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Las obreras textiles y el Día Internacional de la Mujer
Hilando la Historia
por Andrea D'Atri
En homenaje a las trabajadoras de la textil Brukman
Los tejedores desnudos
El 18 de diciembre pasado, los dueños de la empresa textil Brukman
huyeron. Justo un día antes de la renuncia del odiado ministro de
Economía, Domingo Cavallo y dos días antes que lo hiciera
dando la última orden de reprimir a los manifestantes en Plaza de
Mayo- el presidente Fernando De la Rúa. Si no fuera trágico,
podríamos bromear con que ellos huyeron vestidos con los trajes de
primeras marcas que fabrican las obreras de Brukman. Mientras las que cortan,
tejen, hilan y cosen estaban a punto de perderlo todo: se quedaban sin su
fuente de trabajo. Pero decidieron que no iba a ser así y tomaron
la planta.
Los dueños no aparecieron, pero entre asambleas y costuras, aparecieron
los pequeños comerciantes de la zona que, atrapados por el "corralito"
financiero, encontraron prendas de primera calidad a un precio mucho más
barato. La necesidad empujaba a la solidaridad.
Y luego vinieron las vecinas de las asambleas populares con sus cacerolas,
que también consiguieron trajes baratos para sus esposos y para sostener
la lucha. Y los obreros de Zanon, que viajaron para unirse con los desocupados
y con los que no quieren serlo, se juntaron, entre rollos de telas y máquinas
de coser, con las obreras de Brukman intercambiando sus historias tan distintas
y tan parecidas. Los jóvenes les propusieron festivales para recaudar
dinero y más solidaridad.
Los trabajadores de la salud salen a denunciar, mientras tanto, que los
hospitales están en crisis; los vecinos los apoyan y en Brukman surge
una propuesta: producir los insumos textiles de los que hoy estos carecen,
levantando la posibilidad de un plan al servicio de los trabajadores y el
pueblo.
Si los árboles genealógicos no se trazaran según
la sangre, podríamos decir que estas obreras son tataranietas de
los tejedores de París que en 1833, crearon el Taller Nacional, en
el que se recibían los pedidos de compra de los que estaban de acuerdo
con la emancipación de los proletarios. Una manera de sostener la
huelga de los sastres, que se habían enfrentado con los patrones
porque se negaban a concederles aumentos salariales. En ese entonces, movilizaron
8.000 trabajadores, pero 150 fueron arrestados.
Otra historia parecida es la que protagonizaron, en 1834, los tejedores
de seda de la ciudad de Lyon, que paralizaron 14.000 telares, logrando la
adhesión de otros gremios. Cuando intentaron reunirse con los patrones
para discutir sus reivindicaciones, el prefecto se negó a presidir
la reunión y ordenó que las tropas entraran en la ciudad,
pero muchos soldados terminaron confraternizando con el pueblo. Luego, la
movilización pacífica pronto se transformó en un motín
cuando la muchedumbre, desarmada, fue acribillada por las tropas. Los obreros
se organizaron rápidamente, levantaron barricadas y se armaron. La
lucha duró seis días, pero la represión fue brutal
y los trabajadores fueron masacrados.
De estas batallas del movimiento obrero ha llegado hasta nuestros días
el canto de los tejedores de seda de Lyon que, en su lucha, entonaban:
Para gobernar es necesario tener
capas y condecoraciones.
Para gobernar es necesario tener
capas y condecoraciones.
Nosotros tejemos para vosotros, grandes de la tierra,
y a nosotros, pobres tejedores de seda,
sin mortaja se nos entierra.
Somos nosotros, los tejedores de seda,
los que estamos desnudos.
Somos nosotros, los tejedores de seda,
los que estamos desnudos.
Pero cuando llegue nuestro reinado, cuando vuestro
reinado termine,
entonces nosotros tejeremos la mortaja del viejo mundo,
pues se escucha ya la revuelta que crece.
Nosotros, los tejedores de seda,
no estaremos desnudos.
Nosotros, los tejedores de seda,
no estaremos desnudos.
Obreras textiles de Nueva York, protagonistas del 8 de marzo
Si la máquina del tiempo existiera, podríamos ver a Celia
o a Elisa, junto con sus compañeras de fábrica, caminando
por las calles de Nueva York a fines del invierno de 1857. Era una época
en la que cada vez más mujeres se integraban en la producción,
especialmente en la rama textil, donde eran mayoría absoluta. Pero
las extenuantes jornadas de más de 12 horas a cambio de salarios
miserables sublevaron a las obreras de una fábrica textil neoyorquina
que salieron a reclamar por sus derechos. Era el 8 de marzo y las manifestantes
fueron atacadas por la policía.
Pero no fue la primera ni la última vez que las obreras textiles
se movilizaban. Medio siglo más tarde, en marzo de 1908, 15.000 obreras
marcharon por la misma ciudad al grito de "¡Pan y rosas!",
sintetizando en esta consigna sus demandas por aumento de salario y por
mejores condiciones de vida. Y, al año siguiente - también
en marzo -, 140 mujeres jóvenes murieron calcinadas en la fábrica
textil donde trabajaban encerradas en condiciones inhumanas.
Fue finalmente en 1910, durante un Congreso Internacional de Mujeres
Socialistas, que la alemana Clara Zetkin propuso que se estableciera el
8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer, en homenaje a aquellas
que llevaron adelante las primeras acciones de mujeres trabajadoras organizadas
contra la explotación capitalista.
Siete años más tarde, cuando se conmemoraba este día
en Rusia - febrero de 1917, para el calendario ortodoxo -, las obreras textiles
tomaron las calles reclamando "Pan, paz y libertad, marcando así
el inicio de la más grande revolución del siglo XX, que desembocara
en la toma del poder por la clase obrera, en el mes de octubre del mismo
año.
Pan, rosas, estatización y control obrero
Hoy, las trabajadoras de Brukman denuncian al sindicato que no las apoya
porque "nos quiere dividir como compañeros, igual nosotros pensamos
que eso no va a ser posible porque estamos bastante unidos como para seguir
adelante con la producción y con todo lo que venga". Exigen
la estatización de la empresa y dicen que quieren que siga funcionando
bajo su propio control. Un ejemplo de lucha para la clase obrera argentina
golpeada por la crisis, la recesión, los despidos y los cierres de
empresas.
En este 8 de marzo, las abogadas que reclaman la destitución de
la Corte corrupta, las vecinas que desean "que se vayan todos",
las enfermeras y mucamas que sostienen la salud pública a puro pulmón,
las maestras que empezarán el año lectivo reclamando sus salarios,
las jóvenes que aún están llorando la muerte de sus
amigos y compañeros en manos de la policía, las madres que
no dejan de buscar justicia, todas tenemos el deber de apoyar a las trabajadoras
de Brukman que no bajaron los brazos y ahí están defendiendo
su fuente de trabajo.
De aquellos tejedores de Lyon del siglo XIX nos llegaron esas líneas
que entonaban fervorosamente durante la lucha. No sabemos cómo cantaban
sus consignas. Quizás las obreras de Brukman, puedan enseñarnos
a entonarlas con su propia, novedosa y valiente música.
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de marzo en Argentina |