¿Infierno y discriminación
o paraíso y diversidad?*
Por Laura Eiven
(Coordinadora Area de Investigación de Desalambrando,
programa de prevención de la violencia doméstica entre
lesbianas)
Buenos días, quisiera decir que este texto ha sido elaborado
gracias a las voces de otras compañeras y militantes con
quienes hemos compartido espacios de reflexión y lucha y
de teóricas que enriquecieron nuestra mirada. En particular,
hemos articulado textos con Fabiana Tron. Infierno, en la mitología
griega y romana, eran los sitios subterráneos a donde iban
las almas de los muertos para recibir castigo por las faltas cometidas.
Lugar destinado por la Justicia Divina para castigo eterno de los
réprobos (herejes).
Es extraño y suena paradójico llamar “Justicia
Divina” a castigos y culpas. Una vez escribí un graffiti
al respecto, que decía: ”el castigo no es Divino(con
mayúscula), es divino(con minúscula)”, un poco
para rebelarme, con causa, a ese destino.
El paraíso aparece como un lugar en el que, según
la Biblia, Dios puso a Adán y Eva. El cielo de los justos,
cualquier lugar ameno. Paradójicamente, el paraíso
es el lugar más alejado en los teatros, el más incómodo,
claro, más cerca del cielo pero más lejos de la realidad
observable, algunos dicen que se ve mal pero es el que tiene mejor
acústica, será un consuelo o resignación, será
cuestión de registros, de quien prefiere escuchar o quien
prefiere ver, cuestión de gustos.
En la Edad Media, se llevó a cabo la cacería de brujas
por parte de la Inquisición. Ellas eran mujeres que, “fueron
durante mucho tiempo los únicos agentes de salud para los
más pobres”. Así pasaron a la clandestinidad,
fueron perseguidas y masacradas igual que aquellas mujeres que habían
perdido la capacidad de procreación y su encanto físico
o las que hubieran hecho uso de su sexualidad fuera de lo permitido
por la sociedad, o bien, las que lograban vivir de forma autónoma
sin dedicarse a actividades domésticas, cuestionando la autoridad
masculina o la de la Iglesia. A muchas lesbianas también
nos han mandado a la hoguera o al infierno, algunas fueron porque
pensaron que era su destino probar, otras porque les gustaba la
idea, otras no eligieron, pero muchas no fueron porque no saben,
a “ciencia cierta” dónde queda o porque no quisieron
ir; ahora, no recuerdo que nos hayan dado pasaje alguno al paraíso
(salvo recomendación de algún cura a modo de extorsión
para virar el deseo de alguna confesa lesbiana donde “solo
tendríamos chance en el paraíso si lográramos
controlar el deseo y no concretarlo”).
Todo sistema social es una manera de ordenar el mundo. El ordenamiento
que nos rodea y la manera en que nos ordena a nosotras no es un
ordenamiento arbitrario o casual. No surge por generación
espontánea ni es natural. Es un ordenamiento interesado,
histórico, es decir sujeto a las fuerzas históricas
y a sus variables y por lo tanto cultural.
Ese ordenamiento supone una manera de observar, explicar, valorar
y regular a la sociedad y responde a unos intereses determinados.
La gran trampa en la que se nos hace caer es que las instituciones
sociales generadas por ese ordenamiento aparecen como naturales.
Lo que viene dado por la Naturaleza no cabe más que asumirlo.
El sistema capitalista y patriarcal ha utilizado esta naturalización
para sostener, justificar y controlar un ordenamiento que contiene
profundas desigualdades. Así aparecen las lógicas
dicotómicas y jerárquicas. Hombre es superior a mujer.
Blanco es superior a negro. Cristiano es superior a judío,
judío a musulmán, la mente es superior al cuerpo y
la heterosexualidad es superior a la homosexualidad.
Ese componente inferior del par queda ubicado en el lugar de “la
diferencia”, mientras que el miembro superior ocupa el lugar
de “la normalidad. De esta naturalización resulta que
los modelos que se proponen para interpretar la realidad no suelen
ser advertidos como modelos en la vida cotidiana sino como la realidad
misma. Confundimos la realidad con el modelo y en la medida en que
los sistemas sociales logran hacer creer a los individuos que los
modelos que se presentan son los únicos posibles aseguran
su permanencia. Esta supuesta naturalización es la causa
de la alienación de los individuos por la cual se nos dificulta
ver que el único lugar que hay para nosotras en ese esquema
es de subordinación. Lo que no puede existir en el sistema
simplemente no existe. Así, la única forma de relación
sexual para este sistema es la heterosexual y puesto que no hay
más que una no tiene sentido diferenciar sexualidad de heterosexualidad.
Esta forma de limitación no es solo cuantitativa “TODOS
SON HETEROSEXUALES” sino cualitativa. Hay cualidades de la
realidad social de las que no se habla jamás. Se nos hace
ignorar que disponemos de una capacidad de relacionarnos sexualmente
que se caracteriza por su plasticidad y diversidad. De la gama amplísima
de posibilidades, el orden social impone una, la heterosexualidad.
Pero esta sociedad con su ordenamiento, no solo limita las posibilidades
reales y limita el número de personas que pueden alcanzarlas
sino que establece las maneras de realización. Esto es la
normalización: esta sociedad capitalista y patriarcal necesita
una determinada manera de relación sexual para asegurar la
reproducción de la especie (por eso heterosexual) y para
asegurar la reproducción de su ordenamiento (por eso el androcentrismo)
. Esto significa no cualquier heterosexualidad sino una ligada preferentemente
a la familia, preferiblemente restringida a la edad fértil,
preferentemente genital, preferiblemente coital. Es también
una heterosexualidad acorde al mantenimiento de la opresión
de las mujeres por eso androcéntrica, es decir ligada a una
heterosexualidad centrada en la sexualidad del hombre, una heterosexualidad
que niega el placer autónomo de las mujeres a favor del placer
“domado” por los hombres y dependiente del suyo. Una
mujer se constituye como tal cuando un hombre “la hace mujer”
en la relación sexual.
La heterosexualidad obligatoria se constituye como una institución
que se sostiene gracias a dos premisas fundamentales: sexualidad
= reproducción y sexualidad = heterosexualidad y a un sistema
de géneros rígido y estereotipado. Es importante no
perder de vista este concepto de heterosexualidad obligatoria como
institución, ya que el sistema de géneros rígido
que impone a los hombres ser de una determinada manera y a las mujeres
de otro, oprime tanto a varones heterosexuales, como a varones gays
a mujeres heterosexuales como a lesbianas.
Nada más sencillo que explicar lo anormal como desviado de
lo normal para no tener que explicar la misma normalidad ¿
Qué quiero decir con esto? Supongamos que les pregunto ¿Cómo
se llama una persona que tiene dos piernas?... ¿Y la que
tiene dos brazos? No podemos responder a esas preguntas porque no
hay palabras para eso. Pero sí tenemos y sabemos lo que significan
las palabras manca o renga. De quien tiene dos brazos o dos piernas
no sabemos más que “es normal”. Esto significa
que hay realidades que no es necesario nombrar porque son normales
y es más diferenciador nombrar los aspectos que contravienen
la norma. Con esta misma lógica podemos pensar ahora las
orientaciones sexuales. A la pregunta ¿Por qué sos
lesbiana? que todas nosotras hemos tenido que soportar infinidad
de veces no se corresponde la de: y vos, ¿por qué
sos heterosexual? Porque lo normal no necesita ser explicado.
El modo que la sociedad tiene de controlar y asegurarse que la norma
de la heterosexualidad obligatoria se cumpla y a su vez teñirla
de un barniz de superioridad es la homo/lesbofobia.
La lesbofobia es un conjunto de ideas y prejuicios que se convierten
en parte de la cultura general y se manifiestan en chistes, chismes
o comentarios acerca de la homosexualidad o el lesbianismo.
Vivimos una especie de expropiación del cuerpo por parte
de quienes se adueñan, en principio, de nuestros sentidos,
nos establecen una jerarquización que privilegia una cosa
por sobre la otra, donde aparecen los pares de opuestos que no son
más que el discurso binario, dogmático que incluye
a casi todas las instituciones existentes desde la familia en adelante
atravesando las religiosas, estatales, las científicas, etc.
No hemos llegado a comprobar si la diversidad es un paraíso
porque durante siglos han intentado aniquilar aquellas diferencias
que mostraban la realidad por sobre lo impuesto. La diversidad está
fuera de control, da miedo y así se legitima la violencia,
siempre aparece un disciplinador para generar miedo, entre otras
cosas, a la diversidad.
En ese sentido, hay algo que me parece que puede ser un buen ejercicio:
cada vez que escuchemos el adjetivo “normal” aplicado
a algo, podríamos probar a hacer el cambio por “normativo”
para explorar qué tipo de relaciones se están haciendo
y desde dónde se está hablando.
Podemos deducir que siempre que podamos elegir o hacernos cargo
de nuestro deseo estaremos más cerca de la salud.
Relevamiento
Les voy a leer un relevamiento, la encuesta llevada a cabo por el”
Programa Desalambrando”, fue realizada sobre una muestra al
azar durante la concentración de La Marcha del Orgullo, el
1º de noviembre del 2004, elección que tuvo como sentido
el caudal de lesbianas que se convocan en la misma.
Nuestro proyecto tiene como una de las tareas prioritarias, realizar
todos los abordajes posibles para ir completando los datos para
llevar a cabo la campaña de prevención, concientización
y visibilización de maltrato hacia y entre lesbianas, elaborando
un mapa de estado de situación del cual partir, que se irá
completando a medida que el trabajo nos acerque más al conocimiento
desde el campo y la teoría
Frente a la pregunta ¿Vivencias algún tipo de violencia
por ser lesbiana?
Un 46 % responde que sí, un 44 % que no y un 10 % no contesta.
¿Cómo se expresa esa violencia por ser lesbiana?
Un 26 % habla de comentarios despectivos en la familia, 20 % habla
de homofobia y discriminación. Un 10 % menciona la discriminación
en el trabajo. Otro 10 % menciona los comentarios despectivos en
la calle, otro 10 % la invisibilidad. Un 6 % siente la violencia
como el temor por represalias al mostrarse en la calle y otro 6
%, teme agresiones verbales.
Detrás de los porcentajes estadísticos y frases de
este cuerpo textual, existen cuerpos reales. Los mandatos tienen
inscripción en el cuerpo así como los estigmas repercuten
en el cuerpo. Las lesbianas nos somos las mujercitas de los cuentos
infantiles, ni Bellas durmientes ni Blancanieves ni Cenicientas
a la espera de un príncipe que nos despierte o calce. Las
lesbianas no hemos tomado la manzana como fruta prohibida, nuestro
terrible error parece que fue, entre otros, no solo no haberla mordido
sino no habernos convertido en costilla. No, no son los hombres
los que nos hacen mujeres o lesbianas y no es la falta lo que nos
define. El otro día dialogando con una Doctora, nos decía
que las lesbianas, tal vez, a partir de no centrar todo el juego
erótico en el “pene”, buscábamos otros
espacios de goce o placer; yo me niego a que seamos definidas desde
la falta (carne de cañón para el psicoanálisis,
¿y por qué en este caso puntual, nunca se les ocurririó
definir la envidia desde lo que sobra?)), me niego porque esta actitud
falocéntrica establece una vez más el parámetro
desde el cual comienza la comedia de enredos que, a veces, llamamos
mitos, otras prejuicios, otras, paraíso y otras infierno.
Una alineación donde si no me reconozco, no puedo reconocer
a otro.
El problema no son las lesbianas sino las verdades absolutas, el
problema son los discursos en voz alta y los de voz baja, las entrelineas,
los detalles al pie, los sub textos:- “somos peligrosas, subversivas,
perversas, enfermas”- en fin, la construcción social
de un cuerpo real que le hace jaque a la idea de un “deber
ser” de un cuerpo, paradójicamente, “minado”.
Armadas desde afuera cual rompecabezas por mano y obra de Dios-según
La Iglesia e innatistas, etc-, de la familia que nos pinta de rosa,
nos pone vestido y nos indica minuciosamente cómo debemos
ser, de la Escuela, que no nos educa ni nos forma sino que nos vierte
la información que debemos aceptar sin más como exacta,
cierta e inamovible y teme educarnos sexualmente porque “el
saber es poder, poder elegir”, de la iglesia o templo o sinagoga,
que nos castiga-culpa-silencia salvo que sepamos llevar nuestro
deseo anudado y vayamos a confesarnos de vez en cuando, de algunos
profesionales de la salud, que como creen que lo nuestro no tiene
remedio, nos recetan que “el silencio es salud”, de
los jueces que nos sentencian y de los policías que están
al servicio de alguna comunidad, menos una que incluya lesbianas,
travestis, gay, transgénero, intersex, pobres, desocupados,
discapacitados, prostitutas, etc.
Y ustedes preguntarán cuándo viene la parte del paraíso,
o éstas se están victimizando o calcinando en el infierno.
Pues fíjense que no es casual en esto de las dicotomías,
que las cosas sean blanco o negro (siempre el negro es lo malo y
tampoco es ingenuo) ni que se plantee paraíso o infierno
en las fantasías heterosexuales en relación a lesbianas,
construcciones dilemáticas que tienden a fracturar los vínculos
y las identidades. Creemos en un criterio de verdad que no es absoluto,
en verdades circunstanciales, plásticas, que se actualizan
con los contextos, con las individualidades, con las especificidades
que, por supuesto generan más incertidumbre, pero tienen
que ver más con una mirada del mundo que no esté sesgada
o estereotipada, una verdad especular. Nos imponen que hay que definirse,
hay que decidir si se es una cosa o se es otra porque, inmediatamente,
aparecen los agenciadores del sistema que nombré anteriormente,
para ubicarse y saber cuál es el blanco a disparar (en este
caso el color es simbólico porque implica precisión).
Somos blancos móviles de la ignorancia e intereses de un
sistema que se perpetúa gracias a taladrar sobre los cuerpos,
los valores que lo sostienen, valores impuestos, valores que cotizan
en bolsa. Poder y dinero. Y la sexualidad? Y la salud sexual? También
mueve poder y dinero.
La situación más grave- desde la salud- de estar en
el closet o en el encierro, la forma de violencia más terrible
que nos condena al secreto, al silencio, es la de quienes están
en el closet consigo mismas, esto es, quienes niegan tener deseos
y sentimientos hacia otras mujeres y luchan por reprimirlos. Cuando
el closet se convierte en un modo de vida, en una barrera que no
puede saltarse, sus consecuencias son las contrarias a la definición
de salud enunciadas por la OMS “como un estado de bienestar
físico, mental y social y no la mera ausencia de enfermedad”
y, por lo tanto, se convierte en un problema de salud sexual. Y
esto está ligado a los derechos porque ninguna lesbiana podrá
reclamar por una atención ginecológica eficiente donde
se contemple que tiene relaciones con otra mujer, o por el derecho
a acceder a la tecnología reproductiva si no puede presentarse
ante la sociedad como lesbiana.
Para esto recomendamos:
. Promulgación de leyes antidiscriminatorias que incluyan
la orientación e identidad sexual
. Derogación de leyes discriminatorias
. Promulgación de leyes sobre salud reproductiva que permita
el acceso de las lesbianas a los servicios públicos de fertilización
asistida
. Promulgación de leyes que garanticen la igualdad de derechos
para las parejas del mismo sexo
. Promulgar leyes sobre violencia doméstica que contemplen
la situación de las parejas lesbianas, incluyendo servicios
especiales de atención
. Fortalecimiento de las defensorías de los habitantes y
Comisiones de Derechos Humanos sensibilizados y concientizados sobre
la problemática de lesbianas
. Talleres y seminarios de capacitación y concientización
para profesionales de la salud que incorporen el abanico existente
de diversidades con quienes abordar la salud
. En el ámbito de la educación (el ámbito escolar
es uno de los ámbitos más lesbofóbicos) consideramos
importante que las diversidades sexuales sean presentadas en las
clases de educación sexual como lo que son, una variante
más de la sexualidad humana y no como “lo raro”
“lo diferente” en sentido peyorativo ligado a la exclusión
. Políticas de salud pública en gral al respecto
Entendemos por salud a la búsqueda de un concepto de salud
que nos abarque como un proceso de conocimiento dinámico
donde aprendamos a mirarnos, a poder elegir, a accionar, al autoconocimiento,
a la autonomía y al ejercicio de los derechos. Por lo tanto,
no somos buenas pacientes.
El paraíso o el infierno son lugares cuyos dueños
han usufructuado su alquiler y sub alquiler por siglos. La ideología
fascista, conservadora, positivista se ha augurado funcionarios
de sus intereses . El mismo médico que discrimina o invisibiliza
o chantajea a su paciente, si es que esta pudo asumirse delante
de él, el mismo terapeuta que le dice a su paciente, y voy
a citar a una de las lesbianas que vienen a nuestro programa que
se acercó a un “Centro de Salud” para buscar
ayuda:
- “me preguntó por qué estaba tan gorda, qué
clase de torta era y qué tal me iba en la cama, porque los
homosexuales-me dijo- se la pasan cogiendo, todos cogen con todos”-
situación dada en el Centro de Salud de Lugano I y II, llamado
“Centro 3” y un terapeuta del servicio llamado Lic.
Andrés Añón.
Decía, esos mismos profesionales, jueces, médicos,
terapeutas, etc que ejercen esta violencia, después llegan
a su casa y alquilan una película porno de lesbianas para
lograr el climax necesario para llegar al infierno o al paraíso
según sus preferencias donde las lesbianas ya no son esas
perversas tortas vulnerables que buscan atención para su
salud sino perversas excitantes al servicio de su placer, ubicadas
en otro contexto, donde habrá camillas donde se jugará
“a la doctora” y una oscultará a otra pero esta
situación, lejos de darle asco o repulsión, encenderá
sus fantasías hasta las últimas consecuencias. Luego,
sacará la película y con ella a las lesbianas que
ocuparon una hora y media de su agenda más privada, su cama,
y seguirá su vida tan ”normal”. Queremos dejar
claro que muchos otros profesionales luchan y se juegan por diferenciarse,
son aliado de la diversidad y verdaderos agentes de salud en un
sentido integral.
Las lesbianas no estamos representadas por ninguna, el abanico de
situaciones posibles es infinito como tantas lesbianas hay, algunas
tocan el cielo con las manos y otras tocan fondo, unas hacen el
amor hasta estallar y otras estallan en mil pedazos dándose
contra la pared contra la injusticia contra la impotencia, algunas
hacen camas de tres o cuatro y otras no tienen cama porque no tienen
empleo y se quedaron en la calle, están las que hacen el
amor con todo el cuerpo y quienes ni sienten que lo tienen de tanta
negación, rechazo o invisibilidad, están las sadomasoquistas
y las que salen a pintar consignas de liberación de las ataduras,
están las que se pasan horas mirándose al espejo para
arreglarse y las que desterraron el espejo de sus baños porque
no pueden ni mirarse, las que pueden reunirse en familia y las que
solo se familiarizaron con la soledad porque todos le dieron la
espalda, las que aman a otra hasta la locura y las que son tomadas
por locas cuando dicen que aman a otra , las que hacen el amor como
ninguna porque como nadie conocen el cuerpo que tocan y las que
como odian su cuerpo no pueden tocarse ellas como a nadie, están
las que sienten fuego de tanta pasión y las que se consumen
a diario por la opresión del silencio. Y más.
Nosotras convidamos gentilmente a la comunidad en general y a los
profesionales de la salud en particular, a salir de sus propias
cárceles, a no ser cómplices, a no oprimir el cuerpo
de nadie, a no usar el cuerpo de nadie como un mapa colgando en
un pizarrón y a registrar a un ser que no esta dibujado sino
que palpita y piensa.
Infierno o paraíso, qué más da, en todo caso,
lo más cercano a lo que llaman paraíso, tal vez, sería
una sociedad justa. La esperanza en que “Otro mundo es posible”
radica para nosotras en que comprendamos que mientras los derechos
humanos y la opresión de algún grupo cualquiera sea,
no sean respetados y contemplados, los derechos de todos están
en peligro.
Una campaña contra la violencia en Colombia decía
- mi cuerpo primer territorio de paz-. Que cada cual elija qué
hace con su territorio, que nadie invada el territorio ajeno, que
nadie cerque las ideas. A desalambrar.
Bibliografía
. “Maltrato y abuso en el ámbito doméstico”
Jorge Corsi (compilador)
. “ Lesbianas, Salud y Derechos Humanos desde una perspectiva.
Latinoamericana” Alejandra Sardá- Verónica Villalba-
Laura Eiven.
. “Lesbianas, heterosexualidad obligatoria y discriminación”
Fabiana Tron.
* Ponencia presentada en el Foro de Salud Sexual, “Los paraísos
de la sexualidad, infierno y discriminación o paraíso
y diversidad”. auspiciado por la Asociación Sexológica
Alerta 2000 y el Hospital Fernández, división área
programática el 25 de marzo de 2004 en el Aula Magna del
Hospital Fernández.
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