Violadas,
asesinadas, estigmatizadas
por Adriana Gómez
Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe
Seis adolescentes desaparecidas de Alto Hospicio, pueblo cercano
a Iquique, al norte de Chile, se encontraron muertas el 11 de octubre
pasado. Fueron violadas, torturadas y asesinadas, y luego arrojadas
a pozos o piques mineros abandonados, a algunos kilómetros
del asentamiento. Según antecedentes, el asesino, Julio Pérez
Silva, las secuestraba cuando subían a su taxi "pirata"
para ir a la escuela o a sus hogares, pues allí escasea el
transporte.
Algunas habían desaparecido en 1999, otras el año
2000, como consta en reiteradas denuncias de sus familias. Tenían
entre 14 y 17 años.
Una niña de solo 13, que el 10 de octubre de este año
podría haberse constituido en otra víctima más,
sobrevivió al ataque y logró salir malherida de uno
de los pozos mortuorios, llegando por sus medios a la policía
e identificando al agresor, lo que finalmente arrojó luz
sobre el sórdido misterio. Ahora se cavila sobre cuántas
más mujeres y niñas logró violar y asesinar
este psicópata en su tránsito por varios poblados
del país, y se revisan apresuradamente denuncias por desapariciones
aún no aclaradas. Por su propia confesión, ya habría
reconocido por lo menos 13 crímenes contra mujeres.
Además del lógico impacto y dolor, esta historia
ha sacado a flote un fenómeno muy propio de la sociedad chilena
actual: el uso de la violencia, sea social, económica o sexual.
La violencia política que nos sepultó durante largos
años, también sigue enquistada entre nosotras/os.
Alto Hospicio, el "campamento" o toma de terrenos más
grande del país, con 50 mil habitantes que mal viven en medio
de un reseco desierto, es una muestra palpable de la pobreza y desigualdad,
de la falta de oportunidades y de la injusticia social que predominan
en el país. Y es un duro contraste con la imagen de nación
"estrella" que Chile luce a nivel latinoamericano, con
logros económicos que, sin embargo, no alcanzan para todos/as.
Este drama nos revela, asimismo, cuán profundos son los
estigmas de clase y cuán marcada es la discriminación
que sufren los pobres. Nos demuestra cómo sus palabras no
tienen valor alguno en el mundo de hoy, al no estár sustentadas
por el poder del dinero. Las madres y padres de las muchachas desaparecidas
clamaron durante meses una respuesta de las autoridades policiales
y judiciales, exigiendo el nombramiento de un Ministro en Visita
para acelerar las diligencias. Manifestaron sus sospechas de un
criminal en serie. En respuesta se les dio a entender que sus hijas
habrían huido por voluntad propia para escapar de la pobreza
y hacinamiento, de posibles malos tratos familiares, y quizás
estarían prostituyéndose en alguna localidad.
En ciudades de Bolivia, Paraguay y Perú se realizaron operativos
policiales destinados a hurgar en el mundo del comercio sexual,
por un posible tráfico de mujeres. Pero lo cierto es que
informes internos de la policía que hoy salieron a la luz,
dejan en claro que los casos fueron desestimados muy pronto, por
ser calificados como abandonos voluntarios. Craso y grave error
que permitió al asesino gozar de varios meses de impunidad;
si la última niña atacada no hubiera sobrevivido,
este monstruo seguiría libre.
Y, sin duda, estas muertes horrendas ponen de relieve, una vez
más, la cada vez más frecuente violencia sexual contra
mujeres y niñas en Chile. Violencias que ocurren en las calles,
en las casas, en los colegios, en los lugares de trabajo. Violencias
que muchas veces no son denunciadas, justamente por temor a estigmas
y humillaciones. Violencias que si no acaban con la muerte, dejan
huellas perennes en el cuerpo y en el alma de las mujeres agredidas.
Hay que tener en cuenta que cada 26 minutos una mujer es agredida
sexualmente en este país 20 mil al año-, y que
los delitos de este tipo afectan especialmente a las adolescentes
y a las menores de 11 años. Por ello, ante esta brutal realidad,
se requiere de organismos que actúen y acojan a las víctimas,
que no las juzguen. Se necesitan servicios de salud que no cierren
los ojos y oídos ante su dolor, sino que las provean con
las reparaciones inmediatas ante posible consecuencias indeseables,
sea un embarazo, sea el contagio de una infección sexualmente
transmisible, como es el caso del SIDA, sea un impacto emocional
profundo.
Sin embargo en Chile aún se discute la legalidad y la ética
de aprobar definitivamente la anticoncepción de emergencia.
Y todavía hay grupos que sostienen que las mujeres son solo
receptáculos de una vida potencial, y que sus derechos humanos
deben estar subordinados a dicha vida que podría o no estar
gestándose en sus cuerpos. Demás está recordar
que la interrupción del embarazo está totalmente prohibida
en el país, incluso en casos de violación.
Nada hemos escuchado de dichos grupos que se arrogan la defensa
del que estar por nacer, en apoyo de estas niñas de carne
y hueso que fueron cruelmente asesinadas, además de estigmatizadas
socialmente.
¿Acaso en Chile será más ético y legal
condenar a una niña violada a gestar un hijo de un criminal
como el de Alto Hospicio? ¿No querría la niña
sobreviviente estar muerta antes de soportar una eventualidad semejante?
Si estos casos tan lamentables y sórdidos no son útiles
para que la ciudadanía y las instituciones recapaciten en
sus conductas y en sus decisiones, entonces quiere decir que Chile
no es un país moderno y progresista, sino totalmente cavernario.
© RSMLAC, Octubre de 2001
RIMA: Red Informativa de Mujeres de Argentina.
URL de este archivo: http://www.rimaweb.com.ar/violencias/mujeres_chile.html
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