Eva

30 de Agosto de 2010 por gabrielaa.

Bárbara Gill, Columnas

La conocí cuando andaba por su tercer embarazo, el del único hijo varón.

María Eva se vino a Buenos Aires desde Bolívar, igualito que la otra, la Duarte, pero en vez de pretender un lugar en el mundo de la actuación, se conformó con trabajar en una fábrica de zapatos. Y fue la mimada de los dueños y de los compañeros: bonita criolla con mucho de india, pómulos y piernas perfectas y caprichos satisfechos por todos.

En algún momento se cruzó con Roberto, buen mocísimo afrodescendiente con más de cien años en el país. Fue un amor volcánico y desafiante. Nació Evangelina, bien aceptada por la familia de Roberto porque era bien afro, con su tono de piel subido y sus motas bien puestas. De todos modos, Eva no era más que una “chonga”, indigna de criar a una descendiente de la familia. La madre y la hermana de Roberto “se ocuparon”.

Antes de nacer Romina, Roberto ya estaba un tanto harto de la monogamia y Eva lo sabía. Lo puso en evidencia, lloraron los dos y ella se creyó las promesas. La reconciliación se llamaría Luciano.

Roberto viajaba por trabajo y Eva transformaba el departamento del monobloque de Bienestar Social para que fuera un verdadero hogar. Antes de que Luciano naciera y mostrara que era digno de la atención de sus abuelos –no como Romina, demasiado “blanca”-, Eva pescó a Roberto con otra mujer (e iban…).

La sucesión de engaños y reconciliaciones terminó cuando Eva perdió la paciencia. Sola y con tres hijos, se enjugó las lágrimas y transformó el odio y la humillación en motor: ingresó como “ayuda domiciliaria” al PAMI, alivió la mugre y la soledad de muchos viejitos abandonados por la familia. Pero un sueldo fijo (escaso y que la obligaba a toda clase de malabarismos para sostener al trío de hij@s) también le hizo pensar en que podría estudiar. Terminó el secundario, estudió enfermería. Se licenció, es docente e investigadora de la carrera.

Cada tanto la veo por el barrio: coqueta pero atenta a las ofertas, abuela no tan chocha y profesora pendiente de sus alumn@s. En fin, Eva sigue siendo la misma piba con empuje que se vino de Bolívar a los quince.

Tags:

Compartir esta entrada:   Más...

Dejar un comentario