Tribadismo: el arte del frotamiento.
Una antigua práctica lesbiana
por Valeria Flores*
publicado el 23 de octubre de 2003
en safo piensa lista
Poco conocemos, o casi nada, acerca de cómo vivían
las mujeres que tenían relaciones erótico/sexuales/afectivas
con otras mujeres, en épocas en que la sexualidad de
las personas no indicaba una identidad sexual determinada.
Judith Brown[i] plantea que “las dificultades conceptuales
que los contemporáneos tenían con respecto a la sexualidad
lesbiana se reflejan en la carencia de una terminología adecuada.
La sexualidad lesbiana no existía; por lo tanto, tampoco
existían lesbianas. Aunque la palabra “lesbiana”
aparece una vez en el siglo XVI en la obra de Brantome, no fue de
uso corriente hasta el XIX, e incluso entonces fue aplicada antes
a ciertos actos en lugar de a una categoría de personas.
Al carecer de un vocabulario y unos conceptos precisos, se utilizó
una larga lista de palabras y circunlocuciones para describir lo
que las mujeres, al parecer, hacían: masturbación
mutua, contaminación, fornicación, sodomía,
corrupción mutua, coito, copulación, vicio mutuo,
profanación o actos impuros de una mujer con otra. Y en caso
de llamarles de algún modo a las que hacían estas
terribles cosas se les llamaba ‘fricatrices’, esto es
mujeres que se frotan unas con otras o “tribadistas”,
el equivalente griego a la misma acción.”
Tribadismo significa “ella que roza”, y hace referencia
a una práctica sexual entre dos mujeres en el que se apoyan
los cuerpos y quedan pechos con pechos, vulva con vulva y comienzan
a contonearse, frotándose mutuamente los clítoris
hasta lograr el orgasmo simultáneo.
En nuestro país, desde principios del siglo XX, podemos
observar a partir de algunos documentos, el temor a la expansión
del tribadismo. Jorge Salessi[ii], en su original estudio sobre
cómo operó la homosexualidad en la constitución
del estado nacional argentino, dice acerca de la homosexualidad
femenina, “...en las formas de representación de una
homosexualidad de las mujeres, por ejemplo, se hace evidente la
propagación exagerada de un pánico homosexual[iii],
una ansiedad cultural producida, promovida y utilizada para controlar
y estigmatizar poblaciones consideradas peligrosas por la cultura
patriarcal y burguesa hegemónica”. El autor profundiza
en cómo la educación nacionalista[iv] cumplió
un papel fundamental en combatir el erotismo entre mujeres, llamado
en aquella época tribadismo, uranismo y/o fetiquismo. Según
Salessi "tribadismo", significaba prácticas sexuales
entre mujeres, además de "hábitos" o comportamientos
definidos como incorrectos para su sexo biológico. Esas costumbres
v prácticas sexuales eran, según los pedagogos y criminólogos
argentinos, aprendidas especialmente en el medio insalubre de las
escuelas y colegios de monjas
Por ejemplo, en José Ingenieros[v] se revela una aguda
preocupación por la homosexualidad femenina. Él argumenta
que “la homosexualidad si bien no era tan común en
la mujer, sí lo era entre mujeres de cierta educación”.
Ingenieros escribió: “...la inversión se observa
menos frecuentemente en las mujeres; la educación y el medio
son poco propicios al desarrollo del 'tribadismo', siendo menos
raro en mujeres independientes de toda traba social (artistas, intelectuales,
etc). En las jóvenes se observa muy rara vez, aunque la inversión
sentimental o romántica es muy frecuente en los colegios
e internados femeninos”
En 1910, Ingenieros ofreció la historia de una mujer
que "en el convento donde fue educada contrajo hábitos
de tribadismo que persistieron al salir de allí: era un marimacho
completa, trataba a sus condiscípulas como si ella fuera
un hombre y se dedicaba a enamorarlas o seducirlas, para que se
sometieran a sus prácticas tribadistas”. Explica Salessi
que la única de esas prácticas a la que aludió
este criminólogo fue la del "el onanismo recíproco"
pero sin especificar cómo se masturbaban estas mujeres entre
sí. La reticencia de estos hombres de ciencia a describir
prácticas sexuales entre mujeres (especialmente al compararla
con la riqueza de detalles con la que describieron las prácticas
sexuales entre hombres) fue una característica recurrente
del discurso de esta ciencia sexual argentina. Una vez más,
las relaciones eróticas entre mujeres ni siquiera fueron
enunciadas, destinándolas al campo de lo impensable, de lo
indecible.
“En el Livre de Manieres, escrito en la temprana modernidad,
el obispo Etienne de Fougere argumenta que el coito entre mujeres
es tan absurdo como abominable, otorgando como ejemplo de semejante
estupidez el acto de intentar pescar "con caña"
sin tener la caña (lo que lleva a sentenciar que el acto
sexual entre lesbianas no es más que un esfuerzo inútil,
desgaste de energías, acción innecesaria, etc.)”
[vi]. Ese sinsentido puede explicarse parcialmente por el contexto
dentro del cual lo "sexual" ha adquirido "sentido”.
El estatuto ontológico del sexo se plantea a través
del dúo pene-penetración; por lo tanto, la ausencia
de tal pareja nos remite a que la razón de ser del acto "sexual"
desaparece en tanto tal. ¿Qué estatuto se le
podría adjudicar a la actividad sexual entre lesbianas? Si
el sexo se ha entendido en tanto equivalente del par pene-penetración,
la pregunta que aparece es: ¿qué podrían hacer
las lesbianas para que tales actos adquieran el estatuto de "sexuales"?
Una forma de empezar a desarmar esta pregunta puede consistir en
pensar la siguiente fórmula: "Penetrar versus Frotar".
Tanto la penetración como la descarga de semen han tenido
bastante relevancia en diversas tradiciones religiosas y seculares,
por lo que se ha entendido que el frotamiento entre lesbianas es
una “copulación fallida". Esto nos lleva a revisar
la asimetría fundamental que se desprende de otro dúo:
actividad-pasividad, en el que la actividad/penetración está
asociada a lo masculino, mientras que la pasividad/penetrada a la
femenino. Las prácticas lesbianas como el tribadismo descolocan
este sistema categorial, lo desplazan, y la lesbiana queda fuera
del orden del discurso. Si pensamos la penetración
en términos extra-"pénicos” abrimos interrogantes,
como por ejemplo, ¿cómo administrar entre lesbianas
la pareja actividad-pasividad sin remitir al masculino ‘penetrar’
ni a la femenina ‘penetrada’?, o ¿cuál
es el estatuto ontológico que se le habría de otorgar
a un consolador cuya "masculinidad" (si atributo fuera
adjudicable) no pertenece ni a una ni a la otra?
Rastrear en la historia de silencios las huellas de las relaciones
entre mujeres, de la pasión entre mujeres, las formas en
que ha sido designado el erotismo entre mujeres, entre las que se
encuentra el tribadismo, es una convocatoria a redescubrir la dimensión
histórica de nuestro deseo, sus luchas por la sobreviviencia
y pervivencia. Es necesario comprender que la proliferación
de los placeres y la difusión de una economía erótica
no falocéntrica afecta al sistema heteropatriarcal, el que
está íntimamente ligado al capitalismo, cuya base
controlada es la familia tradicional. El lesbianismo ataca esa base
económica y además desestabiliza el control demográfico,
base de sus previsiones sociales. Por eso se lo oculta y niega,
pero a pesar de la ignorancia a la que es sometido el deseo lésbico,
hay que celebrar que sigue latiendo en los cuerpos de muchas mujeres.
Las mujeres que han expresado su pasión por otras mujeres,
través de las épocas, han peleado y han muerto
antes que negar esa pasión. La síntesis del lesbianismo
y el feminismo (dos movimientos teórico/políticos
centrados e impulsados por mujeres), intenta revelar y acabar
con el misterio y silencio que rodea al lesbianismo. Este análisis
es una pequeña incisión contra esa esfera de silencio
y secretos que presenta la imposibilidad de adjudicar un espacio
discursivo a las relaciones sexuales entre mujeres. Y hago propias
las palabras de la feminista afroamericana Cheryl Clarke, “dedico
esta obra a todas las mujeres ocultadas por la historia cuyo sufrimiento
y triunfo han hecho posible que yo pueda decir mi nombre en voz
alta[vii].
NOTAS
[i] Brown, Judith (1989). Afectos vergonzosos Sor Benedetta: entre
santa y lesbiana. Ed.Crítica, Barcelona.
[ii] Salessi, Jorge. (2000). médicos, maleantes y maricas.
Beatriz Viterbo Editora. Rosario.
[iii] La noción de pánico homosexual es citada por
Salessi, quien la retoma de Eve Sedgwick en Epistemología
del closet. Sedgwick explicó que especialmente en la segunda
mitad del siglo diecinueve, la producción y utilización
del pánico homosexual sirvió para la persecución
de una naciente minoría de hombres que se identificaban a
sí mismos como homosexuales pero también, y especialmente
para regular los lazos homosociales entre todos los hombres, lazos
que estructuran toda la cultura, o al menos toda la cultura pública
y heterosexual.
[v] Médico y escritor argentino, 1877-1925.
[vi] “Un paseo por afuera del discurso: ¿qué
hacen las lesbianas en la cama?”. Susana Draper. Extraído
de internet.
[vii] "Un acto de resistencia" por Cheryl Clarke, extraído
de la Recopilación sobre lesbianismo y homosexualidad masculina,
realizada por Jorge Horacio Raices Montero.
* Valeria Flores <valeriaflores@ciudad.com.ar>
Feminista Lesbiana
Colectiva feminista La Revuelta
Neuquén - Argentina
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