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Después de un taller sobre actuación de género
y performance en el teatro.
Un abrazo,
Yuderkys
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¿Y si somos todas las que estamos... atrapadas?[1]
Por Yuderkys Espinosa Miñoso, publicada en la lista
Safo Piensa el 13/04/04.
Abril 2004, Buenos Aires.
"A diferencia de las certezas y de las creencias,
la revuelta permanente es ese cuestionamiento de
sí mismo, del todo y de la nada que,
evidentemente, ya no tiene lugar o razón de ser".
El porvenir de la revuelta. Julia Kristeva, 1998.
1.
"El género es un performance, una actuación",
nos dijo Susana Cook para resumir la primera parte del taller de
género "Señoras y señores y nosotros,
los demás... ¿Somos todos los que estamos?".
A seguidas, sin darnos tiempo para exteriorizar lo que pensábamos
al respecto ["¿Una actuación? ¿Qué
significado damos a esto? ¿Es tan así?"], rápidamente
nos señaló un espejo, material de maquillaje y, tomando
de modelo a una amiga dominicana que me visitaba en Buenos Aires,
empezó a mostrarnos el arte del pasaje de un género
a otro [".¿Es tan así? ¿Con un buen maquillaje
logramos traspasar el género asignado y
asumido?"]. Mientras la "transformaba" nos daba explicaciones
prácticas: "No necesitan más que pelo humano
-que se compra en tiendas o lo obtienes de recortarte el tuyo-,
mastick – un pegamento transparente que se usa para pegar
el pelo, tijeras - porque el pelo viene largo y lo necesitamos bien
cortito para la barba, polvo – no de hornear sino negro para
simular la sombra del pelo, y.... un buen traje de saco y corbata.
Así, sin más, empezó a apoyarnos en nuestro
proceso de "hombrización".
Aquello de que es difícil pensar al tiempo que se actúa
demostró ser cierto una vez más... al cabo de una
hora, ya no éramos "todas" sino "todos"
- al menos en la apariencia- y no sabíamos muy bien cómo
habíamos llegado hasta ahí. Yo tan constitutivamente
racional, no fue sino recién después de verme ante
el espejo ya travestida que pude retomar algo de mi reflexividad
habitual. Entonces, me obligué a una mirada atenta ante cada
palabra, cada afirmación, cada instrucción de la
directora, y ante cada uno de nuestros gestos, pasos y comentarios
durante el montaje de la performance. Gracias a esta mirada pude
continuar en un diálogo interior, un pensar sobre la acción,
ante el cual más que respuestas, muchas veces me
encontré muda, perpleja, dubitativa. ["¿pero
qué estoy haciendo aquí? ¿cuáles serían
las posturas feministas ante ello? ¿Con cuál de estas
posturas me identificaría? ¿Estoy haciendo lo correcto?..."].
Vacilante, inmiscuida en una práctica que me era absolutamente
nueva y a la vez cautivante: poner el cuerpo allí donde una
tiene todo un discurso montado; con más preguntas que certezas,
no pude más que ceder a la posibilidad de vivir la experiencia,
de atravesarla y desde ahí enfrentarme a los fantasmas (propios
y ajenos) que nos asedian en el discurso y la política feminista
de la (pos) identidad.
Así, decidida, volvía la mirada hacia la Cook, quien
en la segunda parte del taller, intentaba llevar al cuerpo, en formato
teatral, lo que ya nos decía la teoría: - "Los
hombres son expansivos e invasivos, ocupan todo el espacio, son
directos, te miran a los ojos y mantienen la mirada, van a la ofensiva".
Sí, porque obviamente "no solo el disfraz hace al monje"
y habían otras cosas que
teníamos que aprender sobre cómo actuar al "otro
género". - "Las mujeres son lo opuesto: cerradas,
retraídas, vulnerables, ocupan menos espacio", continuaba,
al tiempo que lo escenificaba. Yo, con la mirada y escucha atenta
que me había prometido, no podía parar de pensar ["Pero,
¿de qué mujer me habla? ¿qué "mujeres"
de las que conozco son así?"]. - "Ponete más
barba", le decía a una compañera. ["pero
si una gran cantidad de hombres no la llevan y siguen siendo hombres!"].
- "Se tímida, insegura, como que no sabés lo
que querés, ni hacia dónde vas", le decía
al único chico de la sala travestido de mujer. ["¿de
lo que se trata es de representar al estereotipo, la mujer postal,
la mujer de la travesti? Y si es así, ¿por qué
no puedo representarla yo también? ¿qué efectividad
tiene en la subversión del género representar los
estereotipos?"]. Entonces nos invitó a subir al escenario
y a movernos por el, poniendo en práctica aquello que había
estado explicándonos.
- "Decile algunas cosas a la chica, asédiala",
le dijo primero a alguna compañera, luego a mi también.
cada una tuvo que experimentarlo. Y ya era el asco, la incomodidad,
una vacilación interna. ["¿que estoy reproduciendo
aquí?, ¿me interesa reproducir este estereotipo?,
en todo caso, ¿qué piensa quién me mira? ¿qué
efectos produce en la desestabilización del género?
¿produce algún efecto? Y al final, ¿algo de
todo esto toca la productividad del poder?]. Con esta vacilación
interior y sin experiencia en las artes escénicas, mi representación
- a mi entender- no lograba convencer, cumplir la promesa que auguraba
mi presentación (grandes patillas a lo Charles Brown, vestimenta
formal masculina). Con mucha ineficiencia logré construir
un personaje masculino que no llegaba a reproducir al estereotipo
que se buscaba ["¿representaba yo al fracaso de la copia
o a la distensión de la norma? ¿un hombre feminizado?
¿una mujer masculinizada? ¿qué efecto lograría
producir en quien sin saber nada de mi, me viera? ¿Un hombre
cualquiera por la calle? ¿Una mujer que intenta parecer varón?
¿un gay maricón? Si era este un fracaso, ¿en
qué consistía?"]
Ridiculizar lo masculino, era la consigna. Nos agarrábamos
las bolas, ensayábamos a caminar como el típico camionero-
esos que colman las revistas gays ["¿por qué
el estereotipo está por lo regular asociado a la clase y
a la raza? ¿Por qué al pensar en el típico
macho pensamos en raperos, mafiosos, camioneros, obreros, policías?
¿serán menos machos los hombres blancos de clase alta?
¿si no lo son, cómo sería representarlos? Cómo
sería ridiculizar a la "nueva masculinidad" igualmente
androcéntrica?"]. Armamos escenas de peleas y bravuconadas
entre machos, de acercamiento y conquista de la chica. Fuimos Sandro,
Gilberto Santa Rosa, Eminems, Leonardo Fabio, Elvis Presley. y nos
moríamos de la risa llenas de un nerviosismo interior (al
menos en mi caso). Nos asombrábamos de cómo íbamos
construyendo los personajes del macho tipificado. Al final jugamos
también al macho romántico a través del montaje
de una pieza de Los Plateros (la muy conocida "Only you").
En la euforia, decíamos: - "vamos a hacerlo en público",
- "seremos las primeras Drag King de la Argentina". Al
tiempo que Susana no dejaba de darnos la "cátedra"
necesaria:
- "En nuestra sociedad lo femenino aparece como lo que puede
ser apropiado y burlado. Tenemos Drag queen en todas partes mientras
que lo varones se creen dueños de la masculinidad, esta aparece
como lo que no puede ser parodiado". Recuerdo que en
medio de ello dije: - "¿Y si nos presentamos en "La
Casa del Encuentro"[2] así como estamos?.
Y dije más: - "¿y si vamos al próximo
encuentro feministas así pero nombrándonos en femenino?"
-[.]
Un silencio se armó dentro de mi, un vacío [¿si
lo hiciera qué pasaría? ¿me echarían?
¿me dejarían pasar al decir mi nombre? ¿cualquiera
que fuera la reacción, estaría bien o mal? ¿yo
misma, en el lugar de ellas, cómo reaccionaría?],
que apenas ahora a través de la escritura intento solucionar.
2.
El vacío de respuesta, de convicciones, me dura, se ha instalado.
Y es de ello que quiero ablarles - de esta oscuridad sorprendente.
a ver si logro espantar los demonios- pues les aseguro que más
allá de las preguntas internas que me hice durante el taller
(y que he traducido a los corchetes) un pensar y repensar me ha
acompañado en la cena, la cama, el desayuno, el baño....
los sueños.
Para empezar, quiero volver sobre la aparente imposibilidad de que
en los ambientes de subversión de género yo - nombrada
mujer por la normatividad- no pueda representar a "la mujer".
Vuelvo a preguntarme: ¿por qué sólo podemos
jugar a la representación de lo que la normatividad fija
como nuestro opuesto? ¿No es eso ya, asumirnos en el lugar
que nos asigna el discurso? Si yo - alguien que se coloca excéntrica
respecto de este
intento de captura normativa[3]- solo podría
"actuar" a un "hombre", no es eso como si ya
yo estuviera (auto)condenada a representar eternamente a una "mujer"?
Y ello, ¿no estaría negando lo que pretendemos afirmar
a través de la práctica paródica? En los contextos
de representación paródica del género, al restringir
lo que se puede "actuar", parodiar, ¿no estamos
restituyendo el estatus de original al género que se supone
que no es posible que parodiemos? ¿No se efectúa la
misma operación de estabilización identitaria? Porque
¿qué significa que yo no pueda "actuar"
una "mujer"?... ¿que yo ya la soy? ¿que
yo la represento originalmente, y que por tanto no puedo imitarla,
"actuarla"?
He pensado en estos días si la lógica que demarca
la posibilidad o imposibilidad de la representación paródica
de acuerdo a la posición de género que se ocupe, no
es la misma que actúa cuando se personifica a un determinado
personaje en el teatro o en el celuloide. Un(a) actor(a) puede encarnar
a un sinnúmero de personajes: discapacitado, pobre, narcotraficante,
mafioso, lesbiana, madre, ama de casa, inmigrante, cantante... el
desafío está en que no siéndolo originalmente
logre representarlo a la perfección, esto es, hacer que le
creamos que lo "es". Digamos que los mayores lauros se
los lleva quien logra convencer al público de que "es
lo que no es". En las artes escénicas convencer de que
se es lo que no se es, implica que hay un conocimiento previo del
público sobre la identidad "original" de quien
representa el personaje. Luego hay un efecto de seducción
y juego que se atribuye enmarcado en lo "ficcional" y
por tanto separado de lo que se considera que es la identidad verdadera.
En tanto se mantenga dentro de estos límites el juego es
tolerado y parecería no poner en peligro la estabilidad de
lo considerado realidad. La gente se maravilla y aplaude a la actriz
que representa, supongamos, "maravillosamente bien" a
la lesbiana o a la ciega de la película, se maravilla porque
"sabe" que es una representación, es decir que
ella no lo "es" en la realidad.
Cuando se intenta trabajar con la lesbiana o la ciega misma, se
lo piensa para crear un efecto de realidad. Nunca se pensaría
que la persona ciega imita o se parodia a si misma, porque se asume
que ella ya es lo que "es"; y lo mismo se piensa de la
lesbiana. Parecería que hay un plus, un efecto que ya no
habría que lograr, porque el personaje es el "original".
Las pocas veces que esto ocurre (aunque habría que decir
a favor que ocurre cada vez con más frecuencia) el público
no se asombra de la "destreza para representar" la identidad
del personaje. Generalmente lo que ocurre es un efecto de identificación
con "su" historia, que en este caso es lo que pasa a representar
lo ficcional (aplaudible) de la ficción. A nadie se le ocurre
pensar que la lesbiana que representa la lesbiana no es ella misma,
que es una representación como cualquier otra. Ella parecería
que no actúa sino que es lo que "es".
Lo que me he preguntado es si este efecto de "actuación",
visto como el arte por el cual se puede representar lo que no se
"es", porque se "es" otra cosa, no se mantiene
funcionando aun en nuestros intentos de desestabilización
del género. Y ello quizás precisamente porque a la
ecuación "el género es un performance",
le falta dar cuenta de esta operación mediante la cual si
creemos que alguien actúa algo, es porque tenemos la convicción
de que es otra cosa. Así, para que opinemos que alguien "actúa"
una mujer, tendríamos que estar convencidos de que no lo
"es" originalmente. Como no lo estamos, no podemos concebir
que una nombrada "mujer" pueda parodiar lo femenino, o
que un varón juegue a representar el imaginario de lo masculino,
y ver en este juego un intento de "dislocación"
del género.
Si como he pensado más arriba "actuar" significa
un acto mediante el cual una hace de aquello que no es... y por
tanto, se deduce a seguidas que una es otra cosa, es decir, nunca
se pierde la idea de que una, al fin, es algo, tiene una identidad
original - léase "natural" - lo que tendríamos
que cuestionarnos es la operación mediante la cual esto ocurre.
¿Cómo sería mostrar que esto que "originalmente"
se supone que yo soy, es también una "actuación"?
Esto sería equivalente a decir que eso que "al fin soy"
tampoco es "original", el personaje que no represento
ser, el que aparece como "original", es también
una actuación. Un efecto de disfraces múltiples, uno
sobre otro, y sobre otro y así hasta el infinito. Una pesadilla
donde nunca se puede develar el "verdadero" rostro, porque
no alcanzamos o porque no lo hay.
Si se lo piensa bien, el tema es complejo porque si por un lado,
no se puede parodiar lo que ya se parece ser "originalmente",
precisamente por ello tampoco se logra el efecto de dislocación
cuando se presupone que solo se parodia el género que no
se es: así se logra un efecto de captura que permite reinstalar
la significación normativa, de manera que al igual que en
el cine o en la sala de teatro se logra de antemano "ficcionalizar"
el género del que se dice que es una "actuación",
y dar carácter de "real" (no actuado) al que se
considera original. Pensemos por ejemplo, que no es desconocido
socialmente que la mujer, al igual que la travesti, se produce para
representar lo que se supone que es (hay un gran mercado dirigido
a ello y todo un aprendizaje que inicia desde muy temprano con los
juegos infantiles para niñas), sin embargo, que la mujer
se produzca es visto como parte de su ser mujer mientras que lo
haga la travesti como la muestra de su no serlo. Por demás,
insistir en que eso es un efecto del poder y que no hay original
ni copia, ergo, la travesti es una mujer, no le veo mucho sentido,
puesto que sigo sin lograr ver un triunfo la reivindicación
de una identidad femenina, que como ya he expresado en otro lugar[4],
es la expresión del efecto de subordinación[5].
Así, en caso de que se lograra evadir el reconocimiento del
género al que fuimos adscritos en un principio, a través
de una representación y ocultación (o transformación)
efectiva de aquello que podría delatarnos (historia de vida,
morfología y características sexuales secundarias
como la voz, los vellos corporales, etc.), todavía restaría
la pregunta por los efectos desestructurantes que tal inversión
ejercería sobre los mecanismos de poder que operan a través
del género. Esto último es importante porque a veces
parecería que nos olvidáramos que el género
es solo una tecnología (más) de poder a través
de la cuál se producen unos tipos de sujetos y se les oprime
a una parte de ellos. Siendo así, que algunos sujetos excepción
logren pasar de un género a otro, no cambia en si mismo nada
si ha de dejar intacto el sistema binario de representación
identitario a través del cual operan los mecanismos de subordinación.
Si al final, al tener sexo, caminar por la calle, ir al teatro,
entrar a una fiesta o a una oficina, nuestro sistema de relacionamiento
social sigue ateniéndose a las reglas del binarismo de género,
es decir, seguimos siendo "mujeres" u "hombres"
sin dislocaciones que pongan en riesgo la existencia y la comprensión
de las categorías mismas, y así "ser" mujer
siga siendo ser de una determinada manera, y "ser" hombre
lo contrario; si al final no logramos volver inútiles a estas
categorías en su intento de captura normativa, y hay una
presión ha mantener y reestablecer su coherencia y a eliminar
los "ruidos" e interferencias; si al final reenviamos
los efectos paradojales de la subversión del género
a categorías más inclusivas de "mujer" y
"hombre"; si llegamos a entender, como está sucediendo
en los medios pero también en el movimiento social mismo,
que una travesti es una mujer, o que un hombre trans, es un hombre
con incompatibilidades corporales, corregibles: ¿habremos
realmente subvertido la tecnología del género?
3.
Hasta ahora, en los círculos queer, LGTTB y sus acompañantes
de otros movimientos (feministas, marxistas, psicoanalistas, etc.),
la lucha ha sido por lograr instalar en la sociedad y al interior
de los movimientos sociales en general (en los cuales muchos de
ellas y ellos "militan"), precisamente esa máxima
butleriana de que en el género no hay copias ni originales.
Para ello han tomando a la travesti como el sujeto de esta lucha
(algo que de algún modo fue también impulsado por
el análisis de Butler). Ello ha derivado, en particular en
la Argentina, en una preocupación y una discusión
respecto de las implicancias institucionales y políticas
de este estatuto de originalidad. Mientras una parte del movimiento
feminista se agazapa y se niega si quiera a abrir el debate, apelando
en muchos casos a los constructos más esencialistas, al mismo
tiempo, en ciertos círculos legitimados cuyo voz gana cada
vez más espacio a nivel social, se oye decir: "Las travestis
al llevar su vida como mujeres sufren las mismas discriminaciones
que cualquier mujer, por tanto, ¿por qué no pueden
participar en los encuentros feministas?". "Si una travesti
es una mujer, cuando sale con mujeres es una lesbiana". "Si
al fin el cuerpo es una construcción, las tetas de la travesti
que toma hormonas o se pone silicona, es tan falsa o tan original
como las de las "mujeres".
La lucha se vuelve una carrera por demostrar la "originalidad"
de la verdadera identidad de quien se ha corrido del lugar asignado.
Ya no se trata de recordarnos que al final no hay tal "si mismo"
original, tal "verdadera naturaleza", sino de mostrarnos
cuán verdaderamente mujer - u hombre (aunque por lo regular
de los hombres trans se habla muy poco. ¿será porque
al ser significados originalmente como mujeres en una lucha por
el derecho a devenir su deseo, estos quedan atrapados en el lugar
derivado, representable y sustituible de lo femenino?) - se ha sido
desde el principio, cuán desdichada (y no desmiento tal desdicha)
puede ser un alma atrapada en un cuerpo equivocado o discordante[6]
y una cultura cómplice. Lo cierto es, nómbrese como
se nombre, que pareceríamos quedar atrapados una y otra vez
por la necesidad de congruencia, concordancia, coherencia, estabilidad,
en la unidad sexo-género-deseo. Esto explicaría la
necesidad y el reclamo de adecuar el nombre, y los pronombres al
género que la persona reafirma. También explicaría
la necesidad de operaciones "reconstructivas", "adecuadoras",
que vienen a traer la certidumbre de quien mira, sobre lo que mira,
y de quien es, sobre lo que es: que no quede lugar a dudas en la
interpelación.
Con todo esto, quiero volver sobre lo que me trajo hasta aquí,
quiero preguntarme una vez más sobre las prácticas
que desestabilizarían la normas regulativas del género
y si la práctica paródica lo es al fin. Me he vuelvo
a preguntar sobre los efectos de tal práctica en la estructura
de significación del género. ¿abre la parodización
del estereotipo realmente fisuras a esta estructura? ¿cuáles
son los riesgos de que esta práctica se vuelva parte de su
actualización y propagación? Si el género como
estereotipo no es más que una ficción reguladora que
demarca el espacio de la inteligibilidad, ¿de qué
manera seguir apelando a este, no es contribuir a su readecuación
y persistencia?
Finalmente, si estamos de acuerdo en la necesidad de la subversión
del género, habrá que volverse a pensar una y otra
vez cómo se logra esto: ¿las prácticas que
hemos inaugurado como prometedoras de esta subversión, han
sido tales? ¿la revolución del género la hallamos
en una práctica que promete un futuro de comprensión
e inclusión de los géneros actualmente ininteligibles
dentro de los parámetros de los géneros ya conocidos
y gerenciados? ¿qué efecto tendrá esto sobre
la regulación del género, sobre la productividad del
poder? ¿en qué cambia ello el futuro de las que seguirán
siendo llamadas mujeres? ¿qué efectos tendrá
sobre su subordinación?. Son todas estas, preguntas que deberíamos
siempre dejar abiertas.
Postdata:
Escenas para pensar:
1.. Una "mujer" desnuda mirándose al espejo se
trasviste de Judy Garlan, mientras habla al público respecto
de este travestirse de mujer.
2.. Una persona con vestimenta y porte masculino se presenta en
un club de hombres de negocios y dice llamarse "Ana".
Más tarde le vemos saliendo del consultorio ginecológico.
A la noche va a la
reunión de "victimas de abuso" en el espacio feminista
de su localidad. A la noche en el bar, intenta entrar al baño
de mujeres, y se arma un escándalo.
3.. Una actriz representa a un hombre trans que se trasviste de
mujer para conseguir a la mujer que ama que es lesbiana. Cuando
ella se da cuenta queda atrapada en el enredo de género.
4.. Un grupo de travesti y hombres trans forman una asociación
civil de lucha por su reconocimiento. Mientras las travestis repuntan
su liderazgo reforzado por la simpatía pública, uno
de los hombres trans del grupo lucha por ganar voz dentro de la
organización al tiempo que se pregunta a qué se debe
su invisibilidad.
5.. Una lesbiana travestida de varón monta un performance
donde interpreta con mímicas una canción de su cantante
favorita.
6.. Un encuentro donde se toma una postura crítica de la
identidad, se cierra con una performance donde una travesti de pechos
y nalgas extraordinarias canta al ritmo de la música "yo
soy lo que soy".
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[1] En este trabajo intento hacer una reflexión
sobre la experiencia de un taller sobre actuación de género
desde el teatro impartido por Susana Cook del 16 al 18 de marzo
del 2004, durante su visita a Buenos Aires. No quiero dejar de decir
que además de las reflexiones que aquí intento construir,
el taller fue un espacio de juego y diversión inaudita para
mi. Ello a pesar de la racionalización que al mismo tiempo
experimenté. Atreverme a descentralizar mis prejuicios -
lo más que me lo permitiera mi atravesamiento teórico-
fue una experiencia que aun hoy -a unos cuantos días del
taller- intentó dotar de sentido, construir los puentes que
me permitan, desde mis convicciones teóricas pero también
desde lo nuevo allí encontrado, significarla desde el discurso.
[Volver]
[2] Espacio de lesbianas feministas en Buenos Aires.
[Volver]
[3] ¿no se supone que como lesbiana, como ya nos ha dicho
Wittig, no soy una mujer? [Volver]
[4] ¿Para que nos sirven las identidades? (1999). Revista
Aportes para el Debate No. 7. ALAI, Ecuador. En la WEB publicado
en:
http://www.creatividadfeminista.org/artículos/identidades.htm.
[Volver]
[5] Y si bien para la travesti esto puede representar un logro,
en tanto y cuanto expresa la posición particular del varón
que deviene su deseo, me parece que tiene un efecto devastador para
"las mujeres", en cuanto reafirma y valida una identidad
"femenina" que tiene efectos universalizadores para las
consideradas naturalmente mujeres, algo que justamente desde el
feminismo intentábamos desestabilizar. [Volver]
[6] Mauro Cabral en una nota publicada por María Moreno en
el suplemento de mujeres "Las 12", de el periódico
Pagina 12, recuerda el caso de La Plata donde "el equipo médico
interviniente en la cirugía intentó modificar la narrativa
usual de
los "cambios de sexo". [y] en su lugar, procuraron respetar
a ultranza la identidad de género de la persona intervenida
por sobre cualquier "determinación" corporal, modificando
el relato
decisivamente: se trataba, entonces, de una mujer cuya única
"discordancia" eran sus genitales. (26 de marzo, 2004).
Aunque, Cabral intenta oponer esta narrativa a la de "mujer
encerrada en un cuerpo de varón", yo todavía
no veo la diferencia. ¿En todo caso esta consistiría
en avanzar más en la idea de "naturalización"
de la identidad reclamada? ¿En volver cosa menor el ideal
regulativo de la necesidad de adecuación de la identidad
de género a la morfología sexual? ¿no se vuelve
con ello a intentar estabilizar la unidad regulativa entre sexo-género-deseo?
[Volver]
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