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8 de marzo en Argentina

Las mujeres tenemos derechos y.... ¿garantías?


por Claudia Anzorena*


Hoy es casi impensable, para aquellas mujeres de clase media que hemos recibido cierta educación, que alguien niegue que las mujeres tenemos “derechos”. El tema se ha instalado en todos los espacios: en los medios de comunicación, en las escuelas, en la calle. Hoy tener un empleo remunerado, estudiar, ingresar a cualquier carrera universitaria, tener una profesión, conducir un auto, frecuentar bares, comprar una casa, vivir sola, hablar en público, son actividades tan naturalizadas para las mujeres como para los varones. Sin embargo esto no fue siempre así. Hace poco menos de un siglo las mujeres en lo legal, económico y social eran equiparadas a eternas menores de edad. Para éstas, el acceso a esos ámbitos, que se identificaban como masculinos, no eran propios de una “mujer honorable”, y la que se atrevía a transgredir era castigada socialmente y, muchas veces, legalmente condenada.
El reconocimiento de nuestros derechos políticos, civiles y sociales, es el producto de una larga lucha: en todos los tiempos muchas mujeres se han sentido inmersas en un mundo que las discriminaba y crearon distintas formas de resistencias. Esta lucha aún no ha finalizado, porque a pesar de que son muchos los derechos reconocidos, éstos no son garantizados completamente por las instancias que tienen tal función, es así que las mujeres seguimos sufriendo distintas formas de discriminación como consecuencias de las relaciones desiguales entre los género.
Alrededor de las décadas de 1960 y 1970, los movimientos de mujeres, se movilizaron para hacer visible las situaciones de subordinación y desventaja en que vivían la mayoría de las mujeres. Si bien la introducción en el debate público de estas demandas fue impulsada por estos movimientos, su incorporación efectiva dentro de las agendas públicas nacionales e internacionales, tienen que ver con el contexto político internacional y local que estimuló el interés y la preocupación de otros/as actores/as sociales, sobre todo de los organismos internacionales (1). En este contexto, la ONU realizó una serie de conferencias internacionales, que trajeron aparejada la elaboración de convenciones y pactos destinados a mejorar la condición de vida de las mujeres. Sin embargo, se entendía que los derechos sin garantías no eran tales. Es así que impulsaron a los gobiernos a crear mecanismos y espacios institucionales, para garantizar los derechos de las mujeres. Mendoza no resultó ajena a estos hechos.
En nuestra provincia se registra el primer impulso por institucionalizar el enfoque de género en el Estado en 1988 con la creación de la Asesoría de la Mujer. La temática instalada en la sociedad y la realización del III Encuentro Nacional de Mujeres, hacía de esa la ocasión propicia. La institucionalización de políticas públicas con perspectiva de género en espacios gubernamentales era políticamente aceptada y consensuada. Sin embargo, las coyunturas políticas no siempre fueron favorables, y a quince años de la creación de este espacio, el balance no es muy alentador. El área no adquirió un marco legal que la respalde y le confiera estabilidad. Ha quedado en un lugar ambiguo y de poca prioridad para el Estado y sujeta a las circunstancias políticas y económicas. Con un solo cambio de partido político en el gobierno, el área, ha tenido cuatro nombres diferentes, cinco presidentas, tres cambios de dependencia funcional y un gran números de programas comenzados y dados por terminados sin el tiempo suficiente para causar el impacto deseado por quienes los habían implementado.
Mendoza, en el 2004, será nuevamente sede del Encuentro Nacional de Mujeres, al que concurrirán alrededor de 20.000 mujeres de todo el país. Esta gran afluencia es una señal de que las demandas y las necesidades de las mujeres en relación a su lugar desigual por su condición de género todavía no han sido resueltas. Lo que debemos preguntarnos es: ¿sabremos esta vez utilizar el marco que nos brinda el Encuentro para exigir que se le den a las instancias de garantía de nuestros derechos la prioridad institucional que merecen?

1- Guzmán, Virginia (2001) “La institucionalidad de género en el Estado: nuevas perspectivas de análisis”. Serie Mujer y Desarrollo, CEPAL - ECLAC, Santiago, Chile. (Documentos PRIGEPP, 2003).



* Claudia Anzorena es socióloga e intengrante de la Colectiva de Mujeres Las Juanas y las otras de Mendoza, Argentina.

 

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Fecha de actualización en RIMAweb: 29/04/05