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Actualizada el
24-10-2004

 



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1ª Jornada de Reflexión Lésbica de Rosario
26 de junio del 2004


sexualidades


Piedra libre


Están tan decididas a hacerse ver que prefieren exagerar antes que pasar desapercibidas. Y así, como “lesbianas exageradas”, se bautizaron en una pancarta durante la marcha de la dignidad GLTTB –gay, lésbica, travesti, transexual y bisexual– que en Rosario se realiza, igual que en Estados Unidos, el 28 de junio. Porque, dicen, ser visibles es existir. Lo contrario es violencia, aunque sea por omisión.

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Dora y Rosario

 

Por Sonia Tessa


(diario Página 12, viernes 9 de julio 2004, Buenos Aires).- Con el cartel “lesbianas exageradas” le pusieron palabras a su resistencia. Son un grupo de mujeres que se proclaman en el amor a otras mujeres. Prefieren exagerar antes que resignarse a no existir en el silencio impuesto por una sociedad donde la sexualidad natural es la heterosexual. Aunque también hay hombres homosexuales que pelean por sus derechos. Ellos son cada vez más visibles. ¿Y ellas?, podría preguntarse cualquier persona desprevenida. ¿Dónde están las lesbianas? Tal es el silencio que rodea a la comunidad lésbica, con escasas excepciones de dirigentes bien visibles, “las lesbianas” oficiales que se neutralizan en su excepcionalidad. En tanto el secreto genera dudas sobre si existen efectivamente o son apenas una oferta en el catálogo de las páginas pornográficas pensadas para satisfacer la curiosidad y el deseo omnipresente de los varones. En una sociedad que no concibe el placer sin falo –es común la pregunta sobre cómo gozan las lesbianas–, una relación sin hombres es lo impensable. Y allí están ellas, colisteras de todo el país de la lista de correo electrónico Safo Piensa, orgullosas activistas de su sexualidad diferente, conscientes de su poder revulsivo, dispuestas a pelear por hacerse visibles aunque les digan que se callen, que lo vivan en silencio, que no es necesario enarbolarlo como bandera.

A Valeria Flores, de Neuquén, en la mayoría de las entrevistas le preguntan cómo llegó a ser lesbiana. “Yo les devuelvo la pregunta, y les cuestiono cómo llegaron ellos a ser lo que son”, afirmó esta docente de escuela primaria. La heterosexualidad obligatoria como construcción social –lejos del destino natural que se pretende– fue una categoría que acuñó la poeta y filósofa feminista y lesbiana Adrienne Rich. “La heterosexualidad se está reconstruyendo todo los días, en toda la publicidad, en todas las parejas que van de la mano, todos los mensajes están rodeados de heterosexualidad. En cambio, nosotras veníamos abrazadas en la calle y se nos rieron en la cara”, apuntó M., que reserva su identidad por temor a perder su empleo. “La sexualidad es política, es mentira que pertenezca al ámbito privado. Además, no hay nada más público que la heterosexualidad. Cuando una mujer habla de su marido y sus hijos, está reproduciendo el sistema de la heterosexualidad obligatoria, y la existencia lesbiana es un cuestionamiento de esa construcción social”, expresaron entre las dos, completando sus ideas una con otra.

Ahora, el desafío pasa por la visibilidad. Ser visibles es existir. “Las lesbianas sufrimos violencia por invisibilidad, por omisión, por condena y por exclusión. Una de las mayores violencias es la invisibilización”, afirmó Flores, para distinguir ese silencio del insulto y la burla. “La denigración es un lugar para apropiarse y relanzarlo con un sentido revulsivo, con el orgullo. Pero el silencio te ubica en el lugar de la no existencia”, insiste y describe ese mecanismo como “una dictadura invisible” en la que “la opresión no opera a través de actos de abierta prohibición, sino encubiertamente, a través de la producción de un dominio de lo impensable y de lo innombrable”. Para salir del armario, es decir, para hacer pública su identidad sexual, lo primero que tuvieron que hacer fue aceptarla. Un proceso permanente para vencer la lesbofobia interna, sentimientos de rechazo y vergüenza de sí mismas que sufren las lesbianas. “A mí me llevó años entender que es mi propia vida y dejar de odiarme, tratar de aceptarme, y dejar de escuchar las mentiras que te hace creer la heterosexualidad obligatoria”, relató M.

La visibilidad fue uno de los temas centrales del encuentro “Entre Nosotras”, que el último sábado de junio juntó en Rosario a lesbianas de muy diferentes partes del país, como Neuquén, Santa Fe, Buenos Aires, Córdoba y Salta. La idea era compartir reflexiones y arte, con un mate de por medio. El encuentro se prolongó durante nueve horas, con lectura de poesía y el canto de Andrea Fernández. Irene Ocampo y Gabriela de Cicco, escritoras, periodistas y coordinadoras de la lista Safo Piensa, que tiene 70 suscriptoras, organizaron el encuentro para permitir un contacto real entre las que mantienen una permanente relación virtual.
La jornada hizo honor a su nombre. “Fue un privilegio poder estar”, sintetizaron las chicas de Neuquén. “La pasamos bomba”, dijo una locuaz Gabriela Adelstein, llegada desde Buenos Aires. “El encuentro de minas con diferentes historias, de lugares donde pasan cosas muy diferentes, es muy potenciador. Como dicen los yanquis, de un empowerment brutal –definió–. Además, cada una hizo lo que sabe. Todas nos vamos con distintas cargas que aportaron las compañeras. Es de un valor inconmensurable, porque no se puede medir qué le pasa a la que no tiene militancia ni producción pero madura algo adentro con lo que se habló.”

En eso, Adelstein enumeró que estuvieron las que tienen años de lesbianas feministas y las que recién empiezan a transitar ese camino. Otra Gabriela, Robledo, de Córdoba, agregó: “Y las que están por terminar su vida de lesbianas”. Fue un chiste, pero Yuderkys Espinosa no lo dejó pasar. “Quiénes serán, porque no las veo. Yo no la termino hasta que me lleve la parca”, dijo y las risas invadieron con fuerza una reunión gozosa, que a la madrugada siguiente todavía mantenía la excitación del encuentro.

La jornada se propuso como un espacio de producción. Y según las asistentes, lo fue. Cuatro expositoras elaboraron previamente sus ponencias, que permitieron el debate teórico y abrieron la puerta para contar experiencias. La coordinadora fue Liliana Daunes, que como buena periodista llevó una producción radiofónica para compartir. Y, a la tarde, mientras circulaban los sandwichitos y el mate, las que escriben leyeron sus poesías.

“Tuve como un momento de flash, de quiebre emocional. Me pasó que estaba leyendo un poema que tenía que ver con Irene. Y me di cuenta de que era la primera vez que hacía una lectura de poesía frente a tantas lesbianas. Se hizo el reflejo, quizá de esa lectora imaginaria que vos tenés, también lesbiana, este par. Fue una sensación. Y lo más fuerte fue escuchar el silencio”, relató De Cicco, que destila una energía potente en cada frase. No se superpuso, pero casi, Fabiana Tron: “En todos estos años que tengo de activismo es la primera vez que me encuentro con producción –aseveró-. El nivel de los trabajos fue muy bueno, y eso es algo que nosotras, las lesbianas argentinas, no tenemos. No tenemos producción propia, nos hemos pasado la vida haciendo talleres de reflexión para adentro. Pero nos falta el trabajo de escritura que contenga la voz de las lesbianas”.

La felicidad del encuentro también se debió al debate que provocaron las ponencias. No es la primera vez que las chicas se encuentran para reflexionar, pero sí es inaugural que este espacio se genere en el interior del país. Hasta Rosario llegó la dominicana Yuderkys Espinosa, residente en Buenos Aires, una de las expositoras: “Quiero preguntarme en voz alta cómo habiendo sido lesbianas las referentes fundamentales en laproducción de los argumentos conceptuales y teóricos que les han servido de sustentación a los movimientos socio-sexuales, hayan sido los gays y las travestis quienes mayor usufructo han obtenido de estas teorías”, leyó durante el encuentro para preguntarse sobre este fenómeno de la puesta en debate público sobre la homosexualidad, que las vuelve a invisibilizar a ellas. “¿No será que la institución de la heterosexualidad obligatoria, que fundamentalmente asegura la dependencia de la mujer al varón, afecta específicamente, y no más, a las mujeres? ¿No será que para el heterocentrismo lo verdaderamente impensable por desestabilizador es la ruptura que produce la lesbiana?”, lanzó para el debate.

Durante el encuentro se compartieron las experiencias de Rosario, con el activismo de las coordinadoras de Gabriela e Irene, y de Neuquén, donde sólo dos mujeres, conscientes de que si no lo hacían ellas no lo haría nadie, se lanzaron a construir en el desierto. Para Gabriela Robledo, conocer esos trabajos tuvo un valor precioso para su propia vida. “Fue no sólo encontrarse con pares, casi por primera vez. También me energizó mucho para poder transformar la situación en Córdoba, donde no hay grupos, ni debate, ni intercambio. Saber que ellas hacen tanto quiere decir que nosotras podemos hacerlo”, reflexiona. Por eso, el Encuentro dejó como desafío seguir construyendo esas experiencias para hacerse visibles, para poner en circulación otras sexualidades posibles.

Fugitivas en el desierto

Por S.T.
Valeria Flores es docente de una escuela primaria de la ciudad de Neuquén, la más grande de la Patagonia, con 200.000 habitantes. Cuando sus alumnos le preguntan si tiene novio o hijos, no elude la respuesta. “Soy lesbiana”, contesta, consciente de los riesgos que asume. No sólo eso. A principios de año decidió completar la declaración de cargas familiares poniendo a su compañera como concubina/pareja de hecho, tal la categorización de la planilla. Enseguida recibió una llamada desde el Consejo de Educación de Neuquén para preguntarle si había un error. Les dijo que no. La lesbofobia del empleado fue más allá. Le aseguró que el sistema (informático) no aceptaría esa respuesta. “Probá”, le contestó Valeria, imperturbable, al menos en ese momento. Claro que al ingresar los datos, la computadora no estalló. Valeria y M., que reserva su identidad por temor a represalias, se declaran pioneras. “En la Patagonia no hay nada sobre el tema lésbico”, afirmó M. La ponencia que Valeria llevó a la jornada Entre Nosotras se llamó “Fugitivas en el desierto”. Para ella, la heterosexualidad obligatoria es una construcción social tanto como ese pretendido desierto en el que habita. Ni lo uno ni lo otro son naturales, ya que para ser un territorio despoblado, en la Patagonia debieron someter y exterminar a los pueblos originarios. Fugitivas, porque las lesbianas escapan de a una de esa institución, como lo formuló otra lesbiana feminista, Monique Wittig.
Como sabían que nadie más que ellas iniciaría el camino, comenzaron a editar una boletina: “La Sociedad de las Extrañas”, nombre tomado de un texto de Virginia Woolf. Allí vuelcan recursos sobre lesbianismo, desde páginas web hasta la reproducción por entregas del texto “Mitos sobre las lesbianas”, de Alejandra Sardá y Chela Amadío.
La publicación es modesta, una hoja A4 doblada por la mitad, pero lo hicieron así porque sabían que podrían sostenerlo. “No más lesbianas detrás de las ventanas”, dice una de las tapas. De allí surgió un grupo de reflexión lésbico, y una red informal de contacto con lesbianas que les permitió pensar en una encuesta para saber de quiénes hablaban cuando hablaban de ellas.
Fue difícil, porque muchas de las mujeres consultadas en varias localidades no quisieron responder, y argumentaron que su sexualidad era “algo privado”. Hasta se enojaron por la intromisión. Pudieron recuperar 61 encuestas, en las que encontraron que la mayoría le da un alto valor a la visibilidad, “para ser libres en la elección”, “por ser honesta con una misma”, “porque la visibilidad ayuda a que la sociedad acepte la diversidad”. Las preguntas fueron muchas, y las respuestas servirán para diseñar nuevas intervenciones en el espacio público. Saben que su tarea es vasta, pero confían en que “a la manera de la piedra plana que se arroja en el espejo imperturbable del lago, genera círculos concéntricos que cada vez son más amplios: una publicación, pequeña, humilde, pero poderosa. Una vez leída, como la maldición bíblica, no habrá manera de mirar atrás sin el peligro de convertirse en estatua de sal”.

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Dora y Rosario

Por S.T.
Dora Marijanac y Rosario Parker se conocieron, como tantas otras parejas, por el chat. Rosario vivía en Perú y Dora en Salta, adonde había llegado para trabajar como calígrafa pública nacional. No es su única profesión, además es periodista. Cuando decidieron convivir en Salta, no imaginaban que ese amor las iba a obligar a huir hacia Buenos Aires para dejar de sufrir agresiones. Su historia deja la lesbofobia al descubierto, en toda la dimensión que puede tomar en lugares donde la tradición es una materialidad.
Dora tiene 49 años. Hasta que la conoció a Rosario, hace tres, había tenido dos relaciones importantes con hombres, pero con ella se acercó al amor lésbico. Después de un tiempo de romance virtual y algunas visitas, empezaron a convivir en la capital de la provincia. El hostigamiento de sus vecinos, que organizaron reuniones de consorcio para rechazar su presencia en un “barrio honorable”, las llevó a buscar refugio en Cerrillos, una pequeña localidad de 15.000 habitantes ubicada a 15 kilómetros de la capital. Pusieron un kiosco y merendero, que atendía en forma gratuita a los niños con carencias alimentarias. “Los chicos nunca entraron a nuestra casa para recibir la leche. Se la dábamos en un jardincito que teníamos afuera del departamento”, relató Dora, todavía a la defensiva. Los vecinos organizaron reuniones en las dos escuelas del pueblo para impedir que los chicos siguieran tomando la leche, gratis, en la puerta de esa casa donde pasaban cosas que ellos calificaban de “raras”.
“Lesbianas de mierda”, “mal nacidas” y “depravadas” fueron algunos de los insultos que debieron escuchar durante los meses que vivieron en Cerrillos. No sólo fueron insultos en la cara, también escritos en las paredes, amenazas telefónicas, anónimos. Se mudaron varias veces, hasta que la dueña del último departamento –un Fonavi– donde vivían les solicitó que lo desocuparan. El problema era que los consorcistas se habían quejado, y la presionaban por alquilar la casa sin haber terminado de pagarla. Excusas.
Dora todavía no se resigna a haber perdido todas sus pertenencias, construidas en una vida de trabajo. A Buenos Aires llegaron con lo puesto, y ahora buscan trabajo. Volvieron a empezar. Dora, con 49 años y Rosario, con 46, viven de pensión en pensión y buscan trabajo. “Hemos llorado mucho, pero nos apoyamos una a la otra. Y cuanto más nos hacen, más unidas estamos”, dice Rosario, quien sufre además la discriminación por su origen, que lleva a mucha gente a sugerirle que busque trabajo como empleada doméstica. No tiene ningún problema, pero ocurre que ella es traductora de inglés y webmaster. En la marcha del orgullo que se realizó el último sábado de junio por la peatonal de Rosario, ellas manifestaron su amor envueltas en la bandera del arco iris.

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