estoy segura
de que para nosotras es importante que nuestros hijos e hijas conozcan y
acepten la situacion. Es un asunto de lealtad. Pero tambien de transmitirles
nuestra felicidad, nuestro orgullo de amar a otra mujer. Y en ese respeto
mutuo construir la complicidad y fortalecer el vinculo afectivo. Si son muy
pequeños no es necesario ponerle rotulos ni nombres a la situacion. Basta
con pasar buenos momentos compartidos con nuestros hijos y nuestra pareja.
Donde se involucre la piel, donde los pequeños Sientan, asi con mayuscula,
en su piel, la ricura de, por ejemplo, ver television con nosotras en la
cama. Donde nos nombramos con palabras afectuosas e intercambiamos abrazos
con naturalidad y sin temor. Esa tranquilidad contribuira a que ellos mas
adelante lo entiendan y respeten por encima de las convenciones sociales y
los prejuicios culturales.
Si son mas grandes, habra que encontrar el momento para la confidencia,
sabiendo nosotras que tenemos derecho a vivir nuestra vida lesbica, haciendo
respetar esos limites aun por nuestros propios hijos. Y bueno, sin olvidar
que se dan casos mas dificiles y dolorosos, la verdad siempre es la via mas
segura, pues es la base del respeto. Afortunadamente, la totalidad de los
casos que conozco se han resuelto de forma parecida al mio, superando con
creces nuestro temor del rechazo y la incomprension. En otras palabras,
suele pasar que estos se encuentran mas en nuestra cabeza, en nuestro propio
miedo, monstrificado, sobredimensionado. Hay que dar el paso, como saltando
al abismo, para sentir instantes despues, que no habia tal, y que la tierra
firme estaba cerquita cerquita para recibirnos.
Abrazos solidarios a todas, desde una fria noche bogotana.
-Anamaria-