
exigencia de cara a la sociedad por el respeto a la diversidad.
Muchas gracias.
Fuentes primarias
Archivo General de la Nación, Fondo Inquisición: Vol.
1203 Exp.16
Hemeroteca Nacional. El Siglo XIX, 21 junio 1842; El Monitor Republicano,
17 enero 1891; El Observador, 1885-1887; El Monitor Republicano
12 febrero 1878;
Anales de la Asociación Científica Mexicana Leopoldo
Río de la Loza. 1904-1905.
El sensualismo actual. trabajo leído la sesión del
día 19 de junio de 1905. Por Alfonso Pineda.
Roumagnac, Carlos
1904. Los Criminales en México. Ensayo de psicología
criminal. Seguido de dos casos de hermafroditismo, observados por
los Sres. Drs. Ricardo Egea e Ignacio Ocampo. México
Fuentes secundarias
Bellini, Ligia
A coisa obscura: mulher, sodomia e inquisição no Brasil
colonial.
São Paulo: Editora Brasiliense.
Cárdenas Santana, Alejandra
Hechicería, saber y transgresión. Afromestizas en
Acapulco: 1621
Chilpancingo: edición de la autora.
Mondimore, Francis Mark
Una historia natural de la homosexualidad
Barcelona: Paidós.
Mott, Luiz
Etno-história da homossexualidade na América Latina.
Artículo en www.luizmott.cjb.net
Sodomia na Bahia: O amor que não ousava dizer o nome.
Artículo en www.luizmott.cjb.net
Trevisan, João Silvério
Devassos no paraíso. A homossexualidade no Brasil, da colonia
à atualidade.
Río de Janeiro: Editora Record.
Referencias bibliográficas
Castañeda Marina
La experiencia homosexual. Para comprender la homosexualidad desde
dentro y desde fuera. México, D. F. :Paidós
Fiocchetto, Rosanna
La amante celeste. La destrucción científica de la
lesbiana.
Madrid: Horas y horas, la editorial feminista.
Colección La llave la tengo yo
Guerrero Zepeda, Beatriz Eugenia
1999. Sexualidad Erótica en Mujeres Heterosexuales y Lesbianas.
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México, D. F. IMESEX
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1970-1987. Revista Las Amantes de la Luna, Nš4 segunda época,
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Rich, Adrienne
Sangre, pan y poesía. Prosa escogida 1979-1985
Madrid: Icaria Antrazyt
Riquelme, Cecilia
Apuntes para la historia del Movimiento Lésbico en América
Latina
Material Didáctico. Madres, Musas y Amantes, México,
D. F.
Nuestras Tatarabuelas. Revista Las Amantes de la Luna, Nš1
segunda época, México, D. F.
Vázquez García, Francisco
De la Subcultura al Movimiento Social: Elementos para una Genealogía
de la Homosexualidad, Orientaciones, Revista de Homosexualidades,
Nš 2, Hacia una Reescritura de la Historia, Fundación Triángulo,
Madrid.
Notas aclaratorias
[i] . El término lo propone la Dra. Celine Armenta en texto
inédito.
[ii] El subrayado es de la autora.
[iii] Idem
[iv] The Big Lie: Lesbian Bed Death. By Suzanne Iasenza, Ph.D. www.
gayhealth.com
[v] Tiempo estimado que reporta el sexólogo Dr. Juan Luis
Alvarez Gayou.
[vi] The Big Lie: Lesbian Bed Death. By Suzanne Iasenza, Ph.D. www.
gayhealth.com
[vii] Cuando hablamos de invisibilidad social, entiéndase:
que no existimos como un sector de población en los distintos
ámbitos sociales. Por ejemplo, en el sector salud. En general,
para cualquier servicio de salud pública, todas las mujeres
somos consideradas como heterosexuales. Conocemos sólo un
servicio ginecológico en al Ciudad de México, donde
se nos considera como mujeres que tenemos sexo con otras mujeres.
Por tanto, no existimos en las estadísticas de morbilidad,
ni menos existen políticas públicas específicas
para la necesaria prevención del cáncer cérvico
uterino, el cáncer de mamas e infecciones de transmisión
sexual en nuestra comunidad.
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