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Jornada de Reflexión Lésbica de Rosario
26 de junio del 2004
EL SALTO DEL YO AL NOSOTRAS, ENTRE LOS GRANDES PAJAROS OSCUROS DE
LA HISTORIA
por M. Corbalán
“En aquellos años, dirán las gentes, perdimos
el rastro / del significado de nosotros, de ustedes / hasta encontrarnos
/ reducidos a yo / y todo ese asunto se tornó / estúpido,
irónico, terrible: / intentábamos vivir una vida personal
/ y, cierto, aquella fue la única vida / de la que podíamos
dar testimonio // Pero los grandes pájaros oscuros de la
historia gritaron y se / sumergieron / en nuestro clima personal
/ Fueron decapitados en alguna otra parte pero sus picos y alas
/ se movieron / a lo largo de la costa, a través de los jirones
de niebla / donde permanecíamos diciendo yo” Adrienne
Rich
El paso del yo al nosotras es un salto al abismo y una apuesta evolutiva
imposible de perder, pero, también algo más para las
lesbianas: un imperativo. Podemos, en la soledad del yo, intentar
conocernos, aceptarnos, crecer, desentrañar nuestras lógicas
más internas, poner en blanco sobre negro ese campo de batalla
de intereses, conflictos, emociones cruzadas, ajustes y desajustes
que es nuestra propia vida, pero es en el nosotras donde confrontamos
la seriedad y firmeza de nuestras ideas, la mirada de esas otras
nos construye, liberando, permitiéndonos inventar territorios
donde ver y ser vistas.
Como todo relato estrictamente histórico, éste comienza
con una historia de amor: conocer a Valeria en ese momento de mi
vida, en ese lugar del mundo, de la manera que la conocí
fue un acontecimiento de dimensiones cósmicas, sólo
comparable al descubrimiento de vida extrahumana.
No digo que sólo por ella he llegado a este punto de mi proceso
de visibilización y de profunda libertad que me cubre con
un aire nuevo, fresco, con aroma de hierbas, permitiéndome
estar sentada aquí; digo que por ella he llegado de la manera
correcta.
Con Vale empezamos a discutir, literalmente, de todo; armando y
rearmando el mundo que habíamos construido hasta encontrarnos.
No hubo, como en todo gran amor, sólo espacio para el amor,
hubo, hay espacio para las ideas, para la utopía, para la
creación, para el crecimiento, para pedir lo imposible.
En marzo de este año, acomodados un poco los tantos de nuestra
estrenada convivencia, nos sofocaba la necesidad de establecer con
otras lesbianas un contacto permanente, integrador, valioso. No
nos bastaba con ser “las lesbianas” del Alto Valle,
que firman cartas en el correo de lectores del diario o que participan
de programas radiales o televisivos; eso fue un inicio. Comenzamos
entonces por una idea que, a la manera de la piedra plana que se
arroja en el espejo imperturbable del lago, genera círculos
concéntricos que cada vez son más amplios: una publicación,
pequeña, humilde, pero poderosa. Una vez leída, como
la maldición bíblica, no habría manera de mirar
atrás sin el peligro de convertirse en estatua de sal.
Así nació la “boletina” cuyo nombre cayó
como fruto maduro, una vez leídos y devorados los textos
de Virginia Wolf: apareció así, entre el impulso de
dos que quieren gritar y el sólido silencio pétreo
de sociedad y pares lésbicas por igual, La Sociedad de las
Extrañas, que ya va por su cuarto mes de aparición.
Dice Virginia, desde la portada de la boletina Nª 0, “Hablando
en términos generales, la principal distinción entre
nosotros, entre las que por estar fuera de la sociedad somos extrañas
y los que, por estar dentro de ella, son naturales, entre las que
estamos fuera y los que están dentro, será que, mientras
ustedes harán uso de los medios suministrados por su posición
–coaliciones, simposios, campañas, grandes nombres
y todas aquellas medidas públicas que su riqueza y política
influencia ponen al alcance de sus manos-, nosotras, que seguiremos
siendo extrañas, haremos experimentos”.
Nosotras, las extrañas, somos entonces las que probaremos,
examinaremos, haremos cambios, emprenderemos mudanzas, descubriremos
fenómenos. Nada quedará en pie.
En la boletina hay poesía lésbica, recomendaciones
de libros, películas, sitios Web, música; hay textos
más de fondo referidos a la heteronormatividad, al porqué
del lesbianismo feminista, al orgullo, y, por entregas, estamos
publicando el texto de Mitos acerca de las lesbianas de Alejandra
Sardá y Chela Amadío. Hay ganas de compartir lo que
aprendimos, lo que leímos, lo que pensamos, de aprender más,
de hacer más.
Hay noticias, un espacio para los grupos de lesbianas del país,
imágenes y fotografías de lesbianas y separatas: una
de ellas, llamada Grafías Lésbicas, busca rescatar
la escritura lésbica (hasta ahora, entregamos un fragmento
de la novela En breve cárcel de Sylvia Molloy) y otro, que
estrenaremos pronto, “El Ojo Lésbico”, una guía
para aprender a mirar y reconocer la lesbofobia, el heterosexismo
y toda manifestación de discriminación hacia mujeres,
lesbianas, gays, travestis.
En la boletina hay la construcción de un mundo, donde las
lesbianas existimos.
Pero las ondas en el agua, generadas por aquella piedra inicial,
han llevado nuestra publicación hasta lugares que desconocemos,
de una manera que no podemos aún ponderar. Y eso tampoco
nos era suficiente, por ello, casi de inmediato, y luego de hacer
y rehacer listas con nombres posibles, invitamos a un par de chicas
a juntarnos para leer y pensar juntas. Dos aceptaron el convite
y con ellas, hasta el viernes pasado en que se sumó una más
y hay ganas de varias otras de unirsenos, comenzamos a andar el
camino de este Grupo de Reflexión Lésbica, con –ojalá-
prácticas nuevas, abiertas, flexibles, amorosas.
Empezamos charlando, recuerdo, sobre nuestras experiencias familiares:
siempre es la anécdota personal la que se tiene más
a mano, y no es menos valiosa por eso. En los próximos encuentros,
fuimos pasando a los textos que nos parecen vertebradores de toda
experiencia inicial de visibilización; apareció Adrienne
Rich, con su “Es la lesbiana que hay en mi”, donde hablamos
de lo no nombrado, de lo descripto, de lo omitido, de lo que en
definitiva quieren que seamos: lo inefable. Más tarde llegaría
la lectura y discusión del texto “Lesbofobia Internalizada”,
que circuló además entre otras lesbianas que no pertenecen
al grupo, con bastante aceptación y repercusión, sintiéndose
reflejadas.
Cuando comenzamos la lectura de la Mente Hetero de Monique Wittig,
antes de que el filo de sus reflexiones nos abriera la cabeza como
una sandía madura o quizás a causa de él, salió
la idea de hacer una encuesta, nuevamente la piedra y el lago, nuevamente
las ganas de saber de quién hablamos cuando hablamos de lesbianas,
de no quedarnos con el arquetipo.
La encuesta
Decidimos que la encuesta fuera, en especial, ANONIMA, autoadministrada,
con preguntas cerradas, codificadas, se distribuyó mediante
una red de “conocidas” (elegimos lesbianas que consideramos
“claves” y con “llegada”), a quienes convencimos
de la necesidad de hacerla y, sobre todo, de recuperarla. Pese a
la primer condición de anonimato, fue una tarea difícil
entregarlas: hubo que soportar actitudes severas, graves, desaprobatorias;
hubo que tolerar “huidas” ante el miedo del “contagio”
y pudimos disfrutar de algunas pocas, pero valiosas, que nos han
solicitado una devolución.
Entre el diseño, la entrega, la recepción y la sistematización
pasaron dos meses.
Abarcó las localidades de Neuquén capital, Cipolletti,
Centenario, Allen y Cinco Saltos.
Como datos, provisorios aún, destacamos:
* Fueron 61 mujeres las encuestadas hasta ahora (aún quedan
encuestan por recuperar), de ellas, el 75% se considera lesbiana,
el resto bisexuales.
* Las edades que más aparecen van de 30 a 39 años.
* El 77% tiene estudios terciarios y/o universitarios.
* El 38% es docente y el 23% empleadas.
* El 30% tiene un ingreso promedio mensual de más de 1000
pesos y el 26%, de 500 a 800 pesos.
* El 31 % son de Neuquén y el 21% de provincia de Buenos
Aires; motivos de la llegada a la zona: la mayoría por oportunidad
laboral y el 12% para vivir su sexualidad más libremente.
* El 67% está en pareja y el 84% no tiene hijos o hijas.
De las que tienen hijos, la mayoría no sabe que sus madres
son lesbianas.
* En el 77% de los casos, la familia de origen sabe que son lesbianas,
porque el 48% lo suponen y el 67% lo dijeron (hay casos en que se
marcaron ambas opciones).
* En sus trabajos, el 51 % no lo sabe. Y en caso de que lo sepan,
lo supone el 49% y porque lo dijeron (el 70%). En el caso de que
no se sepa, es porque la mayoría lo considera un asunto “privado”
y, en segundo lugar, porque tienen temor de que se pongan en tela
de juicio sus habilidades profesionales.
* Respecto a la vivencia de situaciones de violencia, el 34% ha
padecido el “secreto a voces” y rumores; el 20% cambio
negativo en la conducta de quienes se enteraron que era lesbiana
o bi, el 18%, insultos en la calle y otro 18%, chistes denigrantes
y ridiculizaciones. Los perpetradores de estas situaciones han sido,
en partes casi iguales, varones y mujeres.
* Los insultos más usuales son “tortilleras”,
“tortas” y “mal cogida”.
* Respecto a cómo somos vistas las lesbianas por la sociedad,
la mayoría piensa que como “mujeres que odiamos a los
hombres”.
* El aislamiento y la depresión son dos de los problemas
de salud más seleccionados por las encuestadas.
* El 75% ha hecho terapia psicológica, en su mayoría
le han dicho al/la terapeuta que son lesbianas al inicio del tratamiento.
Hay un caso en que, cuando lo dijo, se la derivó a otro profesional.
* La mayoría frecuenta grupos mixtos de amigos y amigas lesbianas
y heterosexuales.
* En referencia a la visibilidad, siendo 1 el valor más bajo
y 5 el más alto, la mayoría le otorga el valor más
alto, por fundamentaciones de la más diversa índole,
por ejemplo: “para ser libres en la elección”,
“por ser honestas con una misma”, “porque la visibilidad
ayuda a que la sociedad acepte la diversidad”.
* Respecto de lo que les ha aportado la visibilidad, la mayoría
estima que les ha dado “una mayor seguridad en sí mismas”
y, en menor medida, “reconocimiento de la valía personal
por parte de ciertas personas”. Aunque también ha provocado
“sentimiento de pertenecer a una minoría discriminada”
y, en menor medida, “sentimiento de cansancio en el día
a día de su visibilidad, en una sociedad discriminatoria”.
* De las cosas que se hacen para preservar la identidad sexual,
la mayoría señaló el decir que la novia es
una “amiga” y no hablar de su sexualidad.
* El 46% se siente desprotegida legalmente como lesbiana, porque
las “leyes son heterosexuales”, porque no “somos
consideradas”, por los “prejuicios”.
* La mayoría considera que, para mejorar la vida de las lesbianas,
es necesaria una Ley de Unión Civil; luego, que el Programa
Provincial de Salud Sexual y Reproductiva incluya la atención
y difusión de temas lésbicos. En tercer lugar, consideran
necesario combatir la presunción de que todas las mujeres
somos heterosexuales, en médicos/as y maestros/as. También,
que los medios de comunicación transmitan imágenes
positivas y no estereotipadas de las lesbianas.
* A nivel nacional, sólo el 12% conoce algún grupo
feminista, de lesbianas o de diversidad sexual. La que más
aparece es la CHA, en segundo lugar, SIGLA. También Las Azucenas,
Fulanas, Safo piensa, Lesbianas a la vista, Las Lunas y las otras.
* Las observaciones, recogieron algunas muestras de aliento, agradecimiento,
ofrecimientos de colaboración, valorización de la
visibilidad (respecto de las que dan la cara), la necesidad de espacios,
difusión de actividades.
Justamente, de esas que quieren colaborar, que agradecieron que
demos la cara, que esperan una devolución, es que sacamos
el aliento para seguir adelante.
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