Intervención
de Las Mujeres Públicas
en la Mesa "Las Mujeres en el arte
y la transformación
social" desarrollada dentro de las 2das. Jornadas
de Cultura y Desarrollo Social. Centro Cultural
General San Martín del 7 al 10 de julio 2004.
Buenas tardes.
Si la idea es reflexionar en torno a la transformación
social, una de las primeras cosas que nos viene a la
mente cuando pensamos en este tema es en la cantidad
de grupos o personas que, mientras dicen trabajar para
generar cambios, invisibilizan a las mujeres y sus opresiones.
De este modo, o bien reproducen el mismo sistema que
buscan transformar, o bien lo reducen a ciertas
dimensiones, como a la problemática de clase,
recorte de cuyo carácter casual, desconfiamos.
Cuántos grupos o personas que dicen trabajar
por este cambio responden a estructuras verticalistas,
a discursos cerrados que no se constituyen como punto
de partida para la reflexión y el intercambio
sino como punto de llegada, como una clausura al debate
y al cuestionamiento, como una bajada de línea.
Una podría preguntarse, entonces por dónde
pasa la diferencia entre estos grupos y los que responden
a los intereses hegemónicos?
Porque, aparentemente, no se trataría de una
diferencia en el cómo, de una diferencia en la
metodología. En realidad, en estas experiencias,
lo político pareciera restringirse a un contenido
y se omite que el modo de hacer y de decir también
conlleva una postura ideológica.
De estas preguntas y estas observaciones surge Mujeres
Públicas en marzo de 2003. De ver cómo
nuestras problemáticas en tanto que mujeres resultan
secundarizadas en la mayoría de las agrupaciones
políticas, pospuesta para un segundo tiempo de
la lucha, minimizadas frente a otros temas que parecen
ser más preocupantes, más necesarios o
más urgentes. Y, claro, resulta que
ese segundo momento, "casualmente", nunca
llega.
Es muy llamativo en este sentido ver cómo en
muchos grupos politizados, en los cuales hay una fuerte
presencia de mujeres, éstas quedan excluidas
o débilmente representadas en los espacios de
toma de decisión, más allá de que,
como decíamos, esas decisiones pocas veces tienen
que ver con las opresiones específicas que padecemos
las mujeres.
Eso por un lado.
Y por otro, Mujeres Públicas nace también
como alternativa a esos otros grupos que, si bien trabajan
las problemáticas específicas de las mujeres,
lo hacen a partir de los métodos tradicionales
de expresión política que, por un lado,
nos parecen poco eficaces y, por el otro, son susceptibles
de ser cuestionados por las posiciones ideológicas
que muchas veces conllevan.
Y proponemos un ejemplo para explicarnos mejor: cuántas
veces recibimos un panfleto -un volante- que resulta
ilegible por su extensión, o que contiene un
vocabulario sumamente específico que lo vuelve
excluyente para muchas y muchos, o bien
que, por lo escueto, se resume en un par de consignas
que operan casi como un eslogan, vaciándose de
sentido.
Entonces, retomando, en base a todo esto es que decidimos,
en primer lugar, trabajar exclusivamente nuestras problemáticas
como mujeres; en segundo lugar, no concebir lo político
sólo como un tema o un contenido sino también
como un modo de hacer y de decir; en tercer lugar –y
muy ligado a lo anterior-, salirnos de los métodos
tradicionales de expresión política y
utilizar lo
creativo como una herramienta para ello y, cuarto, darle
importancia a la dimensión comunicativa que tienen
este tipo de manifestaciones, a partir de una estrategia
que tenga en cuenta a la receptora o al receptor de
nuestros mensajes, que tenga en
cuenta el contexto en que este mensaje se inserta y
que el mismo no se entienda como un discurso cerrado,
como una afirmación lisa y llana, sino que busque,
más bien, instaurar un cuestionamiento o una
pregunta.
En este sentido, uno de los puntos de partida de esa
estrategia tiene que ver con no condicionar la lectura
de los mensajes con la presencia de una firma. Por eso,
nuestro trabajo es anónimo (nosotras no firmamos
nuestro trabajo). Esto no significa que seamos clandestinas,
ni que no nos hagamos responsables de lo que hacemos.
De hecho estamos acá, ponemos la cara.
Ser anónimas fue una decisión no exenta
de discusiones, sobre todo teniendo en cuenta la invisibilidad
histórica de que somos objeto las mujeres; invisibilidad
a la que nos enfrentamos tanto a través de nuestras
acciones como a través del nombre del grupo.
Porque, aparte del hecho de no condicionar los mensajes,
el anonimato tiene por finalidad cuestionar tanto la
idea de propiedad privada y de autoría, como
el exitismo individualista, los personalismos que el
sistema patriarcal y capitalista imponen. Y cuestionar
la propiedad intelectual sobre lo que hacemos excede
el hecho de no firmar para abarcar también la
posibilidad de que nuestro trabajo pueda ser reapropiado
por cualquiera que quiera rehacer alguna de estas propuestas,
sin necesidad de tener que pedirnos autorización
alguna. De hecho mucho de este material se puede bajar
directamente de nuestra página: www.mujerespublicas.com.ar
La idea es que una vez que lanzamos estos trabajos,
dejan de ser nuestros para ser de todaaquella persona
que quiera reutilizarlos, recrearlos. Por eso también
trabajamos con materiales de bajo costo: porque abaratar
es democratizar y porque es una prueba de que con poco
se puede hacer mucho. Además, cuando decimos
que el anonimato es un modo de resistencia al
prestigio individual, nos referimos al hecho de que,
con excepción de ciertos contextos (por ejemplo,
a la hora de trabajar conjuntamente con otras personas),
priorizamos el uso del nombre del grupo por sobre nuestros
propios nombres de pila.
Por otro lado, cuando hablamos de no bajar línea,
de no propiciar discursos digeridos y cerrados, hablamos
de trabajar con mensajes polisémicos, abiertos
a múltiples lecturas.
Todo con la misma aguja fue nuestra primera acción,
realizada el 8 de marzo de 2003 y es un claro ejemplo
de esto que venimos diciendo. De hecho, fuimos muy criticadas
por la falta de un sentido único y si bien también
realizamos nuestra autocrítica al respecto, creemos
que la posibilidad de múltiples lecturas implica
los riesgos propios de toda actitud anti-autoritaria:
es decir, que cada quien piense lo que quiera. Nuestra
defensa de la polisemia tiene que ver con no emitir
un mensaje que cancele las posibilidades de pensar y
disentir y con propiciar la reflexión, dejándole
a la otra o al otro la tarea de tomar postura.
Otro modo de generar ese ruido, esa no-clausura de
la significación muchas veces tiene más
que ver con el formato que con el contenido.
En esta acción gráfica trabajamos con
cinco textos distintos:
§ En la ciudad de Buenos Aires se denuncia una
violación cada día y medio.
§ De cada diez violaciones, sólo una se
denuncia.
§ Más de 2/3 de las violaciones que se denuncian
quedan sin esclarecer.
§ Cada mil mujeres violadas, sólo 7 violadores
presos.
§ Por cada mil violaciones 993 casos impunes.
El formato de esta intervención consistía
en globitos de diálogo que permitían poner
discursos en boca de un Homero Simpson o de una Susana
Giménez, volviéndola una situación
comunicativa que, precisamente, "no cerraba",
que generaba extrañamiento.
Este mismo formato lo utilizamos, modificando el contenido,
para acompañar la marcha realizada en septiembre
de 2003 en ocasión del día de la lucha
por el derecho al aborto.
Esta acción, al día siguiente, fue tapa
del diario Página 12 y esto lo traemos a colación
para evidenciar otros caminos que posibilitan alcanzar
una gran difusión de problemáticas como
la del aborto. Es decir, la única posibilidad
de llegar a
los medios no es convocarlos ni transar con nadie, sino
que ellos mismos acuden cuando algo llama su atención.
Y no es siquiera que nosotras esperáramos esta
repercusión. Por el contrario, en este tipo de
acciones es muy difícil medir el impacto o la
llegada, saber cuánta gente verá una serie
de afiches pegados en un determinado barrio de la ciudad
y, en cierto modo, se puede decir que nosotras nos contentamos
con que, al menos, una persona los vea. Pero claro,
cuanto más se extienda el cuestionamiento, mejor.
De hecho, estas acciones que estamos mostrando fueron
reeditadas muchas veces. No salimos sólo una
vez con cada una, sino varias veces.
Por ejemplo, el Proyecto Heteronorma (¿Cuál
es la causa de su heterosexualidad? Cree que su heterosexualidad
tiene cura? ¿Qué haría si su hija
le dice que es heterosexual?) lo llevamos a cabo en
Buenos Aires, repetimos la acción en Tandil (en
el marco del VIII Encuentro Feminista) y de nuevo en
la ciudad de Rosario (durante la realización
del XVIII Encuentro Nacional de Mujeres).
Trabajamos la misma idea en tres formatos distintos:
en afiches hechos con stencil sobre papel sulfito, en
un tamaño de hoja A4 formando murales a modo
de damero y en formato encuesta.
Otra operación a la que recurrimos es la apropiación
de otros discursos para resignificarlos. En Esta Belleza...,
intervención
con textos hechos en stencil, desfuncionalizamos los
mensajes publicitarios, subvertimos el sentido usando
ese mismo discurso como soporte y aportamos otras lecturas
sobre el modelo de belleza que los anuncios promovían.
Algunos de los textos que
utilizamos para ello fueron:
Esta Belleza oprime
Esta Belleza enferma
Esta Belleza discrimina
Esta Belleza duele
Esta Belleza coloniza
Esta Belleza subestima
Esta Belleza cosifica
Esta Belleza miente
En el marco de las marchas contra la invasión
estadounidense a Irak, quisimos denunciar las implicancias
que los conflictos bélicos tienen para las mujeres,
en que sus cuerpos se transforman en el campo de batalla
y en que las violaciones sexuales tienen como fin atacar
la propiedad y el honor del enemigo. Allí repartimos
soldaditos de juguete que se transformaban en objetos
siniestros a partir de la lectura del texto escrito
en la tarjeta que los acompañaba:
"Mujeres violadas = trofeos de guerra".Un
mecanismo similar se desprende del Museo de la Tortura,
en donde el efecto de simulacro también produce
un extrañamiento, en este caso, sobre una serie
de elementos en apariencia inofensivos.
Asimismo, la apelación al humor y a la ironía
ha sido un recurso funcional tanto a la hora de plantear
realidades difíciles de asumir y
asimilar, como a los fines de salirnos de la posición
victimista que generalmente acompaña la denuncia
de la opresión. Así, en Las ventajas de
ser Lesbiana, dimos cuenta de distintas situaciones
en que las lesbianas somos discriminadas a partir de
un mecanismo que es a un tiempo liberador, que invierte
las relaciones de poder y que resulta catártico
a partir de la risa.
Algunas de las ventajas que mencionábamos en
este objeto de papel desplegable son: desarrollar tu
creatividad explicándole a tu abuela cómo
es que tu novio se llama Laura, irte del restaurant
sin pagar cuando te echan por besar a tu novia, ser
una mujer independiente después que tus padres
te echaron de su casa.
Cada una de estas acciones buscan denunciar, visibilizar
o propiciar la reflexión en torno a las opresiones
de que somos objetos las mujeres, así como desnaturalizar
prácticas y discursos sexistas y/o lesbofóbicos.
De cara al futuro, estamos trabajando en un afiche
que se titula Mujer colonizada, y esta semana salimos
a repartir en las puertas de distintas escuelas secundarias,
una estampita religiosa que, de un lado, es como cualquier
otra, con la imagen de una virgen pero que, al darla
vuelta, permite leer una oración por el derecho
al aborto. Y quisiéramos concluir con el texto
de esta oración:
"Concédenos el derecho a decidir sobre nuestro
cuerpo. Y danos la gracia de no ser ni vírgenes
ni madres. Líbranos de la autoridad del Padre,
del Hijo y del Espíritu Santo para que seamos
nosotras las que decidamos por nosotras. Ruega porque
el
poder judicial no haga suyos los mandatos de la Iglesia
y ambos nos libren de su misógina opresión.
Venga a nosotras el derecho a cuestionar si es bendito
el fruto de nuestro vientre. No nos dejes caer en la
tentación de no luchar por nuestros derechos.
Y concédenos el milagro de la legalidad del aborto
en Argentina. Así sea".
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