La República de las Mujeres, Diario La República, Montevideo,
julio 2003
Legalizar el aborto: un ejemplo de tolerancia en
democracia
Frances Kissling, la reconocida activista en asuntos vinculados
a la religión, las políticas de población y
los derechos sexuales y reproductivos, brindó en Montevideo
una conferencia sobre la problemática del aborto y su relación
con las diferentes formas de intolerancia presentes en la sociedad.
Una conferencia sobre "Aborto: democracia, tolerancia y convivencia
en la diversidad" fue la actividad realizada en la Universidad
de la República que tuvo como principal disertante a la estadounidense
Frances Kissling, presidenta de la organización no gubernamental
con sede central en Washington, Católicas por el Derecho
a Decidir (CDD). Fue convocada por Mujer y Salud en el Uruguay (MYSU),
la Comisión Nacional de Seguimiento de
los Compromisos de Pekín (CNS) y el Comité de América Latina
y el Caribe para la Defensa de los Derechos Humanos de la Mujer (Cladem).
El encuentro apuntó a clarificar la discusión pública
y a tornarla lo más amplia y plural posible, con la idea
de construir desde la sociedad civil organizada un debate que permita
un ejercicio permanente de profundización de la democracia
y de la ciudadanía.
Presentada por la doctora Ana María Ferrari, rectora interina
de la Facultad de Medicina y ante una nutrida concurrencia, Kissling
destacó el ejercicio democrático que representa una
reunión en la que una estadounidense es convocada para hablar
sobre un tema que fue y será discutido en nuestro país
en el ámbito legislativo. "Vivimos un momento en el
que cuestiones como la tolerancia, la democracia y la convivencia
parecen ser centrales para la humanidad", afirmó, refiriéndose
a su constatación de que en todas partes del mundo cuando
se habla de aborto surge la intolerancia y se genera una polarización
entre quienes están "apasionadamente a favor y quienes
están frontalmente en contra. En Estados Unidos se habla
de la guerra del aborto porque es tanta la pasión que desata
que a veces se puede comparar ese conflicto con el de Oriente Medio
o los que se dan en Irlanda entre católicos y protestantes.
Creo que estos conflictos pueden ser más fáciles de
resolver que lo que implica ponerse de acuerdo sobre el aborto".
LOS FUNDAMENTALISMOS ACECHAN
Convencida de que hoy el mundo ve surgir con fuerza los fundamentalismos
y en especial el religioso, Frances Kissling sostiene que todas
las religiones contienen cierto grado de fundamentalismo: "El
rol de la religión en la vida política es quizás
uno de los temas más importantes de hoy en día. Lo
que vemos con las democracias modernas y el crecimiento de los fundamentalismos
religiosos, es que en la medida que avanzamos en el
siglo XXI, las religiones buscan retomar un rol dominante que les
permita influir en las políticas públicas. Detrás
de los fundamentalismos existe una ideología conservadora
y un temor a que se vengan abajo todos aquellos pilares que ellos
defendían como básicos para la existencia de su propio
destino". La activista plantea interrogantes en cuanto a la
relación entre los fundamentalistas y las políticas
públicas: ¿por qué los gobiernos temen más
a los fundamentalistas que a los liberales progresistas?, ¿por
qué tienden a negociar más con los fundamentalistas
y no con quienes tienen una actitud progresista y liberal?, ¿por
qué en Latinoamérica tiene más poder el Opus
Dei que la Teología de la Liberación?
Otro punto cuestionado es por qué las empresas fundamentalistas
desean controlar la vida sexual y reproductiva de las mujeres. Ella
asegura que algo que cada vez ocupa más de su tiempo como
católica es la conclusión de que la Iglesia Católica
Romana en este momento tiene un pensamiento fundamentalista que
la lleva a intentar influir en las políticas públicas.
RELIGIONES Y POLITICAS PUBLICAS
Refiriéndose al aborto y al origen de la vida desde su perspectiva
católica, Kissling entiende necesario aceptar que todas las
religiones tienen sus propias historias y creencias al respecto:
"Para el judaísmo el feto no es persona hasta su primera
respiración. El cristianismo no sabe cuándo empieza
la persona humana. Para el Islam la persona existe a los 120 días
de la concepción. Si trasladamos estos datos a los tiempos
modernos,
democráticos y pluralistas, ¿qué van a hacer
los legisladores?, ¿cómo van a decidir cuál
es el momento en que se forma la persona humana habiendo tantas
posturas diferentes en la religión y las creencias? ¿Cómo
una religión puede abordar al Estado cuando éste tiene
que satisfacer tantas creencias y tantas posturas religiosas diferentes
entre la ciudadanía? Los musulmanes estarían considerando
que el aborto es posible dentro de un
determinado período, los judíos pedirían otra
cosa, los católicos estarían planteando algo totalmente
distinto. Entonces, con creencias tan variadas, ¿cómo
podemos tener políticas públicas que pasen por encima
de estas diferencias de creencias y que sirvan al bien común?",
cuestiona Kissling al tiempo que aporta respuestas: "Liberalizar
el aborto podría ser un ejemplo de lo que se puede hacer
con tolerancia dentro de una democracia. Los países que lo
han hecho se basaron en el principio de la subsidialidad, que no
deja de ser una idea defendida por los católicos más
progresistas. El principio de subsidialidad establece que las decisiones
deben tomarse mirando al nivel más bajo de la sociedad sin
coartar al nivel más alto, y que debería trabajarse
a un nivel en donde haya libertad de expresión y de toma
de decisiones. Una ley que le permita a una mujer tomar una decisión
a nivel individual acerca de cómo o cuándo interrumpir
un embarazo, sería la forma más democrática
de abordar este tema".