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Mujeres Libres
Por Mabel Bellucci

En estos días (mediados de 2004), Buenos Aires, mejor
dicho, el movimiento anarquista estuvo de fiesta: el colectivo
Mujeres Libres cumplió diez años de trayectoria
y aún no pierde la costumbre de reunirse semanalmente
en la Biblioteca José Ingenieros, a pasos del histórico
barrio de Almagro.
Siguiendo las reglas de hermandad, se invitó a una
diversidad de agrupaciones feministas, de mujeres, de lesbianas
y de izquierdas que a lo largo de esta década, con
sus más y sus menos, acompañan el accionar de
Mujeres Libres.
Para ellas decir patriarcado, es de decir, jerarquía,
dominación, subordinación, genocidio, incesto,
explotación y control del trabajo, la reproducción
y la sexualidad de las mujeres.
Con una bandera lila, color emblemático de las feministas,
pintada una A grande en negro, ícono de las movidas
ácratas, que de tan grande permite salir de adentro
de la vocal un cuerpo de mujer estirando los brazos a punto
de romper cadenas, Mujeres Libres disfruta de su historia.
Y hace gala de su internacionalismo: en México, Colombia,
Venezuela, Francia y España también existen
colectivos con el mismo nombre y espíritu libertario.
La historia de Mujeres Libres no comienza justamente en 1993
sino mucho antes y en otras tierras en las que se libró
una resistencia y expresiones revolucionarias, como fue España
durante la II República (1931), el triunfo del Frente
Popular (1936) y después la Guerra Civil (1936-1939).
En Barcelona hacia 1934, un puñado de asalariadas se
aproxima al anarcosindicalismo y funda el Grupo Cultural Femenino,
núcleo pionero de articulación entre mujeres
y el anarquismo peninsular, que por entonces también
anima una importante corriente educativa y cultural para posibilitar
a las campesinas, amas de casas y obreras fabriles el aprendizaje
de las nociones elementales de la lecto-escritura. En esos
momentos, más del 80 por ciento de las mujeres de sectores
populares son analfabetas.
El sector más maduro política e intelectualmente
reside en Madrid, con la escritora Lucía Sánchez
Saornil, la abogada Mercedes Comaposada, la médica
Amparo Poch y Gascón, Suceso Portales que, muy a pesar
de ellas. Terminan siendo referencias significativas del movimiento.
El 2 mayo de1936, en esa capital, se publica una abultada
revista con más de 13 ediciones, llamada Mujeres Libres,
bajo la coordinación de Sánchez Saornil.
El 19 de Julio de ese mismo año estalla la Guerra Civil
y de inmediato ambos grupos se unen y constituyen el colectivo
Mujeres Libres. No hay duda que levanta el perfil apropiado
para el activismo de la época: formas autogestivas,
horizontales y sin jerarquías.
Sus propuestas iniciales son alfabetizar; concienciación
política y enseñanza de oficios a las más
desposeídas para un trabajo más humano y mejor
retribuido que las alivie de su triple esclavitud: la ignorancia,
de ser hembras y reproductoras, expresado así por Mercedes
Comaposada.
Sin embargo, siguen explorando con nuevas demandas a partir
del ingreso masivo y la fuerte adhesión que provocan,
alrededor de unas 3000 activistas, mujeres que nunca fueron
interpeladas más que para obedecer al marido, al cura
y al Estado. Y en este camino de innovaciones, se proponen
cuestionar la sexualidad patriarcal y heterosexista; la institución
opresora de la familia; el imperativo dominante del discurso
católico pero básicamente ponen sus energías
en resolver de manera radical la prostitución. Tan
es así
que crean lugares para refugiar a quienes quieran abandonar
los burdeles; que por otra parte, son frecuentados sin mayores
culpas por los compañeros milicianos. Así, van
ampliando sus acciones y logran abrir cientos de comedores
populares, guarderías infantiles; servicios de lavanderías;
ingreso de mujeres a las fábricas; cursos de cultura
general y clases de costura, mecanografía, inglés,
francés, enfermería y puericultura. Pero no
todo se resuelve en la vida cotidiana queda las trincheras.
De allí que organizan ayuda para las mujeres en las
milicias, setting-up gamas y clases de práctica de
tiro al blanco.
Para algunas miradas de trazo fino, el Movimiento de Mujeres
Libres inaugura un feminismo de cuño radical en Iberoámerica.
Más aún: es el primigenio en cruzar opresión
genérica con explotación de clase. En tanto
que grupos feministas de notables en ese Madrid convulsionado,
discuten acaloradamente para ampliar la ciudadanía
política y educativa de sus pares; por cierto, necesidades
propias de grupos medios y urbanos. Mujeres Libres no congenia
del todo con esa tendencia reformista y liberal. Sin embargo,
ellas siguen su trabajo concentrado en actividades culturales
y bibliotecas ambulantes
por la campiña soleada e inhóspita española,
en las grandes ciudades y también en esos pueblitos
olvidados por la historia. Su lema atrae por la amplitud de
criterio. Es expresado en el periódico Tierra y Libertad
- 27 de Marzo de 1937- de la siguiente manera: "...necesitamos
una moral para los dos sexos. El sexo macho convirtió
a la mitad del género humano en seres autónomos
y a la otra mitad en seres esclavos aunque los intereses de
hombres y mujeres no son antagónicos sino complementarios..."
A diferencia de las Juventudes Libertarias y de la Confederación
Nacional del Trabajo (CNT) , el grueso del anarquismo no logra
del todo reconocer a este colectivo tan díscolo e insubordinado.
No obstante, lo apoya económicamente; comparten locales
y lugares destacados en la prensa de la época.
Emma Goldman con su fama traída del Norte llega a la
España republicana y las respalda de manera incondicional
en tanto que Federica Monteseny, nombrada Ministra de Salud,
arremete y logra despenalizar el aborto y se convierte en
la primer mujer en Occidente que ocupa una cartera ministerial.
Con el triunfo de la dictadura sangrienta de Franco, este
colectivo no sólo se disuelve sino que sus generosas
integrantes son sacrificadas en los campos de concentración,
refugiadas, exiliadas o calladas en cárceles oscuras
tan oscuras como esos cuarenta años de garrote de las
escuadras falangistas.
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