Pensando en esto del nuevo hogar, se me ocurrían estas cosas alrededor de la
lista como "ciber-hogar" , "hogar de lesbianas feministas", al que llegamos
desde distintas geografías, experiencias políticas, amorosas, intelectuales,
cotidianas.
En este "hogar" tenemos que convivir muchas mujeres, al que van llegando
nuevas habitantes y algunas que se han ido, que eligieron mudarse. Eso
también forma parte de la historia del hogar. Y me pregunto: ¿De qué modo se
reinventa y se mantiene la residencia colectiva en este espacio lésbico?
Imagino este hogar como un lugar de aprendizaje y des-aprendizaje, como
espacio de diálogo que nos permita crecer en una experiencia política común
a través de la escritura, ya que es de lo único que disponemos para darnos a
conocer. Una forma de resistencia al imperativo heterosexual, un acto
profundamente político de mujeres que se vinculan en torno a sus deseos,
cuerpos y saberes . Por eso, cada palabra de las habitantes de este hogar
teje la cotidianeidad, la temporalidad de este espacio, desde la
presentación de cada una a los aportes teóricos, las emociones, los amores y
desamores, las poesías, etc, ese mapa de palabras que es el mapa de Safo. Y
me pregunto: ¿Qué podemos anudar, conectar, articular, a partir de nuestras
similitudes y diferencias? Aquí, creo, se presenta el desafío, en la medida
que vayamos profundizando los intercambios podremos explorar la construcción
de un espacio lésbico-feminista, y esto es, desde mi punto de vista, marcar
un punto de ruptura con la norma heterosexual que impone la concepción de la
sexualidad como algo "privado".
Como todo hogar, es un sitio de diferencias, y toda diferencia marca una
frontera, la cuestión será cómo este hogar se convierte en un espacio de
fronteras donde la experiencia de la palabra sea el ritual de una
ciber-democracia y la expresión personal y la lectura de la(s) otra(s)
constituya para cada una necesidad, un deseo.
Pienso este hogar como un lugar de movilidad intelectual, literaria,
política, de construcción de perspectivas múltiples acerca del régimen
heterosexista (que tanto sufrimiento nos causa), de solidaridades
compartidas; como un espacio que permita fortalecernos en los distintos
itinerarios vitales que cada una vaya dibujando.
Se me ocurría que emerge una suerte de parentesco con todas aquellas de la
lista, no por la sangre, sino en todo caso por la experiencia de "la sangre"
que es deseo, deseo de otra mujer, soledad, murmullo, visibilidad, rechazo,
horizontalidad, dolor.
Y pienso a partir de ese parentesco, ¿qué herencias tenemos las mujeres de
Safo piensa? Como lesbianas, como mujeres. Tal vez entre todas podamos mail
a mail, texto tras texto, búsqueda tras búsqueda, construir esa genealogía
de mujeres que necesitamos para poder referenciarnos en aquellas que nos
precedieron y los saberes que construyeron, y que hoy, a algunas nos dan la
fuerza para seguir adelante.
Safo, hogar de desplazamientos y encuentros, de viajes y residencias, de
reflexiones y silencios, un hogar que está siendo.
Un gran abrazo a todas, Valeria