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Mendoza, abril de 2005
Carta de opinión enviada al diario Los Andes,
Mendoza
Por Alejandra Ciriza*
Nadie es necio pero todos parecemos serlo, así
se titula la nota que hace unas semanas un joven seminarista escribió
en respuesta a una de Susana Tampieri.
Evidentemente quienes no compartimos las posiciones de la cúpula
de la Iglesia Católica Argentina respecto de algunos temas
somos necios y necias: pues no sólo no argumentamos desde
"la ciencia" (como quienes afirman que el virus del SIDA
atraviesa el látex y que los anticonceptivos producen cáncer,
afirmaciones científicas, si las hay) sino que carecemos
de "una filosofía sensata" (ya se sabe cuál
es la única), somos incoherentes, y no hacemos "razonamientos
irreprochables", como los de estos defensores de la vida.
Creo que en realidad no importa qué argumentemos. Lo nuestro
es falaz, impío, asesino, necio. Tampoco importa lo que algunos
integrantes de la ICA efectivamente hagan: bendecir picanas, apañar
la apropiación de niñ@s por parte de quienes asesinaron
a sus padres, aplaudir la tortura, violar menores en seminarios,
proteger a obispos y curas responsables de abuso. Son temas menores,
falacias, argumentos ad hominem. Lo que importa son los derechos
del cigoto y los "argumentos irreprochables" (¿?).
Cabría tal vez desplegar una explicación científica
sobre la diferencia entre mórula, cigoto, feto, niño
lo más completa posible. Sin embargo me temo que es inútil
pues no se trata de "ciencia", aunque se invoque como
elemento retórico, sino de posiciones éticas y políticas.
Tal vez una buena pregunta sería: ¿cómo se
puede, simultáneamente, defender los derechos del cigoto
y apañar la violación, la tortura, la apropiación
de menores? ¿cómo se puede argumentar a favor de la
vida y violar el derecho a la vida y la verdad de menores abusad@s?
¿tal vez sobre la base de la creencia de que se representa
el bien absoluto frente al mal?
La virulencia de estos iracundos merece traer a colación
la anécdota que se cuenta sobre el Gran Inquisidor Torquemada.
Este escribió un diálogo, en el cual se hace a sí
mismo la pregunta: "¿Es lícito no torturar a
un hereje?" Y contesta: "No es lícito no torturarlo,
porque con eso se le quita su última oportunidad para salvar
su alma".
Tal vez usted, jovencito, desearía que volviéramos
al Siglo XV para salvar nuestras almas. Desde luego para Ud. Susana
Tampieri es insensata y yo necia. Sin embargo, prefiero nuestra
insensata necedad a su intolerancia y fanatismo, nuestras pretendidas
incoherencias en el razonamiento a su complicidad con violaciones,
apropiaciones de menores y asesinatos, nuestras transgresiones a
su lógica medioeval, que afortunadamente no es la única
aunque Ud. lo pretenda, antes que su insistencia en echar un manto
de olvido sobre el pasado y el presente vergonzoso de la institución
a la que Ud. pertenece, y sobre la conducta no demasiado irreprochable
de Monseñor Baseotto.
También agradezco no vivir en el siglo XV y estar a salvo
de Inquisidores salvadores de nuestras almas. Incluso si no lo estoy
tanto, conservo el derecho y la orgullosa libertad de disentir.
*Filósofa e integrante de la Colectiva
Las Juanas y las otras de Mendoza.
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