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Jornada de Reflexión Lésbica de Rosario
26 de junio del 2004
Violencia entre lesbianas,
una realidad invisible
por Fabiana Tron
Hola, buenas tardes, mi nombre es Fabiana Tron, además de
ser activista por los derechos humanos y en particular por los derechos
de las mujeres y personas GLTTTBI, coordino desde hace dos años
el programa Desalambrando, abriendo el camino para salir del segundo
closet. Se trata de un programa de prevención primaria, secundaria
y terciaria de violencia o maltrato en relaciones íntimas
entre lesbianas
Nuestro proyecto tiene como una de las tareas prioritarias llevar
a cabo una campaña de prevención, concientización
y visibilización del maltrato hacia y entre lesbianas. Para
eso intentamos trabajar desde todos los abordajes posibles tratando
de elaborar un mapa del estado de situación que nos permita
tener elementos concretos sobre los cuales basar nuestro trabajo,
mapa que pretendemos ir completando a medida que nuestros conocimientos
se vallan enriqueciendo en función de la dialéctica
que podamos establecer entre nuestra práctica y la teoría.
En este marco, realizamos el año pasado un relevamiento para
poder obtener información actualizada, la encuesta llevada
a cabo por el Desalambrando fue realizada sobre una muestra al azar
durante la concentración de La Marcha del Orgullo, el 1º
de noviembre del 2003, constaba de preguntas abiertas y cerradas
el total de entrevistas que se realizaron fue de 82. El análisis
final de la información obtenida todavía no está
completo pero a lo largo de mi exposición les iré
mencionando algunos datos que me parecen significativos.
Muchas de nosotras cuando finalmente decidimos salir
del closet y entrar en la comunidad lesbiana, lo hacemos con el
sueño de encontrar una comunidad cálida y amable.
Estamos impacientes por encontrarnos con otras lesbianas, encontrar
pareja sexual, hacer amigas, enamorarnos, encontrar un lugar donde
las lesbianas no solo sean aceptadas sino también celebradas.
El camino para llegar a la comunidad pudo haber sido muy difícil,
con personas tratando de detenernos para que no nos convirtiéramos
en lo que somos, ridiculizándonos, rechazándonos,
odiándonos...
El rechazo, la soledad y la violencia que se ha ejercido sobre nosotras
puede ser tan fuerte que puede intensificar el deseo de encontrar
en el ambiente lésbico la comunidad ideal, incluso muchas
veces este deseo puede ser tan fuerte que tendemos a caer en el
error de ignorar, no querer ver o incluso negar los problemas que
existen en la comunidad lesbiana.
Lamentablemente las relaciones de violencia, que definimos más
específicamente como de maltrato en relaciones íntimas
entre lesbianas, son una realidad mucho más frecuente y sus
consecuencias mucho más terribles de lo que suponemos. Quiero
decirles que medir la incidencia de relaciones de maltrato es una
tarea difícil, casi imposible, entre otras cosas por el problema
de la invisibilidad que impide que se puedan sacar muestras representativas.
Pero, para que tengan una idea, frente a una lista de 10 situaciones
que son tenidas en cuenta para diagnosticar una relación
de maltrato, que van desde“¿tu compañera hace
cosas que sabe que te hieren intencionalmente? hasta ¿Tu
compañera te ha empujado, golpeado, pateado o pegado una
trompada? El 71% de las entrevistas en el relevamiento contestó
que había vivido por lo menos una de esas situaciones. Solo
el 5% contestó ninguna y un significativo 24% no contestó.
Cuando procesamos esta pregunta de manera que nos permitiera medir
si el nivel de maltrato vivido por las entrevistadas a partir de
sus respuestas era alto o grave, leve o intermedio el resultado
fue: nivel alto 18%, intermedio 44% y leve 38%.
Sin embargo, es una realidad invisibilizada, y lo que es peor aún
en muchos casos absolutamente negada. Por eso valoraro profundamente
y agradezco a Gabriela e Irene la invitación que me han hecho
para hablar sobre este tema. Lo que suele suceder más a menudo
es que tendemos a subestimar este tipo de relaciones y cuando las
víctimas de maltrato nos animamos a comunicar nuestra situación
generalmente escuchamos “No es para tanto” o “¿No
estarás exagerando?”. Estas respuestas solo contribuyen
a acentuar la situación de soledad y aislamiento que viven
las víctimas de maltrato. Sabíamos, cuando comenzamos
el trabajo en desalambrando, por nuestra experiencia previa,
que la resiste a hablar del tema iva a ser grande pero lamentablemente
ha sido mucho mayor de lo que suponíamos. Resistencia que
ha llegado al punto de que el año pasado teníamos
previsto realizar como parte del trabajo de investigación
grupos focales con la idea de profundizar algunos aspectos sobre
el tema de resolución de conflictos, hicimos una convocatoria
amplia por varias listas y el resultado fue que absolutamentenadie
llamó para participar, motivo por el cual tuvimos que modificar
todo nuestro plan de trabajo para el año.
Quisiera mencionar brevemente algunos mitos y prejuicios que, considero,
contribuye a reforzar esta invisibilización y la resistencia
que tenemos a hablar sobre este tema.
Mito 1 “Las mujeres no somos violentas” o “Una
mujer no puede causar daño físico significativo”.
Mito 2 “Solo las lesbianas masculinas son violentas”.
El sistema de creencias patriarcal sostiene un modelo de familia
vertical, con un vértice constituido por el Jefe del Hogar,
que siempre es el padre, y estratos inferiores donde son ubicados
la mujer y l@s hij@s. Dentro de esta estratificación, el
subsistema filial también reconoce cierto grado de diferenciación
basada en el género, ya que los hijos varones son más
valorados y, en consecuencia, obtienen mayor poder que las hijas
mujeres. Este sistema de creencias va conformando a la vez roles
familiares, así como los derechos y responsabilidades de
l@s integrantes de la familia. También pautan los estereotipos
acerca de lo que es o debe ser un hombre y lo que es o debe ser
una mujer. Una de las características fundamentales del estereotipo
de masculinidad es el que asocia a la misma con la fuerza, desde
niños los varones son socializados para resolver problemas
mediante actitudes muy competitivas o por la fuerza lo que los lleva
a la conclusión desde muy temprana edad de que el uso de
la fuerza es aceptable para resolver conflictos. Por el contrario,
se concibe a las mujeres como más débiles y por lo
tanto se las asocia con conceptos como dulzura, sumisión
y obediencia.
Cuando estos estereotipos de género son naturalizados tenemos
la idea muy generalizada de que las mujeres no son violentas. Si
además partimos del supuesto de que las mujeres son tradicionalmente
subordinadas, obedientes y agredidas por la sociedad lo que surge
casi como conclusión lógica es que en una relación
de pareja entre mujeres no puede haber violencia porque otra vez
se parte del supuesto de que las relaciones que establecemos son
igualitarias y comprensivas por naturaleza. Las mujeres no somos
ni buenas ni malas ni débiles ni fuertes ni comprensivas
o dulces por naturaleza, cada una de nosotras hemos llegado a ser
lo que somos gracias a nuestras particularísimas historias
de vida en la cual los aspectos relacionados con la forma en hemos
sido socializadas, entre ellos los valores culturales del sistema
patriarcal tienen una relevencia fundamental
Mito 2 “El maltrato entre lesbianas, cuando
existe, es diferente al heterosexual porque se trata de maltrato
mutuo”
La idea de que la violencia o maltrato entre lesbianas por lo general
es una pelea en la cual ambas partes están implicadas es
falsa y pone en grave peligro a las lesbianas maltratadas. No negamos
la posibilidad de que existan relaciones de lesbianas en las cuales
se produzcan peleas o relaciones en las que ambas se ataquen mutuamente,
pero esto nada tiene que ver la lo que denominamos maltrato. Cuando
hablamos de maltrato estamos hablando de relaciones donde existe
un “patrón de conductas violentas y coercitivas
por las cuales una lesbiana busca controlar los pensamientos, las
creencias o las conductas de su compañera o castigarla por
resistirse al control que quiere ejercer sobre ella".
(Esta definición esta tomada de Bárbara Hart)
Las resistencias a asumir que se está viviendo una situación
de maltrato son fuertes y las posibilidades de que una lesbiana
maltratada sea tomada en serio por aquellas/os a quienes acude son
pocas; por eso, muchas veces la víctima prefiere creer que
lo que le pasa es una “mera pelea doméstica”.
Las lesbianas maltratadas que reconocen que están en esa
situación se refieren a la violencia que se produce en sus
relaciones como formas de aterrorizarlas y someterlas y no como
una pelea hogareña.
Muy probablemente, en algún momento la lesbiana que ha sido
sistemáticamente maltratada por su compañera, ya sea
psicólogica o físicamente, cometa un acto de violencia,
pero esto no debe inducirnos a creer que se trata de maltrato mutuo.
Muchas lesbianas maltratadas, después de haber cometido un
acto violento hacia su compañera, creen que incurren en violencia
mutua aunque lo hayan hecho una sola vez. Por general, la maltratada
se avergüenza de su conducta y esto la lleva a culpabilizarse
y a disculpar la acción de la maltratadora que desató
la violencia. Es como si pensara que sólo se puede identificar
claramente como víctima si nunca ha ejercido violencia hacia
la maltratadora: en los casos en que las lesbianas maltratadas se
han defendido de forma más o menos violenta, son frecuentes
los relatos en los que se muestran confundidas y no pueden reconocer
claramente quién de las dos incurrió en maltrato.
En muchos casos la maltratadora refuerza ese proceso de culpar a
la víctima, que ha sido descripto por las especialistas en
el tema como el fenómeno de "dar vuelta la realidad",
y que tiene puede llevar a la víctima a estados confusionales
graves.
El impacto del abuso de pareja, aunque sea experimentado
por una lesbiana o por una mujer heterosexual, es el mismo. Sin
embargo, en el caso de las lesbianas, el abuso ocurre en un contexto
de lesbofia, tanto social como internalizada que hace que algunas
cosas sean diferentes.
* Aunque conocemos bien el tipo de violencia que un hombre puede
perpetrar contra una mujer, no estamos preparadas para que la violencia
provenga de otra mujer. El saber esto causa un shock, nos hace sentir
un profundo rechazo, más aislamiento. Es más difícil
de definir, dado que las definiciones de abuso excluyen generalmente
a las relaciones lesbianas. Y lo peor es que si la víctima
esta envuelta en una relación cerrada, encontrará
mucho menos soporte que otras mujeres, y se sentirá mucho
más sola.
* Muchas lesbianas no tienen a quien recurrir, porque con cualquier
persona de las que puede hablar, incluyendo los servicios de apoyo,
conocen a su pareja. Muchas sobrevivientes de abuso recalcan que
no recibieron mucho apoyo de otras, dado que cuando mencionaron
el hecho de estar siendo abusadas, la mujer que se suponía
debía brindarle apoyo le respondía que no había
forma de saber quién decía la verdad. Este es un punto
que una mujer heterosexual rara vez o nunca debe enfrentar, que
se ponga en duda su palabra cuando es víctima.
*La lesfobia social juega un papel fundamental.
El modo que la sociedad tiene de controlar y asegurarse
que la norma de la heterosexualidad obligatoria se cumpla y a su
vez teñirla de un barniz de superioridad es la homo/lesbofobia.
La lesbofobia es un conjunto de ideas y prejuicios que se convierten
en parte de la cultura general y se manifiestan en chistes, chismes
o comentarios acerca de la homosexualidad o el lesbianismo y por
supuesto mucha violencia hacia nosotras.
Estos valores culturales que se internalizan en la familia son reforzados
en las diferentes etapas de socialización por otras instituciones
como la escuela, la iglesia, el club, en lo que se denomina “legitimación
institucional de la violencia”. Esto se produce porque estas
y otras instituciones reproducen el modelo de poder vertical y autoritario
y de alguna u otra manera terminan utilizando métodos violentos
para resolver conflictos institucionales, lo cual se transforma
en un espacio simbólico propicio para el aprendizaje y la
legitimación de las conductas violentas.
Estos valores establecen una jerarquización que privilegia
una cosa por sobre la otra, donde aparecen los pares de opuestos
que no son más que el discurso binario, dogmático
que incluye a casi todas las instituciones existentes. La diversidad
da miedo y así se legitima la violencia para controlarla,
siempre aparece un disciplinador para generar miedo.
Frente a la pregunta ¿cómo se expresa la violencia
por ser lesbianas? El 20% de las respuestas fue por homofobia/discriminación.
La lesbofobia en el seno de la familia es todavía muy grande.
El 26% de las consultadas frente a la misma pregunta contestó
por comentarios despectivos en la familia. Esta situación
hace que para una lesbianas sea mucho más dificil buscar
apoyo en el ámbito familiar dado que probablemente le darán
armas a ellos para que califiquen a las relaciones lesbianas de
disfuncionales y miserables.
La lesbofobia también es causa de que el sistema de justicia
no toma el abuso en una pareja lesbiana seriamente, poniendo a la
mujer víctima de abuso en el serio riesgo de que la justicia
no intervenga para protegerla.
Y finalmente si alguna lesbiana acude a la policía para hacer
una denuncia la mayor parte de las veces se expone a reacciones
lesbofóbicas muy fuerte y tampoco es tomada en cuenta.
La lesbofobia internalizada actuá también de manera
particular en un vínculo de maltrato entre lesbiana. Es un
fenómeno complejo pero por un lado puede suceder que veamos
a nuestra compañera como un espejo de algo que queremos ser
pero que debido a nuestra socialización nos enseñaron
que era malo, perverso, inmoral, y por tanto era válido atacar
o destruir. Por que si la maltratadora tiene a su vez un alto grado
de lesbofobia internalizada los ataques a su compañera pueden
ser mucho más violentos. También puede ser que la
la maltratadora haya recibido mucha violencia y discriminación
por su condición de lesbianas y no pueda descargar esa violencia
de otra manera que frente a su compañera.
Si, por el contrario la que tiene un alto grado de lesbofobia internalizada
es la persona que esta siendo maltratada le impedirá ver
y asumir lo que le está pasando, entre otras cosas porque
sentirá que los ataques de su compañera son “justificados”
porque se merece lo que le está pasando.
Compartimos con las mujeres heterosexuales la violencia que el sistema
ejerce sobre nosotras, a la que se suma la carga extra de violencia
que recibimos como lesbianas. Todavía tenemos mucho que aprender
sobre el maltrato entre lesbianas tenemos por ahora más preguntas
que respuestas.
Estoy convencida que asumir que existe el problema es parte de la
solución pero además considero que el problema de
la violencia es un problema estructural que solo podrá empezar
a subsanarse si examinamos y resignificamos las identidades de género
y las concepciones y estereotipos sociales sobre esas identidades.
Finalmente estoy convencida de que la única manera de terminar
realmente con la violencia de cualquier tipo que sea es desmantelar
las ideologías sociales que aceptan la violencia como forma
válida de resolver los conflictos de cualquier índole.
En este sentido, lograr una sociedad sin violencia es una tarea
de tod@s.
Bibliografía:
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Books, 1995. 320 pp.
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Renzetti, Claire; "Violent Betrayal; Partner Abuse in Lesbian
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Capellino, Natalia: Aspectos psicosociales del hombre golpeador.
En Vain, Leonor (coordinadora): Mujer golpeada, Buenos Aires, Editorial
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Ferreira, Graciela: Hombres violentos, mujeres maltratadas. Buenos
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Vila, Cristina; “Violencia familiar. Mujer golpeada”
Opúsculos de derecho penal y criminología, apuntes
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Pratt Minnie Bruce: “Gender Quiz, lunch, profits” en:
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Vain Leonor (coordinadora): “Mujer Golpeada”, Buenos
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Kali Munro, M. Ed. “Hablando de abuso en una pareja lesbiana”,
Internet, 2004
Jorge Corsi, (compilador) “Maltrato y abuso en el ámbito
doméstico”, 2003.
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