SOMBRA
Y VIOLENCIA FAMILIAR *
por Lic. Sonia Vaccaro
Psicóloga, MNNš 8298
"Es inminente un gran cambio en nuestra
actitud psicológica. El único peligro que existe reside
en el mismo ser humano. Nosotros somos el único peligro pero
lamentablemente somos inconscientes de ello. En nosotros radica
el origen de toda posible maldad".
Carl Gustav Jung, 1959
La sombra, fue definida por Carl G. Jung como el lado oscuro
de la personalidad. En su lado negativo se alojan los aspectos rechazados
y que se quieren negar. La sombra, por lo tanto, se proyecta en
los demás facilitando verla como ajena y sintiéndola
"alejada".
Cada familia, al igual que cada sociedad, tiene sus propios tabúes,
sus facetas ocultas. La sombra familiar engloba todos aquellos
sentimientos y acciones que la conciencia de la familia considera
demasiado amenazadoras para su propia imagen y, consecuentemente,
rechaza.
Cuando hablamos de Violencia (1) en el ámbito de lo familiar,
hablamos de vínculos asimétricos. Donde, en general,
uno de sus integrantes se vivencia como superior y con legítimo
poder para controlar e indicar a los demás el curso de sus
actos. Aquel que es poseedor de los dispositivos de poder (por ejemplo:
manejo y asignación del dinero, toma de decisiones) y que
los acciona omitiendo el consenso y sobre la voluntad de los demás
integrantes.
La manifestación más generalizada de la sombra
como violencia en el ámbito de lo familiar, se da principalmente
encarnada en la violencia contra la pareja y en el incesto.
El tema de la proyección de la sombra en el ámbito
de lo familiar, nos remite al tema del "poder" como componente
omnipresente en los vínculos asimétricos que se establecen.
En este sentido, Jung dice: "...Donde hay amor no existe el
deseo de poder y donde predomina el poder el amor brilla por su
ausencia. Uno es la sombra del otro...".
El poder es una manifestación de la sombra como sadismo,
y quien lo ejerce convierte en objeto a sus víctimas considerándolas
como objetos de su deseo y su control.
Las encuestas llevadas a cabo en los países del mundo occidental,
una de ellas en la región de América Latina y el Caribe:
"Evaluación de creencias actitudes y prácticas
sobre la violencia", del Centro de Investigaciones de Salud
y Violencia de la Facultad de Medicina de Colombia, demuestran que
el 75% de las personas entrevistadas vivencia a su grupo familiar
como el ámbito donde buscarían refugio y protección
ante una amenaza externa. No obstante, las estadísticas demuestran
que en el 80% de los casos de violencia (homicidio y/o abuso sexual),
el agresor es conocido de la víctima y /o pertenece a su
grupo familiar.
Un ejemplo de esta paradoja se evidencia en los casos de incesto:
luego del develamiento del delito, la persona encargada del cuidado
de la víctima manifiesta, en la mayoría de los casos,
su temor a que la misma permanezca fuera de su casa durante la noche
o en zonas desoladas. Aún conociendo y habiendo comprobado
que el delito ocurría repetidamente en su propia casa y era
infligido por su padre o tutor, los cuidados se extreman en el sentido
corriente: cuidando sus amistades, restringiendo las salidas, evitando
la noche o la concurrencia a lugares desconocidos.
Esta doble percepción de las víctimas, es lo que
da carácter distintivo a la violencia en el ámbito
de la familia, y es también lo que profundiza y perpetúa
su victimización, produciendo lo que Sluzki denomina "disociación
cognitiva".
La sombra del ofensor irrumpe en algunas ocasiones, luego de lo
cual, el victimario retorna a una apariencia corriente que puede
alcanzar características de protección y cuidado que
desconciertan aún más a la víctima.
Las culturas antiguas conocían las diversas dimensiones
de la sombra: la personal, la colectiva, la familiar y la biológica.
En el templo de Apolo, en Delfos, había dos inscripciones
grabadas sobre el dintel de la puerta de entrada: "Conócete
a ti mismo" y "Nada en exceso". La primera de ellas
remite a la necesidad de conocer y aceptar nuestro lado oscuro,
la segunda, señala que sólo aquellos que conocen a
fondo sus excesos y sus vicios, quienes han comprendido y aceptado
sus zonas sombrías, pueden aceptar sus límites y por
lo tanto respetar a los demás, considerándolos personas
con derechos.
La cultura patriarcal, al propiciar el modelo familiar de pater
familia, enviste al varón con el poder general sobre
el resto de los miembros de la familia, favoreciendo que la violencia
de la sombra se proyecte sobre los integrantes del grupo considerados
"inferiores", "menores". Las investigaciones
(2) en este sentido dan como resultado que la violencia de
la sombra recae mayormente sobre las niñas, los niños
y las mujeres, integrantes siempre presentes en la composición
familiar tradicional.
La sombra es un componente siempre presente en la personalidad
humana y, al decir de Carl Gustav Jung, "La sombra sólo
resulta peligrosa cuando no le prestamos la debida atención...",
cuando intentamos desconocerla como individuos y como sociedad.
Cuando jerarquizamos las diferencias entre los géneros y
propiciamos su accionar violento sobre aquellos y aquellas que vivenciamos
como "diferentes" e inferiores.
Notas:
1 Violencia definida como sinónimo de violentar
los derechos de los demás. (N. De la A.)
2 Amnesty International presentó el día 8 de marzo
de 2001, un estudio en el cual denuncia que:
la mayoría de las víctimas de la violencia en el
ámbito de lo familiar son las mujeres y las niñas.
En un porcentaje del 95% sobre el 5% de los hombres.
el 80% de los niños y las niñas que abandonan su
hogar lo hacen por haber sido víctimas de incesto.
El Fondo de Desarrollo de Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM)
señala en el estudio "Tendencias y Estadísticas
de las Mujeres del Mundo 2000, que las agresiones por parte del
esposo o compañero íntimo es la forma más común
de violencia hacia la población femenina.
* "VI SIMPOSIO DE PENSAMIENTO JUNGUIANO" "ACTUALIDAD
Y DIMENSIONES DE LA OBRA DE JUNG" Buenos Aires, 22 de Septiembre
de 2001 Día Sábado 22 de Septiembre de 10 a 18 Hs.
Sede de la O.E.A.: Junín 1940. Buenos Aires.Capital Federal.
Rep. Argentina Co- patrocinado por: LA FUNDACIÓN C.G.
JUNG DE PSICOLOGÍA ANALÍTICA y LA ASOCIACIÓN
DE EX BECARIOS DE LA ORGANIZACIÓN DE ESTADOS AMERICANOS (O.E.A.)
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© 2002 Sonia Vaccaro
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